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La Cumbre del Rock Chileno 2017

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La tarea se veía titánica, y con múltiples posibilidades de fallar. 38 bandas en una sola jornada, en el Estadio Nacional en un día (muy) soleado de enero. Pero La Cumbre del Rock Chileno tiene una historia basada en maratones, donde ha habido incongruencias y problemas, pero también “momentos cumbre” y la posibilidad de escuchar en el mismo lugar a parte de la historia de la música chilena. Ahora, el debate por el nombre o la conformación del cartel siempre ha sido parte de las polémicas que han nublado al evento. La disputa entre el discurso anquilosado de “qué es el rock” y lo que efectivamente ocurre en el siglo XXI, donde la mezcla de estilos es regla, ley y riqueza, es estéril y, sin embargo, se toma un espacio que podría ser usado para la colaboración y el disfrute colectivo. Al menos, este debate no estuvo tantas veces presente en una jornada mayoritariamente ecléctica, pulcra, pero donde un par de errores claves matizaron para mal un día de música que el público disfrutó pese al incesante sol y la falta de puntos de hidratación adecuados.

Primer Bloque

Escenario Rojo

Todo partió con puntualidad extrema a las 11:00 hrs. con el rock lleno de elementos bluseros y rockabilly de los penquistas Julius Popper, quienes en tres temas se ganaron al público en exactos 10 minutos sabrosos y movidos. Luego, a las 11:25, fue el turno de una de las bandas que apareció con fuerza en los últimos años, Planeta No, que en tres temas se ganaron la ovación más grande de las primeras horas de la Cumbre, pese a la poca gente que había aún; aplausos que no llegaron copiosamente para Aiken. La banda pareciera estar en un punto de transición que hace que su mezcla de estilos aún no cuaje, pero hay talento y ganas, así que habrá que esperar lo que venga con su nuevo EP y álbum. En tanto, De Kiruza y sus nueve músicos en escena saben a lo que suenan, y ahí la música simplemente fluye y, a veces, es coreada como pasó con el hit “Bacán”.

Escenario Azul

Luego de que el escenario rojo iniciara sus actividades con los penquistas Julius Popper, fue el turno de Yo Soy Pérez, proyecto del compositor Andrés Pérez, quien ataviado completamente de blanco, realizó su presentación muy rica en estilos, con matices que se movían entre el funk y otros ritmos. Por su parte, el ex vocalista de Primavera de Praga, Leo Saavedra, trajo su pop rock a la tarde de sábado, entusiasmando al público pese al intenso sol. Continuando con el programa a paso de reloj, We Are The Grand hizo un pequeño repaso a “Volver” (2016), su último trabajo de estudio, con el calmo indie rock que los caracteriza, pero lamentablemente sufriendo algunos problemas de sonido durante el show, lo que generó a ratos la descoordinación entre la banda, quienes dieron vuelta las cosas a su favor una vez que cerraron su presentación. Con los primeros acordes de “Macondo“, el eterno Miguel Barriga dio inicio al set de Sexual Democracia, quienes se acompañaron del Ballet Folclórico de Viña del Mar como cuerpo de baile, provocando la fiesta en el público que se encendió con la intensa presentación del conjunto. Consignas pro-educación gratuita y la canción “Señor Apoderado” fueron momentos altos, con Barriga gritando ¡educación gratis para todos el 2080!”, lo que provocó risas y aplausos en la cancha.

Segundo Bloque

Escenario Rojo

Tras la fiesta de Sexual Democracia, la situación era difícil para Ases Falsos, pero con “Gehena” y la ovación de la gente lo dieron vuelta, pese a que tocaron la lánguida “Subyugado”, sin embargo, luego un medley de “Pacífico”, “Mi Ejército” y “Cae La Cortina” la dinámica volvió, para cerrar con el karaoke de “Simetría”. El rock más tradicional vino de la mano de Weichafe, llenos de mensajes y de canciones implacables. Uno de los mejores shows sin escatimar en pedir la libertad de la machi Francisca Linconao en la gran “La Fuerza Viene de la Tierra”, o hacer un homenaje a Jorge González y Los Tres con un medley de “Estrechez de Corazón” y “Déjate Caer”.

