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La Dimensión impresionista de Fred Frith

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Ayer ante una sorprendente convocatoria en el Teatro Oriente, Fred Frith volvió a conmover por segunda vez al público chileno. El primer asombro que nos regaló este compositor inglés fue en 1997 junto al baterista Chris Cutler en el Centro de Extensión Universidad Católica. En aquella oportunidad estos músicos provistos únicamente de guitarras y variados utensilios como fierros, cadenas y pelotas de ping pong, nos ofrecieron un espectáculo inédito que permaneció durante muchos años en el inconciente de quienes tuvimos el privilegio de presenciar una de las mejores sesiones de improvisación libre que se hayan realizado en nuestro país.

Cerca de las 9 de la noche, hora fijada para el concierto, el recinto se veía con un escaso público, probablemente por que la mayoría de sus seguidores aún se encontraban en sus trabajos. Aun así, pasada las 21 hrs se suben al escenario Akinetón Retard, encargados de crear la atmósfera propicia para Frith. Esta banda chilena logró durante un poco más de media hora, mostrar su gran virtuosismo instrumental, tocando un repertorio enriquecido de sonidos en los que se vislumbra el free jazz, la experimentación y la polirritmia. Pero con un  claro sello latino que sólo esta banda fue capaz de fusionar a través de sus 10 años de experiencia. No en vano han sido invitados a participar en reconocidos festivales europeos.

Luego vendría el turno de Frith. Pero para introducirnos en esta noche en vivo es necesario comenzar por olvidarnos de la lógica y  la cronología. Cuando entras a un concierto de este compositor inglés, sencillamente olvidas la coherencia entre ver, escuchar y sentir. Por una parte vemos a un hombre con el semblante propio de una persona que ha adquirido la serenidad y sabiduría a través de los años.  Pero una vez que comenzamos a escuchar, sentimos que estamos frente a un niño que descubre los sonidos por primera vez y se asombra ante las infinitas posibilidades auditivas que emergen de una guitarra cuando es llevada al extremo sonoro.

A medida que avanza la noche, Frith logra introducirte en un mundo paralelo donde habitan en perfecta armonía la construcción, el caos y la destrucción de los sonidos reconocidos por el oído humano. Fred Frith es eso, sencillamente el creador de un espacio improvisado, de la velocidad histérica, del dramatismo y la habilidad de cambios. Donde las instancias de relajación y serenidad son mezcladas por estadillos de cuerdas que en los momentos menos oportunos se vuelven en gritos desgarradores. Como si ese instrumento inanimado tuviera un alma capaz de cantar con solo el roce de una barra armónica o gritar cuando se le es golpeada por un par de brochas y unas cadenas.

Sin duda Fred Frith, más que un creador de composiciones excepcionales, también es un líder nato que fue capaz de hipnotizarnos durante un tiempo indeterminado, ya que increíblemente estuvimos inmersos en un mundo atemporal donde cada sonido se transforma en el guión de pequeños cortometrajes que construirían finalmente una obra maestra.

Finalizada la primera parte de su espectáculo, el público se levanta de sus butacas para aplaudirlo eufóricamente. La ovación era tan ensordecedora que obligó a este sencillo hombre a volver al centro del escenario. Así fue como vuelve caminando tranquilamente, se sienta y coloca sus pies desnudos en los pedales de control, donde lograba dar vida a su amada guitarra a través de efectos de distorsión, Chorus, Flanger, Delay y Reverd, que eran el hilo conductor de cada pasaje sonoro que nos estremeció durante toda la noche.

Luego de volver dos veces al escenario, Frith da termino a su show con una pieza tan sutil que logró hacer dormir plácidamente a un niño que se encontraba en los brazos de su padre. Al finalizar el concierto, como todo gran maestro, agradece a su público con su mano en alto y vuelve a ser un hombre común que charla con sus compañeros de staff sobre el escenario. En ese instante, un chico de no más de 12 años,  se sube y le entrega un disco para que le diera su firma. Entonces Fred, sorprendido, lo abraza y charla con él, mientras recibe un vino de regalo por parte de otras personas del público. Después de un rato se acerca al borde del escenario y casi de rodillas comienza a dar firmas y abrazos a todos los que quisieran estar más cerca de él. Un final sencillamente emotivo para quienes tuvimos el privilegio de ser parte del impresionante mundo de este compositor.

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4 Comentarios

4 Comments

  1. Felipe Henriquez

    18-Dic-2009 en 9:43 pm

    RT @HumoNegro La Dimensión impresionista de Fred Frith http://bit.ly/4rD8yL

  2. josefa

    18-Dic-2009 en 10:04 pm

    increíble! fue mágico… sin palabras!

    buena crónica 🙂

  3. rdgo

    19-Dic-2009 en 5:26 pm

    espectacular!!
    un maestro cerrando un muy buen año para mi gusto.
    es verdad que se repite el plato en valdivia?
    por ahora seguiré esperando al amigo zorn, pero ese es otro cuento.

    saludos!

  4. rdgo lrmnda

    19-Dic-2009 en 5:32 pm

    RT @HumoNegro: La Dimensión impresionista de Fred Frith http://bit.ly/4JvyLd // buena crónica de lo q fue la noche del jueves: espectacular!

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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