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Megadeth: ¡Aguante Megadeth!

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El calor de la noche anterior aun rebosaba en el Caupolicán para la segunda jornada consecutiva de Megadeth en Chile. Graderías y cancha repletas era la postal que se repetía para la velada del sábado, una que estaría dedicada al álbum “Peace Sells… But Who`s Buying” (1986), junto a los clásicos de toda la vida, confirmando el peso que tiene la agrupación en nuestro país, en un fiato con el público que sólo comparten privilegiados como Iron Maiden o Faith No More.

El ritual fue el mismo que en la primera presentación. En la pantalla central se mostraban las imágenes de los miembros de la banda avanzando desde los camarines hasta el escenario. Dave Mustaine, el protagonista de la función, saludaba desde la proyección a una fanaticada ansiosa y muy ruidosa. Luces fuera y comienza la introducción de “Never Dead”, de su último disco “Th1rt3en” (2011), que a pesar de no ser uno de los temas más populares del grupo, fue suficiente para encender los ánimos –y el mosh– en el recinto de San Diego. No había tiempo que perder y el primer clásico, que también fue interpretado la noche anterior, cayó para reventar el teatro. “Hangar 18”, con bengala incluida, fue la estocada inicial de la noche. El primer corte extraído de “Peace Sells… But Who`s Buying”, fue “Wake Up Dead”, con la carátula del disco proyectado en las pantallas y dos mosh pit en cada lado de la cancha, era recibido uno de los cortes más thrasheros de Megadeth. Una vez más nos adentrábamos en las penumbras para estallar con los riffs de “Trust”, cantada por absolutamente todo el público. Los veinte años de “Countdown To Extinction” (1992), seguían siendo celebrados con “Architecture Of Aggression”, con miles de casquillos de balas cubriendo el escenario.

Ambas noches tuvieron un aire y momentos especiales. Un break sirvió para recibir las numerosas banderas que cayeron al escenario, donde destacó una que rezaba la frase “Education Sells… But Who`s Buying”, la cual fue extendida por Mustaine, quien también ocupó una chupalla, acto que fue acompañado por los chiflidos, palmas y zapateos de los más de 5.000 asistentes. La sorpresa de la noche llegó cuando el pelirrojo desempolvó un tema que no tocaban desde el año 1986 –aunque Mustaine aseguró que no la habían tocado nunca-, desde el repertorio de “Peace Sells…” llegaba el cover de Willie Dixon, “I Ain’t Superstitious”, una canción atípica en el catálogo de los norteamericanos, pero que fue acogida por la multitud como una más de sus tantos clásicos.

“Dawn Patrol” –con Dave Ellefson como dueño del escenario- y “Poison Was The Cure” formaron la dupleta que trajo a la palestra “Rust In Peace” (1990), para continuar con un piropo a la belleza de la mujer chilena y la posterior ejecución de “She-Wolf”, donde acertadamente una aguerrida fanática logró subir al escenario, para ser reducida de inmediato por la seguridad del recinto.

Ignacio, el niño que tuvo la fortuna de subir al escenario y recibir una uñeta del mismísimo Mustaine la noche anterior, se repetía el plato, y para la envidia de muchos, volvía estar sobre el escenario del Caupolicán para entregar una bandera al frontman, que en brazos devolvió al pequeño a su padre, y recibió con orgullo y agradecimiento el cariño de un público incondicional. Se nota, y se disfruta mucho, el saber que las palabras son sinceras y no sólo parte del libreto del rockstar. Mustaine ya no es parte de esa fantasía, y aunque muchos puedan molestarse por el epíteto, Dave Mustaine es lo más cercano a un Marco Antonio Solís del metal (ruego perdonen la comparación), bendiciendo a todo el mundo con una sonrisa de gratitud, que dista bastante de la agresividad que poseen sus canciones, y aunque ya no esté en la misma forma que en sus años mozos –sobre todo en la voz -, el aguante está y las intenciones de retirarse parecen ser nulas.

El concierto sigue su curso con “Angry Again” y el impecable Chris Broderick en guitarra, marcaba el inicio de “A Tout Le Monde”, momento catártico que no puede dejar de estar presente en cada una de las presentaciones de la banda. Vuelve a sonar “Countdown To Extinction”, igual de sólida que en la presentación del viernes, seguida por “Head Crusher” el brutal single de “Endgame” (2009), que ya se ha hecho un espacio en el corazón de los fans, quienes hacen honor al nombre de la canción destrozándose en medio del teatro.

