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Twenty Øne Piløts Twenty Øne Piløts

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Lollapalooza Chile 2019: Twenty Øne Piløts

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En un mundo con tantas opciones de conexión, con la chance de saber qué ocurre a 10 mil kilómetros de distancia, la inmediatez ha sido algo alcanzado, pero queda la pregunta por la profundidad y cuán difícil es explorar qué realmente siente o sabe una persona en particular. Es este mundo entero el que busca dominar Twenty Øne Piløts, dúo de Columbus, Ohio, que entiende que las nuevas generaciones de fans y oyentes de música no necesitan saber de guerras externas cuando las que se llevan a cabo en el interior son más fuertes y devastadoras de lo que se pueda poner en palabras.

Cuando se discutió que TØP fuera headliner de Lollapalooza Chile, no se consideraba la gigantesca fanaticada que tienen o cómo encabezan rankings de escuchas vía streaming, o la espectacularidad del “Bandito Tour”. Las críticas arreciaron porque obviamente no eran un nombre con el beneplácito de la prensa o de quienes, se supone, son los encargados de ponderar qué es de buen gusto y qué no. “Pasar de Pearl Jam a Twenty Øne Piløts es demasiado”, se podía leer en comentarios copiosos, pero el arrebatador espectáculo ofrecido por el dúo destruye cualquier duda, porque la ambición de una banda con hambre no lo permite. Menos cuando la conexión con el skeleton clique, su fandom, es tan grande, porque la mística y mitología creada por Tyler Joseph (digna de serie de Netflix) comprende las angustias de estos jóvenes.

La generación actual tiene la barrera entre la adolescencia y la adultez más alta que nunca, como los muros de Trump, y por eso no necesitan que les canten de un conflicto real de forma explícita, sino que necesitan las metáforas que nadie les entrega sobre los problemas que afectan su supervivencia. La salud mental es un tema gigante en el mundo, y la guerra más grande es la que se da en el interior de cada uno, tal como mostraba la película “Intensa Mente”, donde se veía cómo la mente opera como un propio universo. También intensamente es cómo se vivió el show desde el inicio, a las 22:03 hrs. con “Jumpsuit”, tras el paseo con la antorcha encendida del baterista Joshua Dun, el auto en llamas de cada video, y un juego de visuales y dirección de las cámaras como pocos shows toman en consideración. De ahí en adelante, todo se viviría con euforia y una conexión especial.

La música de TØP es inclasificable, y eso es gran parte de su atractivo. Como bien diría Kamasi Washington cuando le preguntaron sobre el auge de la música negra, “el concentrarnos en los géneros nos hace perdernos de tantas cosas buenas”, y eso es muy cierto cuando vemos un show con esas cuatro letras bien puestas como el del dúo, con las rimas rápidas de Tyler en “Levitate” pasando a la hipnótica “Heathens”, y luego con la pegote “We Don’t Believe What’s On TV” en línea. Más adelante habría elementos de reggae, pop, EDM y arena-rock, todo en el marco de unos minutos de diferencia entre una y otra etiqueta. Esta mezcla funciona aún mejor en la narrativa que tiene un espectáculo en vivo, con cada sonido teniendo también una respectiva forma de presentarse ante la gente.

El “Bandito Tour” no es un concierto, sino que una obra de teatro donde se presentan los pensamientos de los personajes creados por Tyler Joseph. Por eso el hablar de la salud mental importaba tanto, porque es parte de aquello que aqueja a cada uno, sea los oprimidos en Dema, la edificación que es centro de lo que ocurre en “Trench” (2018), o “Blurryface” (2015), alter ego que se manifestó como presencia física del álbum del mismo nombre, que ya había traído con éxito sorprendente a TØP a Lollapalooza Chile en 2016.

Tyler pasa de tocar bajo con una balaclava a ponerse arriba del piano, a saltar desde la plataforma de la batería de Josh a ir a saludar a la gente, tocar ukelele, hablar unas líneas en español, cambiarse de ropa y sacarse la balaclava con una facilidad pasmosa. No existe monotonía en el show en ningún momento, casi como una estrategia para hacer todo lo que se pueda en el tiempo que se tiene. Es un mundo de inmediatez y la comunicación puede transcurrir en un tiempo cada vez más limitado, por lo tanto, no se puede perder tiempo.

