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Mike Patton Mondo Cane: Volviendo a casa

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No vamos a hablar del fervor que Mike Patton genera en nuestro país, eso es materia más que discutida un sin fin de veces. Evidentemente, no cabía la menor duda que sería éxito seguro cuando se anunció un nuevo show de su proyecto Mondo Cane, y así lo demostró la venta de tickets que agotó de inmediato la primera fecha, abriendo dos nuevas instancias para que el público disfrutara este set donde Patton interpreta distintos clásicos de la canción italiana. Y así, luego de la correspondiente espera, finalmente llegó el día donde el frontman se reencontraría con su público, con una entusiasmada audiencia llegando desde temprano a Coliseo Santiago para ver al hombre detrás de Faith No More, Fantômas, Mr. Bungle, Tomahawk, Dead Cross, y tantos otros proyectos, quien se saldría de la agresividad y las guitarras pesadas por un momento para llevar su faceta de crooner a un ambiente íntimo, distendido y solemne, optando por darle énfasis a lo bello de la música en vez de la intensidad propia de un show que involucre a alguna de sus agrupaciones.

El músico Alain Johannes fue el encargado, cigarbox guitar en mano, de abrir el espectáculo de Patton, realizando un breve set acústico con algunas de sus composiciones más populares. Sin mucha intervención ni tampoco participación del público, Johannes se despidió luego de poco más de treinta minutos sobre el escenario, cumpliendo sus funciones para darle paso al hombre de la noche.

Eran las 22 horas con 10 minutos cuando Patton todavía no tomaba el escenario, las luces estaban bajas y la gente sólo esperaba el inicio, pero de pronto los focos se encendieron y un hombre subió al escenario para tomar el micrófono: eso sí, no era Mike Patton. Un integrante del staff anunciaba que, por problemas de salud originados por una intoxicación por alimentos, el show tendría que posponerse para el día domingo a las 18:00 horas, antes de lo que sería la segunda fecha de esta serie de presentaciones. El público, atónito, sólo obedeció y abandonó el lugar.

Veinte horas después, y la misma gente esperaba por Patton, quien a las 18:10 horas finalmente salió a escena para iniciar su presentación con “Il Cielo In Una Stanza”, echando por la borda toda la hostilidad que se sentía en la cancha durante la espera. El frontman, de impecable traje blanco, demostró de inmediato su gran capacidad vocal, alcanzando todos los tonos necesarios en cada una de las canciones, pasando de la locura con tintes jazzeros de “Che Notte!” a la romántica e intensa “Ore D’Amore”.

No había espacio para hacer movimientos en falso y cada paso de “Miguelito” fue demostrando por qué es uno de los mejores entretenedores en vivo, jugueteando con sus músicos y dando instrucciones para que todo saliera a la perfección, cuando, a pesar de eso, no se necesitaba mucha rigurosidad en un terreno que ya estaba ganado. Así, con canciones como “20 km. Al Giorno” “L’Urlo Negro” o “Deep Down”, la gente se iba entregando y coreando cada una, con el idioma italiano no resultando un impedimento para generar instancias de karaoke masivo en la cancha.

Para entender verdaderamente de qué se trata la genialidad de Patton, es muy importante reflexionar sobre un punto en concreto, y esa es la capacidad que el músico tiene para abarcar un gran rango vocal, el que le permite ir fluyendo sin problemas a través de diferentes estilos. En el caso de Mondo Cane, las composiciones gozan de una clave en tonalidad pop, pero que se va mezclando con la épica de ese sonido orquestado por una gran cantidad de músicos en escena. Si analizamos proyectos como Fantômas, donde la sección instrumental es la pieza principal, aquí encontramos una instancia donde Patton y su voz no funcionan como un instrumento más, sino que, al contrario, se va deslizando mediante diferentes pasajes generados por los coros, la sección de teclados o la orquesta, entendiendo a Mondo Cane como una entidad donde el músico demuestra su calidad como un todo: ya sea en su rango vocal, sentido del espectáculo, manejo con el público o simplemente su vasto conocimiento de la música según el contexto, ya que su tiempo escuchando radio mientras vivía en Italia le permitió adoptar los sonidos propios de ese país y adaptarlos sin problemas a su propio beneficio.

