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Lollapalooza Chile 2017: The Weeknd

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Lollapalooza plantea una vitrina súper amplia en cuanto a estilos musicales. Es cada vez más común verlo como un festival ligado netamente al pop y la música que la está rompiendo en los rankings actualmente, producto de lo cual hemos tenido cuanto DJ pega en la radio o cuanta banda con un par de éxitos sonando en todos lados durante estos años. Bajo esa premisa, The Weeknd llegaba como uno de los headliners de esta séptima edición, con un excelente álbum como “Starboy” (2016) a sus espaldas y todos los elogios posibles en torno a su trabajo musical, el que se tomó el Itaú Stage como el broche de oro para ese escenario durante la jornada del domingo.

El público, en su mayoría femenino, esperaba impaciente hasta que comenzó el show y se desató la locura gracias al tremendo par de canciones que sonaron: “Starboy” y “False Alarm”, ambas de su último trabajo discográfico, el que evidentemente se llevó la mayor parte del setlist. Con una correcta banda de apoyo, el canadiense logró llevar lo mejor de su sonido a la experiencia en vivo. En tiempos donde la mayoría de los éxitos radiales son realizados íntegramente en un programa de edición, se agradece la sinceridad de un artista que intenta renovar y darle una visión diferente al R&B y el hip hop, suavizándolo y llevándolo a un estado más puro y calmo. El que para muchos es su mejor trabajo, “Beauty Behind The Madness” (2015), también se hizo presente en una parte considerable del show, con tracks como “Often”, “Acquainted” o “In The Night”, perfectos para los seguidores más acérrimos del artista.

Uno de los momentos más profundos de la presentación se vivió en “Earned It”, canción de la película “Fifty Shades Of Grey” que le valió una nominación a los premios Oscar en 2015 gracias a la tremenda calidad con que cuenta esta composición, consistente y matizada, muy por el contrario de la olvidable cinta. “Ordinary Life” fue seguida de un pequeño guiño a Lana Del Rey con “Stargirl Interlude”, mostrando luego un poco de hip hop en “Six Feet Under” y un recuerdo a algunas de sus colaboraciones con el medley compuesto por “Low Life” y “Might Not”, trabajos que realizó con Future y Belly, respectivamente.

Gracias a “The Morning”, parte de su primer mixtapeHouse Of Balloons” (2011), regresamos a los inicios del músico para luego desatar una verdadera vorágine de punteos en la guitarra, que junto a la impecable batería repasaron “Sidewalks”, la canción que The Weeknd realizó con el gigante Kendrick Lamar en “Starboy”. Luego de un repaso a “Secrets”, llegó la canción más esperada de la noche: “Can’t Feel My Face”, el éxito más importante del canadiense, y que fue coreado por la totalidad del público que presenció su show; ya fueran fanáticos o simples curiosos, nadie estaba ajeno a este tremendo hit extraído de “Beauty Behind Madness”. Como no podía ser de otra manera, “The Hills” remató la presentación de The Weeknd en lo alto, con el músico despidiéndose rápidamente y prometiendo regresar pronto a nuestro país.

A pesar de las constantes críticas que pueda recibir el pop, especialmente en Lollapalooza Chile, urge destacar que tuvimos la fortuna de ver a un tremendo artista en el mejor de sus momentos. The Weeknd se encuentra en todos lados, colaborando con los entes más relevantes dentro de su estilo y consolidando una carrera que se formó a pulso, con mérito propio y sin la ayuda de una gigante empresa discográfica. A principios de la década, The Weeknd ponía sus composiciones bajo descarga gratuita para darse a conocer; hoy, años después, su música se encuentra sonando en todos lados. Existe una diferencia muy distinta entre ponerse a cantar sobre una pista musical y contar con una consistente banda de soporte, brecha que The Weeknd pudo demostrar gracias a su show, porque el pop de masas sí puede ser interpretado omitiendo el excesivo uso de bases. Si las inevitables comparaciones con Michael Jackson o Justin Timberlake están justificadas, sólo queda paciencia, porque ya estamos viendo nacer a los íconos musicales de los que hablaremos en varios años más.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Starboy
  2. False Alarm
  3. Glass Table Girls
  4. Party Monster
  5. Reminder
  6. Often
  7. Acquainted
  8. Rockin’
  9. In The Night
  10. Earned It
  11. Wicked Games
  12. Ordinary Life / Stargirl Interlude
  13. Six Feet Under
  14. Low Life / Might Not
  15. The Morning
  16. Sidewalks
  17. Secrets / Can’t Feel My Face
  18. I Feel It Coming
  19. The Hills

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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