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Marillion: La noche perfecta

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Una de las tareas más complicadas cuando tratamos de evaluar la presentación de una banda, es el gran número de variables a tener en cuenta para dictaminar un juicio final. Desde los aspectos técnicos, como lo son el sonido o la puesta en escena, hasta la propia performance de los artistas y las emociones que fueron capaces de producir sobre el escenario. También existe la visión de los fanáticos y la propia, muchas veces contrapuestas entre sí, ambas tratando de definir de mejor manera lo que acaban de presenciar. Es difícil llegar a conclusiones unánimes, sobre todo cuando se trata de música, por eso es muy satisfactorio cuando las opiniones convergen, y mejor aún, se ven sobrepasadas ante la magia que mantiene las bocas cerradas ante su propio encanto, aunando todas las voces para celebrar un momento único, porque lo de Marillion fue un show de otra categoría, donde cualquier expectativa, cumplida o no, quedó chica ante casi dos horas de presentación que, más que un concierto, fue una odisea de emociones.

El Caupolicán terminó de ser ocupado a un 90 por ciento de su capacidad para cuando ya daban las nueve de la noche. Traicionando el estereotipo del inglés puntual, el recital comenzó con unos quince minutos de atraso. Las luces se apagan y en las tribunas ocurre un movimiento anómalo. Descolocada, la gente se para de sus asientos en cancha y la euforia se apodera de la galería al percatarse de que Steve Hogarth (vocalista), estaba ubicado en el medio de ese sector recitando a capela los primeros versos de “Splintering Heart”, haciendo gala de su teatralidad desde el primer instante. El lugar explota y la banda ya se encuentra tocando sobre el escenario, y Hogarth va a su encuentro para unirse a la banda con su particular paleta de criquet sintetizador, para terminar de dar forma al que, muchos fanáticos concuerdan, es el mejor tema para comenzar una presentación de Marillion.

“H”, como es apodado el vocalista, es un imán sobre el escenario, atrayendo todas las miradas gracias a sus bailes, gesticulaciones y energía, interpretando cada una de las canciones como si fuera el protagonista de las historias que cuentan. Un personaje que llena el escenario, mientras que sus compañeros se dedican a hacer lo que hacen mejor, tocando con maestría y precisión en cada una de sus intervenciones. Steve Rothery se llevaba la ovación total del respetable cuando realizaba alguno de sus impresionantes solos de guitarra, mientas que en las penumbras, apenas visible, Ian Mosley no erraba en ningún tempo y haciendo oír su batería de forma esplendorosa a lo largo del concierto. Pete Trewavas en el bajo es el segundo hombre en poner la cuota de energía sobre el escenario, incluso tomando el micrófono en determinadas ocasiones para complementar los comentarios de “H” o agradecer a la fanaticada chilena. Finalmente, Mark Kelly es el hombre encargado de los sintetizadores, de bajo perfil pero siempre preciso, sin poder contener la sonrisa en los tantos “momentos de karaoke” que se sucedieron durante la noche.

La banda no pierde el tiempo y continúa su show con “Slàinte Mhath”, canción en que el frontman propone un brindis con la que parece ser una copa de vino blanco, gesto que volvió loca a la fanaticada durante el primer corte de la “Era Fish” de la noche. “Marbles” (2004) fue, en su momento, un disco muy aclamado por la crítica, consolidando la etapa en que los ingleses decidieron independizarse de las discográficas y tener total libertad, tanto comercial como artística, de sus producciones. El álbum de 2004 se ha convertido en uno de los nuevos clásicos de Marillion, y durante esta velada tendríamos cuatro temas pertenecientes a este registro. El primero de ellos fue “You’re Gone”, cuyo sonido pop sofisticado puso a trabajar las palmas del público. “Sounds That Can’t Be Made” (2012), el lanzamiento más reciente del quinteto, se hacía presente con la entrañable versión en vivo del tema que pone nombre a la placa, potenciada por la rasposa voz de Hogarth que le otorgaba un sabor más orgánico. “Beautiful”, haciendo honor a su nombre, irradiaba belleza, mientras una bandera chilena era extendida al cantante, quien la ubico a un lado de su teclado.

“Power” era la última canción de “Sounds That Can’t Be Made” en ser interpretada durante la velada, y aunque no existía la misma recepción por parte del público con los temas antiguos que con los más recientes, se disfrutaba respetuosamente del hipnotizante trabajo de los músicos, destacando una vez más la desbordante interpretación de Hogarth llena de sentimiento y entrañas. La intimidad se apoderó del Caupolicán en “Fantastic Place”, armoniosamente comandada por el teclado y voz de “H”, para prender la fiesta con “Hooks In You”.