Si bien, el ritmo del show fue avanzando a medida que la banda entraba en confianza, los ripios del inicio quedaron de inmediato en el olvido. Es difícil dilucidar si Patton todavía no estaba bien de salud o simplemente el horario no le permitía entrar en onda, pero el tímido comienzo del espectáculo permitió que el show fuera evolucionando tras cada canción, haciendo de composiciones como “Ma L’Amore No” o “Lontano, Lontano”, un verdadero deleite para los que estaban presentes, con una puesta en escena que fue en ascenso a medida que se desarrollaba el repertorio. Así, Patton demostró la fuerza, intensidad y pasión que priman en esta faceta, lo que no hace más que demostrar su versatilidad, transformándolo en uno de esos artistas que es muy importante ver en vivo cada vez que se tenga la oportunidad, ya que nunca se sabe con qué podrá sorprender a sus seguidores. Luego de interpretar “Senza Fine” y “Dio, Come Ti Amo”, el show ya estaba llegando a su fin, pero ya que todos la pasaban tan bien, fue necesario expandir la presentación con dos regalos más: “Una Sigaretta” y “Sole Malato”, los últimos vestigios del ameno y elegante Mike, quien luego de presentar a la banda se despidió rápidamente de su gente.

Más allá de todos los inconvenientes que haya generado la postergación de la accidentada primera fecha, a la larga todo lo ocurrido termina convirtiéndose en esos sabrosos antecedentes que van enriqueciendo la historia de Mike Patton con nuestro país. Puede que el repertorio de Mondo Cane sea un show que no goza de una renovación o una vuelta de tuerca en términos de puesta en escena o en la selección de las canciones, pero de cierta forma eso no es algo tan necesario cuando tenemos un espectáculo que funciona, que llega hasta el alma y que mantiene atento al espectador durante todo el recorrido. A veces, no es necesario la experimentación para poder jugar a ganador, y quizás esa seguridad le permite a Patton desarrollarse a sus anchas en un terreno que le es tiene conocido.

La historia del artista con nuestro país ha tenido muchos capítulos, en una enorme variedad de contextos diferentes, por lo que es muy difícil encontrar otra figura en la vereda del rock que acumule tantos hitos como lo hace Patton. Dicho eso, la ferviente religiosidad que existe en torno a su figura queda comprobada con hechos concretos una vez más, entendiendo que, sin importar lo redundante del contexto, el asombro está asegurado. Ahora queda sólo una presentación para finalizar otro capítulo más de este romance, el que, si bien ha llegado a atravesar ciertos inconvenientes, siempre encuentra su final feliz.

Setlist

  1. Il Cielo In Una Stanza (original de Gino Paoli)
  2. Che Notte! (original de Fred Buscaglione)
  3. Ore D’Amore (original de Fred Bongusto)
  4. 20 km. Al Giorno (original de Nicola Arigliano)
  5. Quello Che Conta (original de Luigi Tenco)
  6. L’Urlo Negro (original de The Blackmen)
  7. Legata A Un Granello Di Sabbia (original de Nico Fidenco)
  8. Deep Down (original de Christy)
  9. Pinne, Fucile Ed Occhiali (original de Edoardo Vianello)
  10. Scalinatella (original de Roberto Murolo)
  11. L’Uomo Che Non Sapeva Amare (original de Nico Fidenco)
  12. Ma L’Amore No (original de Lina Termini)
  13. Canzone (original de Don Backy)
  14. Ti Offro Da Bere (original de Gianni Morandi)
  15. Storia D’Amore (original de Adriano Celentano)
  16. Lontano, Lontano (original de Luigi Tenco)
  17. O Venezia, Venaga, Venusia (original de Nino Rota)
  18. Yeeeeeeh! (original de The Primitives)
  19. Senza Fine (original de Gino Paoli)
  20. Dio, Come Ti Amo (original de Domenico Modugno)
  21. Una Sigaretta (original de Fred Buscaglione)
  22. Sole Malato (original de Domenico Modugno)

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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