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Lollapalooza Chile 2017: The Strokes

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Dos días llenos de música y momentos para atesorar llegaban a su fin, y el VTR Stage se repletaba de gente para concluir Lollapalooza Chile 2017 junto a The Strokes, una de las bandas más esperadas por la fanaticada local, que tuvo que ver pasar casi 12 años para que el quinteto regresara a nuestro país. Luego del show que entregó The Weeknd en el Itaú Stage comenzó un éxodo de gente hacia el escenario vecino, produciendo un amplio marco de público para ver a Julian Casablancas y compañía. Un retraso de alrededor de 20 minutos fue amenizado con cánticos por parte de la impaciente audiencia, quienes aguantaban las energías para disfrutar cada canción del show. Esta instancia era la última parada del tour sudamericano que los tuvo en el Festival Estéreo Picnic de Colombia, además de las ediciones brasileña y argentina de Lollapalooza. El comentario general entre el público era de incertidumbre, frases como “no son tan buenos en vivo”, “ojalá este huevón no se suba a cantar drogado”, entre otras palabras de duda, se escuchaban a la espera de la presentación.

Un grito ensordecedor recibió a cinco sombras que tomaban sus instrumentos, lanzándose con “The Modern Age” como canción de apertura y el desconcierto entre el público era general. La guitarra se iba a ratos, la voz de Casablancas no se escuchaba en lo absoluto y todos temían estar viendo lo que menos querían: un desastre. Apenas terminó la canción, el público se hizo notar gritando a toda voz “¡no se escucha, no se escucha, no se escucha!”, hecho que llamó la atención de la banda, quienes procedieron a interpretar “Soma” como si nada pasara. Pero algo andaba mal y recién ellos se empezaban a dar cuenta, por lo que Casablancas y el guitarrista Albert Hammond Jr. hicieron gestos al resto para cortar la canción, dando paso a los técnicos que comenzaron a revisar qué sucedía. Luego de solucionar los desperfectos ocurrió algo más inédito aún en la historia del festival: la banda decidió partir el show desde cero, volviendo a interpretar “The Modern Age”, además de “Soma”, ahora sí en su totalidad.

De ahí en adelante, las cosas cambiaron para mejor, ya que The Strokes comenzó a dar un show con lo mejor de sus éxitos. Canciones como “Someday”, “12:51” y “Reptilia” hacían cantar a los eufóricos fanáticos que lo entregaron todo. Coros cantados a todo pulmón, saltos, gritos, y un mar de gente sudando cada segundo de la presentación. The Strokes se echó el público al bolsillo con apenas unos minutos en el escenario, deleitando a una fanaticada que gritaba por cada uno de los miembros, incluyendo al bajista Nikolai Fraiture y el guitarrista Nick Valensi, ambos de más bajo perfil. Caso aparte para Fabrizio Moretti, que casi ni se vio detrás de su batería. El sonido de The Strokes siempre se ha forjado en la distorsión que profesa el garage, por lo que la pulcritud nunca será de las mejores a la hora de verlos en vivo. “New York City Cops” demostró eso, sonando demoledoramente ruidosa, transportando a todo el mundo hasta 2001, tiempos donde revolucionaron al mundo con el aclamado “Is This It”.

Pese a todos los problemas existentes, nada pudo opacar la presentación, ni siquiera el dudoso estado en que se encontraba el frontman, quien se tambaleaba constantemente a la espera de que sus compañeros iniciaran una canción. Ya hacia el final, un trío perfecto compuesto por “Electricityscape”, “Barely Legal” y “Last Nite” puso las cosas en su punto más alto, cerrando un show que pasó tan rápido como un suspiro. La gente pedía más y, luego de unos minutos, la banda regresó para una última tanda de canciones, con “Heart In A Cage” irrumpiendo sin previo aviso. El sueño llegaba a su fin, a pesar de que nadie quería que eso ocurriera; “Hard To Explain” demostró esa desolación que evidencia en su desgarrada interpretación, mientras que “You Only Live Once” siguió recordándole a todos los mejores años escuchando al quinteto. Como si se tratara de un manifiesto, “Take It Or Leave It” puso punto final a una presentación que, con evidentes ripios, demostró una honestidad propia de la banda. El show fue algo que se puede tomar o dejar; The Strokes es aquello que se acaba de presenciar, nada más, ni nada menos.

