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Kongos: Con el pie derecho

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En el cierre oficial del ciclo Lollapalooza Chile 2017, el Club Amanda abrió sus puertas para una última celebración, presentando como número principal de la velada a la banda de origen sudafricano, Kongos, quienes llevan diez años de carrera y tres discos editados, siendo “Egomaniac” (2016) su trabajo más reciente, responsable de ponerlos finalmente en el mapa y de traerlos por primera vez a este lado del mundo. En su debut en la capital, el cuarteto de hermanos dio una certera muestra del potencial que contienen sus versátiles composiciones.

Unos minutos pasadas las 22:00 hrs, un reducido pero comprometido grupo de personas se apostó frente al escenario principal del local de Vitacura, para recibir calurosamente a una banda que tocó como si estuviera frente a la audiencia de un gran estadio. Dando inicio al show con “Repeat After Me” -tema extraído de su última placa-, el acordeón, los teclados, el bajo, la batería y las guitarras se dieron un festín, respaldados por un sonido potente y claro, dejando que cada instrumento brillara con contundencia en los 17 cortes presentados durante su concierto. “Underground” y “Hey I Don’t Know” cerraron un inicio que sorprendió a propios y extraños, mostrando que los sudafricanos, además de crear melodías coreables, son capaces de poner a rockear a todo el mundo. Gran inicio.

Alternando las voces principales entre los cuatro músicos, las cuatro de rangos similares, pero con matices que se confabulan perfectamente entre ellas, canciones como “Where I Belong”, “I Don’t Mind” y “I Want It Free” también comparten una vibra en común, a pesar de ir desde el blues, pasando por el pop más discotequero, hasta el funk. La versatilidad está a la orden del día en las arcas de Kongos, quienes siguieron la fiesta con el divertido mashup compuesto por “Get Back” de The Beatles y “Da Funk” de Daft Punk, que tuvo de invitado al rapero MO Gordon, quien además de hacerlas de roadie de la banda, aprovechó de lanzar unas rimas sobre el escenario.

It’s A Good Life” terminó de armar la fiesta en el Club Amanda, poniendo a todo el mundo a saltar y bailar en su tramo final, para rematar con “Come With Me Now”, una de las más celebradas de la noche, y seguir bailando con “Birds Do It”. Luego llegó “Autocorrect”, un tema fuera de lo común, una especie de fusión entre AC/DC y Muse en su faceta más épica, y que, en la opinión de este redactor, fue la mejor canción de la noche. Espacial, llena de matices y juegos de acordes, “Autocorrect” fue el gran hito de la jornada –enfoncándose en lo netamente musical–, para más tarde volver a territorios más conocidos y cerrar la primera parte del espectáculo con “I Want To Know”, “Take It From Me” y “I’m Only Joking”.

Para el encore, “Escape” y “Blue Monday”, cover del clásico de New Order, dieron el tiro de gracia para un concierto que, en una hora y veinte minutos, sirvió para que Kongos mostrara todo su arsenal y consiguiera el beneplácito de todos los presentes. Qué ganas de que una banda tan interesante como la sudafricana hubiese tenido una mayor convocatoria en su debut, pero lo mostrado anoche en Club Amanda dejó una tremenda primera impresión a todos los que pudimos presenciar un recital impecable, y que dejó con ganas de más. Y eso, es empezar con el pie derecho.

Por Sebastián Zumelzu

Fotos por Jaime Valenzuela de Lotus Producciones

Setlist

  1. Repeat After Me
  2. Underground
  3. Hey I Don’t Know
  4. Where I Belong
  5. I Don’t Mind
  6. I Want It Free
  7. The World Would Run Better
  8. Get Back / Da Funk (originales de The Beatles y Daft Punk)
  9. It’s A Good Life
  10. Come With Me Now
  11. Birds Do It
  12. Autocorrect
  13. I Want To Know
  14. Take It From Me
  15. I’m Only Joking
  16. Escape
  17. Blue Monday (original de New Order)

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Boy Pablo: El otro lado del paraíso

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El mismo día en que se socializó la información de que Carabineros de Chile está disparando balines con plomo y casi nada de goma a chilenas y chilenos, entregando más datos para creer que se está viviendo un infierno en ciertos espacios del país, se configuró una especie de burbuja o paraíso en el subterráneo que es Club Blondie, como ha sido desde hace unas semanas, esta vez con la excusa del debut de Boy Pablo en el país de sus padres. Una cita muy esperada, con casi todos los tickets agotados con semanas de anticipación, y que demostraría como, a veces, la música y la comunión son un escape paradisíaco en medio de tanta miseria, dolor e injusticia.

