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Lollapalooza Chile 2016: Bad Religion

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Es cierto que, cuando se anunció el cartel definitivo de esta nueva versión del festival que incluyó a Bad Religion, uno de los máximos exponentes del punk contemporáneo, los seguidores más acérrimos de los californianos mostraron su incredulidad, con tintes de decepción, ante el hecho de que la banda daría su sexto concierto en nuestro país dentro del marco de un evento con las características de Lollapalooza. Sin embargo, cabe señalar que en la historia del grupo hay más episodios como este y sus protagonistas han evidenciado en más de una ocasión que su postura frente al rock pasa por una previa estrategia de negocios que dé como resultado la masificación de su trabajo y los consecuentes dividendos económicos (recordemos que Brett Gurewitz es dueño de Epitaph Records, responsable en Estados Unidos de la propagación del punk a niveles masivos, a través de artistas como The Offspring y Rancid, o que apenas se les presentó la posibilidad firmaron por un sello grande, Atlantic Records, en 1993).

11 Bad Religion @ Lollapalooza 2016

Aprehensiones de lado y ocupando un enfoque estrictamente musical, ayer tuvimos la posibilidad de disfrutar de un repertorio que recorrió gran parte de su discografía en apenas una hora, ejecutado con precisión por todos los integrantes, quienes hicieron gala de los años de circo dejando en claro que, más allá de cualquier reparo ético, su arte ha definido a toda una generación y que cuya misión es reafirmarlo cada vez que pisan un escenario. Con puntualidad, “Fuck You” abrió la actuación del doctor Greg Graffin y sus compañeros, donde destacó el equilibrio en el sonido, tónica al menos de la mayoría de los números principales. La idea fue tocar la mayor cantidad de temas durante los sesenta minutos que entrega el formato del festival, por lo tanto las intervenciones de los músicos fueron escuetas. La espera por clásicos fue breve, “21st Century (Digital Boy)”, tal vez la cima de su popularidad, fue coreada por gran parte de los presentes que eligieron lo que ocurría en el Itaú Stage, seguida de “Overture” y “Sinister Rouge” en el mismo orden que abren el impecable “The Empire Strikes First” del 2004.

13 Bad Religion @ Lollapalooza 2016

Debido a la extensión de su carrera (36 años), hay bastante material que ha generado la venia de críticos y seguidores, por consecuencia la banda cuenta con muchos clásicos dentro de su catálogo, como “Come Join Us”, extraído de uno de los favoritos de todos como “The Gray Race” de 1996. A propósito de los más aclamados, un poco más adelante hubo un bloque completo dedicado a lo que algunos describen como “el disco que lo cambió todo”: “Suffer” de 1988, de donde mostraron “Do What You Want”, “You Are (The Government)”, “Delirium Of Disorder” y la que le da el nombre a su tercer álbum, inyectando de entusiasmo y efervescencia a los presentes que no dudaron en armar un círculo danzante de proporciones, con muchos corriendo y cantando al mismo tiempo, manifestación de la pasión que genera el conjunto en sus adeptos.

04 Bad Religion @ Lollapalooza 2016

Tras “New Dark Ages” entregaron una sección enfocada en un larga duración en particular, en este caso fueron “Supersonic”, “Prove It” y “Can’t Stop It”, todas parte de “The Process Of Belief”, lanzado en 2002, otra de sus obras más exitosas, que además marcó el retorno de Gurewitz de un exilio de siete años. “Atomic Garden” junto a “Los Angeles Is Burning” sirvieron de preámbulo para otro momento de algidez como lo es siempre la interpretación de “I Want To Conquer The World”, uno de los himnos del grupo y que fue de los instantes donde se congregó a la mayor cantidad de voces unidas en un mismo canto. Luego de “Punk Rock Song” llegó la más coreada de un setlist pensado en satisfacer a todos los que gustan de Bad Religion: “You” fue precedida de palabras de Graffin respecto al amor que él, sus compañeros y muchos de sus seguidores tienen por el skateboarding, algo que los llevó a participar de la banda sonora del recordado juego de comienzos de milenio, “Tony Hawk’s Pro Skater 2”.

