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Moonspell: El alma de dos tierras

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La destrucción es a menudo un motor de creación enorme. Así como se demuelen espacios para generar edificios más grandes, también es en las ruinas que muchos artistas encuentran otras formas y otras ideas que pueden llevar a declaraciones más grandes y más significativas. Cuando un huracán arrecia, es el viento el que golpea y es la inevitabilidad de la ocurrencia ese momento en que todo gira y hace sentir el apocalipsis. En Chile, sin ir más lejos, eso ocurre a menudo con los terremotos, un tema que Moonspell abordó en su disco conceptual “1755” (2017) desde el movimiento telúrico que azotó su natal Portugal en ese año.

Esa vibración es la que se sintió también a ratos en Club Blondie cuando la gente golpeaba el piso con sus pies en el retorno de la banda portuguesa a nuestro país, en una extraña fecha para un concierto como es el 1 de mayo. Mientras todo alrededor estaba cerrado y sin vida, en el ingreso a Blondie había gente desde horas antes esperando la apertura de puertas para ver a Moonspell. Si a algo recordaba este panorama, era a esa mañana del 27 de febrero de 2010, post terremoto 8.8, con pocas vitrinas abiertas, pero también con esa sensación de tener que levantarse y andar, cual Lázaro, para ir adelante.

Moonspell llegó con puntualidad extrema al escenario de Blondie, a las 20:30 hrs. Algo que golpea de inmediato al escuchar a la banda es cuán inteligente es su mezcla de estilos. Aunque el gutural de Fernando Ribeiro y la batería de Miguel Gaspar hagan creer que se está ante un metal estricto, lo cierto es que la guitarra de Ricardo Amorim hace que se comprenda un ente mucho más melódico que gótico, y así el sonido es más abierto, dejando grietas a través de las que se cuelan otras luces que generan nuevas visiones.

Llamativo es cómo el portugués, como idioma, logra sonar tan solemne en canciones de metal, como se ve en el inicio con “Em Nome Do Medo” o en “1755” y “Desastre” del disco nuevo. La vocalización de Ribeiro es precisa y se nota también ese derrumbe al que el catastrófico sentido de su último álbum refiere. También ayuda a eso un claro pero abrumador sonido, bien logrado por el equipo técnico de la banda, que además se preocupó de detalles que no alcanzan a ser invisibles, como la gama cromática de la iluminación. Aunque muchas veces el azul y el rojo intenso dominan la iluminación en un concierto en estos tiempos, el verde y un rojo más suave se juntaban rememorando a la bandera de Portugal, algo que no importaría tanto en un show común, pero que es un detalle a considerar cuando aparecen temas como “Ruínas” o “Evento”, que apelan justamente al espíritu de este país.

La banda agradece en todo momento a la gente la activa participación, y es que el público opera como una fuente de energía grande, en especial cuando la Blondie está repleta y el aire comienza a apretarse. Variaciones en el setlist de la gira sudamericana se vieron con la inclusión de la aplaudida “Wolfshade” o luego en el encore con la irrupción de “Scorpion Flower”, pero nada hacía cambiar esa aura de relevancia que Moonspell encontró con un disco que rememora la historia como “1755”. Cuando Ribeiro levanta una cruz con un láser rojo que llega a los rincones del recinto en “Todos Os Santos” no sólo levanta un símbolo religioso, sino también un tótem para tantas sensibilidades en el país europeo.

Un territorio muy religioso, tal como es el chileno, azotado por un terremoto, que deja daños en ciudades y relieve, y es quizás esa la conexión que –tal vez imperceptiblemente– hubo esta vez entre el público nacional y la banda. Más fuerte aún es el bramido de la gente con los clásicos, como “Alma Mater” o “Full Moon Madness”, que cerró el show, pero lo que está claro es que, cuando se trata de los desastres, Chile tiene un traje hecho a la medida con esas subjetividades y es esta sensación la que un potente show de poco menos de dos horas como fue el de Moonspell es capaz de evocar, como un sastre arropando a un pueblo completo.

