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Mark Lanegan Mark Lanegan

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Mark Lanegan: Flores marchitas

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Cuesta trabajo recordar todas las ocasiones en que Mark Lanegan se ha presentado en nuestro país, gozando del beneplácito de la audiencia en cada uno de sus pasos. Ahora, con el álbum “Gargoyle” (2017) como su último registro en solitario, el ex Screaming Trees llegó para presentarse en el Club Subterráneo, el cual, repleto, recibió al artista con su formación light, acompañado de dos músicos en escena. Y es que el show de Lanegan nunca será un típico concierto de rock, por mucho que su trasfondo responda a las guitarras distorsionadas y las letras depresivas, muy por el contrario, el artista se la juega en encontrar una forma para comunicar sentimientos, generar lazos y así provocar toda una experiencia mediante la complicidad de sus letras junto a la música.

Bastaron sólo los primeros acordes de “When Your Number Isn’t Up” para que el aura lúgubre y decadente de Lanegan inundara cada rincón del Club Subterráneo, conectándose con el público desde el primer momento y estableciendo comunicación fluida, una que no se vio interrumpida en toda la noche. Acompañado solo de Shelley Brien en teclados y sintetizadores, además de Jeff Fielder en la guitarra, Lanegan desplegó su repertorio de una manera minimalista y directa, interpretando sus composiciones casi como si estas fueran recitadas. Bajo esa premisa, canciones como “Low”, “Hit The City” o “Sister” se jactaron de un sonido desértico, melancólico y oscuro, evocando sentimientos y sensaciones indescriptibles en palabras, como una maravillosa descomposición de las melodías, con cada canción actuando como una flor marchitándose lentamente.

En ese sentido, el hecho de minimizar el espacio a sólo tres músicos en el escenario permitió ese contexto reflexivo e íntimo al que invitan las canciones de Lanegan, entregando motivos diferentes para todas aquellas composiciones que representaron a “Bubblegum” (2004) y “Gargoyle”, los dos álbumes con mayor énfasis dentro del setlist.

Los tintes de blues se sintieron con la tripleta conformada por “One Hundred Days”, “Come To Me” y “Strange Religion”, donde destacó la estridencia en las seis cuerdas de Jeff Fielder, principal pilar para el espectro sonoro que fue predominando en todas las canciones. Riffs de peso, atmósferas oscuras y una voz expresando decadencia se dejaron caer sobre todas las almas presentes, encontrando un punto de liberación en la desgarradora versión de “You Only Live Twice”, original de Nancy Sinatra, donde Lanegan demostró cómo puede tomar prestadas canciones y hacerlas suyas sin problema alguno.

Las cosas fueron encontrando su punto cúlmine con “Phantasmagoria Blues”, seguida del cover a O.V. Wright, “On Jesus’ Program”, las cuales cerraron el set principal de la noche. No obstante, el encore vino con una tremenda sorpresa de por medio, ya que Alain Johannes subió al escenario para acompañar a Lanegan en la interpretación de dos verdaderos pesos pesados: “I Am The Wolf” y “Hangin’ Tree”, más que conocida composición de Queens Of The Stone Age y que Lanegan no tocaba desde 2012, recibida y disfrutada con alegría y sorpresa por los asistentes, felices de haber presenciado tan histórico momento de ambos ex compañeros y recurrentes colaboradores tocando nuevamente en conjunto. Así, la noche llegaba a su fin, y uno de los artistas más queridos por el público local sellaba un nuevo encuentro con su fanaticada.