08 Bad Religion @ Lollapalooza 2016

Así llegamos a la parte final de una presentación que estuvo acorde a las expectativas y que mantuvo la energía durante todo momento, como en “Fuck Armageddon… This Is Hell” única muestra del primer eslabón en la cadena, el incendiario “How Could Hell Be Any Worse?” de 1982, uno de los puntos de inflexión en la historia del punk rock. Más tarde “Infected”, de la cúspide de su carrera “Stranger Than Fiction” (1994), junto a “Sorrow”, “Generator” y “American Jesus” fueron el cierre de esta nueva incursión de los oriundos de California en territorio nacional, esta vez formando parte de la sexta versión de Lollapalooza Chile y que, al igual que lo hecho alguna vez en el pasado del festival por Bad Brains, otro insigne del punk rock entrega un show rotundo que, por una parte no pasó inadvertido para ninguno de los asistentes, y por otra, fue respetuoso y se mostró orgulloso de la trayectoria que los ubica en un lugar de privilegio dentro de la historia del rock.

Por Hans Oyarzún

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Fuck You
  2. 21st Century (Digital Boy)
  3. Overture / Sinister Rouge
  4. Come Join Us
  5. New America
  6. Do What You Want
  7. You Are (The Government)
  8. Delirium Of Disorder
  9. Suffer
  10. New Dark Ages
  11. Supersonic
  12. Prove It
  13. Can’t Stop It
  14. Atomic Garden
  15. Los Angeles Is Burning
  16. I Want to Conquer The World
  17. Punk Rock Song
  18. You
  19. Fuck Armageddon… This Is Hell
  20. Infected
  21. Sorrow
  22. Generator
  23. American Jesus

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1 Comentario

1 Comentario

  1. alan brito

    23-Mar-2016 en 2:03 am

    Aguanten! ojala vengan solos el prox año a dar clases de buen rock

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Bush + Stone Temple Pilots: Las fuerzas de la historia

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Cuando nos enfrentamos a una noche donde hay dos bandas relevantes, cuyo apogeo parece estar instalado hace décadas, la gran pregunta es por qué se siguen moviendo estos proyectos más allá de la nostalgia qué puede motivar a las bandas a continuar. Dos vertientes muy diferentes, pero a la vez complementarias, es lo que se pudo ver en la noche del 21 de febrero en un Teatro Caupolicán repleto que vivió una noche de rock tradicional, hits indelebles y también diferentes maneras de ver cómo evolucionar.

Antes, con puntualidad extrema (como ocurrió toda la jornada) se paró en el escenario la banda Randy Watson, que pese a que no tiene tanto ruedo discográfico y se presenta como una “nueva” agrupación, destila experiencia y potencia en el escenario. En 20 minutos lograron una reacción inmediata de la gente que ya a esa hora ocupaba más de la mitad del recinto de calle San Diego. Su rock es potente, recuerda al estilo alternativo de los 90’s pero también tiene quiebres más contemporáneos. Si estos son los primeros pasos del retorno de esta banda (que por los inicios de la década sacó su primer material), habrá que esperar qué viene, y si en estudio pueden replicar esa energía contagiosa que ya muestran.

Otra banda nacional recibida de gran forma por el público fue Temple Agents, que siempre en estas ocasiones de abrir para bandas muy reconocidas sale jugando con maestría, pese a que los problemas de sonido con el micrófono de Ale Solar pudieran haber quitado un poco de atención en las canciones. Su potencia es innegable, aunque resulta extraño que, pese a grandes ocasiones y grandes presentaciones, todavía aparente ser tan lejano este nombre. Quizás a Temple Agents le pesa cantar en inglés, pero al mismo tiempo es parte de esas gracias que les hacen tener un look y presentación de nivel internacional, y ello merezca más reconocimiento, en especial por su capacidad en el escenario.

Bush: Hacia adelante, sin miedo

En una entrevista con nuestro medio (que pronto publicaremos), Gavin Rossdale dice que es un “músico trabajador”, reconociéndose como parte de una clase, más allá de talentos o de méritos. Lo que le llena el alma es hacer música y mostrarla, sea a través de Bush o de otros artistas, y es esa apertura la que queda de manifiesto desde las 21:23 hrs. en adelante, en un set que pese a descansar mucho en “Sixteen Stone” (1994), su primer álbum, al mismo tiempo es capaz de mostrar cómo la banda continúa hacia adelante, sin temores.

