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Lollapalooza Chile 2019: Caetano, Moreno, Zeca & Tom Veloso

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Cuando se supo que Caetano Veloso vendría a la novena edición de Lollapalooza Chile, parecía una mala idea en el contexto de audiencias que convoca un festival como este, aún más cuando se notaba que venía con el precioso proyecto que tiene con sus hijos Moreno, Zeca y Tom, donde interpretan canciones desde lo acústico más puro. Sin embargo, la apuesta arriesgadísima en la jornada inicial del festival en el escenario Lotus en el Parque O’Higgins resultó, y con creces.

Es que no siempre toca ver a una leyenda en acción de la forma más transparente de todas: rodeado de su familia. En esta aventura, Veloso se acompaña de sus hijos, siendo Zeca el único que no había tocado con su padre en Chile, y fue en esta aventura extraña pero maravillosa, traer el espectáculo que los cuatro registraron en el disco “Ofertório” (2018) y que entrega matices más cálidos a muchísimas canciones de los Veloso, algo que necesitaba del compromiso de un público que debía escuchar más que hacerse escuchar, lo que efectivamente ocurrió en los 67 minutos de show ofrecidos por el cuarteto, donde hicieron la no despreciable cantidad de 19 canciones, incluyendo clásicos y también tracks más escondidos de las carreras de cada uno.

El show partió puntual a las 19:00 hrs., con cinco sillas dispuestas, y los cuatro siempre presentes. “Baby”, escrita por Caetano para Gal Costa, fue la primera canción en aparecer. Luego, la preciosa “O Seu Amor” y la alegre “Boas Vindas” fueron el preámbulo preciso para “Todo Homem”, donde Zeca se tomó el micrófono con una interpretación impactante, algo que sería la tónica de la noche. No se trata de “Caetano & hijos”, sino que cada uno tiene su carrera y sus talentos muy bien mostrados en este espectáculo. Si Zeca dejaba con la boca abierta con sus tonos agudos, que nuevamente aparecerían en “Alguém Cantando”, lo mismo pasaría con “O Leãozinho” hecha por Moreno (presentándola como “no entiendo por qué mi padre me dice que cante su canción cuando él está aquí mismo”) o el baile de Tom a pies descalzos, o también Moreno bailando con su padre. Puras postales que muestran cómo, desde cinco sillas y un sonido acústico con claridad extrema, se puede montar un espectáculo de alto rango emocional.

Caetano sabe que este show es una muestra de cómo ama a sus hijos, e incluso lo muestra con una pequeña improvisación en honor a Moreno. Cuenta historias, habla de las madres de los chicos, dice cuál tema le dedicó a cuál de los tres, y así van pasando composiciones bellísimas, como “Trem Das Cores” u “Oração Du Tempo”, como también una canción “religiosa” que Caetano le escribió a su madre cuando esta cumplió 90 años, “Ofertório”, justo antes de “Reconvexo” y “O Leãozinho”. La imagen detenida que cambia de combinaciones cromáticas en la pantalla detrás del cuarteto no es al azar: es un cordel con un nudo frente a un sol brillando. Este era un espectáculo, pero también una muestra de la unión familiar y cuán importante es para poder valorar la propia obra. Caetano sabe que este show es una muestra de cómo ama a sus hijos.

Moreno debe ser quien más se pudo notar, desde su habilidad para apoyar con maestría en las segundas voces a su padre, hasta cómo hacía sonar lijas, un plato y un pandero como elementos dignos de un carnaval. Además, era el otro que podía comunicarse en español fluido, lo que le permitió ser el cómplice de Caetano en esas salidas de libreto tan características. El cierre entre “Força Estranha” y “How Beautiful Could A Being Be” mezcló cuán fácil es corear las canciones de Caetano en la primera, y cuán sencillo es entusiasmarse con el baile, como pasa con la segunda, donde los artistas fueron los primeros en salirse de esquemas, con Moreno bailando sabrosamente, incluso moviendo su trasero con sensualidad y gracia, para luego tener de cómplice a su padre, que a sus 76 años aún continúa sonriendo como un muchacho de 16, y bailando hasta que el cuerpo no dé, siendo algo tan hermoso como risible porque es una conexión linda y ridícula, inexplicable, como son las mejores.

