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Lollapalooza Chile 2017: Metallica

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Fue el 29 de septiembre del año pasado cuando Lollapalooza Chile dio a conocer el cartel de su edición 2017 y se armó la polémica: Metallica fue anunciado como headliner del festival. En un país donde todavía es común ver a gente de fanatismo casi religioso cuando se trata de música -y sobre todo de Metallica-, la batahola de opiniones y comentarios fue masiva, y mayormente en contra de la noticia. Desde memes burlándose de las típicas “pelolais” vistiendo poleras del grupo, hasta discursos al borde del odio puro contra los músicos y los organizadores del festival, el hecho de que Metallica encabezara Lollapalooza fue un tema que no dejó indiferente a nadie, lo que llega a ser absurdo, cuando los norteamericanos se han presentado en los escenarios más extravagantes del orbe, y siendo el foco principal de eventos como MTV Icon o los premios Grammy, este último donde realizaron una colaboración en vivo junto a la cantante de pop Lady Gaga. En una muestra de lo atrasados que estamos como país en esta materia, el arribo de Metallica a Lollapalooza Chile daba más que hablar por las quejas que por el hecho de que la banda que puso al metal en el mainstream durante la década de los noventa realizara un show en el certamen más cotizado del año.

Afortunadamente, todo argumento en contra fue sepultado cuando los cuatro jinetes del apocalipsis hicieron su entrada triunfal de la mano de “Hardwired” y “Atlas, Rise!”, sencillos que abren su más reciente trabajo, el buen “Hardwired… To Self-Destruct” (2016), disco que en vivo suena bastante mejor que en su versión de estudio, con mucho más vigor, y donde los músicos mostraron sus mejores performances, sobre todo en “Halo On Fire“, quizás la mejor ejecutada de todo su set. Y hay que poner énfasis en esto, porque una de las constantes críticas que se le hace a Metallica es que, con el paso de los años, ha perdido pulcritud y precisión en la ejecución de sus canciones, sobre todo en las pertenecientes a su época más pesada. Y si bien, himnos como “One” o “Master Of Puppets” adolecieron de ciertas pifias, en su mayor parte provenientes de la batería de Lars Ulrich, no se pueden hacer grandes críticas a la banda, porque su espectáculo está tan bien armado y es tan épico, que incluso si llegan a errar en alguna ocasión todo pasa colado ante la energía y prestancia de una leyenda en vida.

Tomando material de casi todas sus épocas, los norteamericanos configuraron un repertorio poderoso, quizás el mejor que han presentado durante su gira por los Lollapalooza de la región. Desde “Fuel“, “Fight Fire With Fire“, pasando por “Wherever I May Roam“, hasta la explosiva “Motorbreath” -esta última una verdadera sorpresa extraída de su disco debut y que no tocaban desde el año 2013-, dieron la variedad suficiente a un show maratónico, que duró poco más de dos horas. También fue destacable la energía del cuarteto, sobre todo la de James Hetfield, quien se veía sorprendentemente más prendido que el resto de sus compañeros, teniendo en cuenta que venían de realizar un show de similares características la noche anterior en Argentina, país en donde tuvieron problemas con los vuelos, lo que hacía pensar que quizás no estuvieran con la energía a tope, pero afortunadamente el frontman y sus colegas no escatimaron esfuerzos ni se reservaron nada para entregar un espectáculo redondo.
Y es que, entre extravagantes solos que servían para realizar guiños a temas como “Anesthesia (Pulling Teeth)“, “The Shortest Straw” o “2 X 4“, destacó la hilarante intromisión de Kirk Hammett con su guitarra, la cual castigó con un martillo y hasta se pasó por el trasero, en un acto que funciona más como un alarde de histrionismo que como un derroche de virtuosismo, y deja patente que Metallica, por sobre todas las cosas, es un gran número de entretenimiento, y en el marco de Lollapalooza brillaron más que nunca. Estaban en el lugar indicado.

En cuanto a lo netamente musical, obviamente no faltaron clásicos como “For Whom The Bell Tolls“, “Sad But True“, “Fade To Black” y “Seek & Destroy“, esta última acompañada por una imagen del ticket del primer show que brindó la banda en Chile el año 1993, en un lindo detalle que selló el fin del set regular. El final del show llegó con “Nothing Else Matters” y “Enter Sandman“, con pirotecnia incluida, dando por finalizada una velada épica.

