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Living Colour: Culto a la memoria

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1993. Living Colour pisaba por primera vez nuestro país en el marco de la gira promocional de “Stain” (1993), disco que recibiría al bajista Doug Wimbish y que asentaría la formación actual de la banda. En ese entonces, recién nos estábamos abriendo a los conciertos extranjeros y nuestro contexto político-social requería que una banda con un mensaje tan potente como el de los neoyorkinos se hiciera escuchar fuerte y claro, precisamente en un lugar como el Estadio Chile –hoy Estadio Víctor Jara–, cuyas paredes aún llevaban las marcas del cruento accionar de los militares. Chile era un país totalmente distinto, o al menos así lo parece con el pasar de los años, a pesar de que muchas batallas siguen siendo las mismas que en los albores de la transición.

2018. Después de los tres encuentros anteriores con el público local en el ya mencionado 1993, luego en 2001 y 2009, el cuarteto apareció puntualmente a las 21:00 horas en el escenario al ritmo de “Running With The Devil” de Van Halen, listos para dejar correr dos horas y diez minutos de una fiesta intensa, que pasó sin problemas por distintos estilos, todo aderezado con el increíble dominio musical que Vernon Reid, Corey Glover, Will Calhoun y Doug Wimbish muestran en el contexto de la presentación de su último disco “Shade” (2017), pero también de celebración de los 25 años de “Stain” y los 30 de “Vivid” (1988), por lo que el repertorio giró principalmente en torno a esos trabajos.

Si de correr con el diablo se trata, el legendario Robert Johnson tiene la delantera, pero ni él se habría imaginado la forma corpulenta que tomó “Preachin’ Blues” en las manos del guitarrista Vernon Reid, quién embriagó completamente a la Cúpula Multiespacio con su atmósfera lenta y cadenciosa para abrir paso a la triada aniquiladora compuesta por “Middle Man”, “Desperate People” y “Funny Vibe”, en la que las piruetas en las seis cuerdas –que incluyeron solos a gran velocidad y tapping– se ganaron la aprobación de un público enardecido. Por su parte, Doug Wimbish animaba la fiesta con un “olé, olé, olé” en el bajo e incitaba a que la gente participara en “Freedom Of Expression (F.O.X.)” a punta de “yeahs” que desataron las carcajadas del respetable.

Con un carisma irrefutable, Corey Glover dio vueltas por el escenario disparando palabras a quemarropa en “Äuslander”, entregándose en cuerpo y alma en “Wall”, con un caótico final en que la guitarra a todo volumen de Vernon aturdió a más de alguno, dirigiendo al público en “Ignorance Is A Bliss” y vistiendo ropajes ajenos en covers que no sólo dieron cuenta de las eclécticas influencias de la banda, sino que también sirvieron para mostrar cómo la música negra va permeando a distintos artistas y tomando diferentes formas que enriquecen su sonido, como las versiones de Talking Heads en “Memories Can’t Wait” y de The Notorious B.I.G. en “Who Shot Ya?”, que llevó sin escalas a los espectadores del virulento hip hop al potente rock de “Come On”.

Como si fuera poco, la versatilidad vocal de Glover también quedó a la vista en la doliente introducción en tono góspel de “Open Letter (To A Landlord)”, donde se dio el lujo de abandonar el micrófono mientras jugaba estirando las notas sólo con su poderoso aparato vocal, sacando aplausos por doquier. Una interpretación espléndida, que sin duda marcó uno de los puntos altos de la velada y que se extendió hasta el final de la canción, cuando los puños arriba se movían al son de la invitación a pelear por nuestros vecindarios. Tras el virtuoso solo de bajo de Doug llamado “Swirl”, que incluyó una serie de efectos exorbitantes, tocado con los dientes y una nota final utilizando la técnica del slap con la fuerza de un disparo, la fiesta se desató por todo lo ancho con el sabor de “Glamour Boys”, para continuar con la desfachatez de “Elvis Is Dead”, con un guiño a “Hound Dog”, grabada primero por Big Mama Thorton y popularizada después por Elvis Presley, y la locura de “Type”, en la que revivieron “Police And Thieves”, original del cantante jamaicano Junior Marvin y versionada por The Clash.