Cantar, dejarse llevar por la música, abrazar la melancolía en el proceso. Mark Lanegan es mucho más que un cantante de rock y eso lo demostró con una presentación que trasgrede los clichés típicos del grunge y cualquier estilo catalogado como alternativo durante la década de los noventa. Lo realizado por Lanegan en el escenario habla de una búsqueda constante por el verdadero sentido de la música, reforzándose en una capacidad para transmitir sentimientos y crear escenarios ficticios acordes al contexto de lo que está cantando. No por nada le han llamado el “crooner moderno” gracias a su poderosa voz e implacable desplante escénico, articulando desde el amparo de la oscuridad un relato que se propaga por cada rincón del lugar y remite sensaciones que el mismo artista puede estar sintiendo en carne propia. Sombrío y misterioso, Lanegan contó un tenso relato lleno de saltos, como si se tratara de la más densa película de horror.

Setlist

  1. When Your Number Isn’t Up
  2. Low
  3. Hit The City
  4. Nocturne
  5. Sister
  6. The Gravedigger’s Song
  7. Deepest Shade (original de The Twilight Singers)
  8. One Hundred Days
  9. Come To Me
  10. Strange Religion
  11. Beehive
  12. You Only Live Twice (original de Nancy Sinatra)
  13. One Way Street
  14. Mirrored
  15. Sad Lover
  16. Halcyon Daze
  17. Phantasmagoria Blues
  18. On Jesus’ Program (original de O.V. Wright)
  19. I Am The Wolf
  20. Hanging Tree

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1 Comentario

1 Comentario

  1. karo Oyanedel

    13-Sep-2018 en 11:01 am

    Excelente review!. Detalla precisamente lo que fue esa memorable jornada.

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Festival Fauna Primavera 2018

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Lorde

Octavo año consecutivo en que se realizaría el festival Fauna Primavera, haciéndolo con el line up más ambicioso de su historia, mezclando créditos seguros como MGMT o At The Drive-In, el regreso en gloria y majestad de Lorde presentando su gran álbum “Melodrama” (2017), o el esperado debut en tierras locales de Death Cab For Cutie para entregar un festival de primera categoría y con un cartel de artistas que se complementó muy bien entre los diversos estilos que dominaron el día.

Desde muy temprano la gente comenzó a llegar para disfrutar de la jornada bajo un intenso sol, por lo que el Espacio Broadway ya contaba con varios miles de personas cuando recién tocaban las primeras bandas del día. Y eso fue una tónica que se mantendría, ya que cada artista contó con un mayor marco de público que el anterior, permitiendo que el gran ambiente del festival comenzara a vivirse sin mayores interrupciones. Como punto aparte, sorprendió ver la gran cantidad de gente apostada en las primeras filas de ambos escenarios, en el Ballantine’s Stage esperando todo el día por Death Cab For Cutie y Lorde, mientras que en el Vans Stage los fans de At The Drive-In y MGMT hacían lo suyo. Todos querían estar lo más cerca posible de sus ídolos.

BARBAGALLO

El primero en apoderarse de los escenarios principales fue Barbagallo, proyecto del francés Julien Barbagallo, baterista de Tame Impala, quien vino a presentar las canciones de su disco “Danse Dans Les Ailleurs” (2018), con un sonido muy ameno y perfecto para comenzar la tarde, entregando hermosas melodías bajo el sol al ritmo de canciones frescas y con una tonalidad multicolor sin caer en la saturación. “La Soif”, “Pas Grande Monde” o “La Vérité” fueron ejemplos de aquello, funcionando correctamente dentro de un set que valió absolutamente la pena, siendo algo mucho más que un simple inicio del festival.

PLAYA GÓTICA

Tras la bajada de Deerhunter, hubo movimientos en los horarios que permitieron que la única banda chilena en los escenarios principales pudiera tocar a un mejor horario, y con 15 minutos más para meter a la gente en su propuesta, una colorida y variada, entre el pop y el rock. Fanny Leona es una de las mejores frontwoman del país, pero Playa Gótica es más que eso, con un equilibrio entre la batería frenética y bailable de Pipa, la guitarra precisa y clara de Charlie, y el bajo complejo y ruidoso de Loaded. Canciones como “Pigman (Aburrida En La Tienda)” o “Bailando” se nutren de estos cuatro pilares, como pocas bandas los tienen en Chile.

