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Lollapalooza Chile 2018: Volbeat

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Nunca hay que pasar por alto el valor de las guitarras pesadas en Lollapalooza, sobre todo si estas gozan de tanto estilo y potencia como es el caso de Volbeat. La pluralidad del evento permite que actos como estos no se vean fuera de lugar; y es que los daneses manejan al pie de la letra el manual de estilo para crear canciones gancheras, lo que puede ser perfecto para ganar adeptos entre los más curiosos que pululan por los distintos escenarios del festival. En ese contexto, la propuesta de Volbeat se ajusta perfectamente al espíritu: metal para las masas.

La polvareda que se desató apenas empezó “The Devil’s Bleeding Crown” ya prometía que esto iba a ser de alto octanaje. Sin importar el calor abrazante de la jornada, los asistentes no decayeron en ningún momento y se entregaron a la tríada compuesta por “Heaven Nor Hell”, “A Warrior’s Call” y “I Only Wanna Be With You” cantando a todo pulmón y poniendo los puños en alto, como si se tratara del ejército más poderoso del mundo.

La emoción de “Lola Montez”, vitoreada a rabiar por el público, sumada al vértigo de “16 Dollars”, en la que el vocalista Michael Poulsen invitó a las damas presentes a subirse a los hombros de sus acompañantes, y a la dualidad countrypunk de “Sad Man’s Tongue”, con el guiño respectivo al hombre de negro, hablaron de una banda que manejó su catálogo pensando en un público de festival, mostrando sus distintas facetas y explicitando una clara visión de lo que tienen para entregarle al público, con referentes que saltan a la vista claramente, pero que no opacan el resultado de una propuesta por momentos bastante ecléctica, ya que pasa sin problemas desde el country y el rockabilly hasta el metal de corte más extremo, como se pudo apreciar en los riffs machacadores de “Slaytan”.

Dead But Rising”, “Seal The Deal” y “For Evigt” sumaron más potencia a una actuación que no decayó en ningún momento y que evidenció la pasión que los propios Michael Poulsen, Jon Larsen, Kaspar Boye Larsen y Rob Caggiano sienten por el género, con una ejecución perfecta de cada uno de sus instrumentos recorriendo el escenario en todo momento y cambiándose de micrófono para cantar en distintas partes de este, lo que no sólo es una muestra de dominio escénico, sino que también es una señal de confianza entre compañeros de ruta, sinergia que también se hizo tangible cuando Boye Larsen, Caggiano y Poulsen cantaron a coro. Se nota que sus canciones están hechas para pasarlo bien y esa chispa no se perdió en ningún momento.

El final con “Black Rose” y “Still Counting” cerró una hora de concierto en que los daneses lo dieron todo sobre la tarima del Acer Stage, gesto que sus fanáticos supieron reconocer entregándose de lleno a la experiencia proporcionada por una banda que, a final de cuentas, logra mezclar elementos que la hacen ser transversal por donde se le mire, lejos de ser una propuesta de nicho, como muchas veces se le acusa a agrupaciones de esta índole. Por el contrario, Volbeat es tan versátil, que logra caer de pie tanto en Lollapalooza como en cualquier festival de metal del mundo, lo que prueba que nunca hay que perder de vista las sorpresas que pueden dejar los sonidos más afilados. De hecho, la historia de las bandas de ese corte en el festival siempre ha dejado una buena sensación y esta vez no fue la excepción.

Setlist

  1. Devil’s Bleeding Crown
  2. Heaven Nor Hell
  3. A Warrior’s Call
  4. I Only Wanna Be With You
  5. Lola Montez
  6. 16 Dollars
  7. Sad Man’s Tongue
  8. Slaytan
  9. Dead But Rising
  10. Seal The Deal
  11. For Evigt
  12. Black Rose
  13. Still Counting

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Howard Jones & Saiko: Masterizando legados

