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Mayer Hawthorne: La fiesta del Soul

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Lo que mostró Mayer Hawthorne en su segunda visita a Chile, es más que el revival de un género que marcó a una generación completa, lo suyo es montar una fiesta como dios manda. Presentando su segundo álbum, “How Do You Do” (2011), el norteamericano volvió a nuestro a país para deslumbrar a un público que, a pesar del día y la hora (el show comenzó a las 23:15), disfrutó y celebró de una presentación llena de energía y soul.

El lugar escogido para la ocasión fue el Centro Cultural Amanda, recinto íntimo que albergó a unos 800 asistentes, que en los momentos previos al concierto, calentaban los motores al son de las canciones de KC & The Sunshine Band y otros legendarios exponentes del funk y el motown más clásico.

El ambiente de fiesta ya estaba instalado para cuando The County, la banda soporte del solista salió al escenario. Batería, guitarra, bajo y teclado se encargan de dar la entrada a Mayer Hawthorne quien, vistiendo un traje completamente blanco, comienza a interpretar los primeros versos de “Maybe So, Maybe No”, canción de su disco debut “A Strange Arrangement” (2009).

Después de interpretar “Gangsta Luv”, cover de Snopp Dogg, el norteamericano se apodera se apodera del micrófono para explicarle al público lo que iban a presenciar esa noche; no era un show tradicional, sino que una fiesta, donde no estaban invitados aquellos que no quisieran pasarlo bien. La respuesta del respetable fue inmediata, y con las manos alzadas acompañaron los compases de “Make Her Mine”. Para “Your Easy Lovin’ Ain’t Pleasin’ Nothin’”, Hawthorne y su banda dejan sus puestos para animar al público a hacer palmas. La energía no decaía para cuando tocó presentar “The Walk” y “Dreaming”, ambos sencillos de su última placa.

El show continuó con “One Track Mind”, donde el tecladista tomó la batuta, ejecutando un grandioso solo, demostrando las capacidades de la banda, quienes también tomaban parte de los coros, complementando el feeling en canciones como “Stick Around”. Llegaba el momento para interpretar otro cover, “Love In Motion”, en una versión más funky y orgánica que la original del DJ francés SebastiAn. Con la chaqueta desabrochada, el estadounidense interpretó “Shiny & New”, tema que invitó a los presentes a bajar las revoluciones. Momento de calma y romanticismo, que se completó, con la interpretación de “I Wish It Would Rain”.

Hawthorne es un frontman de tomo y lomo. Dueño de una personalidad que muchos podrían tachar de ególatra o hasta fanfarronesca. El tipo sabe lo que hace y cómo motivar a un público que no hace más que rendirse a sus pies. Aun así, se toma el tiempo para dar las gracias entre canción y canción y señalar que esta nueva visita al país superó todas sus expectativas, llegando incluso a sentirse como en su natal Detroit. Desde esas tierras trajo un particular baile que enseñó a los asistentes, para interpretar “A Long Time” y “Finally Falling”, ambas de su último disco. Sin pausa entre tema y tema, toma unos lentes de sol para interpretar un cover, “Private Eyes”, original del dúo Hall & Oates.

La calma regresó con “Green Eyed Love” y “Strange Arrangement”, dos piezas que mantenían una atmósfera que, a ratos, rememoraba los mejores años del soul. Para finalizar la primera parte del show, llegó “Just Ain’t Gonna Work Out”, quizás la más coreada por el público, para luego dar rienda suelta al baile con sendas versiones de “Hooked” y “The Ills”.

Para el bis, el cantante interpretó “You’ve Got The Makings Of A Lover”, canción de The Festivals, agrupación de los 60s, que fue reversionada por Hawthorne en su EP “Impressions” (2011). El fin de la fiesta llegó con una versión extendida de “Henny & Gingerale”, donde el cantante se dio el gusto de servirse un cognac (que compartió con los asistentes de las primeras filas), para dejar que su banda se luciera ante el público.

