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Metal Attack II: Cuatro retratos de brutalidad

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El metal más extremo tiene un lugar especial en el corazón del fan chileno. A pesar de contar con liricas ininteligibles y un sonido repelente para gran parte de la población, existe algo en su esencia que hizo de esta rama del estilo una de las más añoradas en nuestro país, convocando a miles de headbangers en cada oportunidad en que nombres como Slayer, Carcass o Morbid Angel pisan un escenario nacional. Anoche tuvimos la oportunidad de vivir un encuentro único y maratónico en las dependencias del Teatro Caupolicán con Metal Attack II, contando con tres nombres fundamentales: Cannibal Corpse, Napalm Death y Destruction, formando un tríptico perfecto, donde tres retratos de brutalidad hechos música se unieron para ofrecer un festín letal al respetable, que vivió a concho cada segundo de concierto.

Recrucide

A la obra también se sumó como número de apertura los chilenos de Recrucide, a quienes, pese a tener un lugar menor dentro del cartel, sería injusto no reconocerlos dentro del cuadro, ya que lo que viene haciendo Rodrigo Zepeda y compañía desde hace más de dos décadas, es digno de ser reconocido como uno de los grandes proyectos del metal surgidos en nuestras tierras y, por qué no, uno de los más sólidos a nivel continental. Refinando su sonido y actualizándolo a los tiempos que corren, y presentando canciones de su más reciente álbum, “The Cycle”, junto a lo más destacado de su carrera, el quinteto sonó espectacular durante su actuación, recibiendo el respaldo y ovación del público que a esa hora comenzaba a llenar el teatro de la calle San Diego. Un gusto poder contar con representantes del metal nacional tan notables como Recrucide y, mejor aún, que después de años en el camino por fin comiencen a ser reconocidos como debe ser.

Destruction

Los alemanes son número seguro en Chile. De sonido crudo y vieja escuela, el trío liderado por Marcel Schirmer conserva un vínculo fuerte con la fanaticada local y anoche volvieron a dar prueba de ello, mandándose un set que se enfocó principalmente en su material ochentero, satisfaciendo la sed de moshear de la muchedumbre, “danza” que comenzó desde el instante en que Destruction se instaló sobre el proscenio y no se detuvo hasta pasada la medianoche. “Curse The Gods” y “Tormentor” dieron rienda suelta al caos en medio de la cancha y, a pesar de que esta vez no se encendió ninguna bengala entre el público, no hizo falta para hacernos sentir entre las llamas del infierno.

Aprovechando cada minuto de tiempo, la banda habló lo justo y necesario para dar prioridad a tocar canciones. Aunque tuvieron que quitar algunas canciones del tour que venían realizando en fechas anteriores, las más importantes permanecieron en la lista y cumplieron el cometido de mantener la destrucción en el recinto. “Nailed To The Cross”, “Mad Butcher”, “Release From Agony” o “Thrash Till Death” fueron algunos ejemplos de que lo mejor que saben hacer los teutones en escena es thrash al hueso con sabor ochentero. La hora de show culminó con “Bestial Invasion”, marcando otro hito de Destruction en nuestro país, lugar donde –según las propias palabras de Schirmer– encontraron su segundo hogar. Y, aunque todos sabemos que esa es una de las cientos de frases cliché en el mundo del rock, a vista de la respuesta que el público ha tenido con los alemanes cada vez que estos vienen a visitarnos, puede que las palabras del bajista sean auténticas.

Napalm Death

Los ingleses pueden jactarse de ser una de las agrupaciones más extremas e icónicas del estilo y, al mismo tiempo, de ser unos bichos raros que no calzan en este. Su agresiva mezcla de hardcore, punk, grindcore y death metal, que musicaliza letras antisistema, que además abogan por el amor y paz entre los seres humanos, transmitidas a través de los alaridos de un hombre de casi cincuenta años que no para de correr por todo el escenario en polera y pantalones cortos, es algo que no se ve todos los días en un show de metal.