Aunque el feedback del público era leve, alcanzaba para que Fanny tuviera ese contrapunto que ella requiere para explotar en “Fuego” o en “Boy George”, parte de los tracks complementados con bronces en vivo, un movimiento que daba una sensación de mayor amplitud sonora, algo que Playa Gótica tiene de sobra. Pasar de tracks frenéticos a la calma de la improvisada versión de “Isla Negra”, balada oscura que Fanny cantó en versión minimalista, mientras Loaded arreglaba un tema con el bajo, es parte de ese carrete que ya tiene la agrupación, con capacidad de maniobrar en la dificultad sin que el show se resienta. El final con “Extraños Visitantes” y “Vacaciones” en clave mega shoegaze dejaron claro que los mundos que viven en Playa Gótica son amplios, llenos de energía, y también de emociones. Ese carácter es la mayor fortaleza de una banda que recién tiene un disco, y que tiene los horizontes muy abiertos, porque es claro que hay mucho más por venir, notando los intereses de cada miembro y también con la tremenda capacidad de adaptabilidad existente entre canción y canción. Cuarenta y cinco minutos precisos y concretos, que permitieron batallar contra el momento más soleado de la jornada, con la playa más oscura.

CONNAN MOCKASIN

El intenso sol seguía implacable cuando Connan Mockasin tomó el Vans Stage para entregar su música bajo los parámetros del lo fi, muy similar a lo que hicieron en años anteriores artistas como Homeshake o Mac DeMarco, aunque con un resultado mucho más estructurado que en las mencionadas ocasiones, ejerciendo un sonido pulcro y concentrado en una instrumentalización concreta a sus principios.

It’s Choade My Dear” fue un ejemplo de eso, pero mucho mejor sonó la tremenda “Charlotte’s Thong”, contada sobre la línea de bajo que domina los redobles que sostienen la canción, música que perfectamente pone color a una tarde de sol y viento, como debe ser la primavera.

WARPAINT 

Otras que supieron cómo amenizar la tarde fueron las gigantes Warpaint, quienes, bajo un set de catorce canciones, hicieron moverse a la gran cantidad de asistentes que tuvo su show. Emily, Jenny, Theresa y Stella repasaron sus tres trabajos de estudio con gran soltura, sonando siempre implacables y potentes, a pesar de algunas complicaciones aisladas de sonido que se vivieron en ciertos puntos, principalmente culpa del fuerte viento que se llevaba parte de este en algunas canciones. No obstante, “Elephants”, “The Stall” y “Love Is To Die” demostraron la gran frescura que el sonido del cuarteto le aporta a una estructura ya conocida, pero que bajo sus manos encuentra un buen puerto.

Y es que la mezcla de estilos diferentes bajo la mirada de una sola estructura es algo que siempre ha caracterizado a la banda, y eso lo hacen sentir con las guitarras en clave reggae de “Keep It Healthy”, el tempo bailable de “New Song” o las atrevidas baterías de “Disco//Very”, canción que finiquitó el show de las californianas con el mismo carisma y buena onda que demostraron durante toda su estadía en el escenario, acarreando consigo de paso a una gran cantidad de nuevos fanáticos en esta, su segunda vez en tierras chilenas.

BUILT TO SPILL

Es difícil determinar cuánto seguía pesando la baja de Deerhunter entre los asistentes, ya que no hubo show que no contara con una buena cantidad de fanáticos acérrimos presenciando el espectáculo, y eso también fue el caso para el buen Doug Martsch y su proyecto Built To Spill, quien debutaba en nuestro país tomándose el Vans Stage durante la tarde.

