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Lollapalooza Chile 2019: Kamasi Washington

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“Nuestro tiempo como víctimas se acabó. Ya no pedimos justicia. En vez de eso, tomaremos nuestra retribución”. Cerca del final del show de Kamasi Washington en Lollapalooza Chile 2019, Patrice Quinn entona con convicción y un dejo de desencanto esa letra, como un mantra. “Fists Of Fury” es una canción de mensaje claro, como tantos que logró entregar el artista en un concierto breve, pero implacable, como carta de presentación y para dejar en claro cómo Lollapalooza a veces es un caballo de Troya que, entre fenómenos y tendencias, entrega la posibilidad para que artistas que parecen imposibles de tener en el país sí puedan ser disfrutados. Pero volvamos casi una hora atrás.

14:30 hrs. Escenario Banco de Chile, uno de los principales de Lollapalooza Chile. No mucha gente. No más allá de un par de miles de asistentes, pero quizás los precisos mientras Gianluca hacía que al ritmo de “Sismo” saltaran muchos más en el pequeño espacio del Lotus Stage, o Monsieur Periné no respetaba el horario y se pasaba cinco minutos que más tarde serían claves en esta historia.

14:35 hrs. Sale Kamasi Washington con su banda, quizás pensando en las múltiples reflexiones que hace el saxofonista, con esos compañeros de ruta con quienes ha transitado desde los inicios. Sin más ademanes que saludos con las manos y una sonrisa afable, el combo se luce con “Street Fighter Mas”, el single más conocido y rotado de su último álbum, “Heaven & Earth” (2018), uno de los mejores trabajos del año pasado, que increíblemente está sonando en medio de stands de malls, bebidas, empresas de telecomunicaciones y más. Es un show de jazz siendo parte de un festival vilipendiado por ser “pensado para los millenials”. Sí, ese mismo evento está mostrando un artista de verdadera vanguardia, dejando maravillada a gente que no lo conocía y confirmando las sospechas de aquellos que sí lo hacían.

Más allá de horarios, luego de esa tensión inicial todo fluyó con la sencillez y sabiduría de Kamasi, quien sabe que cada persona que lo escucha tiene complejidades que le exigen dar todo de sí y entender cómo es que la música funciona. “The Rhythm Changes” exige a la cantante Patrice Quinn, quien opera como la presencia materializada de cómo se siente escuchar la música de Washington, con bailes exuberantes y muy sentidos, además de una voz potente con amplio rango, precisa en sus énfasis y energía, como cada miembro de la superbanda con la que gira Kamasi, incluyendo a Miles Mosley en el contrabajo, Ronald Bruner, Jr. y Tony Austin en las dos baterías, Brandon Coleman en teclados y Ryan Porter en el trombón. Precisamente para destacar cómo estos músicos no eran su banda, sino que sus compañeros, Kamasi presentó más tarde “The Psalmnist” como una composición de Ryan Porter, dejando en claro la forma en que la camaradería y unión es más poderosa que una genialidad a secas, en la soledad.

Ese mensaje de unidad y de comprensión es el que Kamasi dio para presentar “Truth”, con cinco melodías diferentes que se unen de forma precisa para dar con algo único y que resulta, como cada paso del show, el que cierra con la ya mencionada “Fists Of Fury”, que contiene esa misma ira que podíamos sentir al ver que Kamasi sólo tocó cinco de las seis canciones planificadas, porque el retraso de Monsieur Periné hacía imposible cumplir con lo proyectado, dejando la presentación en estrictos 52 minutos, con cinco temas y con calidad incalculable.

Se podría pensar en la rabia, pero, como el mismo artista dijo al hablar del poder de la comunidad negra y el momento en el que ya no se pide justicia, sino que se busca retribución, “cuando pienso en la ira, creo que hay una falta de autocontrol. La rabia lleva a los errores”. Por ello hay que quedarse con lo bueno, con la gente sonriente, con las caras de sorpresa y también con esa sensación de haber disfrutado de una excepción por parte de un maestro de la música contemporánea, como un lujo íntimo en medio de un megafestival, de esos que no se cuentan dos veces.