Pero la banda que tuvo el primer “momento cumbre” fue Sinergia. Con hits que todo el mundo conoce, la agrupación entregó un sonido sólido y una performance entretenida, como pasó con “Mi Señora” y “Te Enojai Por Todo”, aunque el momento más estremecedor fue cuando presentaron a Mel Contreras, niña con la que han trabajado en programas del Sename, con una presencia avasalladora, cantando un tema original. Realmente un show especial, a diferencia de lo que pasó con Nadie y Aparato Raro, bandas que anotaron sus éxitos en los 80, pero que, a pesar de lograr un sonido competente, no se sacuden de esa sensación de antigüedad. Incluso, Nadie tuvo problemas de sonido que acortaron su presentación. Una pena, porque sí es posible que canciones de hace décadas suenen frescas, tal como hizo Javiera Parra & Los Imposibles en un show correcto, en el que incluso invitaron a Ángel Parra a tocar dos canciones de Violeta Parra. Lamentablemente, el único homenaje visible a la mejor compositora chilena de la historia en el año de su natalicio centenario en la Cumbre. Una oportunidad desperdiciada.

Escenario Azul

Con la sólida interpretación de la potente “A Mis 20“, Gonzalo Yañez se ganó al público de inmediato, la que además incluyó un tributo a grandes de la música en las pantallas, como Bob Dylan, David Bowie, Mick Jagger, The Beatles y Jorge González, a quien agradeció una vez que se dirigió al público. Una versión en clave reggae de “Volvemos A Caer“, le dio fuerza a una gran presentación, la que finalizó con “A Toda Prisa“, parte de su última placa “Vuelve A Creer En Mí“, lanzada en 2016. Pese a estar presupuestado para el Escenario Rojo, Pedropiedra intercambió escenarios y horarios con Weichafe, con una presentación enfocada en esta nueva etapa del músico, partiendo con “Todos Los Días“, cargada al funk y de carácter más bailable, todo orientado a la brecha de tintes pop que ahora sigue el músico. La cumbia de “Inteligencia Dormida” hizo bailar a todo el público, mientras que “La Balada de J. González” sacó aplausos cuando el músico cerró su show. Polémicos como siempre, Los Miserables celebraron 25 años de carrera, partiendo su imparable y potente show con “Tu Alma Mía“, siguiendo con sendos golpes tales como “El Crack” y “Esto Sí Es Punk Rock“, donde aprovecharon de disparar contra el cartel del evento, el canal Mega, Luis Jara y todo lo que se les viniera a la cabeza.

Luego de la tormenta llegó la paz con Gondwana y su extensa presentación, con una nueva encarnación sacada adelante por el bajista fundador I-Locks Labbé y el vocalista Mc Jona, quienes mezclaron material nuevo con clásicos del cancionero nacional como “Estoy Amándote“, entre otras. Uno de los shows más destacados fue el de Camila Moreno, que pese a sufrir algunos problemas de sonido desarrolló una hipnotizante presentación, la que combatió los percances que generaron el uso de pistas programadas en la mayoría de las bandas. Con el track “Incendié“, Moreno finalizó su breve show ante el aplauso de quienes se quedaron con ganas de escuchar más. Avanzada la tarde, Los Tetas llevaron su alegre funk cautivando a todos los presentes, y demostrando su virtuosismo y destreza en los instrumentos. La invitación de Mon Laferte para interpretar “La Medicina” sorprendió a todos quienes esperaban por la intérprete, quien se lució en su breve intervención. Con consignas a favor de la machi Francisca Linconao, el vocalista Tea-Time se lanzó al público para cantar “Cha Cha Cha” y poner fin a los poco más de 20 minutos que estuvieron en el escenario.