Mayer Hawthorne volvió a nuestro país, demostrando una vez más que el soul trasciende épocas, y lo que pasó en esta noche de fiesta, como anunció su anfitrión, es una prueba de ello.

 

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

 

Setlist

  1. Maybe So, Maybe No
  2. Gangsta Luv (Cover de Snopp Dog)
  3. Make Her Mine
  4. Your Easy Lovin’ Ain’t Pleasin’ Nothin’
  5. The Walk
  6. Dreaming
  7. One Track Mind
  8. Stick Around
  9. Love In Motion (Cover de SebastiAn)
  10. No Srings
  11. Shiny & New
  12. I Wish It Would Rain
  13. A Long Time
  14. Finally Falling
  15. Private Eyes (Cover de Hall & Oates)
  16. Green Eyed Love
  17. A Strange Arrangement
  18. Just Ain’t Gonna Work Out
  19. Hooked
  20. The Ills
  21. You’ve Got The Makings Of A Lover (Cover de The Festivals)
  22. Henny & Gingerale

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2 Comentarios

2 Comments

  1. lloporeo

    06-Feb-2012 en 6:36 pm

    Hermoso show! sonó muy bien, realmente fue una verdadera fiesta y este show por lejos fue mejor que el que presentó el año pasado.
    faltó No Strings en el Setlist que escribiste, la interpretó antes de Shiny & New.
    Y el “Henny” es un Coñac no un Ron!
    Saludos!

  2. Francisco Dominguez

    06-Feb-2012 en 6:55 pm

    Estuvo muy bueno el show, lo pasé la raja. No estoy de acuerdo con que haya tenido una actitud “fanfarronesca o ególatra”(???), estaba tocando en un país al fin del mundo para 400 personas….al contrario, encontré que se reía del ego, simpático el gallo.

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Orchestral Manoeuvres In The Dark: Pretendiendo ver el futuro

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¿Qué hay detrás del baile? ¿Por qué el cuerpo traduce la música y los ritmos de ciertas maneras? Desde Darwin hasta David Byrne han tratado de pensar en por qué la evolución de la humanidad tiene a la danza como algo clave para el acto de ser humanos, y por ello es que la reflexión siempre aparece cuando el baile se hace algo colectivo. Cuando bailamos juntos, en la oscuridad de una pista o una cancha como ocurre en un concierto, esto indica, por lo menos, la existencia de una comunión, y en el punto máximo, una creencia haciéndose algo material.

Cuando se observa lo que pasa con la música de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD), es difícil pensar en qué tiempo se habla. Se puede pensar en ritmo, en letra, en música, en espíritu, pero también hay un ansia en el dúo formado a fines de los 70’s por capturar el futuro. ¿Qué hay detrás del baile? Pareciera que está la voz de los tiempos, un zeitgeist accidental, que luego de ser futurista calza más con un retro futurismo que se vuelve único y necesario, tal como fue la primera visita de OMD a nuestro país, en una Cúpula Multiespacio repleta con más de un millar de personas que tuvieron chance de ver una clase maestra de cómo se configura una sesión de baile, intensidad y calidad.

Tras un buen calentamiento con el set de synthpop que puso Cristián “Chico” Pérez, el público esperó ansioso a OMD, y es que el público (cuyo promedio de edad probablemente se elevaba sobre los 40 años) sabía que la espera había sido larga. “Paul, ¿me puedes decir por qué cresta esperamos 40 años para venir acá?” fue la pregunta de Andy McCluskey que todos pensaron, al unísono, que resumía esa sensación de cómo lo inevitable se deja esperar tanto tiempo. Antes de eso, “Isotype” iniciaba el show a las 21:45 hrs., en una muy buena muestra de cómo OMD pasó de proyectar al futuro, a vivirlo.