Setlist

  1. Street Fighter Mas
  2. The Rhythm Changes
  3. Truth
  4. The Psalmnist
  5. Fists Of Fury

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Boy Pablo: El otro lado del paraíso

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El mismo día en que se socializó la información de que Carabineros de Chile está disparando balines con plomo y casi nada de goma a chilenas y chilenos, entregando más datos para creer que se está viviendo un infierno en ciertos espacios del país, se configuró una especie de burbuja o paraíso en el subterráneo que es Club Blondie, como ha sido desde hace unas semanas, esta vez con la excusa del debut de Boy Pablo en el país de sus padres. Una cita muy esperada, con casi todos los tickets agotados con semanas de anticipación, y que demostraría como, a veces, la música y la comunión son un escape paradisíaco en medio de tanta miseria, dolor e injusticia.

La citación fue temprano, con mucha gente ingresando poco a poco desde las 19:30 hrs., repletando el tradicional recinto, con sonrisas y ánimo por doquier, algo demostrado por gritos como “el que no salta es paco”, “Piñera culiao” o “chúpalo Karol Dance” calentando las gargantas y las articulaciones porque, obvio, todo el mundo saltó: nadie quiere ser Carabinero hoy por hoy, menos cuando el ánimo es pasarlo bien. Al son de Vampire Weekend y otras bandas pop e indie dieron las 20:30 y la impaciencia se tomó el ambiente, la gente de adelante quedó aún más apretada, y el espíritu adolescente se esbozó más que nunca cuando 6 minutos más tarde comenzó a salir la agrupación, encabezada por el hype-man Eric Tryland, que además toca teclados, hace voces, mueve el pandero y contagia su sonrisa en cada compás. Pero si la reacción de la gente fue ruidosa con la banda, cuando Nicolas Pablo Muñoz apareció con su camiseta de la selección chilena en Francia ’98 (y con la ‘9’ de Zamorano, nada menos) la Blondie rugió, y desde ese momento, las sonrisas se tomarían el aire, el calor, la vibración y también los sonidos.

La banda jamás es diestra o compleja en su labor, ni tampoco el sonido es prístino, pero lo que lograba con su energía era infectar en el mejor de los sentidos a quienes repletaban la Blondie. “Yeah (Fantasizing)” puso los cuerpos a bailar, en tanto que “wtf” pegada con el hit “Feeling Lonely” y los pasitos a lo banda de cumbia bien coordinados imprimieron urgencia en los ritmos. Usualmente se compara a Boy Pablo con Mac DeMarco, pero las energías son muy diferentes: mientras Mac busca divertirse indulgentemente con sus compañeros, Nicolás Pablo trata de contagiar lo que a su banda de amigos le parece gracioso, y es eso lo que más ayuda a que el show jamás decaiga. Luego del mash-up preciso entre “ur phone” y “Roar” de Katy Perry, la banda muestra una canción completamente nueva, y en vez de lo típico, de bajar las energías por el desconocimiento, entre Eric y Pablo conectaron a la gente a “JD’s Song”, haciendo que luego en el karaoke colectivo de “Sick Feeling” se sintiera como que todo estaba fluyendo perfecto.

Aunque son jóvenes y adoran reírse, no por ello Boy Pablo desperdicia su capital más importante, que son las buenas canciones. Por ello, en vez de operar con la versión disco que estuvieron rotando en Europa y EE.UU., “Ready/Problems”, una de las composiciones más intensas de la agrupación, llegó en su versión más directa al escenario subterráneo de la Blondie. Aunque es el tema que cierra su primer EP “Roy Pablo” (2017), muestra de lleno las vibras que presenta la propuesta musical de Muñoz y los suyos. En vez de centrarse en ese indie lo-fi tan atractivo y sencillo de encapsular como hacen tantos, Boy Pablo bebe de otras vertientes, que se materializarían de la forma más inesperada ante el joven público en el encore, más ligadas a un pop clásico, setentero, más dramático y simple, que habla más del amor que de los amantes, más del sentimiento y qué se hace al respecto que de historias, y es en “Everytime”, el hit planetario, que este tipo de sonido permea a todo el resto de las ansias. Una versión de esa canción al estilo pop italiano ganaría San Remo, fácilmente.