La pasión desbordante de “Love Rears Its Ugly Head” sentó las bases para el hit masivo y favorito de todos: “Cult Of Personality”, inmortal clásico que puso a mover todos los cuellos de los presentes, para luego finalizar con “Time’s Up”, el dinámico solo de batería de Will Calhoun, que incluyó un interesante juego con batería electrónica manejada por pedales y el cover de Led ZeppelinRock And Roll”, la forma definitiva en que la mayoría asimiló el blues gracias a estos estandartes del rock.

Se suele pensar que 25 años no pasan en vano, pero mientras movemos nuestras cabezas al ritmo de “Cult Of Personality”, inmediatamente aparece la sombra de la vigencia. Mussolini, Stalin y Ghandi pueden ser perfectamente intercambiables por Trump, Kim Jong-Un u Obama, siguen siendo las caras sonrientes en nuestros televisores y los que nos dicen que uno más uno es igual a tres, los cultos a la personalidad. O la lucha del rico contra el pobre en “Open Letter (To A Landlord)”, o la frivolidad de una juventud desinteresada en “Glamour Boys”. Todo sigue siendo tan actual, siguen siendo los mismos temas.

Quizá esa fue la gracia de haber tenido a Living Colour de vuelta en nuestro país: mostrarnos que están hechos de una música con sentido, con base en raíces que los enorgullecen, que sienten propias y que deambulan en los espíritus de todos los artistas a los que homenajearon en esta cuarta estadía en Chile; músicos disimiles en la superficie, pero que beben de casi las mismas fuentes. Con la misma formación, pero en otro contexto, Living Colour nos hizo recordar que hemos crecido y hemos cambiado en algunos aspectos, sin embargo, seguimos estando ahí para escuchar las verdades que duelen al ritmo de una de las fusiones más electrizantes que nos ha dado el rock. Después de todo, puedes botar un edificio, pero no puedes borrar la memoria.

Setlist

  1. Preachin’ Blues (original de Robert Johnson)
  2. Middle Man
  3. Desperate People
  4. Funny Vibe
  5. Freedom Of Expression (F.O.X.)
  6. Äuslander
  7. Wall
  8. Memories Can’t Wait (original de Talking Heads)
  9. Ignorance Is A Bliss
  10. Who Shot Ya? (original de The Notorious B.I.G.)
  11. Come On
  12. Open Letter (To A Landlord)
  13. Swirl (solo de bajo)
  14. Glamour Boys
  15. Elvis Is Dead
  16. Type
  17. Love Rears Its Ugly Head
  18. Cult Of Personality
  19. Time’s Up
  20. Solo de batería
  21. Rock And Roll (original de Led Zeppelin)

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Christina Rosenvinge: Ouijas para la empatía y la revolución

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Christina Rosenvinge

La opresión de la lógica patriarcal que rige como titiritero invisible a las acciones sociales del mundo ataca a todas y todos. Aunque las movilizaciones multitudinarias hacen creer a varios que son las mujeres las que buscan cambios para ellas, lo cierto es que toda modificación a la norma imperante debe implicar algo más allá, afectando a hombres y mujeres. Por ello se hace vital entender todo el espectro. Esa es parte de las inquietudes de una de las creadoras más relevantes de Hispanoamérica, en especial cuando el análisis se cierne sobre su propia historia y la de los suyos.