Steve Rothery se robaba la película, cuando comenzaba a dar los primeros acordes del clásico indiscutible “Kayleigh”, dando el relevo a las miles de gargantas que se encargaron de cantar cada uno de los versos de la canción. “Misplaced Childhood” (1985) tomaba la batuta y el cancionero continuaba con “Lavender”, en otros de los clásicos con la estampa de Fish. Regresábamos a los primeros años de Hogarth con la emotiva “The Great Escape”, del aclamado “Brave” (1994). El progresismo espacial hizo acto de presencia con “King”, donde el cantante se hizo de una guitarra para ejecutar una serie de maromas antes de unirse a la banda. La climática “Nerverland”, otra de “Marbles”, marcaba la primera pausa de la noche.

Ya nadie se mantenía en sus asientos, y la gente en la cancha se apostaba frente al escenario para disfrutar del regreso de los ingleses con la gigantesca “The Invisible Man”, lo que para quien firma, fue uno de los momentos más estremecedores de la noche, con una ejecución perfecta y la performance de Hogarth, quien salió a escena apoyado de un bastón y moviéndose erráticamente, sumado a la atmósfera de silencio y encanto que se respiraba en el aire, con un Caupolicán entregado al viaje de emociones que ofrecía Marillion sobre el escenario. Los casi quince minutos de “The Invisible Man” pasaron sin que nos diéramos cuenta, y la banda volvía a salir del escenario sin hacerse esperar demasiado, para regresar con vítores de fiesta interpretando “No One Can” e “Easter”, ambas de la primera etapa de Hogarth en la banda, cantadas al unísono por todos los presentes.

Absolutamente impresionado con el público, los músicos vuelven para tocar dos canciones más. La primera es “Sugar Mice” del disco “Clutching at Straws” (1987), para terminar con “Three Minute Boy”, coronando la velada con el coro de voces reproduciendo la bella melodía del tema desde todos los rincones del teatro. Conexión absoluta y la sensación de haber sido participes de un espectáculo sin igual. El estandarte del rock progresivo regresó a Chile después de quince años para realizar un show que supero cualquier expectativa, siendo el más extenso de la gira por el continente. Aquí no hay discusiones de ninguna de las partes, y absolutamente, nada que reclamar, lo de Marillion fue algo superlativo. Y eso pasa cuando el ambiente, la música, el público y la banda, hacen un compromiso tácito para vivir el mejor show posible; para vivir la noche perfecta.

Setlist

  1. Splintering Heart
  2. Slàinte Mhath
  3. You’re Gone
  4. Sounds That Can’t Be Made
  5. Beautiful
  6. Power
  7. Fantastic Place
  8. Hooks in You
  9. Kayleigh
  10. Lavender
  11. The Great Escape
  12. King
  13. Neverland
  14. The Invisible Man
  15. No One Can
  16. Easter
  17. Sugar Mice
  18. Three Minute Boy

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Praxila Larenas

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6 Comentarios

6 Comments

  1. Claudio Espinoza

    19-Oct-2012 en 12:38 pm

    Fue sensillamente ESPECTACULAR !!!!!!!…no hay otro calificativo….Lollapalooza, Maquinaria, Fauna…puffff. Lo de Marillion anoche no se volverá repetir por mucho tiempo más…..Me daría mucha lata que no quedase registro visual de esa maravillosa noche……

  2. Ivan Lara

    19-Oct-2012 en 2:08 pm

    sencillamente una noche inolvidable y para el recuerdo de unos de los mejores recitales a los que he asistido, gran review!!!

  3. Roberto

    19-Oct-2012 en 4:11 pm

    Esto pasa porque Marillion no es solo musica es A Better Way of Life, ademas como se presenta en Happiness Is The Road

    The people here
    Full of love and
    comfortable in themselves
    Not scared to let go
    No fear round here

  4. Manuel Canto Carrizo

    19-Oct-2012 en 9:41 pm

    increíble noche… junto con Rush lo mejor que he visto, en presentación, vínculo con el público y sonido

  5. Carmen Franco

    19-Oct-2012 en 9:56 pm

    Uno de los mejores conciertos a los que he asistido. El público también se comportó muy bien y eso se agradece,porque permitió que hubieran momentos sublimes

  6. Marco Sepulveda

    20-Oct-2012 en 3:26 pm

    Espectacular…..yo como fanatico tenia altas espectativas pero estas fueron superadas ampliamente….Marillion realmente nos dio la noche perfecta.