Con la arremetida principal en forma de “In The Morning”, BTS entregó todo su “indie rock de guitarras” –como es conocida la fórmula que exploraron diversas bandas durante la década del 90– bajo sonidos joviales y llenos de distorsión. Con apenas la segunda canción, “The Plan”, de su gran álbum “Keep It Like A Secret” (1999), el público desató el canto al unísono, algo que se iría repitiendo posteriormente gracias al énfasis que el conjunto puso en ese trabajo, además de su segundo disco “There’s Nothing Wrong With Love” (1994), que se anotaría varios repasos dentro del setlist con tracks como “Big Dipper”, “Car” o “Reasons”. Finalmente, “Carry The Zero” fue la última canción interpretada por Martsch y compañía, finalizando un show que, a pesar de su gran desarrollo, por supuesto dejó con gusto a poco a los presentes.

JAVIERA MENA

Es impactante la diferencia que puede haber entre un disco y otro. Javiera Mena sacó este año su quinto disco, “Espejo”, que tiene una vibra diferente a sus placas anteriores, sin abandonar la electrónica, pero con un sentido alejado de la explosión, más cercano al trance. Nadie puede decir que sea algo que baje la calidad del trabajo de Mena, ni nada de eso, pero la energía y la manera de presentarse al mundo de las canciones es diferente. Eso se notó mucho en los casi sesenta minutos de show que hizo en Fauna Primavera, donde su figura generó más efervescencia que los mismos temas. Y es que es extraño que en el marco de un festival más de la mitad de las canciones sean de un disco lanzado hace meses; habla de la confianza y comodidad de Mena con su material, pero también pone la dificultad en el público más casual, ese que no sabe qué lado de Javiera abrazar.

 

Dentro De Ti” es una canción equilibrada, muy bien construida, que muestra todas las cartas en la mano de Mena, que luce feliz y confiada con la banda que ha construido. Es un largo camino desde las figuras de baile que caracterizaron su anterior muestra en vivo, ahora más en formato cantante, y su voz ha mejorado consistentemente para sorpresa de quienes no la veían hace mucho, pero no para quienes la siguen. Cuando otros se quedan contentos con lo que hay al tener éxito, está esa capacidad de Mena para seguir trabajando, seguir mejorando, seguir avanzando. Quizás “Sincronía, Pegaso” o “Luz De Piedra De Luna” sean canciones más fiesteras, pero la propuesta 2018 de Javiera está más ligada a cómo sonó su versión de “Mujer Contra Mujer” (original de Mecano), más calma, más personal, más cercana. “Espada” pudo haber sido un caballo de batalla, pero Mena prefiere cerrar con “Espejo”, ese concepto donde necesita algo real, lejos de plásticos y simulaciones. Y ahí es donde –pese a la irregularidad en las energías– termina triunfando, más en la integridad del trabajo artístico que en lo conseguido, y pensando en la independencia de una cantautora como es Javiera, en el largo plazo eso es lo que dará más victorias a una de las figuras más importantes del pop chileno.

AT THE DRIVE-IN

Si lo del viernes con At The Drive-In fue una locura, su presentación en el festival sobrepasó cualquier antecedente que se tuviera de la banda: tal como la noche anterior, arrasaron con todo a su paso en una presentación fugaz y que no bajó su intensidad bajo ninguna circunstancia. Ya desde el inicio con “Arcarsenal” la tensión se hizo presente en Espacio Broadway, lugar que se transformó en un verdadero campo de batalla para los asistentes que no dudaron en armar mosh pits y gozar canciones como “Governed By Contagions” o la estridente “Hostage Stamps”, ambas del álbum “in•ter a•li•a” (2017), principal motivo de promoción en esta primera visita de Cedric Bixler-Zavala y compañía.

Mientras todo el caos se vivía en la cancha, Omar Rodríguez-López orquestaba desde un rincón los principales cimientos de las ruidosas guitarras de ATDI, guiando a la banda por la caótica interpretación que vivieron cada una de sus canciones, las que no dieron respiro alguno a los entusiasmados asistentes que, con ojos saltones, cantaban a todo pulmón himnos de la agrupación, como “Quarantined” o “Enfilade”.

