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Marillion Weekend: Día 2

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Con tanto o más entusiasmo que el día anterior, miles de fans llegaron hasta el Teatro Caupolicán para la segunda jornada del Marillion Weekend, centrándose esta vez en “Fuck Everyone And Run (F E A R)”, su último trabajo de estudio lanzado en 2016, además de repasar otros clásicos de la banda. Igual como lo fue el día viernes, comenzaron a asomar por el público banderas de Brasil, Argentina, México, Perú, Uruguay, Costa Rica y, por supuesto, Chile. De ahí viene el carácter multicultural y único que tiene este evento, una oportunidad exclusiva para los fans del continente, ya que esta es la primera vez que Sudamérica recibe algo así. Iniciando el show, nuevamente tuvimos la presencia de una banda invitada, esta vez fue el turno de los argentinos Bad Dreams, presentados por el mismísimo Steve Rothery, para luego dar a conocer un poco de su trabajo discográfico, además de su último LP a la fecha, “Deja Vú” (2016), que cuenta con la participación de Rothery en el track que da nombre al álbum.

Alguien del staff de Marillion agradeció la asistencia igual que el día anterior, invitando a todos a participar en las actividades paralelas que se realizarán el día domingo. Luego de eso, comenzó la intro para recibir a los integrantes de la banda, con un pequeño video introductorio que atravesó diferentes años de vida del conjunto, deteniéndose en 1987. Un grito ensordecedor recibió a la banda, que partió con “Hotel Hobbies”, momento en que toda la gente se volvió loca, en especial los más fanáticos, quienes sabían lo que se vendría. De ahí llega el factor sorpresa del Marillion Weekend, ya que la banda destinó la primera parte de su set a una sección dedicada al álbum “Clutching At Straws” (1987), el último trabajo que el conjunto realizó con Fish, vocalista original.

Fue así como sonaron tremendas canciones, como “Warm Wet Circles”, “White Russian” o “Incommunicado”, que tuvieron cantando con las manos en alto a todo el recinto de calle San Diego. El remate para dicha parte del show fue con “Sugar Mice”, puesto que luego arremetieron con la tremenda “Lords Of The Backstage”, extraída del clásico “Misplaced Childhood” (1985), la que refleja toda la destreza y excelente timing de su estilo prog rock, marcando la pauta en todo momento, en especial con el implacable tempo de Ian Mosley en la batería. Luego de “Blind Curves”, fue el turno de un verdadero exitazo del álbum “Script For A Jester’s Tear” (1983), “Market Square Heroes”, la que, pese a su potencia, emocionó a más de alguno al momento de corearla, consagrándose como uno de los puntos más altos de toda la noche.

Luego llegaría la parte anunciada del show; Steve Hogarth presentó lo que sería la interpretación del álbum “Fuck Everyone And Run (F E A R)”, el cuál fue tocado en una de sus múltiples versiones. Los fans recibieron muy bien esta excelente obra conceptual, coreando cada canción como si fuera uno de sus más grandes clásicos, a pesar de tener sólo un año de vida; un disco que ya se transformó en un favorito para los seguidores de la banda. Canciones divididas en múltiples partes, tales como “El Dorado” o “The Leavers”, demostraron que la esencia progresiva sigue vigente a pesar del paso de los años. “White Paper” sirvió como antesala para el pasaje dividido en cuatro partes, “The New Kings”, que desde “I. Fuck Everyone And Run” mantuvo la atención de todo el mundo, en especial en la dupla Rothery/Trewavas, quienes se lucieron en las secciones instrumentales.

The New Kings: IV. Why Is Nothing Ever True?” puso el punto final a esta segunda noche del Marillion Weekend, una velada dedicada a un show de carácter estructurado y sin mayores pausas. Si bien, el regalo de tan grandes clásicos al principio del show dejó contentos a sus seguidores, la interpretación integra de “F E A R” permitió disfrutar de toda la majestuosidad y pulcritud sonora de Marillion en vivo, demostrando el porqué del gran éxito que siguen teniendo a pesar de varias décadas en el negocio. Ahora queda esperar a la tercera noche y final (sin acceso a la prensa), donde la interpretación de “Marillion.Com” sellará con broche de oro esta primera versión del Marillion Weekend en Chile.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Hotel Hobbies
  2. Warm Wet Circles
  3. That Time Of The Night (The Short Straw)
  4. White Russian
  5. Incommunicado
  6. Slàinte Mhath
  7. Sugar Mice
  8. Lords Of The Backstage
  9. Blind Curve
  10. Market Square Heroes
  11. El Dorado: I. Long-Shadowed Sun
  12. El Dorado: II. The Gold
  13. El Dorado: III. Demolished Lives
  14. El Dorado: IV. F E A R
  15. El Dorado: V. The Grandchildren Of Apes
  16. Living In F E A R
  17. The Leavers: I. Wake Up In Music
  18. The Leavers: II. The Remainers
  19. The Leavers: III. Vapour Trails In The Sky
  20. The Leavers: IV. The Jumble Of Days
  21. The Leavers: V. One Tonight
  22. White Paper
  23. The New Kings: I. Fuck Everyone And Run
  24. The New Kings: II. Russia’s Locked Doors
  25. The New Kings: III. A Scary Sky
  26. The New Kings: IV. Why Is Nothing Ever True?

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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