El pilar de lo que hace la banda es Gavin, sin duda. El tipo se mueve con la prestancia y atractivo en escena que desearía tener Adam Levine y la voz que muchos de la mitad de su edad quisieran mantener. Desde temas más antiguos como “Machinehead” hasta la más nueva del set, “This Is War”, Rossdale entrega movimiento, intensidad y alegría a cada uno de sus movimientos. La banda que lo acompaña, además, es impecable, y suena perfecta desde el primer momento. Eso es algo que no cambiará a lo largo de la jornada, mientras Gavin habla en su español sorprendentemente fluido con un público que, quizás pudo haber llegado en su mayoría a ver a Stone Temple Pilots, pero que se entregó a la experiencia de Bush.

Esta segunda etapa de Bush, que apretó el botón de reinicio en 2010, lleva casi lo mismo que esa que comprendió de 1992 a 2002, y quizás no ha entregado singles memorables, pero ha permitido consolidar a una agrupación demasiado empantanada por el sonido de los tiempos, y darle sus propios matices y, más importante, sanearla de nostalgias sonoras. Una cosa es cantar “Greedy Fly” o “Everything Zen” 20 años después, y otra muy diferente es hacerlo copiando y pegando entre un tiempo y el otro. Es ese error el que Bush evita a toda costa, sin traicionar el momentum propio de las composiciones, y ahí es donde se le puede creer a Gavin: el respeto a la canción es digno de un obrero de la música, y esa devoción a la obra es algo que corre con fuerza en cada etapa de ese viaje.

Entremedio, como en cada periplo, hay baches, y en este caso tuvo que ver con un conato que Gavin tuvo con un asistente en platea baja, quien al parecer tenía un ánimo violento, y que Rossdale intentó calmar, encontrándose con un muro de condescendencia por parte de este miembro del público. Ya nos decía Gavin en la mañana del concierto que intenta no pescar lo que dicen los haters, pero que cara a cara la situación era otra, y así fue. El muchacho se fue, golpeando a su paso a gente del público, un episodio ridículo donde se confunde la “actitud rockera” con la lisa y llana estupidez. Algo irónico luego de tocar un tema llamado “Everything Zen” para dar paso a otro llamado “Let Yourself Go”. Literalmente, Gavin invitó a ese furioso “fan” a dejarse ir.

Tras “Swallowed” y un coro rotundo del público, Gavin se fue a la mitad de “Little Things” bajando a la barricada que separa la cancha del escenario, y luego salió de la vista de la gente para volver en la galería del Caupolicán y transitar por todo el ancho de las plateas cantando y sacándose selfies al paso con algunos, y siendo tocado por otros muchos. Una locura que más tarde sería copiada pero no igualada. Era la invitación a estar todos juntos, como decían Los Jaivas, y también The Beatles en “Come Together”, corte de “Abbey Road” que Bush cubrió antes de rematar con “Glycerine”, donde Gavin a pura guitarra primero hizo cantar a la gente, y rematando con “Comedown”, directo en el corazón de la nostalgia. En vez de apelar a sonar al pasado, Bush suena a presente, y así proyecta su futuro, con una energía envidiable, que por 80 minutos llevó a un teatro repleto a vivir todos los tiempos, mirando hacia adelante, sin auto plagios ni mentiras, derivando en un gran show.

Stone Temple Pilots: Completando el círculo 

Quienes no buscaban sorprender ni mostrar vigencia fueron Stone Temple Pilots, que pese a ser el plato fuerte de la noche, cayó un poco en el ejercicio de ser opacados por Bush y su excelente presentación, algo similar a lo ocurrido con The Hives eclipsando a Arctic Monkeys en su recordada visita de 2014. Puntual como todo lo que se vivió en la noche, Stone Temple Pilots entró a escena sin mayores presentaciones, abocándose directo a la música con “Wicked Garden” y “Crackerman”, canciones que de inmediato encendieron los ánimos de un público que iba decidido a pasarlo bien, sin importar que la encarnación de la banda arriba del escenario no sea la misma que los hizo famosos. Eso, en el papel, ya que desde el look a los movimientos de Jeff Gutt emularon durante toda la noche a Scott Weiland, algo que podría ser bueno o malo dependiendo el punto de vista que se mire, pero que, a la larga, sirvió como un buen efecto placebo para no caer en cuenta de que la voz que retumbaba en cada rincón del teatro no era la misma que instaló estas composiciones en la memoria colectiva.