Aunque se haya pasado unos minutos del tiempo que le habían entregado, el cuarteto recorrió prácticamente todas las facetas que es capaz de ofertar, en uno de esos espectáculos que muestran cómo a veces hay que tener fe en el público, porque incluso en el espacio (que muchos, erradamente, consideran el) más centennial de la música en Chile, existe chance de sorprenderse con la belleza de las relaciones humanas y los sentimientos hechos canción. Es esa “Força Estranha” que mueve todo lo que hacemos y que a veces permite que el respeto a un grande de la música de nuestro continente, convierta algo excelente en una ocasión, quizás, irrepetible.

Setlist

  1. Baby (original de Gal Costa)
  2. O Seu Amor (original de Doces Bárbaros)
  3. Boas Vindas
  4. Todo Homem
  5. Genipapo Absoluto
  6. Um Passo A Frente (original de Moreno + 2)
  7. A Tua Presença Morena
  8. Trem Das Cores
  9. Alexandrino
  10. Oração Du Tempo
  11. Alguém Cantando
  12. Ofertório
  13. Reconvexo
  14. O Leãozinho Moreno
  15. Ela E Eu (original de Maria Bethânia)
  16. Eu Não Me Arrependo
  17. Um Canto de Afoxé Para O Bloco De Ilê
  18. Força Estranha
  19. How Beautiful Could A Being Be

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Primordial: Equilibrando la humildad y la ambición

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Primordial

Cuando pensamos en el sonido del black metal, siempre surge la idea de algo muy ligado a estructuras convencionales, o también ese estilo del metal que no va en el carril de lo tradicional, quizás llegando a otros segmentos. Por ello siempre es interesante cuando hay una mezcla de elementos para dar con algo nuevo, que es lo que pudimos ver a lo largo de una jornada con mucho de épico en la noche del domingo 21, en el Club Rock & Guitarras.

A las 19:54 horas, un poco antes de lo informado, Sol Sistere se subió al escenario e hizo valer su tiempo en oro, mostrando que desde una estructura black metal también llegan al heavy y al doom con facilidad, pese a que el sonido en la primera canción convertía todo en una masa sin mayores claridades. Desde el segundo tema se arregló esto, lo que afectaba muchísimo a la batería de Pablo Vera, y ya en “Death Knell” se veía cómo la potencia y el control eran uno en la ejecución de la banda. Sol Sistere quizás peca de tener entonaciones un poco cliché sin una épica detrás, pero en lo que importa, en las canciones, tiene todo el terreno ganado, y sólo se puede esperar más y más de una propuesta compleja e intrigante como la del quinteto, que a las 20:30 horas se bajaba del escenario para dejar en ascuas a un público que iba repletando poco a poco el pequeño local de Ñuñoa.

Lo anterior es clave, porque algo importante dentro del metal como es el debut de una agrupación de casi 30 años de carrera parece algo un poco menor. Al final, lo que genera algo único es la reacción de los fans y la impactante primera impresión que puede dejar una banda, y esto es precisamente lo que logró Primordial en dos horas llenas de intensidad, de mirarse a los ojos, de levantar puños y hacer headbanging.

El quinteto se subió poco a poco al escenario, siendo Alan Averill el último en hacerlo, y el vocalista y mente creativa principal del conjunto sin duda que era el que llevaría la batuta del show. Pintado y con una capucha al más puro estilo del Undertaker, Averill inmediatamente buscaba reacciones de un público que despertó con el anuncio de la primera canción, “Where Greater Men Have Fallen”, que de inmediato marcaba el pulso de lo que sería la jornada. La invitación no sólo era a disfrutar un show, sino también de la épica que le imprimía Alan a cada entonación, a cada mirada a la gente. El carisma del frontman es una extrañeza para un género que se caracteriza por el ostracismo y el dominio de lo instrumental, y es que tal vez el camino de Primordial ha generado algo diferente.

