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Música Para Volar presenta “Cerati Sinfónico”: El Carisma De Las Canciones

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Los tributos son algo que en este espacio usualmente no tiene cabida por los mismos problemas que muchos advirtieron en la película “Bohemian Rhapsody”, ese afán de no sólo homenajear historias, personajes y/u obras, sino que buscar el calco exacto de estas. Por ello muchas veces en HumoNegro ni siquiera se piensa en leer algo al respecto, pero cuando se plantea la posibilidad de realmente tributar un legado, es ahí cuando se puede observar algo con atención. Eso es precisamente lo que intentó y, en la mayoría del tiempo, logró el conjunto transandino Música Para Volar, que trajo a Coliseo Santiago un espectáculo para presentar parte del repertorio de Gustavo Cerati en formato sinfónico. No es la manera más original, pero sí se notaba como una oportunidad de revisar un catálogo de los más ricos en éxitos en la música en español, y esa chance no se desaprovechó.

Repletando Coliseo en la primera de dos funciones, desde las 21:15 hrs. el público inmediatamente pudo observar la magnitud del espectáculo con casi cincuenta músicos en escena, visuales más que adecuadas y una iluminación que se planteaba atmosférica desde los primeros acordes en sonar desde unas cuerdas y vientos, antes siquiera que el cuarteto a cargo de este navío apareciera en escena. Es llamativo que lo primero en sonar sea algo del último trabajo discográfico de Cerati, y ni siquiera un single de este. Inició todo “Fuerza Natural”, canción que da nombre al álbum salido en 2009, sirviendo como intro efectiva para el espectáculo y todas sus variables, incluyendo vientos, cuerdas, a la banda y también un amplio coro, algo que se pudo aprovechar de inmediato en “Hombre Al Agua”.

Aunque el baterista José Matteucci cantaba y hacía las veces de maestro de ceremonias, lo cierto es que no había una gran figura al medio del escenario. Ese es un punto refrescante de la propuesta de Música Para Volar, al prescindir del cosplay de un artista como Cerati, y apenas rozan eso con el timbre de la voz de Matteucci. También queda claro que es una agrupación con más armas que simplemente copiar todo lo que hizo Cerati solista o en Soda Stereo. Los arreglos escritos por el tecladista Bruno Moreno son competentes como mínimo, e incluso en momentos clave se nota que sí se entiende a las canciones. Claro, el espectáculo va más allá de algún actor en específico: los arreglos consiguen que el carisma lo acarreen las composiciones, y la forma en la que se disponen hacen que este elemento se luzca. Definitivamente, no se está delante de un tributo a Soda Stereo o a Cerati, sino que frente a un grupo de artistas que comprende el valor de la reflexión para crear algo nuevo o, más específicamente, permitir que luzca y se sienta de esa manera.

Igualmente, los momentos en los que se prescindía de la mayoría de los instrumentos y el coro eran menos impactantes, no por la falta de destreza o porque el sonido tuviera alguna falla, sino que simplemente, cuando los cuatro miembros de la banda quedaban solos, lo máximo que podían llevar adelante eran arreglos sencillos, pero basales, que en el caso de “El Rito” o “Cuando Pase El Temblor” tenían como común denominador sonar muy parecidas a las versiones de “El Último Concierto” de Soda Stereo. “Té Para 3” o “Entre Canibales” escapaban de aquello, al ser presentadas de manera directa como versiones extraídas desde el aura de uno de los mejores unplugged de la historia, como es “Confort y Música Para Volar” (1995). En medio de eso destacaba especialmente el bajo dominante de Julieta Sciasci, que en canciones como “Hombre Al Agua” o “Artefacto” se lucía más allá de lo acostumbrado en el sonido de un tipo más ligado al riff y la voz como Cerati, que no tiene tanto desarrollo de la fase rítmica en muchos de sus más grandes hits.

La selección de canciones es interesante al elegir algunos lados B como “Tu Cicatriz En Mi” o “Lo Que Sangra (La Cúpula)”, en vez de sandías caladas como “Persiana Americana”, “En La Ciudad De La Furia” o “Canción Animal”, y es que se nota un esfuerzo por demostrar la diversidad de sonidos del compositor. La composición es la que muestra las facetas del creador y, en un espectáculo bien armado como Cerati Sinfónico, hay una intención de convertir al teatro en un punto de encuentro de sensibilidades alrededor de momentos enormes como “Ella Usó Mi Cabeza Como Un Revólver”, canción donde se notan de forma transparente las decisiones de alta sensibilidad por los arreglos, entendiendo las posibilidades de la composición con el uso de instrumentos diferentes. Quizás lo único que pudo haber sido más aprovechado en la mezcla en vivo es el Estudio Coral de Santiago, cuyas voces pocas veces tuvieron las chances de brillar, las que sí tuvieron varios solistas instrumentales, como Ange Quilaqueo en flauta traversa en “El Rito” o Miguel Cortés en el fagot en “Zoom”.