No Wolf Like The Present”, igual que en su show solitario, llegó casi al cierre de la presentación, alzándose como una de las favoritas dentro del nuevo álbum. Por supuesto, “Relantionship Of Command” (2004) fue el álbum que más atención acaparó en el repertorio, demostrando el especial cariño que su público le tiene, quienes disfrutaron con la vida las interpretaciones de “Invalid Letter Dept.” o “Patter Against User”, las que sonaron fuertes y sin titubear bajo el tronante sonido del bajo de Paul Hinojos y la batería de Tony Hajjar, siempre aportando la cuota de agresividad que Omar y el guitarrista Jim Ward generaban con las seis cuerdas: un verdadero trabajo de relojería.

El único “momento de calma” fue con la canción “Napoleon Solo”, ya que luego el cierre vino acompañado de una de las canciones más emblemáticas del quinteto: “One Armed Scissor”, cantada por los presentes hasta perder la voz, poniendo el punto final a uno de los sets más ruidosos, intensos y apabullantes que se ha visto en la historia del festival.

DEATH CAB FOR CUTIE

Sin duda que uno de los momentos más esperados de la noche era el debut de Death Cab For Cutie, largamente esperados por los fanáticos locales, y que venían en promoción de su álbum “Thank You For Today” (2018), el que por supuesto tuvo un lugar especial dentro de la presentación, partiendo con las primeras dos canciones “I Dreamt We Spoke Again” y “Summer Years”, ambas extraídas de dicho trabajo. Desde el primer minuto la banda fue demostrando su gran poderío en vivo, con un sonido hecho para los contextos masivos, conjugando muy bien las claves del indie con el sonido atractivo y accesible del pop radial, bajo el siempre concreto liderazgo de Ben Gibbard como el foco central de la agrupación, apoyado por el bajista Nick Harmer como otra pieza central, llevando la batuta en canciones como “Long Division” o “Title And Registration”, el primer extracto de “Transatlanticism” (2003), el que es probablemente el trabajo más querido por los seguidores de la agrupación. Otra placa bien revisitada fue “Plans” de 2005, generando los saltos y cánticos con la dupla conformada por “Crooked Teeth” y “What Sarah Said”; con apenas nueve canciones interpretadas, el grupo ya lo había hecho todo en el escenario.

Elementos como esos son los bonitos de un debut, con la audiencia siguiendo cada paso del conjunto y emocionándose con las canciones que más querían escuchar. “I Will Follow You Into The Dark” demostró lo anterior, mientras que “I Will Possess Your Heart” fue toda una declaración de principios del show de Gibbard y compañía, quienes no escatimaron en recursos ni emotividad para entregar una interpretación de corazón, comprendiendo perfectamente las circunstancias que rodeaban un debut de esta categoría.

El cierre llegó con “The New Year”, “Soul Meets Body” y finalmente “Transatlanticism”, la canción indicada para finiquitar una presentación que tuvo de todo y que gozó de un gran marco de público, a pesar de la gran cantidad que esperaba por MGMT en el escenario colindante. El único pero fue el hecho de que terminara un poco antes de lo pactado en el horario, pero eso se perdona gracias a que entregaron un concierto tan completo y lleno de esos momentos que hacen sentir lo lindo de la música en vivo. Una comunión en torno a la obra de un artista y quienes se sienten inspirados por ella.

MGMT

Antes de que Lorde cerrara definitivamente los shows estelares del festival, correspondía el turno para que MGMT, el dúo de Andrew VanWyngarden y Benjamin Goldwasser, quienes se valieron de psicodélicas y artísticas visuales para apoyar un show que comenzó de manera pareja con “Alien Days”, pero que fue sorteando algunos ripios en el camino para por fin encontrar su norte. “Time To Pretend” de su álbum “Oracular Spectacular” de 2007, terminaría siendo la verdadera partida a una presentación correcta, con muy buen sonido y lleno de los elementos sonoros que la banda ejerce en sus composiciones, apoyándose principalmente en el manejo de sintetizadores y secuencias que iban llenando cada espacio de la fría noche.

