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LeRock Fest 2019: El gran espacio

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Como una instancia para darle cabida a esos sonidos que no suelen estar presentes en el mainstream es que nació LeRock Fest, evento por excelencia que funciona a modo de vitrina de los artistas del sello LeRock Psicophonique, con un cartel que contaba con una veintena de artistas entre bandas y solistas del sello, además de invitados internacionales. El Centro Cultural Matucana 100 fue el escogido para una nueva edición, la que estaría marcada por el esperado debut de Daughters en Chile, así como también el regreso de A Place To Bury Strangers y los sets de variados artistas nacionales. Desde muy temprano, alrededor de un centenar de asistentes llegó para disfrutar los primeros shows del día, dispuestos en tres escenarios estratégicamente ubicados en el lugar, con un programa que comenzó desde las 14:00 hrs. a exponer los talentos locales en la vereda del post rock y el math rock, estilos que estarían fuertemente marcados durante la tarde.

El primero de ellos en presentarse fue Arias, quien abrió la jornada en el M100 Stage, ubicado inteligentemente en una sala a oscuras dentro del edificio principal, entregando una sensación de intimidad y de escape para toda la vorágine y el ambiente más festivalero que se vivió al aire libre durante la tarde.

Por otro lado, Narval Orquesta inició las actividades del LeRock Stage, con una propuesta de sonidos que mezcló perfectamente un estilo contemporáneo y clásico, llamando la atención de gran parte de los presentes en una hora donde el aforo de público ya comenzaba a aumentar. El ensamble se mostró seguro y confiado en el escenario, mostrando una selección de las dos obras que tienen publicadas a la fecha.

Volviendo al escenario interior, José Tomás Molina entregó una propuesta pocas veces vista en escenarios de este tipo, ya que, gracias a su labor de compositor de música incidental, entregó un set que jugó durante todo momento al correcto ensamble de sonidos, formas y texturas, para crear un ambiente de complicidad con la audiencia presente dentro del oscuro e íntimo M100 Stage.

Con algunos problemas de sonido, pero con una entrega y potencia abrumadora, los oriundos de Valparaíso, Cola de Zorro, se tomaron el escenario principal con su música instrumental, la que fue incursionando en motivos de post rock, e incluso rock progresivo, con una presentación que abordó algunas composiciones de “Soma” (2018), el último trabajo de estudio de estudio de una banda que ya cuenta con una trayectoria cercana a los 15 años.

Otra de las instancias especiales que tuvo el festival fue la presentación de Natisú, una oportunidad casi única de poder ver a esta artista en vivo y, más aún, en una etapa como la que se encuentra actualmente, donde incluso pudo entregar algunas muestras de lo que es su nuevo trabajo musical, acompañándose de una banda que le permitió jugar muy bien las cartas de un show que rayó en lo exclusivo, debido a que la interprete estará fuera de Chile durante una temporada. Tal como lo describió la artista, previo a su presentación, lo suyo fue un show breve, pero intenso.

Desde Medellín llegó la banda de post rock Danta, quienes, comandados por el álbum “Páramo” (2017) como su último lanzamiento, mostraron un sonido muy ligado a las esencias del krautrock y el post-punk, corroborando que esta nueva oleada de sonidos un poco más de nicho no es algo que se esté viendo solamente en nuestro país, sino que también en el resto de Latinoamérica.

Bajo esa misma afirmación, desde Argentina llegó TOTS y Malviaje, así como también la agrupación Wanderlust desde Perú, todas con propuestas diferentes, pero con el espíritu mismo de una mirada más independiente, donde se privilegian las ganas de hacer música por un deseo de expresar algo en pos de ese errado concepto de encontrar el éxito y la fama llegando a las radios.

Malviaje se dedicó a repasar un repertorio que ya cuenta con los álbumes “8bit” (2015) y “Memorias” (2017), mientras que el power trio peruano Wanderlust se enfocó en su LP “Naufragio”, lanzado apenas en noviembre del año pasado. Todas estas bandas lograron consignar la afirmación de que Latinoamérica tiene mucho que ofrecer en materia musical, y no sería de extrañar que en el futuro comiencen a exportar su música para lograr éxito en el extranjero.

Eso se debe a cómo los músicos de esta parte del continente saben absorber y desarrollar sus influencias para plasmarlas en su música, tal como se pudo apreciar con TOTS, cuyo sonido (sobre todo el de su último EP, “El Tiempo Pasa Más Rápido En La Montaña”) apostó por un math rock que se sintió fresco y a la vez familiar, recordando en ciertos pasajes a bandas como Rush o King Crimson, e incluso créditos un poco más de nicho como Yellow Magic Orchestra o Bi Kyo Ran, presentándose como una versión en esteroides del denominado rock progresivo.

Una de las presentaciones más interesantes de la jornada fue la de los brasileños E A Terra Nunca Me Pareceu Tão Distante, quienes con la noche ya caída tomaron el LeRock Stage para entregar su ruidoso post rock en el escenario principal, marcado por pasajes que intervienen conceptos de luz y oscuridad mediante los acordes que van formando una progresión muy ad hoc con el ambiente que genera la música del conjunto.