Setlist

  1. Em Nome Do Medo
  2. 1755
  3. In Tremor Dei
  4. Desastre
  5. Night Eternal
  6. Opium
  7. Awake!
  8. Ruínas
  9. Breathe (Until We Are No More)
  10. Extinct
  11. Evento
  12. Todos Os Santos
  13. Wolfshade (A Werewolf Masquerade)
  14. Vampiria
  15. Alma Mater
  16. Everything Invaded
  17. Scorpion Flower
  18. Full Moon Madness

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Christina Rosenvinge: Ouijas para la empatía y la revolución

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Christina Rosenvinge

La opresión de la lógica patriarcal que rige como titiritero invisible a las acciones sociales del mundo ataca a todas y todos. Aunque las movilizaciones multitudinarias hacen creer a varios que son las mujeres las que buscan cambios para ellas, lo cierto es que toda modificación a la norma imperante debe implicar algo más allá, afectando a hombres y mujeres. Por ello se hace vital entender todo el espectro. Esa es parte de las inquietudes de una de las creadoras más relevantes de Hispanoamérica, en especial cuando el análisis se cierne sobre su propia historia y la de los suyos.

Christina Rosenvinge es activista, pensadora, productora, mujer, pero por sobre todo es compositora, y en este ámbito es el que vierte complejidades claves de escudriñar. “Un Hombre Rubio”, uno de los mejores discos de 2018, ataca desde la empatía y la honestidad hacia las razones por las que existen exigencias para los hombres en pos de un patriarcado que busca su propia sanidad. Ella ve en su padre a una figura que tiene esas contradicciones e intenta explicarse una relación –cuando menos– conflictiva. Junto con una producción exquisita (de exclusivo crédito de la propia Christina) y sonidos precisos y bien desarrollados, el décimo álbum de la madrileña es un arma poderosa para hacer espiritismos propios en busca de respuestas, analizar esos diálogos pendientes y, por supuesto, para elucubraciones que deriven en esa revolución que permitiría la transversalidad fundamental, esa donde géneros no importen.

Un portal se abrió a pocos kilómetros del radio urbano del Gran Santiago, y en el parque de Las Majadas de Pirque, con edificaciones preciosas alrededor, se dio algo cercano a un día de campo, ocasión que vería a Rosenvinge volver luego de 14 meses a Chile, pero con un nuevo paradigma, de esos que usaría el propio David Bowie para corromper la normalidad y expresar todo lo que se pueda indicar.

Pero antes, la velada fue abierta por la solvente y delicada propuesta de Sabina Odone, quien, pese a indicar que existían ciertos desperfectos técnicos, siempre se escuchó con claridad y belleza. Lo primero que mostró en su presentación –que se extendería por 35 minutos– fue su trilogía de sencillos “Una Historia de Amor”, previa a su disco “Amore” que está trabajando para ser editado en 2019. Y se nota la consistencia de las tres canciones, tan diferentes en temática y sonoridades, pero tan ligadas una a la otra, desde “Algo de Ti” con el enamoramiento, hasta “Quise Ser Tu Amante” en la reflexión a posteriori, pasando por la decepción en “Ellos No Cambian”. Además, Sabina estrenó una canción y, cuando su piano eléctrico dejó de sonar, cantó una versión a capella de “Il Cielo In Una Stanza”, canción que refiere a los ancestros de Odone, quien, emocionada por la oportunidad, demostró que una buena voz no necesariamente viene asociada a la catarsis permanente, sino al control y la contención que da la experiencia en vivo y la convicción en las propias canciones.

Media hora después sería el turno de una Christina Rosenvinge que, a la usanza del arte de “Un Hombre Rubio”, llegó ataviada de una camisa blanca y pantalones negros sin talle ajustado. El afán de explicar una vestimenta va en que es este el personaje en el que podía sostenerse Christina a lo largo del show, en este hombre rubio, guapo, exitoso, dominante, que por 106 minutos sería el centro de la atención, con sorpresas, reflexiones y, al final del día, un rock que desde la sofisticación puede transformar un tranquilo prado en un concierto frenético y lleno de momentos.

Con “Niña Animal” y “El Pretendiente”, ambas del disco nuevo, Rosenvinge ponía sobre aviso a la gente del tono del sonido para el show, con una banda correcta mas no descollante, quizás dejando en claro que, más allá de virtuosismos o perfección, lo que podía hacer que el show fuera inolvidable eran las canciones, y por ello es que Christina también entendió que, para el espacio y ambiente, ella podía tomar el pasado para ir tanteando la trayectoria para enlazar el presente, formando un lindo nudo que cierre todo. Por ello irrumpieron como nunca las canciones que originalmente le pertenecían a Christina & Los Subterráneos. Incluso, la primera sería una del disco incomprendido de ese proyecto, “Mi Pequeño Animal” (1994). “Pálido” era la primera sorpresa nostálgica, para luego pasar a una nostalgia más personal de Christina en “Jorge y Yo”, dedicada a su hermano, y luego llegar a otra antigua, en ese caso de 1992, “Señorita”.