Nico And The Niners”, “Ride”, “Stressed Out”, todas son canciones que la gente corea con ganas y que disfrutan quienes se disponen hasta lejos del escenario. Decir que TØP llevó más gente que Pearl Jam sería demasiado aventurado, pero, considerando las dimensiones del escenario y las fotos cenitales disponibles, no hay tanto que se pueda envidiar. ¿Y todavía a alguien le cabe dudas este headliner? En los últimos días se ha hablado hasta el hartazgo de Greta Van Fleet o el chaqueteo a Paloma Mami, quitando tiempo para hablar de las sorpresas y certezas que entrega el resto de los nombres del festival. Es importante ver qué es lo que funciona, y en este caso se trata de una banda que entiende que la narrativa importa, que las historias trascienden y que generar simbolismos que puede seguir un grupo de fans es clave para crear interés.

Si en “Intensa Mente” las emociones eran presentadas como entes diferenciados con claridad, el mundo que pinta TØP es más impreciso, más desafiante y más difícil. No hay seres, sino que distintas fases del yo. En “Cut My Lip” Tyler hace un juego con los lados, casi en competencia, típico cliché que luego sería superado por la presencia de Josh en una plataforma sobre el público aplastado en un mar de gente, al ritmo del “olé, olé, olé”, durante “Morph”. Inmediatamente después, la calidad como baterista del querido Josh se vio probada… por él mismo, en un video hecho para mostrar los contrastes entre su personaje anterior y el actual. Una batalla de bateristas que dio paso para la fase final de un show de trazos simples, pero no por ello menos efectivos. Muchos trucos e ilusiones, aunque no dejando de tener sentido en el gran esquema de las cosas. Eso es clave.

Antes de la batalla vino “Car Radio”, con el paso de Tyler a una plataforma al lado de la mesa de sonido, en alto, arengando a la gente para seguir siendo pura energía. Entre rapeos rápidos (mejor que Eminem o Macklemore, pensando en raperos blancos), Joseph consigue entregar emociones y coherencias, algo improbable, pero que merece el intento. Esos flashazos de realidad son los que hacen de una canción tan clave en la historia descrita en “Trench”, como es “Chlorine”, pueda ser parte también de algo más acotado como es un show festivalero.

El cierre con “Trees” tiene la misma energía de canciones hit como “Car Radio”, pero tiene una sensación de calma después del huracán para luego volver a explotar con sintetizadores muy EDM, aunque, en esta ocasión, en vez de ser algo como Steve Aoki o David Guetta, la banda llega a los extremos de rock de estadios que caracterizan a Coldplay. Así de amplio es el sonido, con algo para todo el mundo. Sin embargo, más allá del papel picado amarillo o de los bombos que Josh y Tyler tocaron, lo que queda es la alegría de una fanaticada que, dentro del arcoíris que dispone TØP, se logra encontrar y logra formar parte, y es en esa conexión donde reside el potencial de una banda con hambre de gloria, urgencia de comunicación y desprejuicios creativos fundamentales para cumplir su misión de conquistar el mundo, una cabeza a la vez.

Setlist

  1. Jumpsuit
  2. Levitate
  3. Heathens
  4. We Don’t Believe What’s On TV
  5. Lane Boy
  6. Nico And The Niners
  7. Holding On To You
  8. Ride
  9. Stressed Out
  10. My Blood
  11. Cut My Lip
  12. Morph
  13. Car Radio
  14. Josh Drum Battle
  15. Chlorine
  16. Trees

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Primordial: Equilibrando la humildad y la ambición

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Primordial

Cuando pensamos en el sonido del black metal, siempre surge la idea de algo muy ligado a estructuras convencionales, o también ese estilo del metal que no va en el carril de lo tradicional, quizás llegando a otros segmentos. Por ello siempre es interesante cuando hay una mezcla de elementos para dar con algo nuevo, que es lo que pudimos ver a lo largo de una jornada con mucho de épico en la noche del domingo 21, en el Club Rock & Guitarras.

A las 19:54 horas, un poco antes de lo informado, Sol Sistere se subió al escenario e hizo valer su tiempo en oro, mostrando que desde una estructura black metal también llegan al heavy y al doom con facilidad, pese a que el sonido en la primera canción convertía todo en una masa sin mayores claridades. Desde el segundo tema se arregló esto, lo que afectaba muchísimo a la batería de Pablo Vera, y ya en “Death Knell” se veía cómo la potencia y el control eran uno en la ejecución de la banda. Sol Sistere quizás peca de tener entonaciones un poco cliché sin una épica detrás, pero en lo que importa, en las canciones, tiene todo el terreno ganado, y sólo se puede esperar más y más de una propuesta compleja e intrigante como la del quinteto, que a las 20:30 horas se bajaba del escenario para dejar en ascuas a un público que iba repletando poco a poco el pequeño local de Ñuñoa.