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Howard Jones

El riesgo para un proyecto musical con trayectoria está en perder calidad, potencia o la capacidad de mantener a flote las ansias creativas, enfrentando los éxitos pretéritos sin ponerlos como tabla de salvación, sino como un recuerdo bello y conmemorable. Por ello es refrescante ver bandas o artistas con décadas de trayectoria que siguen sacando buen material nuevo, evitando mirar tan atrás como para llegar a chocar, y así no sólo dejar a su público feliz, sino también a nuevos entusiastas. Esto es lo que unía en la noche de celebración del Aniversario 26 de Club Blondie a Saiko y Howard Jones, con backgrounds muy distintos: mientras la banda nacional ha tocado muchísimo en ese recinto y ha hecho del espacio subterráneo parte importante de su historia, el músico británico debutaba en Chile en ese, probablemente el lugar donde más ha sonado su música y que parecía perfecto para abordar tal debut.

Saiko salió primero a escena, pasadas las 21:15 hrs., con dos novedades: la más evidente era el debut en la batería de Mauricio Clavería, histórico baterista de La Ley y también de Diacero, donde comparte créditos con el bajista Luciano Rojas, nexo que ayudó a su integración a Saiko, marcando el primer momento con una intro tipo remix de “La Fábula”, donde Clavería mostró de inmediato esa potencia y urgencia, llena de recursos estéticos, que calzan con el perfil de Saiko. La segunda novedad fue la integración como guitarrista del productor y arreglista Martín D’Alesio, quien, tal vez no tan evidente, también es otro salto de calidad para una banda que en Rojas y Denisse Malebrán ya tiene un tótem absoluto. Y, además, están las canciones.

El inicio era arrollador con “Las Horas”, cuya letra tan poética como clara calza perfecto en una semana de recogimiento, como ocurre cada 11 de septiembre. La propia Denisse decía al final “nadie está olvidado”, quizás ante la gente que no agarra esa referencia como algo absolutamente coherente a la canción y su triste historia contada. Amados y amantes que también se encuentran en “Amor Que No Es” o en “Happy Hour”, tracks clásicos de los primeros discos del conjunto, que la gente coreó y disfrutó, con un sonido que no parece querer envejecer, pese a que van casi veinte años desde la salida de esos singles. He ahí la importancia de “remasterizar” la propia pega, no hacerla siempre igual, porque el diablo está en los detalles y el infierno puede estar al alcance de la mano cuando el piloto automático se enciende.

Una vibrante versión de “Estrechez De Corazón” y “Azar” terminaban con un tren de canciones más antiguas para dar espacio a otras que no por no ser longevas tienen menos arrastre. “Es Tan Lógico”, “Fluvial”, “Arder El Cielo” y “Viaje Estelar” hablan de una época de apariencia más calma en lo musical, pero de intensidad en lo emocional; de un pop potente, de excelencia, como siempre lo intentan generar, y en el escenario esto gana en credibilidad, aunque da la impresión de que con los nuevos integrantes y este énfasis, Saiko perfectamente puede elevar su sonido a los umbrales de un arena rock, porque la capacidad está, y con Clavería y Rojas como la base rítmica, y Malebrán con D’Alesio en lo melódico, perfectamente eso es posible.

Cuando Miro En Tus Ojos” iniciaba el trecho final, con puros golazos, que continuarían con “Limito Con El Sol”, luego con la upbeat “Debilidad”, y finalizando con un bis en “Lo Que Mereces”, en una hora de calidad y de conexión con su propia historia, esa que Saiko se ha encargado de tener bien a salvo, evitando la nostalgia excesiva. Esto mismo es lo que ha hecho Howard Jones, quien desde ser un maestro de los sintetizadores en los 80, ha comprendido cómo la música muta. A las 22:48 se subió al escenario de la Blondie, que estaba casi llena, para demostrarlo.