Aunque este tema fuera de “The Punishment of Luxury” (2018), último disco a la fecha de los ingleses, lo cierto es que se integraba de forma natural con clásicos posteriores como “Messages” o “Tesla Girls“, y todo se transformaba en una fiesta, con un juego de luces perfecto, y también con los movimientos maniáticos de McCluskey quien parecía poseído por el espíritu de su “yo” más joven. Una mezcla entre el luchador Shinsuke Nakamura y un bailarín experto en clubes de Ibiza, los pasos de Andy eran impactantes y dotaban de urgencia a un repertorio que, en vez de urgente, ha tenido al tiempo de su lado para decantar en lo preciso y lo trascendente.

Por ello es que el salto entre canciones con décadas de diferencia como “History Of Modern (Part 1)” y “Pandora’s Box” se da con tanta naturalidad, porque el factor común es OMD, cuya historia puede remontarse a cuatro décadas atrás, pero que estuvo 10 años completos sin avanzar, y ese tipo de desajustes no se notan en el escenario ni en el armado de un set hecho para la ocasión, no enfocado en el trabajo más reciente, sino que en clásicos de todas las épocas, desde “(Forever) Live And Die“, “If You Leave” y “Souvenir” (que fueron todas juntas), hasta las “Joan of Arc” y “So In Love“.

La gente respondía siempre, en todas las canciones, en todos los momentos, sin dejar de entregar energía y corresponderle un poco a McCluskey. También hay momentos donde Paul Humphreys tomaba el micrófono para cantar, como en “Souvenir” o “(Forever)…“, y ahí quedaba de manifiesto cómo se complementan ambas personalidades, Andy desde lo frenético y Paul desde lo melódico, redundando en esta conjunción de ideas de futuro que se vuelven fiesta, baile y oscuridad.

Más cerca del final viene la locura de “Locomotion” o el coro que es “Sailing On The Seven Seas“, para luego cerrar el main set con “Enola Gay“, esa canción de OMD que es imposible que no haya sido escuchada, que es reconocible incluso por quienes no tienen idea de la mera existencia de la banda. Aunque se escuchaban cosas comentadas por la gente como “este es el tema de los gays” (claro, campeón, seguro que es por eso), lo cierto es que la energía era completa y dejaba a la gente en ascuas de más, en especial con esa maravilla de coreo de estadio asimilando a los sintetizadores en esta canción. La cara de sorpresa de Andy y Paul dejaba en claro su posición respecto al público en esta velada.

¿Qué hay detrás del baile? Esto funciona como idea a considerar en canciones más calmas como las que iniciaron el encore como el himno “Walking In The Milky Way“. Al final del día, y cerca del final del concierto, se buscan puntos de encuentro, sensaciones comunes. A veces no es de lo más placentero tener mucha gente alrededor, moviéndose y chocando unos con otros, a veces con cabezas que tapan parte del escenario o con algunos que fuman en recintos cerrados, pero cuando se consigue la coordinación de todos los espíritus para ser uno, nada de eso importa.

En el caso de un show como el de OMD lo que importa es cómo nos encontramos en pistas de baile, en recuerdos de un futuro pasado, y cómo es que la electricidad se sigue transmitiendo. Por ello es que ese tributo a Kraftwerk, “Electricity“, se hacía la mejor forma de cerrar 97 minutos perfectos, con sonido, energía, voces, y un público a la medida de lo que debió ser, y que finalmente fue el debut de OMD en Chile. Como cantara Springsteen: “No puedes iniciar un fuego sin una chispa / (…) incluso si es que estamos danzando en la oscuridad“.

Setlist

  1. Isotype
  2. Messages
  3. Tesla Girls
  4. History Of Modern (Part 1)
  5. Pandora’s Box
  6. (Forever) Live And Die
  7. If You Leave
  8. Souvenir
  9. Joan Of Arc
  10. Joan Of Arc (Maid Of Orleans)
  11. Of All The Things We’ve Made
  12. So In Love
  13. The Punishment Of Luxury
  14. Dreaming
  15. Locomotion
  16. Sailing On The Seven Seas
  17. Enola Gay
  18. Walking In The Milky Way
  19. Secret
  20. Electricity

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