El paso de Metallica será recordado como uno de los cierres más grandes en la historia del certamen en sus siete años de historia en Chile. No hace falta seguir dando cuerda a discusiones anticuadas y sin sentido, Metallica hace rato tiene licencia para hacer lo que quiera sin manchar un ápice de su trayectoria. Ya sea en un show a solas, en el marco de un festival metalero o en uno netamente pop, la leyenda norteamericana sabe brillar como los referentes que son. Anoche, en Lollapalooza Chile, James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo demostraron a todo el mundo que siguen siendo los reyes indiscutidos del metal, del rock, del pop, de la música en todas sus vertientes.

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Hardwired
  2. Atlas, Rise!
  3. For Whom The Bell Tolls
  4. Fuel
  5. One
  6. Now That We’re Dead
  7. Moth Into Flame
  8. Harvester Of Sorrow
  9. Halo On Fire
  10. Motorbreath
  11. Sad But True
  12. Wherever I May Roam
  13. Master Of Puppets
  14. Fade To Black
  15. Seek & Destroy
  16. Fight Fire With Fire
  17. Nothing Else Matters
  18. Enter Sandman

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Metronomy: El disco de tu corazón

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Metronomy

Sigue siendo extraño ir a conciertos y disponerse a pasarlo bien cuando el país despertó y, como pasa en “The Matrix”, al abrir los ojos no era un mundo idílico el que supuestamente había y pintaban, sino que todo se ve sucio, injusto y sobre una lupa. Por ello la música sirve como escape en medio de tensiones y para no perder la perspectiva sobre el propio ser. En medio de causas comunes, donde los cuerpos se vuelven uno y la individualidad se ve como un lujo, es bueno recordar el propio corazón, aquello que lo mueve, lo que lo emociona y hace feliz. Ese tipo de reacciones genuinas son las que aparecieron copiosamente en el retorno de Metronomy a nuestro país, con su cuarto show a la fecha, en la explanada del Centro Cultural Matucana 100.

La gente fue llegando poco a poco hasta repletar la explanada, cuando ya se escondía el sol, poniéndose cada vez más impaciente mientras se acercaban las 21:15 hrs., supuesto horario de inicio del show. A las 21:26 comenzó a sonar “Wedding” como intro del concierto, y como a la distancia se veía el edificio donde están los camarines, se notaba –como si fuera un programa televisivo– el momento exacto en que la banda se movía para llegar al escenario de riguroso vestuario blanco, en medio de los vítores. Comenzaron con “Lately”, canción en medio de la cual se escuchaban los primeros gritos de “el que no salta es paco”, parte de la “nueva normalidad” en los conciertos, algo de lo que deberemos hablar más tarde.

La potencia de las canciones de Metronomy no daba respiro. “Lately” y su pulso más psicodélico (sello de su último trabajo de estudio, “Metronomy Forever”) hasta el hit “The Bay”, convirtieron a Matucana 100 en un lugar de karaoke, irrumpiendo de inmediato la faceta más banda de rock de Metronomy con “Wedding Bells” y ese final falso que culminaba en una explosión con el solo de un Joseph Mount que parece más cómodo y sobrecogido que nunca con el rol que tiene en vivo. Mount es un tipo notoriamente tímido en el escenario, pese a ser el líder de un proyecto que mueve mucha gente, pero tal vez eso viene desde una comprensión fundamental. Y es que lo que se convierte en el disco o la canción que llega directo al corazón de la gente es una composición, más allá de sus exponentes.

Aunque Metronomy tiene una formación reconocible, de buenos músicos y carismas al servicio del show, lo más abrumador es la potencia de las composiciones, como pocas veces pasa en un espectáculo. La fuerza de “Corinne” no va ni en la potencia que le puso Anna Prior a cada beat en la batería o a los adornos precisos de los teclados del contagioso bailar y sonreír de Oscar Cash, sino que en la armonía tan fluida como impalpable que tienen los diferentes ritmos que mueven a la canción. En “Everything Goes My Way”, además del inmenso amor del público chileno a Prior o de la guitarra acústica siendo un dulce néctar para los oídos, la dinámica típica de los grupos a capella sesenteros en el coro son lo que hace la canción, y eso terminaba siendo hecho por el público, muy participativo, a diferencia de la última visita de la banda en un Lollapalooza 2018 donde resultaron injustamente ignorados.