Luego del intenso sol de la tarde, no se tiene certeza si habrá sido lo helada de la noche o el cansancio de una jornada tan larga lo que produjo que el público general no lograra enganchar con la presentación de MGMT, con muchos incluso abandonando el escenario para irse a buscar un mejor lugar para el show de Lorde, y otros simplemente escuchando de manera inerte, sin tomar mucho en cuenta lo que pasaba sobre el Vans Stage. Aunque gran parte del set estuvo concentrado en las canciones de “Little Dark Age” (2018), su último trabajo, estas mantuvieron la tónica que relataba el show, aunque las visuales y la gran puesta en escena iban siendo más protagonistas en ciertos puntos que la música en cuestión, ya que no había un consenso general sobre el más reciente trabajo del conjunto, con una audiencia obviamente privilegiando canciones de sus trabajos más antiguos. “Siberian Breaks” fue una de ellas, además de la inmensamente popular “Electric Feel”, que fueron por supuesto muy coreadas por los asistentes, con la llegada de “Kids” como uno de los puntos altos, desatando una gran fiesta con el coro de uno de los grandes hits de VanWyngarden y Goldwasser.

TSLAMP” dio por finalizado el show del dúo, cerrando en doce canciones esta nueva presentación de los norteamericanos en nuestro país, una que durante varios minutos parecía no captar una idea concreta, pero que finalmente igual deslumbró gracias a los aspectos ya mencionados.

LORDE

Déjame robarte ahora este momento / Intercambiemos esta experiencia”. Hay mucho más simbolismo del que se hace evidente cuando suena “Running Up That Hill” de Kate Bush apenas culmina el show de MGMT. Antes del inicio del segundo show de Lorde en nuestro país suena completa esa canción, icónica para el art-pop, y también llena de referencias a lo celestial, que también desliza las visiones sobre lo que puede pasar en un escenario. Ir contra la corriente, ir por sobre lo esperado y superar montañas, obstáculos, ideas e ideales. Eso es lo que intenta hacer Lorde. La neozelandesa lo dice claramente en un punto del show que cerró los escenarios principales del Fauna Primavera 2018: “Ya no soy una estrella del pop”. Y es verdad, porque setenta minutos después quedaría claro que “popstar” es un concepto que le queda chico a la artista.

Las visuales, el sexteto de bailarinas y bailarines en escena, la banda concentrada en percusiones y sintetizadores, todo se centró en la figura de Lorde, quien era el gran nombre del festival entero y que llevó la mayor cantidad de gente, quizás lejos de esa explosión de popularidad de “Royals” y “Pure Heroine” (2013), pero con la llegada de “Melodrama” el año pasado, quedaba claro que la visión de Lorde ante el pop no tenía que ver con tendencias del momento, sino con sensaciones personales. Aunque el sonido de su primer álbum era cool y las letras representaban sentimientos adolescentes y postadolescentes, en “Melodrama” todo era tan personal como universal, con mejores metáforas y mejores ideas en lo musical. Tan conceptual se advierte la aproximación a la experiencia de ese trabajo en vivo, que hay que pensar en el complemento entre lo visual, las expresiones de Lorde y sus bailarines, y también la canción misma.

Sober” y “Homemade Dynamite” iniciaron un show rico en imágenes y en cariño, en ambos sentidos. Lorde había pasado mucho rato el día anterior abrazando y hablando con sus fans afuera del hotel, entonces no era extraño que ella sintiera que ese era su público y que esa especie de experiencia le sea tan propia, porque ella –como Kate Bush lo esbozara– sabe que algo clave para entender las relaciones humanas es poder transmutar y ver lo que ve el otro. Lorde quizás no encontró la forma de pedirle a un dios un pacto que le permita saber qué piensa o siente otro, pero tiene una capacidad de observación envidiable respecto a cómo son y qué sensaciones transmiten sus fans.

