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Mastodon: Más que un concierto

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En términos estrictamente técnicos, el show de Mastodon el lunes 28 de septiembre en La Cúpula del Parque O’Higgins, no fue perfecto. De hecho, si nos colocamos en un plano quejumbroso, existen varias circunstancias a las que podemos echar mano para hacer estas observaciones: el concierto no se dio en términos originalmente planeados, pues se suponía que iba a ser uno de los grandes eventos de Santiago Gets Louder; tampoco la fecha era la óptima, dado el mazazo del festival el día anterior que ciertamente quitó energías y dinero para asistir a otro evento; y el local no reviste un aforo muy elevado para una banda de esta envergadura, entre otras cosas. Luego, y entrando de lleno en la música, el sonido no fue totalmente pulcro: el bajo a ratos no se escuchaba, la voz de Brent Hinds no llegaba a los tonos requeridos en algunos pasajes, al comienzo la banda no se mostró muy directa con el público. Y así, tantos elementos que podemos nombrar. Pero, entonces, ¿por qué lo vivido ayer quedará sin lugar a dudas como uno de los mejores shows de rock que se han producido en Chile, al menos durante los últimos 15 años? La respuesta a esa interrogante hay que buscarla un poco más allá de las circunstancias fácticas del show.

13 Mastodon @ La Cúpula 2015

Al parecer, hay que adentrarse en los recovecos de las razones del porqué un grupo de personas deja de lado sus quehaceres diarios para asistir a un recinto a escuchar música a un volumen excesivo –muchas veces incómodos-, a recibir y dar golpes, desatarse, pasar calor, tener sed. Quizás un esbozo de aquella verdad sea el hecho de que a diario no sabemos lo que es el rock; en realidad no tenemos idea o no hemos desarrollado un lenguaje que nos permita explicarle a otros los motivos por los que somos capaces de recorrer grandes distancias simplemente para ver una banda. Como autómatas, yunkies perdidos, buscamos encontrarnos con aquella verdad esquiva. Si alguien nos pregunta el por qué, no sabemos responder, pero sí, desde este show de Mastodon en La Cúpula, tenemos mayor convicción aún en la música que hacen, sin razones lógicas que lo sustenten.

18 Mastodon @ La Cúpula 2015

Lo de Mastodon superó con creces cualquier consideración técnica, organizativa y racional. Hablar de lo poderoso que fue el cierre con “Blood And Thunder”, lo machacante que sonó “Bladecatcher”, o el desborde que provocó en el público “Chimes At Midnight”, no hace justicia con lo que realmente provocaron esos temas. Tampoco sirve siquiera, para formar una idea, el recalcar el virtuosismo sin fastuosidad de Brent Hinds en la guitarra o la furiosa sensibilidad que tiene Brann Dailor al tocar la batería. Cuando hablamos de lo vivido con Mastodon, las palabras escasean, porque más que un show, fue quizás la conexión más íntima con el núcleo del rock & roll que hemos tenido. Muestra de lo anterior, es el instante de “Iron Tusk” seguida de “Mother Puncher”.

En un concierto de estas características es difícil contabilizar los momentos altos. Dicha abstracción supone un ejercicio racional a quién estuvo en el mosh pit durante “Megalodon”, o sumergido en la psicodelia activa de “Oblivion”, es decir, algo imposible y eso lo hará memorable. No obstante, si podemos destacar otros elementos del show, es la complicidad absoluta de los cuatro artistas en el escenario y un respeto por el trabajo que hace el otro, cualidades que deslumbraron en “Black Tongue” (una de las más aclamadas) o en “Ember City”.

14 Mastodon @ La Cúpula 2015

Y así, entonces, lo que al principio eran las debilidades del show, terminaron en una amalgama única que conspiró a favor tanto de Mastodon, como nuestro, produciendo un momento que perdurará por largos años en nuestra memoria. ¿Qué mejor que un concierto íntimo de los maestros de Atlanta con la gente precisa (excelente decisión de la productora de utilizar La Cúpula)? Qué inigualable fue presenciar cómo la vitalidad de la música –separada de quienes la crean y quienes la escuchan- desbordó todos los niveles de academicismo conceptual y compenetró dentro de las fisuras e imperfecciones del metal de Mastodon, llegando hasta el fondo de lo que uno busca como simple obrero del rock. Todos estamos más llenos de vicios que de virtudes, y eso justamente nos hace comprender mejor que, en el arte, en la música y específicamente acá con el metal, lo perfecto es enemigo de lo bueno.

06 Mastodon @ La Cúpula 2015

Lo de Mastodon ayer no fue perfecto, estuvo lejos de serlo, pero si nos gusta el rock no pagamos para ver una máscara vacía, un maniquí dispuesto para nuestro deleite. No, lo hacemos porque la música extrema nos revela algo de la verdad que intuimos, aquello que nos dice que el arte que nos convoca es producto de nuestro deterioro, de nuestra corrupción. Mientras sonaba “The Czar”, muchos comprendimos que estábamos más allá de un concierto, estábamos acercándonos un poco más a la insondable razón del porqué nos gusta el rock. La respuesta a ello es como mirar el sol: sólo veremos sus destellos, nunca el núcleo. Con Mastodon quedamos más ciegos, más perdidos, más desadaptados, pero más sabios. Sublime.

Por Pablo Cañón

Fotos por Praxila Larenas

Setlist

  1. Tread Lightly
  2. Once More ‘Round The Sun
  3. Blasteroid
  4. Oblivion
  5. The Motherload
  6. Chimes At Midnight
  7. High Road
  8. Aqua Dementia
  9. Iron Tusk
  10. Mother Puncher
  11. Halloween
  12. Bladecatcher
  13. Black Tongue
  14. Ember City
  15. Megalodon
  16. Crystal Skull
  17. The Czar
  18. Blood And Thunder

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10 Comentarios

10 Comments

  1. Sebastodon

    29-Sep-2015 en 2:53 pm

    Hermosas palabras, le hacen justicia a esto que fue más que un “concierto de rock”.

  2. Luxo

    29-Sep-2015 en 3:07 pm

    buen review. Buen concierto y sabías palabras amigo

  3. Mono

    29-Sep-2015 en 3:09 pm

    Tocaron “curl of the burl” también, no está en el setlist

    • Nacho

      29-Sep-2015 en 3:10 pm

      No la tocaron.

    • mastodoncito

      29-Sep-2015 en 3:49 pm

      si lo escuchaste fue en tus sueños post show.no lo tocaron.

    • blacktongue

      29-Sep-2015 en 3:53 pm

      Andai más perdido que la chucha

    • Mariano Bustos (@Marianors)

      29-Sep-2015 en 4:02 pm

      no la tocaron

  4. Nacho

    29-Sep-2015 en 3:10 pm

    Loco, fue perfecto. Nada de “estuvo lejos de serlo”. Fue PERFECTO.

    • Megalodon

      01-Oct-2015 en 2:39 pm

      Exacto, fue PERFECTO y punto.

  5. diplomadoiyn

    29-Sep-2015 en 6:02 pm

    Tal cual estimado. Hay un monton de cosas dentro de lo tolerable, pero concuerdo, principalmente contigo en la eleccion de la cupula como escenario. Junto con Deftones para mí, los puntos altos del Gets Louder. Un abrazo a todos lo que estuvieron ahí.

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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