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L7: Contra una idea peligrosa

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Bienvenidos a esta noche, hoy tendremos harta mina rica tocando rock, ¿qué mejor?”, esbozó una especie de animador que se subió al escenario del Club Chocolate para dar la bienvenida a los asistentes y comenzar el programa de lo que sería el debut de L7 en Chile, quienes luego de varias décadas de carrera llegaban por fin hasta un escenario nacional. Difícilmente haya una frase más desatinada para introducir un cartel que estuvo compuesto íntegramente por mujeres, las que, como músicos, durante mucho tiempo han debido mantenerse limitadas por los constantes prejuicios existentes dentro de ese tóxico ambiente de “mujeres, alcohol y rock” que parecía ser tónica común entre algunos de los asistentes.

El line up de la jornada fue completado por Cler Canifru y Frank’s White Canvas, quienes en breves sets entregaron un poco de su música mientras la gente llegaba hasta el lugar, con Canifru en primer lugar haciendo un pequeño repaso de veinte minutos por sus canciones, dándole paso a FWC posteriormente, quienes interpretaron parte de su repertorio de manera sólida y muy completa, planteando algo de lo que no queda duda luego de ver sus shows, y eso es el hecho de que ambas tienen un panorama muy prometedor a futuro.

La impaciencia comenzaba a apoderarse de los asistentes cuando finalmente se apagaron las luces para dar paso a lo que todos esperaban, el debut de L7 en Chile, materializado finalmente bajo los acordes de “Death Wish”, el primer golpe de la noche que encendió los ánimos en seguida en la pista del Club Chocolate. Es evidente que, desde el momento en que el cuarteto se toma el escenario, es imposible que las miradas se centren en cualquier factor externo al show y eso se agradece en tiempos donde la tecnología, principalmente, dificultan el panorama a la hora de mantener a la audiencia conectada hacia un show.

Aquí el carisma sobra y es la bajista Jennifer Finch quien se encarga de inyectar la rebeldía y energía en escena, algo que se entrelaza muy bien con el impecable trabajo de Donita Sparks como vocalista más que frontwoman, ya que en L7 son las cuatro integrantes quienes llevan la misión de representar la banda. De igual manera, es sorprendente ver a una agrupación con más de 30 años de historia y con sus integrantes con más de cinco décadas moverse con la soltura y naturalidad que lo hicieron, proyectando incluso más energía que cualquier otra banda joven del género.

Con seis trabajos de estudio, podría ser complicado armar un setlist que pueda abarcar de buena forma la mayoría de ellos, pero gracias a la naturaleza acelerada y directa de sus composiciones, es factible meter una buena cantidad de hits dentro del repertorio escogido para un show. Por eso fue posible escuchar canciones como “Andres”, “Everglade” o “Monster” ir arrollando una tras otra, no dando paso en falso para un show que funcionó en todo momento de una manera apurada e intensa, pero donde su prisa jamás fue en el mal sentido del trámite de tocar rápido y marcharse, sino más bien en la necesidad de capturar el éxtasis necesario y aprovechar el momentum de un ambiente tan encendido y, sobre todo, tan comprometido con lo que estaba pasando en el escenario. Y cuando se dice comprometido, es porque lo fue: no había persona en la cancha que no saltara en canciones como “Scrap” o “Fuel My Fire”, desatando una verdadera locura en la pista, con un público coreando cada palabra de las californianas.

También es importante notar cómo cada una cumple su rol fundamental en la banda, ya que, además del carisma que aporta Sparks y Finch, la guitarrista Suzi Gardner no se queda atrás con sus impecables riffs que dan forma a todo el sonido de L7, además de los potentes batazos que Demetra Plakas ejecuta en la batería, todo un lujo sonoro por dónde se le mire. No obstante, no todo fue tan bueno, porque a minutos de comenzar “Crackpot Baby” un entusiasmado fan subió al escenario para intentar hacer crowdsurfing, lanzándose junto con el guardia que intentó detenerlo y provocando una situación bastante complicada, debido a la altura más extensa de lo habitual que presenta el Club Chocolate. Fue la propia Jennifer quien detuvo la canción y pidió que alguien atendiera al accidentado, encarando de paso al irresponsable que cometió esta acción y deteniendo el show por unos minutos hasta que todo estuviera mejor. Citando lo que dijo Finch en el escenario, esto no es para nada gracioso, paremos esa tontera de arriesgar la integridad física de uno y del resto, para nadie es divertido estar viendo un show y que te caiga alguien encima desde el escenario. Afortunadamente, el concierto continuó de la mejor manera, con la banda entregando todo lo mejor de su repertorio, incluyéndose canciones como “Shitlist”, o el gran cierre con “American Society”, “Pretend We’re Dead” y “Fast And Frightening”, el broche perfecto para la primera –y esperemos que no última– presentación de L7 en nuestro país.