“Guns, Drugs & Money” era recibida con algo de discreción, la cual continuó con “Whose Life (Is It Anyways?)”, y desapareció finalmente con “Public Enemy No. 1”, que terminó de formar la tripleta dedicada a “Th1rt3en”. La recta final comenzaba a trazarse con “Symphony Of Destruction”, con su correspondiente pogo y el ya clásico canto “Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth”, que dejó el terreno listo para que Ellefson saliera al escenario para ejecutar las primeras notas de “Peace Sells”, marcando el breve bis que dio pie para el imprescindible clímax que es “Holy Wars… The Punishment Due”.

Sin tanto diálogo entre banda y público como el que se vio en la primera noche, esta presentación fue más breve y concisa. Haciendo un balance entre las dos jornadas, la última presentación de Megadeth en Chile fue una réplica de proporciones, sin llegar a las magnitudes que se vivieron el día viernes. Aun así, lo más destacable de los dos conciertos es la fidelidad incondicional del fanático chileno, que hay que decirlo, una vez más se lució como una de las mejores audiencias del mundo, y la incombustibilidad de una agrupación que se niega a colgar los botines. El coro que se le acuñó a “Symphony Of Destruction”, no puede ser más elocuente, “Aguante Megadeth”.

Setlist

  1. Never Dead
  2. Hangar 18
  3. Wake Up Dead
  4. Trust
  5. Architecture Of Aggression
  6. I Ain’t Superstitious (Cover de Willie Dixon)
  7. Dawn Patrol
  8. Poison Was The Cure
  9. She-Wolf
  10. Angry Again
  11. A Tout Le Monde
  12. Countdown To Extinction
  13. Head Crusher
  14. Guns, Drugs & Money
  15. Whose Life (Is It Anyways?)
  16. Public Enemy No. 1
  17. Symphony Of Destruction
  18. Peace Sells
  19. Holy Wars… The Punishment Due

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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10 Comentarios

10 Comments

  1. Seba

    09-Sep-2012 en 2:20 am

    Fue hermoso loco!!!!!! Tremendo!

    Putaaaaa en la foto, estoy justo detrás del loco con polera blanca con camara !! No salí :c

    • Dani

      10-Sep-2012 en 7:25 pm

      Solo se ve mi mano en el hombre del tipo del polera blanca :c

      • axl

        12-Sep-2012 en 8:46 pm

        Y a kien le importa????

  2. Cnautic

    09-Sep-2012 en 2:44 am

    Fue tan espectacular que 19 canciones se sintieron como si fueran menos…
    También salgo en la imagen… el de pañoleta en la cabeza, hacia la izquierda. Y el de la otra pañoleta es mi compadre Leo!!!
    PUDIMOS AGARRAR UNA UÑETA DE MUSTAINE CADA UNO…!!!

    GRANDE MEGADAVE!!!

    • Willy

      09-Sep-2012 en 10:55 pm

      Contáctate conmigo por face Williams Rojas, vivo en San Antonio.

  3. César

    09-Sep-2012 en 3:09 am

    Aguante Marco Antonio Mustaine!

  4. Xtiandeth

    09-Sep-2012 en 10:27 am

    Estuvo la raja, pero aunque tocaron un tema del Peace Sells que no tocan nunca, 3 temas de ese disco es muy poco para haberlo promocionado como lo hicieron… publicidad engañosa… me quedé de nuevo con las ganas de escuchar My Last Words :_(

  5. Colorado CTM

    09-Sep-2012 en 12:34 pm

    Nos debes el Peace Sells, donde esta Devil Island y My Last Word?

  6. opuschico

    09-Sep-2012 en 8:04 pm

    Aunque faltaron temas de Peace sells, febe ser por sus letras algo satanicas y mustaine ya no lss toca por estar convertido … pero estuvo la raja! Aguante megadeth

  7. fernando

    09-Sep-2012 en 11:02 pm

    ESPECTACULAR!! la mejor banda del planeta un sonido increible los olos se escuchaban claritos, nada que decir todo a un 100%.

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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