Reservoir” fue una explosión de energía, en tanto que “Walking In The Dark” mostraba la vibra más chill digna de Madchester y la onda rave, para luego continuar precisamente con el baile con dos piezas instrumentales: “Boy Racers” y “Lying Low”. En este caso, vale precisar que Michael Lovett y Oscar Cash se complementan de forma perfecta cuando ambos están manejando los teclados, en una mini orquesta de sintetizadores muy a la usanza de Orchestral Manoeuvres In The Dark, pero con una vibra más ligera. En “Boy Racers”, además, Olugbenga Adelekan por fin sonó más con su bajo que, pese a tener un protagonismo clave en canciones como “The Bay”, no quedaba tan adelante en la mezcla de sonido, como sí pasó en esa canción. Todo esto servía como aperitivo perfecto para “Old Skool”, otra de esas composiciones hechas para conseguir la participación del público y hacer aún más grande la experiencia. Es impecable la capacidad de Mount de crear estas obras que, desde una producción usualmente muy minimalista y con el cuidado necesario de dejar respirar las capas sonoras, terminan con una capacidad de generar enlaces de valencia tan numerosos con la audiencia, tanto, que la participación hace del momento algo más cercano y también mucho más inolvidable.

Luego, la vibra de banda de rock & roll volvió a escena con “Insecurity”, una canción que en manos de cualquier otra banda hubiera quedado plana, pero que para Metronomy es perfecta porque refleja sus propias sensaciones de extrañeza y de desacomodo con aquello que pareciera tan natural. Parte también de la catarsis en medio de este show fue la capacidad de evitar que la normalidad parezca tan normal, y eso a Metronomy le queda muy bien. Tal vez, por ello en vez de tocar “On Dancefloors”, como decía el setlist, la banda se vio descolocada con los gritos de “el que no salta es paco” y “el pueblo unido jamás será vencido” con los que ellos intentaron continuar una parte instrumental de “Insecurity”. En vez de hacer como cualquier otra banda y seguir como si nada, la cara de Joseph indicaba que no sabía cómo reaccionar, más allá de una sonrisa nerviosa que cambió para tener un poco más de seguridad con “I’m Aquarius” y calmar un poco los decibeles, sumergiendo a la audiencia en un track tan especial como acuático, de esos que son inmersivos, justo para después despachar “The End Of You Too” pegada a “Salted Caramel Ice Cream” en un tono más bajo de lo que es la versión de estudio, algo que quizás sacó un poco a la gente del acto de disfrutar sin freno.

“El disco de tu corazón”, concepto acuñado por Miranda! –otra banda llena de canciones que, más allá de su estilo, se pegan de forma irremediable a los oídos–, no dejaba de rotar y de ser escuchado. Una canción tan querida como “The Look”, con un épico final de sintetizadores trenzados en un baile sideral, volvía a convertir a la explanada de M100 en un lugar caluroso, movido y repleto de baile, en tanto que “Love Letters” y su pulso casi como el latido de un corazón, sin parar, sin soplos o pausas, aumentó aún más las fuerzas que terminaron de explotar con un poco más de calma en “Sex Emoji”. El encore no demoró mucho, con “Upset My Girlfriend” que, en un tono casi autobiográfico, recuerda los inicios en la música de Joseph, quien por sentir la música muchas veces se dejaba llevar demasiado. Y quizás ahí está el mayor triunfo de su historia, el aprender a tener control, pero también a permitir que las cosas tengan crecimiento orgánico.

Como un corazón latiendo, el beat final tenía que ser uno de compases irregulares y de final abrupto, como ocurre con la rara “Radio Ladio”, final preciso para un show donde las canciones brillaron más que cualquier otra cosa. Al final del día eso es lo importante, porque, así como en tantos recuentos de fin de año, son esos tracks los que se quedan en el alma, esperando su momento para explotar en situaciones de felicidad que pueden acallar, aunque sea por una hora y media, la sordera del fascismo devenido en enemigo y la desesperanza convertida en voz cantante y rebelde de una revolución con todo en contra, pero con la fuerza de la unión como estandarte. Y qué buen soundtrack hubo para este pequeño escape.

Setlist

  1. Wedding
  2. Lately
  3. The Bay
  4. Wedding Bells
  5. Corinne
  6. Whitsand Bay
  7. Everything Goes My Way
  8. Heartbreaker
  9. Reservoir
  10. Walking In The Dark
  11. Boy Racers
  12. Lying Low
  13. Old Skool
  14. Insecurity
  15. I’m Aquarius
  16. The End Of You Too
  17. Salted Caramel Ice Cream
  18. The Look
  19. Love Letters
  20. Sex Emoji
  21. Upset My Girlfriend
  22. Radio Ladio

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