Christina Rosenvinge es activista, pensadora, productora, mujer, pero por sobre todo es compositora, y en este ámbito es el que vierte complejidades claves de escudriñar. “Un Hombre Rubio”, uno de los mejores discos de 2018, ataca desde la empatía y la honestidad hacia las razones por las que existen exigencias para los hombres en pos de un patriarcado que busca su propia sanidad. Ella ve en su padre a una figura que tiene esas contradicciones e intenta explicarse una relación –cuando menos– conflictiva. Junto con una producción exquisita (de exclusivo crédito de la propia Christina) y sonidos precisos y bien desarrollados, el décimo álbum de la madrileña es un arma poderosa para hacer espiritismos propios en busca de respuestas, analizar esos diálogos pendientes y, por supuesto, para elucubraciones que deriven en esa revolución que permitiría la transversalidad fundamental, esa donde géneros no importen.

Un portal se abrió a pocos kilómetros del radio urbano del Gran Santiago, y en el parque de Las Majadas de Pirque, con edificaciones preciosas alrededor, se dio algo cercano a un día de campo, ocasión que vería a Rosenvinge volver luego de 14 meses a Chile, pero con un nuevo paradigma, de esos que usaría el propio David Bowie para corromper la normalidad y expresar todo lo que se pueda indicar.

Pero antes, la velada fue abierta por la solvente y delicada propuesta de Sabina Odone, quien, pese a indicar que existían ciertos desperfectos técnicos, siempre se escuchó con claridad y belleza. Lo primero que mostró en su presentación –que se extendería por 35 minutos– fue su trilogía de sencillos “Una Historia de Amor”, previa a su disco “Amore” que está trabajando para ser editado en 2019. Y se nota la consistencia de las tres canciones, tan diferentes en temática y sonoridades, pero tan ligadas una a la otra, desde “Algo de Ti” con el enamoramiento, hasta “Quise Ser Tu Amante” en la reflexión a posteriori, pasando por la decepción en “Ellos No Cambian”. Además, Sabina estrenó una canción y, cuando su piano eléctrico dejó de sonar, cantó una versión a capella de “Il Cielo In Una Stanza”, canción que refiere a los ancestros de Odone, quien, emocionada por la oportunidad, demostró que una buena voz no necesariamente viene asociada a la catarsis permanente, sino al control y la contención que da la experiencia en vivo y la convicción en las propias canciones.

Media hora después sería el turno de una Christina Rosenvinge que, a la usanza del arte de “Un Hombre Rubio”, llegó ataviada de una camisa blanca y pantalones negros sin talle ajustado. El afán de explicar una vestimenta va en que es este el personaje en el que podía sostenerse Christina a lo largo del show, en este hombre rubio, guapo, exitoso, dominante, que por 106 minutos sería el centro de la atención, con sorpresas, reflexiones y, al final del día, un rock que desde la sofisticación puede transformar un tranquilo prado en un concierto frenético y lleno de momentos.

Con “Niña Animal” y “El Pretendiente”, ambas del disco nuevo, Rosenvinge ponía sobre aviso a la gente del tono del sonido para el show, con una banda correcta mas no descollante, quizás dejando en claro que, más allá de virtuosismos o perfección, lo que podía hacer que el show fuera inolvidable eran las canciones, y por ello es que Christina también entendió que, para el espacio y ambiente, ella podía tomar el pasado para ir tanteando la trayectoria para enlazar el presente, formando un lindo nudo que cierre todo. Por ello irrumpieron como nunca las canciones que originalmente le pertenecían a Christina & Los Subterráneos. Incluso, la primera sería una del disco incomprendido de ese proyecto, “Mi Pequeño Animal” (1994). “Pálido” era la primera sorpresa nostálgica, para luego pasar a una nostalgia más personal de Christina en “Jorge y Yo”, dedicada a su hermano, y luego llegar a otra antigua, en ese caso de 1992, “Señorita”.

Rosenvinge volvía a su último registro con el dueto espiral de “Pesa La Palabra” y “Romance De La Plata”. En la primera canción, es el padre el que le habla a su prole, en tanto que en la segunda es la hija la que se da el espacio de hablarle a su progenitor, en un esfuerzo gimnástico de la interpretación, donde vemos cómo Christina está en otro nivel, siendo capaz de saltar desde su yo de hace más de 25 años hacia su padre, y luego hacia ella misma. Pareciera que estuviera dejando a los espíritus entrar, comunicarse y luego salir, todo en márgenes mínimos.