Más allá de todo comentario, The Strokes salió al paso con un show de antología. Es innecesario hacer críticas a un sonido e interpretación que siempre ha sido igual; no estamos frente a una banda que se caracterice por ser perfectos en el escenario, pero sí por una actitud a prueba de todo. Con hits pegajosos y una carrera que ya alcanzará los 20 años, la banda vino a demostrar su deseo de mantenerse con vida. La energía puede no ser la de antes, el tiempo pasa y nos vamos poniendo más viejos, pero el legado siempre perdurará, con un catálogo que los transformó en estandartes del indie, y que durante la noche del domingo demostró su vigencia en el escenario más difícil de todos. No siempre se puede cautivar a todo un festival, pero The Strokes logró acallar las críticas que los ponían como el acto más bajo de cara a esta séptima versión de Lollapalooza Chile. Atrás quedó el trago amargo de la desastrosa presentación de Casablancas como solista en 2014, atrás quedó el correcto show de Albert Hammond Jr. en 2016, ahora lo que más se recordará fue la noche en que los Strokes regresaron a Chile, demostrando que aún pueden seguir defendiendo todas esas canciones que los hicieron triunfar hace más de una década.

Fue así como concluyó una nueva versión de Lollapalooza Chile, una edición que fue un tanto desprestigiada y vapuleada desde el anuncio de su line up, pero que con su realización logró superar todas las expectativas en torno a su cartel. Shows como el de MetallicaThe Weeknd, Duran Duran o The Strokes demostraron que en la música hay de todo, distintos sonidos, distintos estilos y diferentes formas de entregarla. Lo que sí, hay algo que la gran mayoría pudo compartir: calidad. Basta de las guerras entre un estilo y otro, basta del desmerecimiento hacia los fans de una banda que no es de nuestro agrado. La música es sagrada, es un lenguaje universal que logra reunir a las personas, no es necesario ensuciarla con discusiones y argumentos absurdos. Lollapalooza siempre será una celebración a la música, sea el estilo que sea, y eso se ratificó en esta séptima edición.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. The Modern Age (x2)
  2. Soma
  3. Drag Queen
  4. Someday
  5. 12:51
  6. Reptilia
  7. Is This It
  8. Threat Of Joy
  9. Automatic Stop
  10. Trying Your Luck
  11. New York City Cops
  12. Electricityscape
  13. Barely Legal
  14. Last Nite
  15. Heart In A Cage
  16. Hard To Explain
  17. You Only Live Once
  18. Take It Or Leave It

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Miguel

    04-Abr-2017 en 9:15 am

    Muy buen análisis y mensaje al final, se agradece!

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En Vivo

Erykah Badu: Fuerza Magnética

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Erykah Badu

En la física se habla de la fuerza magnética cuando se mide el movimiento de partículas cargadas y la distribución de cargas en este movimiento, es decir, el acto de moverse es clave para tener esa atracción que tantas veces hemos visto actuar, casi como magia. Pero no se trata de magia, o de mera ciencia, sino que de un impulso previo, poderoso, ese que recuerda que la energía no se crea ni se destruye, sino que se transforma. A algo así apuntaba Erykah Badu en medio de su show con el cual debutó en nuestro país, ante un Movistar Arena dispuesto a la mitad y que congregó a alrededor de cuatro mil personas, las que terminaron cayendo ante el magnetismo de una figura que impulsa ese acto de moverse y también de hacerlo con una carga especial.

Como cada show en medio del estallido social más importante de Chile en décadas, el espectáculo no pudo quedar incólume frente a la contingencia, y por ello, como informó alguien de la producción a las 21:15 horas, Erykah tuvo un retraso con los tacos que se produjeron en la ciudad, casi sitiada por Carabineros de Chile, mientras en redes sociales se podían observar videos de personas que debieron saltar al Río Mapocho para escapar del asedio policial. Esto, igualmente, permitió que toda la gente que llegó atrasada también pudiera ubicarse, para que a las 21:55 hrs., cuando se subió la banda de Badu al escenario para hacer una intro con extractos de “Caint Use My Phone”, ya todo el mundo no sólo estuviera en sus lugares, sino que también con esa carga especial de la espera más larga, la expectativa y la ilusión.

Aunque se pudo haber pensado que Erykah Badu era una diva y una artista que no hacía shows tan extensos, la realidad superó cualquier expectativa desde el comienzo, partiendo con su presencia de otro mundo con un sombrero enorme, adornos que le ponían el rostro en un marco dorado muy barroco y unas botas con un taco no aguja, sino que alfiler. Luego de ese primer shock, el segundo vino con las posibilidades de la voz de esta artista multifacética que adora definirse primero como madre, y luego como cualquier otra cosa. “Hello” puede ser una canción muy simple, pero tras el tratamiento Badu (quien también tenía mesas con pads listos para disponer de sampleos y percusiones electrónicas para ir marcando momentos dentro de las canciones) todo era mucho más que un saludo. La voz de Erykah es impactante, y eso se fue mostrando mientras se sucedían canciones como “Out My Mind, Just In Time” o “I Want You”, justo antes de pegar estos temas con “Don’t Stop The Music”, donde ya la gente no pudo quedarse sentada. El movimiento ya había sido impulsado y el magnetismo haría lo suyo.

