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Él Mató A Un Policía Motorizado Él Mató A Un Policía Motorizado

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Él Mató A Un Policía Motorizado: Viste las palabras

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Hay momentos virtuosos donde se generan fenómenos de impacto basados no en lo superficial, sino en cómo algo llega al corazón. La historia de Chile con El Mató A Un Policía Motorizado tiene mucho de almas alineadas, corazones rotos y dedicatorias al viento, de palabras que se visten de cariño, pena, fuerza y comunión porque, aunque el conjunto argentino lleva mucho tiempo dando vueltas con más de una década de trayectoria, es en el espacio musical de los últimos años que Chile ha cambiado el prisma sobre el cual se proyecta la luz de esta relación. Y el momento no puede ser mejor, tal como se vio en la última visita de El Mató, y en especial en el show (con entradas agotadas) que dieron en Club Blondie la noche del sábado 28 de octubre.

La velada partió con Amarga Marga, una de las bandas que mayor impresión ha dejado con su álbum debut en el último tiempo, principalmente por la conexión que generan con su público en vivo, razones que hacen de “Mi Arma Blanca” (2016) un disco con historia, que gana mucho en vivo, pero que también acentúa la carencia de equilibrio entre los tracks destinados al estrellato, como la impecable “2020” o la dinámica “Cerro Cerro“, con canciones que no pasan de ser una idea alargada por tres minutos como “Lávate El Pelo”, que no consiguen ser más que un arrastre de energía. Mientras “Tan Tuya” logra un movimiento inclemente, el nuevo sencillo, “Dimensiones Paralelas”, parece tener estructuras que no se mueven al ritmo necesario, y ahí es donde lo de Amarga Marga queda entre la gloria y el promedio, entre lo maravilloso y lo normal. Probablemente, con más discos habrá más hits que construirán sobre lo más sólido que tiene para ofrecer la banda nacional.

El camino que siguió El Mató pasa desde lo íntimo en sus comienzos, a convertirse en un espectáculo demoledor. Así, los argentinos pueden descansar en lo nuevo –incluyendo 9 de los 10 tracks que componen su último disco, “La Síntesis O’Konor” (2017)–, agotando dos shows de promoción de las novedades, con una irrefrenable efervescencia en el público que no se podía contener en esas dos noches. Como diría Jarvis Cocker en “Mis-Shapes”, lo estamos haciendo aquí, ahora, venimos desde los costados, porque no se trata de un fenómeno que venga desde la rotación radial o desde el visionado de videos que son un hit en YouTube, sino que es escuchar la música, los discos, y ahí se ha emparentado con lo que ocurre en la música chilena. No por nada “Más o Menos Bien” ha sido la canción más utilizada en intermedios por parte de Niños del Cerro o Dolorio y Los Tunantes. Las sensaciones que transmite El Mató son así, adolescentes, pero con mucho en juego, perfectas para quienes se sienten al margen y requieren dotar a sus palabras de sentido y corazón. Pero, además, El Mató viste a esas palabras y composiciones de una precisión clínica y una conjunción evidentemente dada por el ensayo entre sus distintas capas.

También ayuda mucho que Santiago Motorizado cante prácticamente igual a los discos, lo que permite transportarse hacia lo más bello en la coreada y saltada “El Tesoro”, o hacia la catarsis más grandiosa en “Nuevos Discos, Nuevas Drogas”. En general, el show completo operó de esa forma, con muchísima energía, porque como pocas veces se vio a un público comprometido con cada compás. Claro, son letras que se convierten en mantras, y que la mayoría de las veces operan desde la repetición como forma de reafirmar los estados emocionales a disposición. Santiago canta frases iniciales en “Violencia” o “Mujeres Bellas y Fuertes” de forma repetida, y eso hace que quien no conozca una canción lo haga a los segundos después y se pueda sumar a la fiesta. Hay mucho de comunidad y de inclusión en la música de El Mató, porque la construcción de la composición permite que cualquiera se sume, sienta y cante, algo que es importante en los competitivos tiempos que corren.

Tampoco parece casual que en tres canciones el fuego sea reverenciado (“La Celebración del Fuego”, la excelente “El Fuego Que Hemos Construido” y “Fuego”), y es que es ese calor y esa capacidad de iluminar a la que apela finalmente la música de El Mató, a prenderse, a dar calor y a sentir de forma potente. En el final del show, para el encore, esto era más claro: “Destrucción” y “Yoni B” irrumpían con vehemencia, y para “Más o Menos Bien” –quién sabe si planeado, acordado o una idea del momento– Simón Campusano de Niños del Cerro se subió al escenario a cantar el coro y una estrofa, para luego tirarse al público, en una imagen espontánea, entretenida y revestida de la importancia que tienen estas bandas también para el contexto en el cual El Mató es un nombre fenómeno en Chile.

Chica de Oro”, “Mi Próximo Movimiento” y “Chica Rutera” cerraron una fiesta donde cada palabra se vestía de fuego, calor, sentimientos, ideas, imágenes y mucho más, porque hubo una conexión como pocas veces vemos. Al final, tras 104 minutos y decenas de litros de gotas de sudor en la pista de la Blondie, El Mató A Un Policía Motorizado terminó de sellar una relación que en Chile no puede hacer otra cosa que crecer, de la mano de las canciones de una banda que está en un proceso de dominación mundial, que avizora como complicado que no tenga éxito cuando es capaz de generar tal nivel de vida y acción en el escenario.

Setlist

  1. La Síntesis O’Konor 
  2. La Cobra
  3. Día De Los Muertos
  4. El Tesoro
  5. Violencia
  6. Nuevos Discos, Nuevas Drogas
  7. Las Luces
  8. Baile En La colina
  9. La Noche Eterna
  10. Ahora Imagino Cosas
  11. La Celebración Del Fuego
  12. Mujeres Bellas y Fuertes
  13. Excálibur
  14. El Mundo Extraño
  15. El Fuego Que Hemos Construido
  16. Madre
  17. Fuego
  18. Destrucción
  19. Yoni B
  20. Más o Menos Bien
  21. Chica de Oro
  22. Mi Próximo Movimiento
  23. Chica Rutera

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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