La Distancia Adecuada”, una sombría y elegante versión de “Tú Por Mi”, y luego “Ana y Los Pájaros” continuaban una jornada donde la verdadera Christina Rosenvinge quedaba a flote en todo momento, ya fuera con la repetición a modo de tantra de “Alguien Tendrá La Culpa” o con etapas más complicadas como las posteriores. Pasarán la puta, la tejedora, la flor entre las vías, pero nada será tan inesperado como “Mil Pedazos”, canción que la artista no tocaba desde su anterior visita en 2017, en una versión oscura, que hace sentir mucho más la división y el dolor de estos pedazos que no se sabe por dónde intentar volver a unir.

Aunque Rosenvinge y su banda abandonaron el escenario un poco, eso es parte de la dinámica tradicional de los conciertos, pero el retorno tuvo a Christina sola, con la guitarra ataviada y con intención de dar en el gusto a su gente, que logró que sonaran versiones solistas de “Las Suelas De Mis Botas” y “Sábado”, dos temas muy sorpresivos y que, sin querer, van dentro de la narrativa de comprender a otros y también generar cambios para modificar al ser.

En “La Piedra Angular”, canción que primero tiene a Christina acompañada solo por un piano para terminar con banda, se vivió uno de los momentos inolvidables de la jornada cuando ella se baja del escenario con intención de buscar una pareja para bailar el intermedio de ese track, que es casi un vals. Rosenvinge eligió a una mujer del público, con el arrojo arrogante de la vestimenta del hombre rubio que lleva puesta. Mientras bailan, mujer contra mujer, todo el público se pone a su alrededor generando una postal única, que se convertiría en incredulidad y risas cuando Christina falló espectacularmente en hacer un gesto galán y ella y su bailarina cayeron muy fuerte contra el suelo. Una manera única de relevar también el track que cierra “Un Hombre Rubio”, una balada preciosa que se pegó perfecta con otro track de Christina & Los Subterráneos, “Alguien Que Cuide De Mí”, y con el gran final con “Voy En Un Coche”, en una versión rockera pero madura, haciéndose cargo de la brecha de pensar que un auto es la libertad, algo muy lejano en 2019 a ese ideal de 1992, y por ello es que un tono más sombrío resultaba preciso.

Así culminaba un espectáculo donde no sólo hubo grandes canciones y momentos, sino también pudimos ver a una artista en el tope de sus capacidades, sean estas artísticas como personales. Christina Rosenvinge tiene en la cabeza como objetivo que se comunique qué es el feminismo, pero que se haga bien, sin caricaturas, y he allí su loable intención de buscar la empatía en figuras que también son consecuencias de un sistema opresor. En esta búsqueda, que va más allá de tumbas, dimensiones y fronteras, es que tenemos los cimientos de una revolución que no sabemos cuándo llegará, pero que sí tenemos certeza de que vendrá. Mientras tanto, como dice la canción que abrió el show, “aguanta”.

Setlist

  1. Niña Animal
  2. El Pretendiente
  3. Pálido (original de Christina & Los Subterráneos)
  4. Jorge y Yo
  5. Señorita (original de Christina & Los Subterráneos)
  6. Pesa La Palabra
  7. Romance De La Plata
  8. La Distancia Adecuada
  9. Tú Por Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  10. Ana y Los Pájaros
  11. Alguien Tendrá La Culpa
  12. La Flor Entre La Vía
  13. La Muy Puta
  14. La Tejedora
  15. Mil Pedazos (original de Christina & Los Subterráneos)
  16. Las Suelas De Mis Botas (original de Christina & Los Subterráneos)
  17. Sábado
  18. La Piedra Angular
  19. Alguien Que Cuide De Mi (original de Christina & Los Subterráneos)
  20. Voy En Un Coche (original de Christina & Los Subterráneos)

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