El avance del show, la buena onda, y cuán fuerte la gente corea cada letra de las canciones, hace que se huelan las sonrisas, se olvide lo pésimo que se pasa a algunas cuadras más allá o el temor que dan en la noche los “pacos”, y lo que queda es bailar. Bailar mucho. Si en “Everytime” o “Sick Feeling” la sensación es de un tipo de pop más europeo, “Losing You” tiene un ritmo más latino, donde se notó también la solidez de Sigmund Vestrheim y de Henrik Åmdal en el bajo, además de la colaboración en timbales de Esteban, hermano de Pablo. La gente cantaba, bailaba, saltaba, y también seguía las instrucciones de Eric para hacer palmas o atinaba a prender las lámparas de los smartphones en canciones de mayor recogimiento como “Limitado”. Aunque a Pablo le encanta decir que le carga escribir letras, esa simpleza de las buenas frases explica en buena parte la efervescencia de la gente.

No se trata de un ambicioso músico, o de un sobredesarrollado producto, y eso genera reacciones genuinas que se acentuaron en “tkm”, quizás la canción más triste elaborada por el proyecto musical, y que también exhibe esa capacidad de ser una oda al pop más clásico, si incluso el coro tiene una melodía que podría estar presente en cualquier composición romántica latina. Pero no sólo es el amor o el desamor, porque en el show esta canción también se configuró como un punto de encuentro, emocional y físico, con espacio para respirar, también para sentir y cabecear un poco antes del “la la la lá” final, transitando hacia el final del set principal, casi una hora después del inicio, ante un público que no quería irse, y que nuevamente volvía a la lógica movilizada.

Tras un par de minutos, la banda volvió, y Pablo quería hablar, pero antes la gente cantó “Pablito escucha, en Chile se tortura” y “Piñera conchetumare”, tras lo cual el artista dijo que “apoyo a la justicia y que escuchen al pueblo”, dando paso a que el público entonara “el pueblo unido”. Tras intentos de que escucharan a Pablo, él explicó cómo sus padres le legaron mucha música que luego sería parte importante de lo que es como compositor hoy, y he ahí que música como la de la Nueva Ola le pegó, tras lo cual presentó un cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors. Ahí se mostró parte importante del ADN de Pablo como compositor, y otro lado estuvo con otro cover, el más conocido “50 Souls And A Discobowl” de The Lionheart Brothers, justo antes de la catarsis final en este paraíso improbable pero real que formó en la tarde del 16 de noviembre con “Dance, Baby!”.

Más allá del show con sacarse la polera, el maravilloso solo final en keytard de Eric o lo movida de la canción, lo primordial fue notar cómo un proyecto de amigos se volvió una banda sólida, competente, divertida y contagiosamente viva. En 75 minutos, el debut de Boy Pablo fue un verdadero escape a los balines rellenos de plomo que sacan ojos, configurando bajo tierra, donde se supone que debiera estar el infierno, otro espacio celestial, mediante música de esa que mueve las entrañas y las decenas de músculos que se necesitan para sonreír como estúpidos, porque sí, incluso en los tiempos más oscuros se necesitan instantes de felicidad, y qué alegría cuando eso lo traen artistas transparentes y genuinos mediante música pegajosa y llena de intrigas divertidas que se cierran y devuelven a la lucha cuando el propio Pablo cantó el mantra de estas semanas: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Setlist

  1. Yeah (Fantasizing)
  2. wtf
  3. Feeling Lonely
  4. ur phone / Roar (original de Katy Perry)
  5. JD’s Song
  6. Sick Feeling
  7. Ready/Problems
  8. Limitado
  9. Beach House
  10. Never Cared
  11. Everytime
  12. Losing You
  13. tkm
  14. Al Pasar Esa Edad (original de Red Juniors)
  15. 50 Souls And A Discobowl (original de The Lionheart Brothers)
  16. Dance, Baby!

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