Rosenvinge volvía a su último registro con el dueto espiral de “Pesa La Palabra” y “Romance De La Plata”. En la primera canción, es el padre el que le habla a su prole, en tanto que en la segunda es la hija la que se da el espacio de hablarle a su progenitor, en un esfuerzo gimnástico de la interpretación, donde vemos cómo Christina está en otro nivel, siendo capaz de saltar desde su yo de hace más de 25 años hacia su padre, y luego hacia ella misma. Pareciera que estuviera dejando a los espíritus entrar, comunicarse y luego salir, todo en márgenes mínimos.

La Distancia Adecuada”, una sombría y elegante versión de “Tú Por Mi”, y luego “Ana y Los Pájaros” continuaban una jornada donde la verdadera Christina Rosenvinge quedaba a flote en todo momento, ya fuera con la repetición a modo de tantra de “Alguien Tendrá La Culpa” o con etapas más complicadas como las posteriores. Pasarán la puta, la tejedora, la flor entre las vías, pero nada será tan inesperado como “Mil Pedazos”, canción que la artista no tocaba desde su anterior visita en 2017, en una versión oscura, que hace sentir mucho más la división y el dolor de estos pedazos que no se sabe por dónde intentar volver a unir.

Aunque Rosenvinge y su banda abandonaron el escenario un poco, eso es parte de la dinámica tradicional de los conciertos, pero el retorno tuvo a Christina sola, con la guitarra ataviada y con intención de dar en el gusto a su gente, que logró que sonaran versiones solistas de “Las Suelas De Mis Botas” y “Sábado”, dos temas muy sorpresivos y que, sin querer, van dentro de la narrativa de comprender a otros y también generar cambios para modificar al ser.

En “La Piedra Angular”, canción que primero tiene a Christina acompañada solo por un piano para terminar con banda, se vivió uno de los momentos inolvidables de la jornada cuando ella se baja del escenario con intención de buscar una pareja para bailar el intermedio de ese track, que es casi un vals. Rosenvinge eligió a una mujer del público, con el arrojo arrogante de la vestimenta del hombre rubio que lleva puesta. Mientras bailan, mujer contra mujer, todo el público se pone a su alrededor generando una postal única, que se convertiría en incredulidad y risas cuando Christina falló espectacularmente en hacer un gesto galán y ella y su bailarina cayeron muy fuerte contra el suelo. Una manera única de relevar también el track que cierra “Un Hombre Rubio”, una balada preciosa que se pegó perfecta con otro track de Christina & Los Subterráneos, “Alguien Que Cuide De Mí”, y con el gran final con “Voy En Un Coche”, en una versión rockera pero madura, haciéndose cargo de la brecha de pensar que un auto es la libertad, algo muy lejano en 2019 a ese ideal de 1992, y por ello es que un tono más sombrío resultaba preciso.

Así culminaba un espectáculo donde no sólo hubo grandes canciones y momentos, sino también pudimos ver a una artista en el tope de sus capacidades, sean estas artísticas como personales. Christina Rosenvinge tiene en la cabeza como objetivo que se comunique qué es el feminismo, pero que se haga bien, sin caricaturas, y he allí su loable intención de buscar la empatía en figuras que también son consecuencias de un sistema opresor. En esta búsqueda, que va más allá de tumbas, dimensiones y fronteras, es que tenemos los cimientos de una revolución que no sabemos cuándo llegará, pero que sí tenemos certeza de que vendrá. Mientras tanto, como dice la canción que abrió el show, “aguanta”.

Setlist

  1. Niña Animal
  2. El Pretendiente
  3. Pálido (original de Christina & Los Subterráneos)
  4. Jorge y Yo
  5. Señorita (original de Christina & Los Subterráneos)
  6. Pesa La Palabra
  7. Romance De La Plata
  8. La Distancia Adecuada
  9. Tú Por Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  10. Ana y Los Pájaros
  11. Alguien Tendrá La Culpa
  12. La Flor Entre La Vía
  13. La Muy Puta
  14. La Tejedora
  15. Mil Pedazos (original de Christina & Los Subterráneos)
  16. Las Suelas De Mis Botas (original de Christina & Los Subterráneos)
  17. Sábado
  18. La Piedra Angular
  19. Alguien Que Cuide De Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  20. Voy En Un Coche (original de Christina & Los Subterráneos)

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