El cuarteto ha atraído a una fanaticada que trasciende al propio estilo y ha logrado ubicarlos en estatus de culto, dándoles la oportunidad de compartir escenarios con bandas tan disímiles entre sí, como lo son Melvins y Melt Banana. Es por eso que anoche, estando en el lugar donde mejor les correspondía, Napalm Death siguió sonando fuera de lugar, desmarcándose de la atmósfera infernal para instalar la suya propia, y hacer de su presentación una intervención única.

Multinational Corporations” e “Instinct Of Survival” fueron los cortes que dieron el puntapié a la comparsa de ruido y gritos. Canciones de menos de un minuto, antecedidas muchas veces por discursos que superaban su duración, fueron la tónica de un concierto intenso y brutal. El cuarteto repasó gran parte de su discografía, dando espacio a canciones de su notable último disco “Apex Predator – Easy Meat” (2015), con el sencillo “Smash A Single Digit” y “How The Years Condemn”, y a otras de sus discos clásicos, como “Suffer The Children”, “Scum” o “Breed To Breathe”. También hubo espacio para sus dos breves joyitas, “You Suffer” y “Dead”, que en vivo son prácticamente un jugueteo para los músicos, y un par de covers, donde los ingleses rindieron pleitesía a los nombres que han servido de influencia en su sonido.

Habiendo brindado un show que debería haber dejado más que conforme a todo fanático del conjunto, “Siege Of Power” marcó el final de esta nueva visita de Napalm Death a nuestro país. Siempre brutales y extraños, los ingleses parecen no tener fecha de vencimiento, y esperamos que su batalla nunca terminé, porque pocas bandas en el metal conservan una esencia tan especial y única como la del cuartero inglés.

Cannibal Corpse

Sin miedo a equivocarse, podemos asegurar que Cannibal Corpse es la banda de death metal más popular entre los metaleros chilenos. Así lo confirman las postales del recinto repleto de fanáticos que este redactor ha podido rescatar de sus dos presentaciones previas sobre el mismo escenario. Y aunque el de anoche no será recordado como el mejor concierto que han dado en la capital –ese galardón se lo lleva el realizado el año 2013, en la gira de celebración de sus 25 años de carrera–, los norteamericanos cumplieron con el público en el cierre del maratónico certamen.

En la promoción de su nuevo álbum, “Red Before Black” (2017), el quinteto regresó a Chile con una batería de canciones enfocada en su material nuevo. Puede ser esa la razón que el inició de su show no fue recibido con la misma contundencia que los dos números que los antecedieron. La triada conformada por “Code Of The Slashers”, “Only One Will Die” y “Red Before Black” no lograron prender al respetable, quienes, en su mayoría, estaban deseosos de escuchar los clásicos. Tampoco se les puede culpar por eso, ya que, siendo sinceros, las tres canciones del disco nuevo que abrieron esta nueva visita de Cannibal Corpse a Santiago no destacaron por su versatilidad o energía precisamente, sino que más bien por ser una lenta muralla de riffs pesados que avanzaba sin mayores sobresaltos.

La primera mitad del recital estuvo dedicado exclusivamente a su discografía más reciente, sin agitar mucho los ánimos, incluso por parte de la banda, que durante la hora y poco más que tuvo sobre el escenario no mostró muchas ganas de hacer algo más que cumplir con el libreto establecido. Afortunadamente, comenzaron a caer los clásicos, y cortes como “Gutted”, “Devoured By Vermin”, “A Skull Full Of Maggots” y la hilarante “I Cum Blood” por fin lograron convocar a la masa, y hacer de este el concierto que todos estaban esperando. “Stripped, Raped And Strangled” y “Hammer Smashed Face” bajaron el telón de este Metal Attack II de la mejor manera: con un mar de gente corriendo por la cancha, levantando los puños y dando patadas. La tarea ya estaba cumplida.