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Alcest: El territorio de lo imaginario

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Alcest

En un cotidiano tan moldeado por lo concreto, encontrarse con experiencias que dialogan con lo imaginario resulta un acontecimiento casi surreal. Bajo esa óptica, el concepto artístico de los franceses Alcest va en estrecha relación con aquellos episodios inusuales que retoman la fantasía. A cuatro años de su debut, la presentación del disco “Kodama” (2016) fue la coyuntura para esta segunda cita en Club Blondie, una velada etérea, que invitó a viajar a través de mundos que trascienden lo cotidiano.

Como antesala para este segundo encuentro, Bauda tomó la responsabilidad de abrir la jornada. Seleccionados por los mismos anfitriones, los teloneros contaron con una cantidad de público satisfactoriamente alta, quienes incluso participaron activamente en algunas canciones, como el caso de “Tectonic Cells”, mientras sonaban sus primeros arpegios. Las capas sonoras reverberantes proporcionadas por los locales permitieron crear una atmósfera familiarizada al sonido de los franceses, entregando una primera invitación a visitar los estados imaginarios que se profundizaron con los anfitriones.

Ya que el contexto de esta segunda visita se enmarca en la gira de “Kodama”, la presentación de los franceses se dividió en dos partes, dedicando la primera a interpretar íntegramente este trabajo, el cual carga con una importante inspiración de la cultura japonesa y, principalmente, en la obra de Hayao Miyazaki. Siguiendo el mismo orden que su versión de estudio, “Kodama” y “Eclosion” situaron a los presentes en este mundo donde la naturaleza cobra espiritualidad y se enfrenta a la inclemencia de la tecnología. Luego de estas dos canciones, Neige se tomó el tiempo para saludar al público, o más bien recibir los aplausos apabullantes en agradecimiento por una jornada que recién estaba comenzando. Luego de la evidente muestra de afecto, el alma creadora de Alcest se limitó a agradecer y continuar la carga.

La música de Alcest despierta emociones intensas. Los distintos matices por los que atraviesan las canciones entregan un ir y venir de contrapuntos sonoros, haciendo de cada canción un pequeño viaje en sí mismo, donde incluso el silencio es parte de la experiencia. Canciones como “Je Suis D’Ailleurs” pusieron a prueba la euforia del fanático en favor de disfrutar cada elemento de la canción. Por otro lado, “Untouched” y “Oiseaux De Proie” presentaron esta energía vertiginosa y emotiva que también es parte de la identidad del proyecto, la cuál mezcla de un modo sutil y equilibrado sonoridades tan disímiles como el black metal con el shoegaze. Ya presentada la obra en su totalidad, la banda visitó sus primeras composiciones con “Souvenirs D’Un Autre Monde”, trasladando el imaginario con influencia oriental a este otro terreno fantástico. Lamentablemente, parte de este ensueño fue interrumpido por una falla técnica que se extendió por más de lo esperado. Luego que Neige ofreciera las disculpas pertinentes, la banda interpretó “Percées De Lumière” y “Autre Temps”, recogidos de su segunda y tercera placa, respectivamente, generando en esta última un coro espontáneo del público.

Uno de los momentos más potentes de la noche estuvo marcado al cierre con la interpretación de “Sur L’Océam Couleur De Fer”, donde la quietud de la pieza mantuvo absorto a todo el Club Blondie en un instante legítimamente hermoso. Luego de que la banda se retirara tras interpretar “Là Où Naissent Les Couleurs Nouvelles”, el público no se movió en absoluto esperando su retorno. En una tónica netamente reverberante, “Délivrance” marcó un cierre sutil, mientras cada miembro de la banda se retiraba y dejaba a Neige solo, envuelto en estas capas atmosféricas, retornando con el mismo temple que caracteriza tanto a la obra como al autor.

Hacer lo que logra Alcest no es un ejercicio fácil. Si bien los franceses son  influencia del metal contemporáneo que busca explorar horizontes sonoros, no hay duda que son pocas las bandas que logran hacerlo con tanta naturalidad como ellos. El aura que rodea las canciones detrás del genio de Neige funciona como un intermediario entre lo mundano y lo ilusorio, que rara vez se logra traspasar a lo concreto. En tiempos tan privados de sentimientos, presenciar un show como Alcest otorga la escasa oportunidad de visitar estos territorios de fantasía que alguna vez solimos recorrer durante la infancia.

Setlist

  1. Kodama
  2. Eclosion
  3. Je Suis D’Ailleurs
  4. Untouched
  5. Oiseaux De Proie
  6. Onyx
  7. Souvenirs D’Un Autre Monde
  8. Percées De Lumière
  9. Autre Temps
  10. Sur L’Océan Couleur De Fer
  11. Là Où Naissent Les Couleurs Nouvelles
  12. Delivrance

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