Aunque canciones como “Tennis Court” o “Buzzcut Season” hacían vibrar al público, lo cierto es que ningún tema del primer disco tuvo el impacto visual que sí tenían los tracks de “Melodrama”. Ni siquiera la iluminación o las visuales eran del mismo nivel, con espacios como “Magnets”, original colaboración con Disclosure, que tenían mejor consideración que canciones muy queridas por los fans, como “Ribs”. Pero el karaoke colectivo todo lo podía, quizás siendo ese marco extra necesario para armar la fiesta completa. Sí, Lorde no es una “popstar”, pero la efervescencia que genera sí que lo es, como se nota en tracks como “Supercut” o “Perfect Places”, aunque, si hay una escena que grafica lo que es Lorde en estos tiempos, esta vino en “The Louvre”, composición que debe ser el equilibro más grande en lo musical entre lo anterior y lo nuevo, además de tener una letra que juega con la grandilocuencia y la autoflagelación, con escapar pero también tener un lugar. Y ahí es cuando los bailarines –en el quiebre de guitarra más melancólico de “Melodrama”– elevan a Lorde por los aires, hacen olas con su cuerpo y van llevándola del cielo al infierno. El ampuloso vestido de la artista genera un aire etéreo, tal como el de la mayor influencia aparente que es Kate Bush, y le presenta un aire tan de diva como de alguien terrenal. Se deja llevar, en una muestra de confianza necesaria.

Luego de esa imagen definitoria, Lorde se sentó en un borde del escenario como compartiendo con amigos, y cantó “Writer In The Dark”, canción inesperada pensando en que no la tocó en toda la temporada festivalera del verano europeo más reciente. Quizás sacrificó “40 Lux” –que siempre aparece en los setlists–, pero con ello entregó una postal muy especial que, luego de un sentido y tierno discurso, completaría con “Liability”, balada dolorosa, pero también de reafirmación personal, algo que se enfrenta al amor romántico y sus terribles lecciones.

El final sería con la animada “Team” y la fiesta colectiva, papel picado incluido, de “Green Light”, cierre perfecto para una edición de Fauna Primavera donde la música fue el mejor punto, si es que analizamos todo. Muchos artistas con discos nuevos, con algo relevante que hacer, debuts muy esperados y también regresos necesarios, con una mayor paridad de género que en festivales de todo el año (algo que habíamos criticado de Fauna Otoño y que en Primavera se revirtió de muy buena forma). El viento afectó el sonido de todos los escenarios –excepto el de la disco–, pero tampoco al nivel de perder los detalles, ayudado por la escala muy humana y muy amigable que tiene todo en este evento.

Sin embargo, mientras lo que pasaba en el escenario estaba muy bien, la experiencia del público se arruinó en muchísimos casos por deficiencias en los servicios necesarios para superar la jornada. No es culpa de Fauna Primavera que los foodtrucks sean una moda y que ayuden a entregar comida de buena calidad, pero en un evento con la masividad de un festival es complejo que se generen esperas de más de una hora para comprar comida (considerando que no se podía ingresar nada al recinto) o con los bares quedando agotados muy temprano de cerveza o bebidas gaseosas. Pueden ser detalles, y puede ser que en muchos eventos eso ocurra, pero cuando estamos en la octava edición de un festival, que un tipo de problema se acreciente y no se aminore, es porque hay una negligencia en algún punto de la extensa y muy compleja labor de armar un evento de esta calidad y calibre. En lo musical Fauna Primavera 2018 fue una de las mejores ediciones de un festival que siempre funciona en su curatoría y carteles, pero fuera de la cancha y el escenario cada detalle puede arruinar la percepción de un público que cada vez puede ser más exigente, y que por un mal rato puede contaminar el recuerdo completo de un día que, en el papel y los sonidos, tuvo todo para ser un hito memorable.

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