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Los Tres: Innegablemente de vuelta

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Casi siempre se piensa en las celebraciones de cierta cantidad de años de un disco como algo nostálgico, casi como si se buscara viajar de vuelta en el tiempo, y poco más. Sin embargo, lo que precisamente hace interesante el ejercicio –en aquellos casos donde mejor funciona– es ver cómo el legado y presencia de ese trabajo logró trascender para ser relevante en el presente, y cuán innovador sigue siendo.

Pocos discos tienen en Chile la capacidad de trascender épocas, principalmente por la alta influencia que ejerce el contexto en los sonidos que parecen ser importantes y se quedan en meramente ser populares. “Fome” (1997) sí es un disco trascendente, y por ello era extraño ver cómo pasó su vigésimo aniversario y no se rememoró ni tampoco se hizo mucho ruido. En paralelo, Los Tres no estaban en un gran momento, y mucho menos un Álvaro Henríquez cuya salud poco después fallaría para hacer pasar un gran susto a todo el mundo del arte nacional.

Este 10 de mayo la expectación en Coliseo Santiago se palpaba alrededor de “Fome”, disco que tendría la celebración de sus 22 años en la primera de dos noches a teatro repleto. Una proyección sobre el escenario, con cortinas rojas acordes al arte del disco, versaba “Fome” con fotos de Henríquez y Roberto “Titae” Lindl, los dos miembros originales de la banda que continúan con el legado de Los Tres, quienes se subieron al escenario bajo una gran ovación a las 21:15 hrs., mientras la secuencia de percusiones montaba un loop como el que inicia “Claus”.

Lo que vendría sería el disco completo, en el orden que está en el álbum, con una precisión de tonos sin cambios, sólo con ciertos elementos que podían darle más énfasis a ciertos finales o coros, pero es esa predilección por el material original lo que le permite brillar. “Fome” no necesita renovarse para sonar bien en el año 2019, porque aún es un álbum único. El proceso de creación sacó a la banda del contexto chileno y, por las barreras culturales, tampoco Los Tres dejaron que el entorno novedoso les quitara el sonido que ellos avizoraban con una convicción encomiable. “Bolsa De Mareo” y su cierre con una armonía claustrofóbica, “Toco Fondo” con su inevitabilidad ansiosa y bella, u “Olor A Gas” con su onda tan pegajosa como aterradora, eran todos capítulos de una historia sin relato, de poesía sin aires de grandeza, con instrumentos en experimentación al servicio de la canción.

Al poco andar se nota que el desgano de los últimos años, donde Titae ponía la verdadera cuota de onda en el escenario, ya se fue de Los Tres. Álvaro Henríquez, pese a mirar mucho la pantalla de apoyo de las letras y verse un tanto estático, alcanza las notas y disfruta el momento, y se ve más juguetón y seguro de querer estar ahí. De todas formas, más allá de ver cómo su timbre y registro se hace más cómodo incluso para esas canciones –lo que se nota mucho en temas como “Antes”–, el show transcurre con esa fluidez que también tiene el disco, con pausas sólo para afinar o cambiar de instrumentos.

Si Henríquez y Lindl hacen lo suyo, casi como un clásico de la música chilena, muy importante también es la labor hecha por Sebastián Cabib y Boris Ramírez, que completan el cuarteto en su núcleo y entregan la cuota necesaria de precisión y agilidad en el caso de la guitarra de Cabib, y de energía impredecible en el caso de la batería de Ramírez, quien tiene la difícil misión de operar bajo la sombra de Francisco Molina, pero que en el show logra el cometido en sus propios términos. Punto aparte es el multiinstrumentista Cuti Aste, una institución musical nacional, que merece mucho más reconocimiento del que alguna vez se le entrega y que sirve para lograr darle todos los toques únicos a algunas canciones icónicas de “Fome”, como “Fealdad” o “Restorán”.

Mientras, Henríquez canta todo, e incluso sale adelante a lo grande en solitario cuando toca el turno de “Me Arrendé”, con emociones a tope, antes de las rápidas “Silencio” y “La Torre De Babel”, ese hit improbable de fines de los 90. El único error de la jornada fue cuando el cantautor se confundió en la letra de “Pancho”, la compleja y bellísima canción folk cuya historia brutal igualmente resonó. Tras “Restorán”, Los Tres hicieron una versión al callo de “Largo” para, con ello, largarse del escenario por casi cinco minutos, con la gente vitoreando y algunos seres de poca fe yéndose del recinto, pero muchos más con la esperanza de continuar.