Independiente de los ripios que la noche pudo tener por consecuencia de otros factores, nada terminó por empañar el debut de una banda cuya historia merece ser reconocida y repasada para comprender el importante rol que desde siempre las mujeres han tenido en la música. Sería bueno que en pleno 2018 esto comenzara a ser una constante y no repetir el concepto eternamente estúpido de las “minas ricas tocando rock”, sino que a tener una mirada hacia las mujeres que se dedican a la música bajo otros parámetros, alejando de una vez por todas los clichés en torno al físico y otras cosas propias de una sociedad acostumbrada a mirar al sexo femenino como un objeto. Esa idea persiste, y lo hace peligrosamente en nuestra sociedad y nuestros medios, ya que aquí no vale reiterar cuánto se apoya a las mujeres, siempre serán mejores los hechos que las palabras. L7 nos deja esa valiosa lección y es importante considerarla no sólo en instancias populistas para decir “yo también”, sino más bien de manera activa y comprometida, tal como la escena musical lo ha demostrado durante el último año, donde los trabajos más interesantes están saliendo precisamente desde las artistas femeninas.

Setlist

  1. Death Wish
  2. Andres
  3. Everglade
  4. Monster
  5. Scrap
  6. Fuel My Fire
  7. One More Thing
  8. Off The Wagon
  9. I Need
  10. Slide
  11. Crackpot Baby
  12. Must Have More
  13. Drama
  14. I Came Back To Bitch
  15. Shove
  16. Dispatch From Mar-A-Lago
  17. Shitlist
  18. American Society
  19. Pretend We’re Dead
  20. Fast And Frightening

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Dj Loncho radio

    05-Dic-2018 en 9:33 am

    Estuvo muy bueno

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Orchestral Manoeuvres In The Dark: Pretendiendo ver el futuro

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¿Qué hay detrás del baile? ¿Por qué el cuerpo traduce la música y los ritmos de ciertas maneras? Desde Darwin hasta David Byrne han tratado de pensar en por qué la evolución de la humanidad tiene a la danza como algo clave para el acto de ser humanos, y por ello es que la reflexión siempre aparece cuando el baile se hace algo colectivo. Cuando bailamos juntos, en la oscuridad de una pista o una cancha como ocurre en un concierto, esto indica, por lo menos, la existencia de una comunión, y en el punto máximo, una creencia haciéndose algo material.

Cuando se observa lo que pasa con la música de Orchestral Manoeuvres In The Dark (OMD), es difícil pensar en qué tiempo se habla. Se puede pensar en ritmo, en letra, en música, en espíritu, pero también hay un ansia en el dúo formado a fines de los 70’s por capturar el futuro. ¿Qué hay detrás del baile? Pareciera que está la voz de los tiempos, un zeitgeist accidental, que luego de ser futurista calza más con un retro futurismo que se vuelve único y necesario, tal como fue la primera visita de OMD a nuestro país, en una Cúpula Multiespacio repleta con más de un millar de personas que tuvieron chance de ver una clase maestra de cómo se configura una sesión de baile, intensidad y calidad.

Tras un buen calentamiento con el set de synthpop que puso Cristián “Chico” Pérez, el público esperó ansioso a OMD, y es que el público (cuyo promedio de edad probablemente se elevaba sobre los 40 años) sabía que la espera había sido larga. “Paul, ¿me puedes decir por qué cresta esperamos 40 años para venir acá?” fue la pregunta de Andy McCluskey que todos pensaron, al unísono, que resumía esa sensación de cómo lo inevitable se deja esperar tanto tiempo. Antes de eso, “Isotype” iniciaba el show a las 21:45 hrs., en una muy buena muestra de cómo OMD pasó de proyectar al futuro, a vivirlo.

