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Lollapalooza Chicago 2012: The Black Keys

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Puntualmente a las 21:30 horas, un presentador sale a escena para pedir un gran aplauso por uno de los números de cabecera de la primera jornada de Lollapalooza en Chicago. El dúo de Ohio, que ha vivido un impresionante ascenso desde el lanzamiento de su primer LP, “The Big Come Up” (2002), se encumbra como uno de los números más cotizados del rock contemporáneo. Su mezcla de garage rock y blues, han logrado cautivar a crítica y audiencia, llevándolos a presentarse como cabeza de cartel de los festivales más importantes del mundo. El clima no puede ser mejor en el Grant Park cuando comienza a sonar “Howlin’ For You”, el cuarto track del álbum “Brothers” (2010), con un Dan Auerbach (voz, guitarra) como protagonista del show, secundado por el incansable Patrick Carney (batería) y el resto de los músicos de soporte.

Le sigue “Next Girl”, y la energía es desbordante, sumada a las inmensas pantallas ubicadas al fondo del escenario, las cuales entregan una atmósfera grandilocuente a la música. Rock de garage para las masas. El bardo vocalista, agradece la concurrencia, y agradece el hecho de volver a Chicago después de un largo tiempo. Carney se quita sus lentes y junto al ritmo del bajo, dan el vamos a “Run Right Back” de su última placa “El Camino” (2011).

El blues pone pausa a los saltos para deleitarnos con “Same Old Thing”, cuya interpretación en el gran escenario bautizado como Red Bull Soundstage, se hizo inmensa gracias al efecto de las pantallas. Auerbach presenta a su compañero en las baquetas, para comenzar con la sicodelia bailable de “Dead And Gone”. El primer gran grito de euforia por parte del público, surge con “Gold On The Ceiling”, también de su última placa, y fue acompañada por el coro de miles de fanáticos.

La banda de apoyo sale de escena, dejando al dúo hacer de las suyas en “Thickfreakness”, donde se pudo ver a unos músicos más relajados e inmersos con una pieza que tiene harto de stoner. Con un punteo de guitarra, y el resto de la banda de apoyo de vuelta a escena, comienza “Girl Is On My Mind”, con ese sonido seudo oriental y seductor. “I’ll Be Your Man” ponía la nota country, para subir la intensidad del recital con “Your Touch”.

La electricidad quedaba a un lado con la acústica “Little Black Submarines”, donde Auerbach era acompañado por el bombo de Carney, y las voces de los fanáticos. El rock vuelve con “Money Maker”, y los solos de Auerbach son los encargados de poner el sentimiento. Con el sonido de explosiones de fuegos artificiales de fondo, las luces inundan el escenario para acompañar el pegajoso ritmo de “Strange Times”. La fiesta no paraba, para cuando tocó el turno de escuchar “Nova Baby”, y “Ten Cent Pistol”, esta última del disco “Brothers”.

Uno de los momentos más destacables se dio con la ejecución de “Tighten Up”, con sus sucios pasajes bluseros, puesta en escena, teatralidad, y un final falso en medio de las penumbras, que era interrumpido por el filo de la guitarra. Un gran momento. Luego de que la banda fuera presentada por su líder, y el concierto entraba a su sección final, caía “Lonely Boy”, seguida por “Everlasting Light”, donde retorno la teatralidad y una inmensa bola de disco bajaba desde el cielo para posarse sobre la banda. El dúo volvía a quedar a solas para el último tema de la noche. “I Got Mine”, de su disco “Attack & Release” (2008), cerró una velada redonda, que terminó con rock y blues.

Mientras en un escenario se vivía el retorno de una leyenda, en el otro éramos participes del nacimiento de otra. Sólo el tiempo dirá si The Black Keys llegará a ocupar un podio en la historia del rock mundial, por ahora, nos queda disfrutar de una banda con actitud, pasión y mucho rock.

Setlist

  1. Howlin’ for You
  2. Next Girl
  3. Run Right Back
  4. Same Old Thing
  5. Dead and Gone
  6. Gold on the Ceiling
  7. Thickfreakness
  8. Girl Is on My Mind
  9. I’ll Be Your Man
  10. Your Touch
  11. Little Black Submarines
  12. Money Maker
  13. Strange Times
  14. Nova Baby
  15. Ten Cent Pistol
  16. Tighten Up
  17. Lonely Boy
  18. Everlasting Light
  19. I Got Mine

Por Sebastián Zumelzu

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Eva

    04-Ago-2012 en 12:40 am

    Cuando todo se fue a negro y hubo un silencio con la banda, fue en Ten Cent Pistol, por lo demás, buen review.

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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