Muchas veces se malentiende el tributo, y se le rotula como una imitación, pero lo que hace Música Para Volar es lo que realmente responde al acto de tributar, al entregar algo valioso al momento de recibir a cambio la chance de tocar esas canciones, y entender cómo “Crimen” llega a la gente que corea la letra entera desde una simpleza que se respeta, pero que no se sigue al pie de la letra, para responder a esa emoción. O también ocurre cuando, luego de la ternura catártica de “Zona De Promesas”, viene “Cactus”, otro track escondido de “Fuerza Natural”, donde se nota la conexión de Cerati con el folklore, pero más aún, el arreglo introduce una sensibilidad tanguera que la canción originalmente no posee, precisamente para mostrar el potencial de las composiciones, incluso más allá del autor en sí.

El set principal cerró con “Corazón Delator”, esa canción que nació sinfónica, como bien apunta Matteucci, para luego despachar un encore con “Paseo Inmoral” y “Puente”. “Gracias por venir” canta todo el mundo, entendiendo mutuamente el mensaje de una canción perfecta para cerrar casi dos horas de un espectáculo honesto, merecedor de un lugar en la reflexión, el comentario y el afecto, porque requiere una sensibilidad especial el comprender a las canciones, incluso más que el sujeto que las ideó. Cuando el carisma está donde importa, el cariño es más amplio, sin egos que molesten la genuina sensación de admiración, y la elegancia del arte triunfa, creando algo nuevo con algo ya existente.

Setlist

  1. Fuerza Natural (original de Gustavo Cerati)
  2. Hombre Al Agua (original de Soda Stereo)
  3. Entre Canibales (original de Soda Stereo)
  4. Té Para 3 (original de Soda Stereo)
  5. El Rito (original de Soda Stereo)
  6. Tu Cicatriz En Mi (original de Gustavo Cerati)
  7. Artefacto (original de Gustavo Cerati)
  8. Zoom (original de Soda Stereo)
  9. Cuando Pase El Temblor (original de Soda Stereo)
  10. Lo Que Sangra (La Cúpula) (original de Soda Stereo)
  11. Ella Usó Mi Cabeza Como Un Revólver (original de Soda Stereo)
  12. Cosas Imposibles (original de Gustavo Cerati)
  13. Crimen (original de Gustavo Cerati)
  14. Un Millón De Años Luz (original de Soda Stereo)
  15. Zona De Promesas (original de Soda Stereo)
  16. Cactus (original de Gustavo Cerati)
  17. Corazón Delator (original de Soda Stereo)
  18. Paseo Inmoral (original de Gustavo Cerati)
  19. Puente (original de Gustavo Cerati)

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Lacuna Coil: Sin miedo a nada

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El acto de sacar la voz se ha convertido en un método de supervivencia para las mentes de chilenas y chilenos después del 18 de octubre. La lucha transcurre en las calles, en las redes sociales, en el espacio público, e incluso en los conciertos. Ya es parte de la “nueva normalidad” que la gente haga hora gritando “el que no salta es paco” y “Piñera culiao”, entonces existe un uso de la voz que no sólo valoriza lo que se dice, sino que el acto mismo de decir y enunciar, que no es más que lanzarse a las profundidades de la incomodidad de dejar de disfrutar el silencio. Eso también es lo que hacen las bandas musicales, lanzarse al sonido, y cuando el tiempo pasa, también es trascendente cómo la voz sigue existiendo, sin doblegarse, tal como ha pasado con Lacuna Coil, agrupación italiana que ya tiene más de dos décadas de historia, en las que obviamente han enfrentado dificultades, y siguen ahí, generando canciones que son puntos de encuentro, pero sin dejar de lado cómo la lucha continúa.

El retorno de los italianos tampoco se hizo esperar tanto, sumando casi tres años de ausencia, pero sí había una deuda que saldar con el público chileno que no vio la gira de celebración de los 20 años de la agrupación, y aquello sería el ingrediente más trascendente de lo que ocurriría más adelante. Antes, la jornada iniciaría con BlackFlow en el escenario de Club Blondie, que mostró por qué fue un nombre destacado en varias publicaciones con su EP “Confusion & Time” de 2018, y más material, aunque el público recién empezaría a repletar el tradicional recinto cuando ya estaba en el escenario la banda que acompañó a Lacuna Coil en su gira sudamericana y también lo hará en la parte asiática de ese periplo, los estadounidenses Uncured.

Es entretenido ver cuando se nota que los músicos en el escenario tienen un carisma contagioso y muestran una verdadera hambre juvenil, algo que es extraño porque en general los grupos de metal llegan a nuestro país lo hacen con mucho recorrido, entonces esas prácticas salen más pauteadas. En cambio, lo de Uncured en su debut en Chile fue explosivo, divertido, potente y con ganas de éxito, y eso incluso se notó en lo rápido que se armó todo para que tocaran: si BlackFlow terminó a las 19:30 hrs., ya a las 19:44 hrs. el cuarteto de New Jersey estaba comenzando con lo suyo, un minuto antes incluso de lo que indicaba el itinerario. Canciones como “Sacrifice”, “Myopic” o “Desecration” mostraban lo frenético del espectáculo, con una ejecución precisa por parte de los líderes del proyecto, los hermanos Zak y Rex Cox, que eran la voz y las guitarras dinámicas de un proyecto que en 45 minutos dejó una gran impresión, incluso estrenando una canción inédita y haciendo un cover de “Roots Bloody Roots” de Sepultura, ganándose a la gente, muchos de los cuales tendrán un nuevo nombre a poner en las playlists.