Aunque este tema fuera de “The Punishment of Luxury” (2018), último disco a la fecha de los ingleses, lo cierto es que se integraba de forma natural con clásicos posteriores como “Messages” o “Tesla Girls“, y todo se transformaba en una fiesta, con un juego de luces perfecto, y también con los movimientos maniáticos de McCluskey quien parecía poseído por el espíritu de su “yo” más joven. Una mezcla entre el luchador Shinsuke Nakamura y un bailarín experto en clubes de Ibiza, los pasos de Andy eran impactantes y dotaban de urgencia a un repertorio que, en vez de urgente, ha tenido al tiempo de su lado para decantar en lo preciso y lo trascendente.

Por ello es que el salto entre canciones con décadas de diferencia como “History Of Modern (Part 1)” y “Pandora’s Box” se da con tanta naturalidad, porque el factor común es OMD, cuya historia puede remontarse a cuatro décadas atrás, pero que estuvo 10 años completos sin avanzar, y ese tipo de desajustes no se notan en el escenario ni en el armado de un set hecho para la ocasión, no enfocado en el trabajo más reciente, sino que en clásicos de todas las épocas, desde “(Forever) Live And Die“, “If You Leave” y “Souvenir” (que fueron todas juntas), hasta las “Joan of Arc” y “So In Love“.

La gente respondía siempre, en todas las canciones, en todos los momentos, sin dejar de entregar energía y corresponderle un poco a McCluskey. También hay momentos donde Paul Humphreys tomaba el micrófono para cantar, como en “Souvenir” o “(Forever)…“, y ahí quedaba de manifiesto cómo se complementan ambas personalidades, Andy desde lo frenético y Paul desde lo melódico, redundando en esta conjunción de ideas de futuro que se vuelven fiesta, baile y oscuridad.

Más cerca del final viene la locura de “Locomotion” o el coro que es “Sailing On The Seven Seas“, para luego cerrar el main set con “Enola Gay“, esa canción de OMD que es imposible que no haya sido escuchada, que es reconocible incluso por quienes no tienen idea de la mera existencia de la banda. Aunque se escuchaban cosas comentadas por la gente como “este es el tema de los gays” (claro, campeón, seguro que es por eso), lo cierto es que la energía era completa y dejaba a la gente en ascuas de más, en especial con esa maravilla de coreo de estadio asimilando a los sintetizadores en esta canción. La cara de sorpresa de Andy y Paul dejaba en claro su posición respecto al público en esta velada.

¿Qué hay detrás del baile? Esto funciona como idea a considerar en canciones más calmas como las que iniciaron el encore como el himno “Walking In The Milky Way“. Al final del día, y cerca del final del concierto, se buscan puntos de encuentro, sensaciones comunes. A veces no es de lo más placentero tener mucha gente alrededor, moviéndose y chocando unos con otros, a veces con cabezas que tapan parte del escenario o con algunos que fuman en recintos cerrados, pero cuando se consigue la coordinación de todos los espíritus para ser uno, nada de eso importa.

En el caso de un show como el de OMD lo que importa es cómo nos encontramos en pistas de baile, en recuerdos de un futuro pasado, y cómo es que la electricidad se sigue transmitiendo. Por ello es que ese tributo a Kraftwerk, “Electricity“, se hacía la mejor forma de cerrar 97 minutos perfectos, con sonido, energía, voces, y un público a la medida de lo que debió ser, y que finalmente fue el debut de OMD en Chile. Como cantara Springsteen: “No puedes iniciar un fuego sin una chispa / (…) incluso si es que estamos danzando en la oscuridad“.

Setlist

  1. Isotype
  2. Messages
  3. Tesla Girls
  4. History Of Modern (Part 1)
  5. Pandora’s Box
  6. (Forever) Live And Die
  7. If You Leave
  8. Souvenir
  9. Joan Of Arc
  10. Joan Of Arc (Maid Of Orleans)
  11. Of All The Things We’ve Made
  12. So In Love
  13. The Punishment Of Luxury
  14. Dreaming
  15. Locomotion
  16. Sailing On The Seven Seas
  17. Enola Gay
  18. Walking In The Milky Way
  19. Secret
  20. Electricity

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