La segunda edición del festival metalero nos dejó el recuerdo de cuatro presentaciones brutales, cada una en su propio estilo y proporción. Desde la constancia y ganas de más de Recrucide, siguiendo por la crudeza con sabor a nostalgia ochentera de Destruction, pasando por el discurso contestatario y violento de Napalm Death, y cerrando con la apología a los actos más atroces que un ser humano puede llegar a cometer de la mano de Cannibal Corpse, este Metal Attack cumplió con todas las expectativas, y esperamos ansiosos el anuncio de una nueva maratón del metal más extremo.

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Lacuna Coil: Sin miedo a nada

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El acto de sacar la voz se ha convertido en un método de supervivencia para las mentes de chilenas y chilenos después del 18 de octubre. La lucha transcurre en las calles, en las redes sociales, en el espacio público, e incluso en los conciertos. Ya es parte de la “nueva normalidad” que la gente haga hora gritando “el que no salta es paco” y “Piñera culiao”, entonces existe un uso de la voz que no sólo valoriza lo que se dice, sino que el acto mismo de decir y enunciar, que no es más que lanzarse a las profundidades de la incomodidad de dejar de disfrutar el silencio. Eso también es lo que hacen las bandas musicales, lanzarse al sonido, y cuando el tiempo pasa, también es trascendente cómo la voz sigue existiendo, sin doblegarse, tal como ha pasado con Lacuna Coil, agrupación italiana que ya tiene más de dos décadas de historia, en las que obviamente han enfrentado dificultades, y siguen ahí, generando canciones que son puntos de encuentro, pero sin dejar de lado cómo la lucha continúa.

El retorno de los italianos tampoco se hizo esperar tanto, sumando casi tres años de ausencia, pero sí había una deuda que saldar con el público chileno que no vio la gira de celebración de los 20 años de la agrupación, y aquello sería el ingrediente más trascendente de lo que ocurriría más adelante. Antes, la jornada iniciaría con BlackFlow en el escenario de Club Blondie, que mostró por qué fue un nombre destacado en varias publicaciones con su EP “Confusion & Time” de 2018, y más material, aunque el público recién empezaría a repletar el tradicional recinto cuando ya estaba en el escenario la banda que acompañó a Lacuna Coil en su gira sudamericana y también lo hará en la parte asiática de ese periplo, los estadounidenses Uncured.

Es entretenido ver cuando se nota que los músicos en el escenario tienen un carisma contagioso y muestran una verdadera hambre juvenil, algo que es extraño porque en general los grupos de metal llegan a nuestro país lo hacen con mucho recorrido, entonces esas prácticas salen más pauteadas. En cambio, lo de Uncured en su debut en Chile fue explosivo, divertido, potente y con ganas de éxito, y eso incluso se notó en lo rápido que se armó todo para que tocaran: si BlackFlow terminó a las 19:30 hrs., ya a las 19:44 hrs. el cuarteto de New Jersey estaba comenzando con lo suyo, un minuto antes incluso de lo que indicaba el itinerario. Canciones como “Sacrifice”, “Myopic” o “Desecration” mostraban lo frenético del espectáculo, con una ejecución precisa por parte de los líderes del proyecto, los hermanos Zak y Rex Cox, que eran la voz y las guitarras dinámicas de un proyecto que en 45 minutos dejó una gran impresión, incluso estrenando una canción inédita y haciendo un cover de “Roots Bloody Roots” de Sepultura, ganándose a la gente, muchos de los cuales tendrán un nuevo nombre a poner en las playlists.

Pero el evento principal de la noche aún no se asomaba y ya la gente se agolpaba más adelante para ver más de cerca a Cristina Scabbia, Andrea Ferro y el resto de Lacuna Coil, banda que puntual a las 21:00 hrs. inició su show, que tendría casi dos mitades exactas, en la primera con un set basado principalmente en material más nuevo, tanto de “Black Anima”, disco editado en octubre pasado, apenas una semana antes del estallido social en nuestro país, como de “Delirium” (2016).

Reckless”, “Downfall”, “Layers Of Time” o “Save Me” eran tracks elegidos para mostrar la potencia de la propuesta de Lacuna Coil, sin perder urgencia ni voz propia, teniendo su fortaleza en su maquinaria simple pero efectiva. Los timbres de Cristina y Andrea son muy diferentes, pero las canciones les entregan momentos perfectos para lucirse en su extremo a cada uno, sea en canciones más rítmicas como “Blood, Tears, Dust” o en costados más emotivos como la ya mencionada “Save Me”.