Pero el evento principal de la noche aún no se asomaba y ya la gente se agolpaba más adelante para ver más de cerca a Cristina Scabbia, Andrea Ferro y el resto de Lacuna Coil, banda que puntual a las 21:00 hrs. inició su show, que tendría casi dos mitades exactas, en la primera con un set basado principalmente en material más nuevo, tanto de “Black Anima”, disco editado en octubre pasado, apenas una semana antes del estallido social en nuestro país, como de “Delirium” (2016).

Reckless”, “Downfall”, “Layers Of Time” o “Save Me” eran tracks elegidos para mostrar la potencia de la propuesta de Lacuna Coil, sin perder urgencia ni voz propia, teniendo su fortaleza en su maquinaria simple pero efectiva. Los timbres de Cristina y Andrea son muy diferentes, pero las canciones les entregan momentos perfectos para lucirse en su extremo a cada uno, sea en canciones más rítmicas como “Blood, Tears, Dust” o en costados más emotivos como la ya mencionada “Save Me”.

Pero la noche no sólo era de canciones y virtuosismo instrumental, sino también de compartir lo que se siente, y por ello es que tras “My Demons” Cristina tomó el micrófono para decir que la banda no es ciega y que han visto las noticias y lo difícil que está todo en el país, así que por ello valoraban aún más la intención de estar ahí, en ese espacio, luchando. La banda sabe qué es luchar y sabe qué es tener que hacer sin mirar atrás, porque en su tiempo, cuando aparecieron en escena, eran algo distinto, no la típica fórmula de una vocalista femenina que flotara sobre la potencia del metal, sino que con diálogo, y potencia por parte de la propia intérprete. “Enjoy The Silence”, el cover de Depeche Mode que pasa ese test de que la versión logre identidad propia, resuena con fuerza y aroma a final del show, con todo el mundo cantando, sacando la voz, unidos ahí.

Pero Lacuna Coil sí salió del escenario, tras la 11ª canción, entonces las caras de sorpresa irrumpían en la Blondie, mientras otras calmaban la cosa diciendo que era la primera mitad del show. Tenían razón en esa aseveración, porque a los cinco minutos el quinteto volvió, con diferente vestuario, y dispuestos a saldar esa deuda con la celebración de las dos décadas de historia con la gente. Canciones antiguas como “A Current Obsession”, “Soul Into Hades” o “Tight Rope” eran coreadas por todo el mundo, y pese a que muchos se nota que vieron el setlist de los shows en Brasil y Buenos Aires, de todas formas había esa sensación de ver algo único, siendo ejecutado con maestría.

Parece ser algo obvio a estas alturas, pero no se debe dejar de mencionar cómo la voz de Cristina Scabbia es implacable, perfecta, lozana y -lo más importante- capaz de arrasar con todo a su paso. Es ese carisma que le han dado los años, además, el que hace que se vea como dominadora de todo lo que pasa, incluso cuando se debe improvisar, como cuando en medio de “1.19” decidió salir del escenario para asistir a una fan que se desmayó en las cercanías de la reja, sin dejar de cantar. Son esos detalles los que muestran parte de la receta para que Lacuna Coil dure tanto tiempo, y es que la fluidez y naturalidad son clave, y por ello cuando Andrea o Cristina dicen que la gente “se mantenga con fuerza” o invitan a corear “We fear nothing” (no le tenemos miedo a nada) sea algo de corazón.

También era divertido cómo la banda no se hizo de rogar para tocar un tema fuera de lo convenido en su setlist a pedido de la gente. El coro popular decía con coordinación impactante “Senzafine”, y quizás la idea le gustó mucho a Lacuna Coil porque la tocaron segundos después, de forma magistral, igual que “Veneficium” y el gran final con “Nothing Stands In Our Way”, donde la banda invitó a la gente a seguir adelante, a que nada se interponga en el camino, y que todos estamos juntos en esto porque lo importante es mejorar lo que se tiene, para todas y todos, y luego de una hora y 52 minutos de alto nivel musical y canciones llenas de emociones, sin duda que son momentos como los entregados por Lacuna Coil los que permiten sacar la voz, incluso lejos de las calles, liberando las vallas papales en las calles de la propia consciencia.

Setlist

  1. Blood, Tears, Dust
  2. Our Truth
  3. Reckless
  4. My Demons
  5. Layers Of Time
  6. Downfall
  7. The House Of Shame
  8. Sword Of Anger
  9. Heaven’s A Lie
  10. Save Me
  11. Enjoy The Silence (original de Depeche Mode)
  12. A Current Obsession
  13. 1.19
  14. When A Dead Man Walks
  15. Soul Into Hades
  16. Tight Rope
  17. Comalies
  18. Senzafine
  19. Veneficium
  20. Nothing Stands In Our Way

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