En vez de hacer las canciones directamente como en los discos, una productora como es Badu prefiere ser como una directora de orquesta, haciendo indicaciones claves a su banda, para ir poniendo o sacando capas, deconstruyendo la base de las canciones, permitiendo que se amalgamen composiciones de forma fluida. Pasó con “On & On” y su continuación “…& On”, y también con “Window Seat” más adelante, donde Badu dispuso una sección completa de “Penitentiary Philosophy”. Y lo mismo pasaba con los sonidos: mientras parecía a ratos que el soul dominaba la escena, ciertos quiebres y peripecias acercaban más las canciones al terreno del jazz, pero siempre con un carisma pop tremendo, algo que detonaba las emociones en “Love Of My Life”.

Como dijimos, Badu se reconoce como madre antes que todas las cosas, entonces para ella la energía de los ancestros es algo muy relevante, y a ellos les dio las gracias, entregando un discurso unificador, indicando que hay luchas por la gente y la recuperación de lo justo en Chile y en todo el mundo, y que está bien que así sea. Luego de ello vino “Appletree”, irresistible fruto del repertorio de esta mujer de todos los tiempos, que siguió utilizando su voz para invitar y también para generar cambios de energía en el público, siempre controlando la situación de todo. Por ello fue sorprendente cuando recién, luego de “Next Lifetime” y “Time’s A Wastin”, indicó que tenía problemas con los parlantes de retorno, y más grande la sorpresa cuando se sacó el largo abrigo que portaba y quedó en evidencia que no utiliza retorno in-ear, sino que lo hace todo a lo “vieja escuela”. La perfección en el despliegue de sus fuerzas y talentos es inconmensurable, mientras pasaba de “Think Twice”, una de las sorpresas de la noche, a “Otherside Of The Game”, una de las más esperadas.

Hablando de movimientos, mientras Erykah tuvo un vestuario más aparatoso, sus tránsitos por el escenario eran más estacionarios, pero cuando se liberó de ciertos elementos pudo trasladarse de un lado a otro, motivando más y más a la gente, e incluso de bailar como hizo justo antes de “Kiss Me On My Neck”, donde uno de sus coristas se lució junto a la cantante. Más adelante, en “Soldier”, ella habló de lo importante que es el valor de lo humano y la fuerza que hay en la lucha, indicando que, cuando hay una causa, entonces hay una meta y hay energías que se acumular para lograrlo. Algo que se condecía también con las líneas que agregaba con juegos vocales preciosos en “Didn’t Cha Know”, cantando “cree en ti mismo, tanto como yo creo en ti”. Un mensaje de amor propio que, a diferencia de cómo le suena a quienes lucran mediante tuiteos e instagrameos con frases hechas, a Erykah Badu sí se le creía, además con lo precioso de la manera en la que se entregaba el mensaje.

Badu desapareció del escenario unos segundos, pero la gente seguía loca. Y es que ya los electrones estaban cargados y el movimiento realmente era lo suficientemente grande para indicar que el magnetismo era real. Erykah no sólo volvió rápido, sino que también lo hizo para iniciar “Bag Lady” sentada en el borde del escenario y luego caminando por la barricada para acercarse al público. En medio, banderas mapuche, muestras de afecto y mucho más, matizado con lo divertido que fue ver a Badu sacándose las joyas antes de ir con la gente. Tras ese hit estuvo pegadito “Tyrone”, buscando a alguien en el público, Cata, para mirarla a la cara y comenzar con la línea “I’m gettin’ tired of your shit”, un giro genial, divertido y a la altura de lo especial del momento. Con esa catarsis y con Erykah levantando la bandera negra de Chile, esa con la estrella blanca, culminó una jornada de casi dos horas, con casi una hora de retraso, pero que terminó con uno de los debuts más electrizantes, atractivos y precisos en su ejecución que se hayan visto en 2019.

Erykah Badu entregó candor, maternidad, magnetismo, movimiento, estoicismo y también política en un espectáculo que superó cualquier expectativa, dejando a la gente pegada a un nuevo recuerdo para atesorar en la bitácora de conciertos de la vida, en medio de momentos tan complejos en los cuales las energías ancestrales pueden servir para tomar mucho vuelo.

Setlist

  1. Caint Use My Phone
  2. Hello
  3. Out My Mind, Just In Time
  4. I Want You
  5. Don’t Stop The Music (original de Yarbrough &Peoples)
  6. On & On / …& On
  7. Love Of My Life
  8. Appletree
  9. Next Lifetime
  10. Time’s A Wasting
  11. Think Twice
  12. Otherside Of The Game
  13. Window Seat / Penitentiary Philosophy
  14. Kiss Me On My Neck
  15. Annie (Don’t Wear No Panties)
  16. Soldier
  17. Didn’t Cha Know
  18. Bag Lady
  19. Tyrone

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