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Lollapalooza Chile 2017: Cage The Elephant

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El VTR Stage recibió su primer show internacional de la mano de Cage The Elephant, banda norteamericana que concretó su tercera participación en la historia de Lollapalooza Chile. Luego de sus visitas de 2012 y 2014, los liderados por Matthew Shultz volvieron a entregar el enérgico y desenfrenado show al que están acostumbrados, algo que se centra en la rebeldía que expresa Matt junto a su hermano, el guitarrista Brad Shultz, quienes con su actitud son el foco de atención durante toda la presentación.

Lo sucedido a continuación pareció como un continuo déjà vu: tercera vez en Lollapalooza, tercera vez con un disco nuevo, tercera vez lanzándose al público, tercera vez desatando la locura en la elipse del Parque O’Higgins. Cage The Elephant repitió una fórmula ganadora para entregar su música, buscando mediante su sonido garage conectar con un público que no se encontraba precisamente a la espera de sus composiciones. “Cry Baby” abrió los fuegos mostrando el giro que intentaron dar con “Tell Me I’m Pretty” (2015), disco de estudio que pasó un tanto desapercibido, pero que con el tiempo ha ido tomando fuerza dentro de su catálogo. Una revisión al pasado con “In One Ear” y “Spiderhead” comenzó a afirmar el show, con Matt saltando para todos lados y Brad animando al público en todo momento.

A pesar de todo el desenfreno, es evidente la imagen más correcta que la banda adoptó durante el último tiempo. Tanto musical como visualmente, los oriundos de Kentucky se enfocaron en los sonidos más pausados que contiene su último LP, siendo canciones como “Too Late To Say Goodbye”, “Cold Cold Cold” o “Trouble” fieles muestras de aquello. A pesar del sonido más mesurado, la actitud de los hermanos Shultz no parece cambiar, ya que a la hora de tocar la archi coreada “Ain’t No Rest For The Wicked”, Brad tiró su guitarra de la nada, generando aplausos de parte del público.

Punchin’ Bag” fue el último track que interpretaron de su más reciente placa, continuando luego con favoritos de la talla de “Come A Little Closer”, “Cigarette Daydreams” y “Shake Me Down”, corte de su segundo álbum “Thank You, Happy Birthday” (2011). Como si no pudiese ser de otra forma, el caos y el desenfreno se sintió en “Teeth”, canción escogida para cerrar el show de la mejor manera posible, con Brad paseándose entre las primeras filas y Matt haciendo su característico crowdsurfing, que si bien no salió como esperaba, logró un momento de desorden dentro de toda la pulcritud y correcta organización que existía en el festival.

Sin duda, han sido cinco años muy productivos para Cage The Elephant, quienes demostraron en vivo cómo han logrado evolucionar a punta de interminables giras. Vivimos en un mundo dominado por los festivales, por lo que la combinación que muestra la banda es ganadora para este tipo de instancias. Atrás quedaron esos desordenados chicos con ropas viejas que tocaban de una manera poco ortodoxa: hoy Cage The Elephant es una banda con esencia propia, un sonido definido y una energía que les permite romperla en cualquier escenario donde se presenten. Pese a los altos y bajos, su carrera va en un ascenso permanente, y en nuestro país ya quedaron escritos con fuego en la historia de Lollapalooza Chile, un escenario que los vio nacer en la escena internacional y que ha sido testigo de todo su crecimiento a lo largo de los años.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Cry Baby
  2. In One Ear
  3. Spiderhead
  4. Too Late To Say Goodbye
  5. Cold Cold Cold
  6. Trouble
  7. Ain’t No Rest For The Wicked
  8. Mess Around
  9. Punchin’ Bag
  10. Telescope
  11. It’s Just Forever
  12. Come a Little Closer
  13. Cigarette Daydreams
  14. Shake Me Down
  15. Teeth

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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