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De La Tierra: Empezar de abajo

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Luego de dos intentos fallidos por definir recinto, Backstage Life fue el lugar escogido para recibir a la superbanda De La Tierra la noche del pasado lunes. Aunque ellos no se sienten cómodos con esa calificación, la agrupación de múltiples nacionalidades –y miembros de A.N.I.M.A.L., Sepultura y Maná en sus filas– volvió a visitar Santiago para presentarse en un show que no estuvo libre de dificultades, marcado por un inicio intrincado debido a lo tarde que se realizó la prueba de sonido y el posterior retraso en el ingreso del público.

Con un poco más de una hora de demora, la banda subía al escenario al ritmo de la introducción que abre su segundo disco, acompañada amablemente por las palmas de un público que hace unos minutos parecía al borde de perder la paciencia. Luego del saludo respectivo de su frontman, Andrés Giménez, el conjunto se dispuso a dar sus primeros golpes con la dupleta “Señales” y “Maldita Historia”, que, gracias a los aires latinos otorgados por el baterista Alex González y la guitarra afilada de Andreas Kisser, era posible percibir los guiños e influencias que De La Tierra recoge del sonido de Sepultura. Luego de recibir un gran aplauso, Andrés aprovechó el momento para presentar a Harold Hopkins, el nuevo bajista en reemplazo de Flavio Cianciarulo.

Superados los problemas iniciales, el show estuvo marcado por el buen humor y cercanía de la banda con el público. Luego de interpretar “Rostros”, uno de los asistentes obsequió una polera a Andrés, quien apreció la posibilidad de tocar en el local ubicado en Patio Bellavista, el que, a pesar de lo reducido, permitía un trato más íntimo con los fanáticos. “Valor Interior” y “San Asesino” continuaron deleitando a los espectadores, quienes coreaban cada una de las canciones.

La banda se tomó nuevamente el tiempo para bromear, esta ocasión con un tópico tan común en Latinoamérica como es el fútbol. Andreas Kisser se vanaglorió del talento de su selección provocando risas y pifias en un tono amistoso. La pausa concluyó con unas palabras de Giménez, quien destacó la hermandad entre las distintas nacionalidades americanas de sus integrantes y, por supuesto, del público, en un espíritu fraterno y latinoamericanista. El show retomó su marcha con “Puro” y “Detonar”, mientras que “Dois Portais” –con letra en portugués– fue la oportunidad de Kisser para hacer de vocalista. La presentación tuvo su momento más alto cuando interpretaron “Somos Uno”, sin lugar a dudas la canción más coreada por el público, tanto así, que al finalizar la banda invitó a la gente a repetir el coro a modo de reprise. “El publico de chile es increíble, te odian o te aman”, destacaba Andrés Giménez evidentemente emocionado. “Chamán de Manaus” también se prestó para agradecimientos, en esta ocasión de quienes gestionaron la fecha en Chile.

La banda comenzaba a despedirse con el intenso groove de “Ciénagas De Odio” y “Fome”. Ya completamente distendidos, los músicos hicieron una breve parodia a Iron Maiden y prometían volver a Chile con material nuevo en un par de años más. El show terminó con “Cosmonauta Quechua”, cerrando con un jam donde se agradeció extensamente al equipo técnico, mientras un Andrés Giménez, sin guitarra y desenfrenado, se lanzaba al público en un stage dive.

Es necesario ser honestos y mencionar que los shows de De La Tierra están marcados por un dejo de morbo, principalmente motivado por lo diferente de las bandas madre de algunos integrantes, sin embargo, estos quedan derribados al ver la propuesta del combo en vivo, destacando la alta calidad técnica que tienen como músicos y, sobre todo, su humildad en el escenario. De La Tierra es consciente que no basta con venir de agrupaciones ya consolidadas; alcanzar el prestigio y respeto del público requiere un trabajo duro y sin vanidades, labor que parecen estar dispuestos a realizar.

Setlist

  1. Señales
  2. Maldita Historia
  3. Rostros
  4. Valor Interior
  5. San Asesino
  6. Puro
  7. Detonar
  8. Dois Portais
  9. Somos Uno
  10. Sin Límites
  11. Chamán de Manaus
  12. Ciénagas de Odio
  13. Fome
  14. Cosmonauta Quechua

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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