En vez de caer en los clichés del black metal, Primordial ha ido mezclando y armando cosas nuevas en cada disco que sacan, y es esa ambición por expandir sus dominios cada vez más lo que ha generado que tengan uno de los sonidos más únicos en todo el metal, sin referencias a una o dos cosas, sino que miles a la vez, desde el folk hasta lo sinfónico, pasando por doom o hasta detalles más pastorales. También desde ahí viene el imaginario donde se cruzan dioses, verdugos, entierros e imperios en llamas, siempre con el punto de vista del oprimido como algo relevante. Averill se pone una soga con el típico nudo del colgado en “Gallows Hymn”, reclama solemnidad luego de una introducción casi histórica en “To Hell Or The Hangman” y juega con la camiseta retro de la selección Irlandesa de fútbol pre Mundial del ’94 (una verdadera rareza) que alguien tiene en el público. Todo es parte de una historia más grande que la de las canciones mismas, las que se suceden en su extensión mayor, incluyendo sorpresas más allá de lo que dice el setlist, como “Babel’s Tower” luego de la intensa y cruda “Nails Their Tongues”.

En materia de sonido, Primordial estuvo preciso en cada momento, pese a que a veces se perdía la distancia entre uno y otro instrumento, algo atribuible más a la amplificación del local que a descoordinaciones de la banda, pero eso jamás fue impedimento para lograr ser parte de algo impactante, uno de esos shows que demuestran cómo es que el metal es un campo de cultivo para la innovación, en especial cuando la intención y la ambición juegan. Algo sorprendente era que, pese al aspecto intimidante de Alan y a la precisión de los irlandeses para tocar las canciones, la cercanía (quizás impulsada por lo cerca que está la gente de la banda en el escenario de R&G) siempre fue algo presente, y quizás tiene que ver con esta dinámica de “no nos vencerán” que caracteriza a los de Irlanda del Norte, con esa identidad tan precarizada por los factores políticos, con lo que la afirmación propia termina siendo campo de batalla diario. Y por ello es que se piensa que los imperios deben caer (“As Rome Burns”, “Empire Falls”) porque, aunque la historia la escriban los vencedores, no por ello los vencidos no pueden caer cantando.

Más sorpresas había con “Autumn’s Ablaze” o con “Sons Of The Morrigan”, adiciones al setlist basadas únicamente en que era la primera vez de Primordial en Chile, lo que habla también de una agrupación dispuesta a hacer concesiones, a dar más de lo que se pudo haber planificado. He ahí el gran valor de un show como el de esa noche: se puede ver una banda ambiciosa en lo musical, en un gran momento creativo, con la sencillez necesaria para entender cómo se trasciende en verdad. Con esto, cuando la banda se manda el doblete final con “The Coffin Ships” y “Empire Falls”, en verdad entienden que no pueden bajarse así como así del escenario, y es ahí cuando sacan una última sorpresa, agregando de la nada “Heathen Tribes”.

Flexibles, cercanos, excelentes en la ejecución e interpretación, lo de Primordial en su debut en Chile fue de calidad implacable y de humanidad conmovedora, en dos horas de concierto que dejan en claro cómo existen aún miles de chances de innovar en el sonido, generando conexiones únicas en el escenario.

Setlist

  1. Where Greater Men Have Fallen
  2. Gods To The Godless
  3. Gallows Hymn
  4. Nails Their Tongues
  5. Babel’s Tower
  6. To Hell Or The Hangman
  7. No Grave Is Deep Enough
  8. As Rome Burns
  9. Autumn’s Ablaze
  10. Bloodied Yet Unbowed
  11. Sons Of The Morrigan
  12. The Coffin Ships
  13. Empire Falls
  14. Heathen Tribes

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