Tercer Bloque

Escenario Rojo

Alex Anwandter iba seguro y prístino con éxito tras éxito, con el público de su lado y una sorprendente multitud coreando “Siempre es Viernes en mi Corazón”, pero tras  mandarse el discurso más relevante de la Cumbre, apuntando a quienes se cierran a sonidos “gay y femeninos” y comenzar a tocar “Cómo Puedes Vivir Contigo Mismo”, daría un abrupto fin a su show tras la caída de la consola y las secuencias. “Amar en el Campo”, un micrófono lanzado al aire, y Alex se iba entendiblemente enojado. Un discurso que ha hecho suyo, en ese espacio masivo, se cortaba por algo técnico. Imposible no enojarse, y la falta de empatía en quienes comentaron el hecho como una “pataleta” es chocante. Luego, vinieron dos espectáculos con los que la apuesta era segura. Lucybell y Nano Stern tienen años de circo, y también saben de trabajar bajo presión y ante públicos un poco ajenos, y ambos saben cómo ganarlo. Lucybell en clave rock y Stern apuntando a la efervescencia, eran actos que no decepcionaron.

Pasadas las 19:30 hrs. se presentó Javiera Mena, la reina de Espadas, artista que trabaja con un equipo sólo de mujeres, incluyendo en su banda a 3/5 de las integrantes de Amanitas, que en cuatro temas y veinte minutos fue uno de los espectáculos más sólidos de la jornada, al igual que el debut ante un público masivo de Mon Laferte. Cuando era Monserrat Bustamante la gente la reconocía, pero nadie imaginaba que su camino derivaría en ser una de las figuras del pop latinoamericano, desde México para el continente, y es entendible. Su banda es perfecta, su voz es impactante, su presencia es adorable y su sencillez hace que sea cercana. La gente quiere que le vaya bien, y le va excelente, y con hits como “Tu Falta de Querer” o “Amor Completo” (que interpretó con Francisca Valenzuela) eso no es muy difícil.

Pese a que el momentum de la jornada fue asesinado a mano armada por el retraso de Diacero, la gente se congregó y casi 40 mil personas le dieron el último adiós a Jorge González. La alegría de verlo ahí se mezclaba con el dolor de verlo partir de los escenarios. Que lo haya hecho en sus términos (como se dijo que fue) es hermoso, y con un set acústico con los músicos que lo han acompañado por 14 años, la situación tenía un carácter íntimo y seguro para González. La gente lloraba, estaba conmovida, y algunos cantaban con un nudo en la garganta, mientras otros irrespetaban a González conversando o gritando. Algo que rompía con la emoción buscada. JG cantaba “Trenes, Trenes, Trenes” con ese tono autobiográfico y reflexivo, “Nada Es Para Siempre” u “Hombre”, pero también se daba espacio para lo lúdico con el cover de Yayo de “Knockin’ On Heaven’s Door” llamado “No Me Toquen El Toor”, o la “Cumbia Triste” de su proyecto Gonzalo Martínez y Las Congas Pensantes. “Brigada de Negro” devuelve la solemnidad, “Una Casa en el Árbol” la felicidad y “Amiga Mía” el dolor. Luego, el Ministro Ernesto Ottone le da la Órden al Mérito Pablo Neruda, robando pantalla innecesariamente, pero González sólo quería cantar, y se despidió con “Tren Al Sur” y “El Baile de los Que Sobran”. 50 minutos para emocionarse, y atesorar.

Con el público algo apagado tras Los Tres, Francisca Valenzuela tenía una misión compleja. Y la gente la vitoreó, pese a que privilegió temas “nuevos” y sólo hubo momento karaoke en “Peces”. Con “Buen Soldado” cerró un set sólido, sofisticado, con ella siendo mucho más presta en el escenario, sólo sentándose en el piano en “Afortunada”. 33 minutos de calidad, para dar paso a la fiesta. Chancho en Piedra sabe que una Cumbre no es espacio para su show, pese a que haya decenas de “Juanitos” en el aire y la gente se mostrara feliz apenas salió Lalo Ibeas vestido y peinado como la Princesa Leia. Los Chancho saben que hay que cautivarlos a todos y que no hay atractivo en las canciones desconocidas por sí solas, así que armaron un medley de 11 minutos con “Edén” y “El Impostor” entre otros temas, hasta con referencia a George Michael con una línea de teclado de “Careless Whisper”. El final, con “Locura Espacial”, que incluyó una estrofa de “Latinoamérica es un Pueblo al Sur de Estados Unidos”, fue la guinda en la dulce torta de Chancho en Piedra. Aunque haya muchos cuestionamientos posibles al conjunto, saben muy bien cómo lucir en instancias como la Cumbre. Todo lo del escenario Rojo lo cerró a las 01:39 Santa Feria. Su “cumbia casera” tuvo poco tiempo para lucir, menos de media hora, pero tras Juana Fé, ellos se robaron la película. Más de una década de carrera y cientos de shows de experiencia hacían que fuera un gran número de cierre, aunque la poca gente en cancha VIP a esa hora ya mermaba el marco de efervescencia necesario para la sinergia necesaria para hacer de esa fiesta algo memorable.