Para muchos, el hecho de contar con una propuesta instrumental podrá parecer vaga, pero cobra un sentido enorme cuando se analiza la estructura que la banda va formando en su relato, como si se tratara de una secuencia cinematográfica. Esto, porque su show se presenta mediante una introducción, alcanzando así un desarrollo y posterior conclusión exclusivamente mediante la música, entregando un momento único para quienes presenciaron la presentación de una de las bandas consideradas estelares en esta edición de LeRock, marcada igual que la mayoría de los participantes con el lanzamiento de un reciente nuevo disco.

 

Ese material fue “Fundação”, con salida en septiembre pasado, trabajo que los llevó a participar de la pasada edición de Lollapalooza Brasil, logrando un estatus un poco más masivo en su país de origen. Canciones como “Karoshi”, “Quando O Vento Cresce E Parece Que Chove Mais” o “Se Fosse Assim, Onde Iríamos Parar?” sonaron fuerte en la explanada de Matucana 100, dejando en el aire la sensación que reinaría durante el resto de la noche: cada presentación venía mucho más sorprendente de lo imaginado.

La maratónica jornada comenzaba su fase final con la actuación de los chilenos de Inverness, quienes, dispuestos en el M100 Stage, realizaron un show en celebración de los diez años de su disco “Illuminaciones”, con el que debutaron a fines de la década pasada.

Repasando por completo el registro junto a otras composiciones más recientes, los nacionales realizaron un show impecable, gozando de un gran sonido y puesta en escena. Canciones como “La Luz Inicia”, “Las Horas Quietas” o, la que cerró el espectáculo, “Atardecer Magallánico” fueron las más destacadas en una actuación que hizo justicia a la historia del grupo y dejó conforme tanto a músicos como asistentes.

El regreso de los neoyorkinos de A Place To Bury Strangers a la capital fue por partida doble, con un sideshow que se realizó la noche del viernes en los interiores del recinto y con el recital que los puso este sábado en el escenario principal del LeRock Fest 2019.

Promocionando su más reciente álbum, “Pinned” (2018), los norteamericanos hicieron lo que saben hacer mejor: una oda al ruido y a la estridencia que se tomó las dependencias del lugar, dando forma a una experiencia eléctrica y sideral. Canciones como “Never Coming Back”, “Ego Death” o “Deadbeat” mostraron lo mejor del grupo, que realizó todas las maromas y rituales que son parte esencial de sus presentaciones en vivo.

Lanzamientos de instrumentos al aire, destrucción de los mismos, bajar del escenario y tocar entre el público mientras la gente se sumaba al caos sonoro, estuvieron presentes en un show que elevó los ánimos al máximo y se enmarcó como uno de los grandes números del festival.

Con más de 25 años de carrera, los chilenos de Akinetón Retard se han mantenido como uno de los referentes máximos del jazz fusión y experimental en nuestro país, logrando traspasar fronteras e instalando su nombre como una joya del catálogo musical nacional. Es por estas razones que asistir a uno de sus shows siempre es un lujo, y el que ofrecieron anoche en el marco del festival no fue la excepción.

Presentando clásicos de su catálogo como “Morricoleman” y un par de temas nuevos, como “Pausto”, el quinteto demostró que está en mejor forma que nunca, llevándose la ovación del público que disfrutó cada uno de los cincuenta minutos de Akinetón Retard en vivo. Cuerda queda para rato y la expectación es grande para lo que podría ser el lanzamiento de un nuevo larga duración.

El inesperado anuncio del debut de Daughters en Chile fue un gran acierto por parte de la organización del festival, y ahora, rememorando la intensidad de lo vivido anoche en el LeRock Stage, podemos corroborar que la decisión de traerlos fue una de las mejores que pudieron haber tomado.

Promocionando el elogiado “You Won’t Get What You Want” (2018), la banda estadounidense se despachó un concierto impredecible y en muchos momentos abrumador. Alexis Marshall fue el atormentado maestro de ceremonias que dirigió la comparsa siniestra, bajando del escenario en reiteradas ocasiones para cantar entre los abrazos y saltos de los fanáticos, quienes desataron toda la rabia contenida cortesía de un set de canciones que no dio tregua.

The Reason They Hate Me”, “Long Road, No Turns”, “Guest House” y material de álbumes anteriores, como “Our Queens (One Is Many, Many Are One)” y “The Virgin”, formaron parte del set presentado por Daughters en uno de esos conciertos que trascienden lo netamente musical para convertirse en verdaderas experiencias. Viviendo su mejor momento, el sexteto nos dio a entender por qué hoy todo el mundo se está deshaciendo en halagos antes su obra.

Con la locura de Daughters terminaron los actos principales en LeRock Fest 2019, un festival que se la jugó por poner en un escenario masivo a nombres que, por lo general, no cuentan con espacios de estas magnitudes para presentar su trabajo. Una gran experiencia, que esperamos se repita en los próximos años y siga expandiendo su alcance hasta transformarse en el gran encuentro de la música alternativa en nuestro país.

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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