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Lollapalooza Chile 2017: Catfish And The Bottlemen

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La transparencia es un bien escaso cuando las portadas son entes publicitarios, porque en general eso no funciona con los números, con los departamentos de marketing y con las métricas online. La transparencia se confunde con la honestidad en su capacidad de mostrar fácilmente a los sujetos, pero es incluso más capaz de desnudar a las propuestas, y he ahí su riesgo y su filo. Una banda movida por la transparencia hace evidentes sus pros y sus contras, y Catfish And The Bottlemen lo sabe demasiado bien. Pocas agrupaciones aparentemente nuevas son así de autoconscientes, y eso les juega para bien o para mal, como se pudo ver en Lollapalooza Chile 2017, en el debut de los galeses en el escenario del festival.

Aunque tienen dos discos y son relativamente nuevos, Catfish And The Bottlemen acumula una década de historia, y a Van McCann eso se le nota en el escenario. No sólo el vocalista tiene carisma para regalar y pinta para atraer, sino que posee la capacidad de llenar el espacio y, a la vez, lograr que la gente lo mire a los ojos. Desde el inicio de “Homesick”, ante un público no tan oneroso pero muy ruidoso y participativo, la banda la rompió con un rock transparente y directo a lo épico, sin mentiras, sin explicaciones metafísicas, simplemente con guitarras sonando a nivel de estadios y un vocalista que sabe vender todo esto con energía y conexión con su público.

Catfish luce como una banda perfecta para festivales, siendo un momento de clímax permanente, pero eso juega en contra: el estar todo el rato con la energía arriba, hace que no haya mayores pausas. “Pacifier” y “Anything” apelan al mismo tipo de vibra, y eso lleva al observador sin experiencia a que se canse porque no hay más que una sola tecla que se pulsa. La banda es transparente con esto, y ni siquiera lo dice con palabras, sino que con cada canción. McCann muestra su valía como frontman al ser capaz de escapar de este influjo de monotonía, con movimientos rabiosos y cadenciosos. La respuesta del público era así de enérgica y esto hizo que los momentos pasaran volando.

Aunque sacaron “The Ride” en 2016, el show se concentró en “The Balcony”, su álbum debut de 2014, y aunque ello parezca extraño, en realidad es porque de forma clara Catfish elige sus canciones más encendidas para los festivales, como las dos que cerraron, “Cocoon” y “Tyrants”, porque así debe ser para ellos. Además, el detalle de McCann con la camiseta de Alexis Sánchez debajo de su chaqueta negra, pero no sacándola a relucir de forma marketera y facilista, fue un elemento de inesperada y genuina admiración para los fans chilenos. Cualquiera hace el show de mostrarse con dicho atuendo y ganar fotos “para la galería”, pero hacer el mismo gesto de forma cauta y sin aspavientos, es una rareza que se agradece.

El día que Catfish And The Bottlemen logre matizar su forma de vivir la música y agregue un poco de grises a esta transparencia extrema de tener un rock simple y directo, probablemente consiga mayores espacios y mayores réditos. Por ahora, van bien encaminados y ya dejaron una impresión marcada a pulso de energía en su debut en Chile, y eso no se puede negar.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Homesick
  2. Kathleen
  3. Soundcheck
  4. Pacifier
  5. Anything
  6. Fallout
  7. Twice
  8. 7
  9. Cocoon
  10. Tyrants

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Bullet For My Valentine: Cuestión de compromiso

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Bullet For My Valentine

Lo que para muchos puede ser un regreso a la cotidianeidad, para otros puede transformarse en una pequeña pausa dentro de la vorágine diaria. Aún con los ciudadanos manteniendo las protestas en la calle, los conciertos poco a poco retoman su cauce natural, aunque con algunas modificaciones en los horarios. El caso de Bullet For My Valentine se adhiere muy bien a esto, ya que, un show que en otro momento probablemente hubiese sufrido la misma suerte de la mayoría de los eventos de octubre, siguió en pie igualmente frente a un Club Blondie con un considerable marco de público.

Con la banda nacional Minerva encargada de la apertura –entregando un set muy bien recibido por los presentes–, el público llegó en masa hasta el lugar y demostró que estaba listo y dispuesto para disfrutar del show de la banda, prueba del innegable cariño que se le tiene en nuestro país. Con una primera fila en su mayoría adolescente entregándolo todo desde el primer acorde que la banda despachó en escena, los ingleses subieron al escenario para dar inicio a un viaje por su discografía.

Directamente desde el álbum “Gravity” (2018), la canción “Don’t Need You” fue la encargada de iniciar el show del conjunto, entregando una destreza que demuestra lo claro: BFMV supo cómo desprenderse de otros contemporáneos en el mundo del metalcore y, aunque no ha dejado de lado sus orígenes, como Bring Me The Horizon y otros, sabe cómo ir adaptando un sonido que pareciera ser cosa de hace ya una década, aún teniendo mucho que ofrecer en términos de novedad.

Con el siempre carismático Matt Tuck en frente, la banda desarrolla una estructura ceñida a las guitarras, con el frontman compartiendo muy bien ese papel junto a Michael Paget. No por nada son prácticamente los miembros de mayor longevidad dentro del cuarteto y, aunque la tarea del bajista Jamie Mathias (llegado en 2015) y del baterista Jason Bowld (2016 a la fecha) no están nada de mal, es innegable el compromiso y complicidad que se manifiesta cuando los dos encargados de las seis cuerdas están en el escenario.

Con un evidente énfasis en su último disco, fue el álbum “Venom” de 2015 el que tuvo la mayoría de sus representantes dentro del repertorio, haciendo que desfilaran canciones como “You Want A Battle? (Here’s A War)“, “No Way Out” o “Worthless“. Cada palabra resonaba en la Blondie y los fanáticos cantaron y vibraron con todo lo que el conjunto ofrecía en su presentación. Cuando las comparaciones son inevitables, resalta la interrogante de qué puede hacer tan especial a BFMV, sobre todo en un momento donde comenzaron a aparecen varias bandas con un sonido similar. Tal como se mencionó anteriormente haciendo un paralelo con BMTH, probablemente el caso de Tuck y compañía se debe a un acercamiento más directo con el metal, sobre todo en las estructuras que hacen de sus canciones algo que podría sonar en cualquier contexto que involucre música pesada. Con elementos de sobra, la banda demostró que es mucho más que cuatro tipos con buena pinta tocando metal, pobre argumento que se suele utilizar por quienes piensan que las apariencias no deben ir tan alejadas de la música.

Tras un repertorio condensando distintos puntos de su discografía, la banda finalizó su show con “Hand Of Blood” y “Waking The Demon“, desatando toda la adrenalina de los presentes, quienes, aunque fuera por unos minutos, pudieron canalizar todas sus emociones y rabias en la pista, transformando el caos en la calle en uno en el moshpit, y así, con las manos en alto, poniendo fin a un nuevo capítulo de Bullet For My Valentine en nuestro país.

Con seis álbumes de estudio y unas cuantas visitas a Chile, la banda demostró en el escenario la madurez que han ido adquiriendo con cada trabajo, renegándose a quedar olvidados dentro de un panorama que muchas veces tiene un sobre exceso de bandas que van y vienen sin mayor continuidad. No existen dudas que el futuro de Bullet For My Valentine será tan brillante como su presente, y esperemos que en una próxima ocasión toda esa rabia y energía canalizada en sus conciertos no sea necesariamente una representación de algo que los chilenos y chilenas estén pasando en la calle.

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