Escenario Azul

La gran Nicole fue ovacionada apenas partió su show con “Pequeñas Cosas Buenas“, mostrando su combinación de rock y canciones hechas para la pista de baile. Con un sólido desplante, la cantante nacional demostró por qué es una de las artistas más importantes de la música chilena. Tal como fue la tónica durante el día, Nicole aprovechó de homenajear a Jorge González con la clásica “Tren Al Sur“, para luego dar fin a su show con “Hoy“, una de sus composiciones más conocidas. Luego de que Lucybell realizara su presentación en el Escenario Rojo, fue el turno de Saiko, donde su vocalista Denisse Malebrán se robó las miradas de todos. Totalmente empoderada, hizo gala del concepto de poder femenino interpretando canciones como “Lo Que Mereces“, “Limito Con El Sol” y “Ya Puedo Ver La Luz“, siendo una de las performances más sólidas del día. Como una fiesta llena de misticismo, es la mejor manera que se podría definir lo realizado por el entregado Joe Vasconcellos, que partió con la potente “Che” para luego dar paso a canciones como “La Funa” o “Mágico“, la que provocó una inyección de energía en los presentes que saltaron al ritmo de la música sin parar. Una repleta cancha bailó al ritmo de “Las Seis“, interpretada impecablemente por Vasconcellos y los suyos, cerrando con la clásica “Huellas“, coreada por la totalidad del estadio.

Las cenizas de Los Bunkers se hicieron presente en el show de López, proyecto de los hermanos Álvaro y Gonzálo López, quienes realizaron una breve pero enérgica presentación, con cortes como “Me Voy” o la original de Silvio Rodríguez, “Quién Fuera“, la que se llevó los aplausos de los viudos de la extinta banda penquista. El debut de Diacero, prometía ser uno de los puntos altos de la jornada debido a ser una especie de nueva encarnación de La Ley, con el cantante Ignacio Redard, de The Plugin, como el acompañante de Rodrigo Aboitiz, Luciano Rojas, Pedro Frugone y Mauricio Clavería, integrantes de la extinta agrupación. Lamentablemente, un retraso en el armado del escenario generó la alteración de los horarios, provocando más de 25 minutos muertos donde la gente comenzó a impacientarse. Con “Tejedores de Ilusión” dieron comienzo a unos 20 minutos de show, los que generaron sorpresa por el gran parecido vocal de Redard con Beto Cuevas. “El Duelo“, coreada a todo pulmón por el Estadio Nacional, cerró el impecable debut de esta nueva banda, de la que esperamos ver más a futuro.

Algo que generó diversas críticas fue el mal timing donde se le dio el reconocimiento a Álvaro Henríquez, hecho que cortó de raíz la emoción generada por la despedida de Jorge González de los escenarios, en especial por el hecho de exponer a Jorge a ese show. Pese a eso, Los Tres realizó su show en alrededor de 50 minutos, abriendo con “Bolsa De Mareo” y “A Palos con L’Aguila“, para luego dar paso a clásicos como “Hojas De Té“, “La Torre De Babel” y “Tírate“, donde contaron con el apoyo vocal de la gran Mon Laferte, que se volvió a lucir tal como en su intervención junto a Los Tetas y su show en solitario. Pese a ser más largo que la mayoría de los shows se sintió como un fugaz tornado, el que hizo cantar a todo el estadio con clásicos de la música chilena, como “Amor violento“, “Déjate Caer“, “La Primera Vez” o “He Barrido El Sol“. Con “La Espada y La Pared” y “Restorán” pusieron punto final a una presentación que, si bien fue contundente, generó molestia por el episodio mencionado anteriormente.