En este bis quedaría claro por qué ahora es el momento idóneo de mirarse al espejo por parte de Los Tres, y con su trabajo más exigente e innovador. Las canciones elegidas para la parte final del show, en su gran mayoría, cuentan cómo el hablante lírico –en este caso Álvaro Henríquez– regresa tras enfrentarse a algo, sea un obstáculo o su propio acto de perecer. “Cerrar y Abrir” habla de las dudas de un regreso, e incluso Henríquez apunta al suelo cuando interpreta la línea “hace tiempo que no canto aquí”. Lo mismo pasa con “Camino”, donde el canto toma matices más reales con “y muero por volver a vivir”, y de inmediato toca escuchar “Morir de Viejo” y “Moizefala”, ambas referenciando a la muerte. En tanto, “Déjate Caer” habla de ese salto al vacío de dejar todo atrás. Muchos vínculos que quizás parecen conspiranoides, pero que también son muy claros en cómo pueden calzar con artistas en períodos de reflexión inmediata. “Moizefala” aparecía por primera vez en un show de Los Tres desde hace casi cuatro años, una gran sorpresa, con el público explotando en el coro, como casi toda la jornada, sin excepción, con mucha participación y ganas de disfrutar.

Fome” no permite arranques nostálgicos, porque es un disco demasiado profundo como para gastarse en mirar atrás. Por eso, tal vez, cerrar con la dupleta de “Déjate Caer” y “La Espada y La Pared” se veía como algo extraño, demasiado mainstream, pero quizás también era esa cuota de nostalgia que algunos siempre buscarán. Lo importante es ver cómo Los Tres no sólo honraron su disco más influyente de gran manera, sino también cómo su vocalista y principal figura retorna para volver a saborear el acto de tocar en vivo sus canciones, con mayor prestancia que hace mucho tiempo. Más allá de intentos de viajes en el tiempo, la mayor virtud de Los Tres ha estado cuando son capaces de quedarse con el presente y su lectura de este, así que, innegablemente, luego de esta noche están de vuelta en su mejor forma.

Setlist

  1. Claus
  2. Bolsa De Mareo
  3. Toco Fondo
  4. Olor A Gas
  5. De Hacerse Se Va A Hacer
  6. Antes
  7. Fealdad
  8. Jarabe Para La Tos
  9. Libreta
  10. Me Arrendé
  11. Silencio
  12. La Torre De Babel
  13. Pancho
  14. Restorán
  15. Largo
  16. Cerrar Y Abrir
  17. Camino
  18. Morir De Viejo
  19. Moizefala
  20. Déjate Caer
  21. La Espada Y La Pared

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Dream Theater: El sueño sigue vivo

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Dream Theater

En la que podría ser considerada como la gira más importante que ha realizado el quinteto estadounidense en los últimos años, Dream Theater aterrizó nuevamente en nuestro país para presentarse en un Movistar Arena a tablero vuelto. La promesa de la interpretación íntegra del disco “Metropolis Pt. 2: Scenes From A Memory” (1999), por lejos la placa más popular de su carrera, responsable de lanzarlos a la fama mundial y que se encuentra celebrando veinte años de vida, fue suficiente para atraer a los miles de fanáticos chilenos que estuvieron a punto de agotar todas las entradas disponibles en el recinto del Parque O’Higgins, formando una postal que recordó a la masiva convocatoria que lograron en su debut en la Pista Atlética el año 2005. Teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra Santiago, lo de Petrucci y compañía fue todo un logro. Y, para fortuna del respetable, el espectáculo estuvo a la altura.

