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Morrissey: Si no te gusto, no me mires

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Mientras toda América Latina esperaba la insólita resurrección de El Divo de Juárez, otro divo, venido desde Inglaterra y más vivo que nunca, hacía de las suyas en Chile. Luego de su show en Arena Monticello, Morrissey volvía a aterrizar en la gran cúpula del Parque O’Higgins a tres años de su último concierto en dicho recinto, para reencontrarse de forma masiva con sus fans en la capital.

Promocionando su más reciente LP, “Low In High School” (2017), el retorno de Moz, como siempre, vino acompañado de polémicas por dichos que ha realizado en los últimos años, que van desde cuestionamientos a testimonios de abuso sexual o por mostrarse a favor del Brexit, entre otros comentarios que le han valido el repudio, sobre todo del sector millenial de su fanaticada, quienes antes adoraban al músico por su actitud controversial, pero ahora lo quieren “cancelar” por sus palabras políticamente incorrectas. Ante este panorama, el inglés, honesto y sin filtro como siempre, tiene un mensaje bien claro: “Si no te gusto, no me mires”.

Vistiendo una polera con un mensaje en contra del rodeo bajo su chaqueta, el maestro de ceremonias dio inicio a su hora y media de espectáculo con “William, It Was Really Nothing”, de su ex banda The Smiths, para continuar con “Alma Matters”, echándose de inmediato a todo el Movistar Arena al bolsillo. Distendido y afable, incluso gracioso en algunos momentos, Morrissey firmó autógrafos, dio la mano a los fans de las primeras filas, e incluso abrazó a dos seguidoras que lograron subir al escenario para compartir unos segundos con su ídolo.

Luego de poner su firma sobre unos vinilos, el cantante remató con un sarcástico “I´m so nice”, sacando las carcajadas de la audiencia. El tipo lo estaba pasando bien y, más allá de un par de gestos políticos como poner de fondo una imagen de los “chaquetas amarillas” durante la interpretación de “I’m Throwing My Arms Around Paris”, o vestir la polera de la selección venezolana de fútbol durante “Who Will Protect Us From The Police?”, además de sus ya usuales gestos pro veganismo, no hubo nada que causara una gran polémica o discusión durante la velada. Sólo por la música y el gran carisma de Moz será recordada la pasada noche de sábado.

Y vaya que tuvimos buena música. Entre los pasajes más destacables se encuentran, obviamente, clásicos como “How Soon Is Now?”, “Spent The Day In Bed” o “Hairdresser On Fire”. También brilló el cover de The Pretenders, “Back On The Chain Gang”, y otras donde el frontman dejó todo en su interpretación, como lo fueron “Life Is A Pigsty” o en la mismísima “If You Don’t Like Me, Don’t Look At Me” que, en el contexto actual, suena como un elocuente consejo para sus detractores. El show avanzó veloz y, llegando al final, “Everyday Is Like Sunday” y “First Of The Gang To Die” pusieron a cantar y a bailar a todo el Movistar Arena, mientras Morrissey desaparecía del escenario gritando repetidas veces: “I love you! I love you! I love you!”, en el peak absoluto de su impecable presentación.

Independiente de toda la polémica extra musical que lo rodea constantemente –una que muchas veces es inflada por los medios sensacionalistas–, el inglés sigue siendo un ídolo y entregando conciertos sobresalientes. El de anoche no fue la excepción y, si bien su excentricidad y desfachatez es parte esencial de su persona artística, esta nunca logra opacar la magia de sus canciones; es más, las complementa.

En tiempos tan reaccionarios como en los que estamos viviendo, donde la idea de andar “cancelando” a diestra y siniestra a gente que no se alinea con nuestra visión política/ideológica/moral, sobre todo cuando es por dichos de una figura que es conocida justamente por buscar y provocar controversia, quizás lo mejor es seguir el consejo de Moz y mantenerse protegidos por las paredes de la burbuja, simplemente no prestándole atención.

Setlist

  1. William, It Was Really Nothing (original de The Smiths)
  2. Alma Matters
  3. I Wish You Lonely
  4. Hairdresser On Fire
  5. I’m Throwing My Arms Around Paris
  6. Is It Really So Strange? (original de The Smiths)
  7. Back On The Chain Gang (original de The Pretenders)
  8. Dial-a-Cliché
  9. Jack The Ripper
  10. If You Don’t Like Me, Don’t Look At Me
  11. Munich Air Disaster 1958
  12. Break Up The Family
  13. Spent the Day In Bed
  14. How Soon Is Now? (original de The Smiths)
  15. The Bullfighter Dies
  16. Life Is A Pigsty
  17. Who Will Protect Us From The Police?
  18. Hold On To Your Friends
  19. Let Me Kiss You
  20. Everyday Is Like Sunday
  21. First Of The Gang To Die

Fotos por Sergio Cortese para T4F + Bizarro

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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