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Lollapalooza Chile 2017: Glass Animals

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Es una era de ritmo. En tiempos de inmediatez, las melodías exigen compromiso, espacio, entendimiento, y en gran parte de las instancias eso no existe; las melodías quedan en lo secundario y lo primitivo opera. Es una era primitiva, ataviada de elementos sofisticados, y lo evidente son las herramientas, quedando el ritmo también en un sitial secundario. Los adornos dominan y los bailes no se basan en pasos, sino que en miradas, en vestimentas, en palabras sueltas, y en un entorno de desenfoques constantes y paralelismos permanentes, los adornos persisten, pero Glass Animals entiende que esta era es del ritmo y que conectar a la gente a este artilugio milenario es, extrañamente, un paso al sonido del futuro, tal como grafican en sus discos, tendientes al uso eficiente de contrapuntos rítmicos, y tal como logran extender en un escenario como el de Lollapalooza Chile 2017.

El show del Parque O’Higgins fue el primero para los de Oxford en nuestro país, en una gira festivalera que les permitía gozar de una plataforma inédita para su música por estos lares, pero también les ponía la responsabilidad de congregar a la gente en su sonido, a ratos denso y extraño, lo que se les hizo sencillo por dos razones: el dominio del ritmo y su look. La gente le cantaba “mijito rico” repetidas veces a Dave Bayley, frontman de la agrupación, y eso también ayudaba a la comunión con el show, inevitablemente.

La efervescencia vino con “Life Itself”, aunque en esa canción el sintetizador semianálogo que utiliza Drew MacFarlane -guitarrista y tecladista- se saturó completamente, privando a la mayoría de escuchar el que es el mejor single del conjunto. Pero incluso en estos momentos de falta de pulcritud, Glass Animals se salvó por el ritmo, haciendo que la gente se moviera y lo pasara bien desde el inicio.

Dave no es el mejor vocalista, o el mejor guitarrista, pero en movimientos recuerda a Ed Macfarlane, el frontman de Friendly Fires, y ambas bandas comparten la posibilidad de unir al pop con la psicodelia. Pero lo que distancia a Glass Animals de sus coterráneos es la introducción de más y más estilos, como una ensalada de frutas, esas que ilustraban el parche del bombo o recubrían la maraca (como adorables piñas), y cuya deliciosidad inundaba canciones como “Black Mambo” o la blusera “Poplar St.”, justo antes una de las explosiones de la tarde con la sólida “The Other Side Of Paradise”, para luego pasar a “Gooey”, más psicodélica y con un pulso que hizo bailar a todo el mundo. El ritmo se marcaba como punto de convergencia y como gasolina para el motor que movía a Dave de forma eléctrica. Pensando en ejemplos posteriores de la tarde como el parquísimo Matt Healy de The 1975, se agradece tener frontmans que se la jueguen por mostrarse como parte de la audiencia que lo pasa bien, y baila, mucho y feliz.

El final con la casi épica “Youth” y el sencillo “Pork Soda” eran esperables, pero perfectos para lo que había sido el show. Por un atraso en el ingreso de la banda, tuvieron que cortar “Toes” del set, la que usualmente hicieron en festivales. Pero con los cambios de setlist y todo, Glass Animals dio un debut sólido, imponiendo su ritmo por sobre los problemas de sonido que igualmente condicionaron a los oyentes casuales. No obstante, la banda británica dejó en claro por qué son un nombre que se repite en decenas de carteles de festivales en el mundo, y que con dos discos les basta y sobra para hacer declaraciones de intenciones como, por ejemplo, que el ritmo no perdona.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Intro [Premade Sandwiches]
  2. Life Itself
  3. Black Mambo
  4. Hazey
  5. Season 2 Episode 3
  6. Poplar St.
  7. The Other Side Of Paradise
  8. Gooey
  9. Cane Shuga
  10. Take A Slice
  11. Youth
  12. Pork Soda

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Arcade Fire: Firmando el legado

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Arcade Fire

La crítica musical puede ser muy traicionera si es que no es tomada con la responsabilidad que merece; en ciertos contextos, es capaz de trazar el camino que llevará una banda gracias a su tremenda influencia sobre la sociedad. El romance de los canadienses Arcade Fire con la crítica en general ha tenido altos y bajos, pasando de verdaderas declaraciones de amor en álbumes como “Funeral” (2004) o “Reflektor” (2013), hasta el desencantamiento propio de cualquier matrimonio complicado con “Everything Now” (2017), quinto álbum de la agrupación y que sirvió como motivo de promoción en esta segunda visita a nuestro país.

Luego de su debut como parte de Lollapalooza Chile 2014, Arcade Fire volvió con la difícil tarea de defender un disco que para muchos no logra cuajar del todo, dejando poco del sonido que tan bien desarrollaron en álbumes anteriores. Más allá de todo eso, el hecho de que los canadienses sean constantemente señalados como uno de los más grandes shows en vivo a nivel mundial es algo que se debe comprobar de manera personal, presenciando en carne propia todo el despliegue escénico que entregan, uno que se aleja de los clichés típicos, como juegos de luces, fuegos artificiales o distractores elementos visuales para suplir la falta de calidad musical. Aquí tenemos un espectáculo completo, puesto que toda la atención se centra en un colectivo de muy buenos músicos dándolo todo en el escenario.