Aunque el gran gancho del recital era la ejecución de su clásico álbum, el tour lleva el nombre del último trabajo de estudio del conjunto, “Distance Over Time”, lanzamiento que ocurrió este año y mantiene a los músicos vigentes, pese a no causar el mismo entusiasmo de épocas anteriores entre sus seguidores. Fue así como la primera parte de la maratónica jornada estuvo dedicada a repasar los mejores cortes del nuevo disco, ante la respuesta entusiasta del público, que, sin saber todas las letras, transmitía toda su energía al grupo. “Untethered Angel”, “Fall Into The Light”, “Barstool Warrior” y, para cerrar este tramo, la potentísima “Pale Blue Dot”, mostraron lo mejor de este Dream Theater 2019, además de rescatar dos canciones más antiguas: “In The Presence Of Enemies, Part I” y la celebrada “A Nightmare To Remember”. El escenario estaba listo para el momento más esperado de la noche.

Finalizado el interludio de quince minutos, las luces se volvieron a apagar y un video animado a modo de película nos introdujo a los personajes que protagonizan la odisea contada en “Metropolis Pt. 2: Scenes From A Memory”. La historia de un hombre atormentado por el alma en pena de una mujer asesinada en busca de justicia fue revisitada de manera apoteósica por los norteamericanos. Tocado de principio a fin y sin grandes interrupciones, el clásico de fines de los noventa llevó al éxtasis total al Movistar Arena. “Overture 1928” y “Strange Déjà Vu” dieron el potente inicio al viaje, con gente saltando e incluso mosheando al ritmo de los complicados patrones rítmicos de Dream Theater.

A veinte años de su nacimiento, cada una de las canciones de la placa siguen sonando tan frescas y creativas como antaño, y es un gusto comprobar que la banda no ha perdido un ápice en su poder de ejecución, realizando una más que destacable reproducción de las versiones de estudio. Incluso James LaBrie, quien en un momento de diálogo con el público pidió disculpas –se encontraba enfermo y no estaba en su mejor estado– cumplió con su tarea de forma impecable.

Petrucci, Myung, Rudess y Mangini, son unas verdaderas máquinas en sus instrumentos, aunque aquí se debe hacer una acotación: la ausencia de Mike Portnoy es un fantasma que todavía pena entre los fanáticos de la banda. El histriónico baterista no sólo era un as en los tarros, sino que tenía carisma e inyectaba de espíritu rockero a la performance del grupo, cualidad que Mangini simplemente no tiene. El tipo es lo más cercano a la perfección en su instrumento, al punto de llegar a parecer un robot. Es cierto que de vez en cuando interactúa con la fanaticada, pero durante gran parte de la noche sólo se limita a hacer su trabajo. Se echa de menos una “chasconeada” entre tanta técnica y seriedad, sobre todo cuando su batería es una de las más vistosas en el mundo del rock y el metal. Tampoco ayudó que anoche la mezcla dejara prácticamente silenciados los platillos del músico, problema que opacó en muchos pasajes la emoción de un show que exige perfección.

Superando el bache con la batería, todo funcionó perfecto y canciones como “Home”, “The Dance Of Eternity” y las emotivas “Through Her Eyes” y “The Spirit Carries On”, fueron grandes hitos de la velada, que bajó el telón con “Finally Free”, dando por cumplido el sueño de los fans acérrimos de Dream Theater. Pero todavía quedaba más, y finalmente “At Wit’s End” disparó el tiro de gracia, sellando tres horas de música que no dejó a nadie insatisfecho.

Los oriundos de Boston dieron una última gran reverencia al respetable y se retiraron despedidos por una ovación unánime. Al final de la noche los comentarios eran bastante similares entre sí, concordando que esta ha sido una de las presentaciones más espectaculares que ha dado la banda en Chile, y no están equivocados. En un año de grandes conciertos, el de Dream Theater se encumbra como uno de los más emocionantes, confirmando que el sueño sigue más que vivo.

Setlist

  1. Untethered Angel
  2. A Nightmare To Remember
  3. Fall Into The Light
  4. Barstool Warrior
  5. In The Presence Of Enemies, Part I
  6. Pale Blue Dot
  7. Regression
  8. Overture 1928
  9. Strange Déjà Vu
  10. Through My Words
  11. Fatal Tragedy
  12. Beyond This Life
  13. Through Her Eyes
  14. Home
  15. The Dance Of Eternity
  16. One Last Time
  17. The Spirit Carries On
  18. Finally Free
  19. At Wit’s End

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