Ya a altas horas de la noche, el renovado Manuel García partió con “La Gran Capital“, mostrando una faceta un tanto más norteamericana, con un folk rock muy arraigado en el sur de los Estados Unidos, en gran parte gracias a su trabajo en el álbum “Harmony Lane” (2016), grabado en dicho país. Con la adición del ex baterista de Los Bunkers, Mauro Basualto, canciones como “Acuario” se mostraron con un aire renovado. El guitarrista americano, Craig Thatcher, productor del disco, entregó el aura country que García le dio a sus canciones, cerrando con “Medusas” y la potente “Reloj“, con solos de guitarra de su banda al cierre que destacaron por el gran virtuosismo de sus músicos, dejando en evidencia la nueva dirección que tomó el músico, la que será interesante de seguir de aquí al futuro. Las energías no se agotaban en el ánimo del público que, luego de darlo todo en el show de Chancho En Piedra, bailó al ritmo de JuanaFé, encendiendo los ánimos pese al considerable éxodo de gente que se generó luego de que finalizara el show de “Los Chancho”. El baile y la fiesta se hicieron presente con canciones como “Tengo Luquita“, “Callejero” y “La Makinita“, que trajeron la cumbia y la alegría a los agotados asistentes. Finalmente, Guachupé continuó la fiesta con un show de alrededor de 15 minutos, posiblemente acortados debido al retraso generado antes del show de Diacero.

Con una clara mejora en términos de organización respecto a las anteriores versiones, La Cumbre del Rock Chileno logró consolidarse como una jornada de celebración y reconocimiento a la música nacional. Esta instancia sirvió para tomarle el peso a nuestra escena y darnos cuenta de la increíble calidad de artistas que tenemos en nuestro país. Ver a grandes próceres como Jorge González, Los Tres, Lucybell o Nicole, permitió comprender lo importante que han sido nuestros años de historia musical. La labor de Jorge Gonzalez, reconocida durante todo el día, se vio plasmada en una generación de músicos que se formaron con sus composiciones, alejados de estilos o paradigmas de cómo hacer las cosas. Independiente de la añeja discusión de qué es o no es rock, Javiera Mena, Planeta No, Mon Laferte y otros artistas que quizás están fuera de esa etiqueta se mostraron con una soltura y potencia envidiable en el escenario. A veces falta un poco mirar nuestro panorama: tenemos una camada de artistas con una increíble calidad, de la cual tendríamos que sentirnos orgullosos, por lo que sería bueno que esta cumbre sirva como un precedente, una instancia que se pueda replicar para mantener vivo el legado de nuestros artistas y llevar la música chilena hacia las nuevas generaciones.

Por Manuel Cabrales Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant Pedro Mora

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Andrés Espinoza

    08-Ene-2017 en 9:49 pm

    ¿Por qué tocó Gonzalo Yañez (aparte de como acompañante de Jorge González) en la cumbre del Rock Chileno si él es uruguayo?

  2. Samuel Malicett (@SamuelMalicett)

    09-Ene-2017 en 11:57 am

    Mas allá de lo musical (10 puntos) y los problemas técnicos (que son criticables pero entendibles.. coordinar 30 y tantas bandas??), creo de la hidratación fue impresentable. Cancha era una jaula de sol… no había un metro cuadrado de sombra, la gente tapándose con los cartones del piso… 1 hora de fila para sacar agua (que se acabó en un momento) y los guardias haciendo lo que podían rellenando botellas.

    Desde que anunciaron que sería en el nacional se sabía que sería complejo el tema calor/hidratación, pero como no pudieron hacer un plan descente? poner esos 9 cubos juntos en un solo sector era una burla (omito a los mal pensados dirían que era para incentivar la compra de bebidas). Por último su tirá de agua con manguera.

    Por último, me llama la atención el cambio en la distribución de la cancha vip. En la imagen de ticketek se mostraban dos triángulos en los costados del frente del escenario. Resultó ser una especie de rectángulo que impedía que cancha general llegara hasta el frente. ¿Es legal cambiar esto a su antojo? pregunto porque claramente se cagaron a los que fueron a general.

  3. Sincero

    12-Ene-2017 en 7:42 am

    Jajajaja cumbre del rock chileno?? Jajajajajaa jajajajajjajajajaaja que gracioso. Jajajajajajajajajaja…

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En Vivo

DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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