Una intro al más puro estilo de las peleas de box precedió la entrada de la banda al escenario, preparados para lo que sería un evento estelar de proporción mundial. Así, y por entre el público del Movistar Arena, fueron ingresando Win Butler, Régine Chassagne, Will Butler, Jeremy Gara, Tim Kingsbury, Richard Reed Parry y Sara Neufeld, acompañados también de las más recientes adiciones: Stuart Bogie y Tiwill Duprate, listos para entregar hasta la última gota en una noche tan esperada por los miles de fanáticos que repletaron el recinto. Como era de esperar, “Everything Now” fue el primer golpe lanzado por los canadienses, que luego se adentraron en una verdadera batería de éxitos, cantados a todo pulmón por sus seguidores. Para muchos, el hecho de tener nueve músicos en escena parece un exceso al borde de lo pretencioso, pero aquí eso se omite gracias a que cada uno tiene una identidad propia, funcionando de manera cronometrada como partes de una enorme maquinaria sonora.

Con una muy variada selección de todos sus álbumes, Arcade Fire tuvo tiempo para los fans más nostálgicos, así como los más recientes, despachando canciones como “Rebellion (Lies)“, “Haïti“, “Peter Pan“, “Electric Blue” o “Put Your Money On Me“, manteniendo en todo momento la tónica bailable, conducto principal de esta fiesta. Es muy importante darle una segunda vuelta a lo comentado anteriormente: el show venía por precedentes muy negativos de parte de la crítica estadounidense, acusando de que el interés se había perdido, que la banda ya no era lo mismo de antes, o que se estaban presentando en arenas con menos de la mitad de su capacidad vendida. La desmitificación de todos esos puntos negativos no hace más que echar por tierra esa construcción manipulable de realidades a través de la prensa, las que últimamente se han encargado de desprestigiar a la banda en sus titulares.

Y es que el show de Arcade Fire da para todo, desde el baile hasta la emotividad, todos los sentimientos conjugados en un solo repertorio de canciones. Más de algún recuerdo surgió con “My Body Is A Cage” e “Intervention“, pegadas de manera desgarradora, además de lágrimas cuando Win Butler dedicó “The Suburbs” a la memoria de David Bowie, para luego pasar a un montón de caras alegres bailando al ritmo de “Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)“, “Reflektor” y “Afterlife“, dejando los ánimos por los cielos. “Creature Comfort” y “Neighborhood #3 (Power Out)” fueron los ataques que finalizaron el primer round de la noche, con la banda retirándose por unos momentos del escenario, para luego interpretar “We Don’t Deserve Love” y el gran cierre con “Wake Up“, coreada por todos los asistentes mientras la banda descendía del escenario para marchar entre la gente, generando un especial momento, de esos que quedan marcados entre los sucesos destacados para la posteridad. Arcade Fire había dado el último golpe, derrotándonos con un contundente nocaut.

Alrededor de 15 años de historia avala a Arcade Fire desde su concepción, por ende, la banda ya atraviesa una etapa donde necesitan encontrar su sitial dentro de la historia, ese período donde comienza a construirse un legado que debe perdurar por la eternidad. Basta de ningunear la escena actual, basta de vivir del pasado y negarse a aceptar que la música continuó su curso en el siglo XXI, tenemos ejemplos constantes de que los nuevos referentes ya están naciendo. En este caso en particular, quedó demostrado gracias a una impecable interpretación en el escenario, sin notas fuera de lugar o arreglos que destruyan la composición original. En vez de eso, Arcade Fire quiso exponer que ya cuentan con una carrera suficiente para situarse como un referente, y no sólo por discografía, sino que también por su sentido del espectáculo. No muchas bandas pueden tocar por más de dos horas un repertorio que todos canten, mucho menos con la soltura y elegancia que los canadienses desplegaron en su show. Esta nueva etapa del conjunto ya encontró su norte y la tarea de construir un legado fue totalmente superada.

Setlist

  1. Everything Now
  2. Rebellion (Lies)
  3. Here Comes the Night Time
  4. Haïti
  5. Peter Pan
  6. No Cars Go
  7. Electric Blue
  8. Put Your Money On Me
  9. Neon Bible
  10. My Body Is A Cage
  11. Intervention
  12. Neighborhood #1 (Tunnels)
  13. The Suburbs
  14. The Suburbs (Continued)
  15. Ready To Start
  16. Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)
  17. Reflektor
  18. Afterlife
  19. We Exist
  20. Creature Comfort
  21. Neighborhood #3 (Power Out)
  22. We Don’t Deserve Love
  23. Everything Now (Continued)
  24. Wake Up

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