Tímidamente en el piano, Jones hizo una versión calma de “Hide And Seek” para luego sumar a Robbie Bronnimann, productor electrónico con el que Howard logró configurar el sonido que le quitaba el sueño y que se convirtió en el muy buen disco “Transform” (2018), una evolución lógica, pero llena de arrojo del pionero del synth-pop. Algo notorio en la canción que le da nombre al álbum o en “Take Us Higher”, pero también en el track del recuerdo, como la excelente “Equality” que, con un Howard colgándose la keytar, ganaba en potencia no sólo por la canción o los sintetizadores, sino en la re-producción esbozada por Bronnimann, que transformaba una canción de 1984 en el discazo “Human’s Lib” en algo que 35 años después puede sonar como si hubiera salido ayer.

Luego de otro momento en el piano de Howard con “No One Is To Blame”, seguía el frenesí electro-pop con “Beating Mr. Neg” o la excelente versión de “Everlasting Love”, que incluso se permitía entrecruzar con la línea melódica de “Twist And Shout” de The Beatles como si fueran canciones hermanas. Esa es la maestría de Howard Jones, quien, pese a no alcanzar una potencia vocal gigante, igualmente puede llegar a notas precisas, algo que no perdía de vista su micrófono a lo Chayanne, lo que también hizo que su gestualidad fuera muy particular, con atisbos de lo que había hecho hace un par de años David Byrne, por ejemplo.

El momento más bailable (y que también recordó un tanto al “Blue Monday” de New Order) fue “The Human Touch”, una vibrante construcción sonora que también tenía en las pantallas atisbos de Pet Shop Boys o de The Chemical Brothers, pero acercado de una forma única por la capacidad gestual de Howard Jones, quien a sus 64 años es capaz de entregar intensidad corporal cuando las canciones lo requieren. Esa canción donde se critica la posibilidad de reemplazar el “toque humano” por reacciones y acciones automatizadas, casi de máquinas, era a la vez algo completamente vital. En la máquina se ve el catalizador de un orgullo de ser humanos, de vivir los momentos con plena consciencia y querer hacerlos parte de un todo. Es eso que pone a la gente a bailar, pero además a darse cuenta del momento que se vive. Por ello, calzaba perfecto que luego Howard se sentara en el piano nuevamente para (cambiándole la letra un poco) hacer una versión 2.0 de “Life In One Day”, comprendiendo cómo ahora los días son más rápidos, urgentes, precisos, erróneos e inabarcables, como también lo expresa “Tin Man Song”.

El tramo final, que partía con “The One To Love You”, era de mayor repercusión con clásicos como “What Is Love?”, canción implacable y atemporal, para luego dar con el karaoke colectivo de “New Song”, justo para un pequeño bis que culminaría todo en “Things Can Only Get Better”. Y sí, es cierto, todo podrá estar mejor, en especial cuando vemos en figuras como Howard Jones las respuestas o, al menos, los ejemplos a seguir. En vez de caer en la espiral de la nostalgia vacía, una pequeña reinvención de lo propio es buena y no sólo hace lucir mejor todo, sino que también entrega más armas para la creatividad y, así, extender los legados mucho más allá, como se pudo ver en una noche brillante de artistas que siguen avanzando, hacia adelante, en una Blondie donde sonidos así no perecen, sino que se iluminan entre bolas disco y pasos de baile eternos.

Setlist Saiko

  1. Intro La Fábula
  2. Las Horas
  3. Amor Que No Es
  4. Happy Hour
  5. Estrechez De Corazón (original de Los Prisioneros)
  6. Azar
  7. Es Tan Lógico
  8. Fluvial
  9. Arder El Cielo
  10. Viaje Estelar
  11. Cuando Miro En Tus Ojos
  12. Limito Con El Sol
  13. Debilidad
  14. Lo Que Mereces

Setlist Howard Jones

  1. Hide And Seek
  2. Transform
  3. Take Us Higher
  4. Equality
  5. No One Is To Blame
  6. Beating Mr. Neg
  7. Everlasting Love
  8. Hero In Your Eyes
  9. The Human Touch
  10. Life In One Day 2.0
  11. Like To Get To Know You Well
  12. Tin Man Song
  13. The One To Love You
  14. What Is Love?
  15. New Song
  16. Things Can Only Get Better

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