Pero la noche no sólo era de canciones y virtuosismo instrumental, sino también de compartir lo que se siente, y por ello es que tras “My Demons” Cristina tomó el micrófono para decir que la banda no es ciega y que han visto las noticias y lo difícil que está todo en el país, así que por ello valoraban aún más la intención de estar ahí, en ese espacio, luchando. La banda sabe qué es luchar y sabe qué es tener que hacer sin mirar atrás, porque en su tiempo, cuando aparecieron en escena, eran algo distinto, no la típica fórmula de una vocalista femenina que flotara sobre la potencia del metal, sino que con diálogo, y potencia por parte de la propia intérprete. “Enjoy The Silence”, el cover de Depeche Mode que pasa ese test de que la versión logre identidad propia, resuena con fuerza y aroma a final del show, con todo el mundo cantando, sacando la voz, unidos ahí.

Pero Lacuna Coil sí salió del escenario, tras la 11ª canción, entonces las caras de sorpresa irrumpían en la Blondie, mientras otras calmaban la cosa diciendo que era la primera mitad del show. Tenían razón en esa aseveración, porque a los cinco minutos el quinteto volvió, con diferente vestuario, y dispuestos a saldar esa deuda con la celebración de las dos décadas de historia con la gente. Canciones antiguas como “A Current Obsession”, “Soul Into Hades” o “Tight Rope” eran coreadas por todo el mundo, y pese a que muchos se nota que vieron el setlist de los shows en Brasil y Buenos Aires, de todas formas había esa sensación de ver algo único, siendo ejecutado con maestría.

Parece ser algo obvio a estas alturas, pero no se debe dejar de mencionar cómo la voz de Cristina Scabbia es implacable, perfecta, lozana y -lo más importante- capaz de arrasar con todo a su paso. Es ese carisma que le han dado los años, además, el que hace que se vea como dominadora de todo lo que pasa, incluso cuando se debe improvisar, como cuando en medio de “1.19” decidió salir del escenario para asistir a una fan que se desmayó en las cercanías de la reja, sin dejar de cantar. Son esos detalles los que muestran parte de la receta para que Lacuna Coil dure tanto tiempo, y es que la fluidez y naturalidad son clave, y por ello cuando Andrea o Cristina dicen que la gente “se mantenga con fuerza” o invitan a corear “We fear nothing” (no le tenemos miedo a nada) sea algo de corazón.

También era divertido cómo la banda no se hizo de rogar para tocar un tema fuera de lo convenido en su setlist a pedido de la gente. El coro popular decía con coordinación impactante “Senzafine”, y quizás la idea le gustó mucho a Lacuna Coil porque la tocaron segundos después, de forma magistral, igual que “Veneficium” y el gran final con “Nothing Stands In Our Way”, donde la banda invitó a la gente a seguir adelante, a que nada se interponga en el camino, y que todos estamos juntos en esto porque lo importante es mejorar lo que se tiene, para todas y todos, y luego de una hora y 52 minutos de alto nivel musical y canciones llenas de emociones, sin duda que son momentos como los entregados por Lacuna Coil los que permiten sacar la voz, incluso lejos de las calles, liberando las vallas papales en las calles de la propia consciencia.

Setlist

  1. Blood, Tears, Dust
  2. Our Truth
  3. Reckless
  4. My Demons
  5. Layers Of Time
  6. Downfall
  7. The House Of Shame
  8. Sword Of Anger
  9. Heaven’s A Lie
  10. Save Me
  11. Enjoy The Silence (original de Depeche Mode)
  12. A Current Obsession
  13. 1.19
  14. When A Dead Man Walks
  15. Soul Into Hades
  16. Tight Rope
  17. Comalies
  18. Senzafine
  19. Veneficium
  20. Nothing Stands In Our Way

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