A fin de cuentas, lo que STP hace en el escenario es una continuación natural de la carrera de la banda, como si se tratara de empujar un legado estrictamente musical en vez de reposar en la figura de su fallecido frontman. Lo anterior, es una ventaja para el conjunto, ya que se omiten clichés casi obligatorios de las bandas reformadas como el recuerdo a los que ya no están, dedicar alguna composición emotiva a un ex compañero, o el típico “esta noche es para *inserte nombre de fallecido*”, lo cual seguramente era lo que muchos esperaban durante la noche, pero lo más cercano de eso fue la presencia de Jeff Gutt como una especie de cuerpo poseído por el espíritu rebelde y lleno de actitud que tenía Scott Weiland en sus mejores años. Por supuesto, no hay necesidad de quitarle mérito al vocalista, ya que su interpretación es lo que más refuerza una banda que siempre ha sonado perfectamente arrolladora, y eso lo demostró a la hora de despachar clásicos del catálogo del cuarteto como “Bing Bang Baby” o “Plush”, cuya interpretación semi a capella en la primera parte generó uno de los momentos más lindos de la velada.

Y si la noche estaba dispuesta para la nostalgia, las canciones del nuevo álbum homónimo de la banda debieron pasar a segundo plano, con las igualmente tremendas “Meadow” y “Roll Me Under” como las únicas presentes dentro del set. Aquí es donde fue posible notar la gran calidad vocal de Gutt y su entrega hacia el espectáculo, recorriendo toda la cancha del Caupolicán mientras recibía el cariño y los flashes de la gente a medida que los hermanos DeLeo junto a Eric Kretz echaban abajo el escenario con su implacable forma de tocar rock. Si bien Gutt es quién conduce la fiesta, se nota de manera indirecta que es Robert DeLeo junto a su hermano Dean quienes lucharon contra la corriente para sacar la banda adelante en tiempos tan adversos como los que han vivido. “Interstate Love Song”, una de las favoritas de la gente, permitió que los hermanos notaran lo que querían: el público no los olvida y sus canciones siguen sonando tan fuerte como antes.

El show avanzaba hacia el final y llegaban las canciones “Dead And Bloated” y “Trippin’ On A Hole In A Paper Heart” para dar el punto final, cerrando así un círculo que se completaba con la banda volviendo a sus orígenes, ya que, como se notó en varias ocasiones, la figura de Jeff Gutt emuló a un Weiland en sus mejores años, casi como volver en el tiempo a los días en que STP era una de las bandas más comentadas dentro de la escena del grunge y el rock alternativo de los años noventa. “Sex Type Thing” fue la que finiquitó definitivamente un nuevo paso del conjunto por nuestras tierras, el tercero, pero a la vez el primero con esta nueva encarnación que pasó la prueba de cumplir con las expectativas y exigencias que requiere un catálogo tan nutrido y poderoso como el de los oriundos de San Diego, California.

Solo el tiempo dirá si esta alineación puede seguir adelante con éxito, pero al menos con lo demostrado anoche se puede entrever que así será. Tanto Bush como STP tuvieron la tarea de sacar adelante un legado que para el mainstream podría haberse quedado estancado en el tiempo, pero demostraron vigencia y sobre todo respeto por una carrera que dio muchos frutos y que sigue estando latente dentro del corazón de sus seguidores. Puede que ambos sean actos de nostalgia, pero cuando esa nostalgia se expresa tan bien como en sus mejores años, no se siente como tal. Aquí no hubo auto parodias ni músicos en caída libre en cuanto a interpretación o entrega en escena, sino que más bien las energías propias de este segundo aire que las dos agrupaciones tuvieron. Los años podrán seguir pasando, pero el talento, la entrega y el deseo de seguir tocando impecablemente quedará siempre, sin tener que contar con manchas oscuras dentro de tan preciado legado musical.

Setlist Bush

  1. Machinehead
  2. The Sound Of Winter
  3. This Is War
  4. The People That We Love
  5. Greedy Fly
  6. Everything Zen
  7. Let Yourself Go
  8. Swallowed
  9. Little Things
  10. Come Together (original de The Beatles)
  11. Glycerine
  12. Comedown

Setlist Stone Temple Pilots

  1. Wicked Garden
  2. Crackerman
  3. Vasoline
  4. Silvergun Superman
  5. Big Bang Baby
  6. Big Empty
  7. Creep
  8. Plush
  9. Meadow
  10. Interstate Love Song
  11. Roll Me Under
  12. Dead And Bloated
  13. Trippin’ On A Hole In A Paper Heart
  14. Sex Type Thing

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