Lo anterior es clave, porque algo importante dentro del metal como es el debut de una agrupación de casi 30 años de carrera parece algo un poco menor. Al final, lo que genera algo único es la reacción de los fans y la impactante primera impresión que puede dejar una banda, y esto es precisamente lo que logró Primordial en dos horas llenas de intensidad, de mirarse a los ojos, de levantar puños y hacer headbanging.

El quinteto se subió poco a poco al escenario, siendo Alan Averill el último en hacerlo, y el vocalista y mente creativa principal del conjunto sin duda que era el que llevaría la batuta del show. Pintado y con una capucha al más puro estilo del Undertaker, Averill inmediatamente buscaba reacciones de un público que despertó con el anuncio de la primera canción, “Where Greater Men Have Fallen”, que de inmediato marcaba el pulso de lo que sería la jornada. La invitación no sólo era a disfrutar un show, sino también de la épica que le imprimía Alan a cada entonación, a cada mirada a la gente. El carisma del frontman es una extrañeza para un género que se caracteriza por el ostracismo y el dominio de lo instrumental, y es que tal vez el camino de Primordial ha generado algo diferente.

En vez de caer en los clichés del black metal, Primordial ha ido mezclando y armando cosas nuevas en cada disco que sacan, y es esa ambición por expandir sus dominios cada vez más lo que ha generado que tengan uno de los sonidos más únicos en todo el metal, sin referencias a una o dos cosas, sino que miles a la vez, desde el folk hasta lo sinfónico, pasando por doom o hasta detalles más pastorales. También desde ahí viene el imaginario donde se cruzan dioses, verdugos, entierros e imperios en llamas, siempre con el punto de vista del oprimido como algo relevante. Averill se pone una soga con el típico nudo del colgado en “Gallows Hymn”, reclama solemnidad luego de una introducción casi histórica en “To Hell Or The Hangman” y juega con la camiseta retro de la selección Irlandesa de fútbol pre Mundial del ’94 (una verdadera rareza) que alguien tiene en el público. Todo es parte de una historia más grande que la de las canciones mismas, las que se suceden en su extensión mayor, incluyendo sorpresas más allá de lo que dice el setlist, como “Babel’s Tower” luego de la intensa y cruda “Nails Their Tongues”.

En materia de sonido, Primordial estuvo preciso en cada momento, pese a que a veces se perdía la distancia entre uno y otro instrumento, algo atribuible más a la amplificación del local que a descoordinaciones de la banda, pero eso jamás fue impedimento para lograr ser parte de algo impactante, uno de esos shows que demuestran cómo es que el metal es un campo de cultivo para la innovación, en especial cuando la intención y la ambición juegan. Algo sorprendente era que, pese al aspecto intimidante de Alan y a la precisión de los irlandeses para tocar las canciones, la cercanía (quizás impulsada por lo cerca que está la gente de la banda en el escenario de R&G) siempre fue algo presente, y quizás tiene que ver con esta dinámica de “no nos vencerán” que caracteriza a los de Irlanda del Norte, con esa identidad tan precarizada por los factores políticos, con lo que la afirmación propia termina siendo campo de batalla diario. Y por ello es que se piensa que los imperios deben caer (“As Rome Burns”, “Empire Falls”) porque, aunque la historia la escriban los vencedores, no por ello los vencidos no pueden caer cantando.

Más sorpresas había con “Autumn’s Ablaze” o con “Sons Of The Morrigan”, adiciones al setlist basadas únicamente en que era la primera vez de Primordial en Chile, lo que habla también de una agrupación dispuesta a hacer concesiones, a dar más de lo que se pudo haber planificado. He ahí el gran valor de un show como el de esa noche: se puede ver una banda ambiciosa en lo musical, en un gran momento creativo, con la sencillez necesaria para entender cómo se trasciende en verdad. Con esto, cuando la banda se manda el doblete final con “The Coffin Ships” y “Empire Falls”, en verdad entienden que no pueden bajarse así como así del escenario, y es ahí cuando sacan una última sorpresa, agregando de la nada “Heathen Tribes”.

Flexibles, cercanos, excelentes en la ejecución e interpretación, lo de Primordial en su debut en Chile fue de calidad implacable y de humanidad conmovedora, en dos horas de concierto que dejan en claro cómo existen aún miles de chances de innovar en el sonido, generando conexiones únicas en el escenario.

Setlist

  1. Where Greater Men Have Fallen
  2. Gods To The Godless
  3. Gallows Hymn
  4. Nails Their Tongues
  5. Babel’s Tower
  6. To Hell Or The Hangman
  7. No Grave Is Deep Enough
  8. As Rome Burns
  9. Autumn’s Ablaze
  10. Bloodied Yet Unbowed
  11. Sons Of The Morrigan
  12. The Coffin Ships
  13. Empire Falls
  14. Heathen Tribes

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