La citación fue temprano, con mucha gente ingresando poco a poco desde las 19:30 hrs., repletando el tradicional recinto, con sonrisas y ánimo por doquier, algo demostrado por gritos como “el que no salta es paco”, “Piñera culiao” o “chúpalo Karol Dance” calentando las gargantas y las articulaciones porque, obvio, todo el mundo saltó: nadie quiere ser Carabinero hoy por hoy, menos cuando el ánimo es pasarlo bien. Al son de Vampire Weekend y otras bandas pop e indie dieron las 20:30 y la impaciencia se tomó el ambiente, la gente de adelante quedó aún más apretada, y el espíritu adolescente se esbozó más que nunca cuando 6 minutos más tarde comenzó a salir la agrupación, encabezada por el hype-man Eric Tryland, que además toca teclados, hace voces, mueve el pandero y contagia su sonrisa en cada compás. Pero si la reacción de la gente fue ruidosa con la banda, cuando Nicolas Pablo Muñoz apareció con su camiseta de la selección chilena en Francia ’98 (y con la ‘9’ de Zamorano, nada menos) la Blondie rugió, y desde ese momento, las sonrisas se tomarían el aire, el calor, la vibración y también los sonidos.

La banda jamás es diestra o compleja en su labor, ni tampoco el sonido es prístino, pero lo que lograba con su energía era infectar en el mejor de los sentidos a quienes repletaban la Blondie. “Yeah (Fantasizing)” puso los cuerpos a bailar, en tanto que “wtf” pegada con el hit “Feeling Lonely” y los pasitos a lo banda de cumbia bien coordinados imprimieron urgencia en los ritmos. Usualmente se compara a Boy Pablo con Mac DeMarco, pero las energías son muy diferentes: mientras Mac busca divertirse indulgentemente con sus compañeros, Nicolás Pablo trata de contagiar lo que a su banda de amigos le parece gracioso, y es eso lo que más ayuda a que el show jamás decaiga. Luego del mash-up preciso entre “ur phone” y “Roar” de Katy Perry, la banda muestra una canción completamente nueva, y en vez de lo típico, de bajar las energías por el desconocimiento, entre Eric y Pablo conectaron a la gente a “JD’s Song”, haciendo que luego en el karaoke colectivo de “Sick Feeling” se sintiera como que todo estaba fluyendo perfecto.

Aunque son jóvenes y adoran reírse, no por ello Boy Pablo desperdicia su capital más importante, que son las buenas canciones. Por ello, en vez de operar con la versión disco que estuvieron rotando en Europa y EE.UU., “Ready/Problems”, una de las composiciones más intensas de la agrupación, llegó en su versión más directa al escenario subterráneo de la Blondie. Aunque es el tema que cierra su primer EP “Roy Pablo” (2017), muestra de lleno las vibras que presenta la propuesta musical de Muñoz y los suyos. En vez de centrarse en ese indie lo-fi tan atractivo y sencillo de encapsular como hacen tantos, Boy Pablo bebe de otras vertientes, que se materializarían de la forma más inesperada ante el joven público en el encore, más ligadas a un pop clásico, setentero, más dramático y simple, que habla más del amor que de los amantes, más del sentimiento y qué se hace al respecto que de historias, y es en “Everytime”, el hit planetario, que este tipo de sonido permea a todo el resto de las ansias. Una versión de esa canción al estilo pop italiano ganaría San Remo, fácilmente.

El avance del show, la buena onda, y cuán fuerte la gente corea cada letra de las canciones, hace que se huelan las sonrisas, se olvide lo pésimo que se pasa a algunas cuadras más allá o el temor que dan en la noche los “pacos”, y lo que queda es bailar. Bailar mucho. Si en “Everytime” o “Sick Feeling” la sensación es de un tipo de pop más europeo, “Losing You” tiene un ritmo más latino, donde se notó también la solidez de Sigmund Vestrheim y de Henrik Åmdal en el bajo, además de la colaboración en timbales de Esteban, hermano de Pablo. La gente cantaba, bailaba, saltaba, y también seguía las instrucciones de Eric para hacer palmas o atinaba a prender las lámparas de los smartphones en canciones de mayor recogimiento como “Limitado”. Aunque a Pablo le encanta decir que le carga escribir letras, esa simpleza de las buenas frases explica en buena parte la efervescencia de la gente.

No se trata de un ambicioso músico, o de un sobredesarrollado producto, y eso genera reacciones genuinas que se acentuaron en “tkm”, quizás la canción más triste elaborada por el proyecto musical, y que también exhibe esa capacidad de ser una oda al pop más clásico, si incluso el coro tiene una melodía que podría estar presente en cualquier composición romántica latina. Pero no sólo es el amor o el desamor, porque en el show esta canción también se configuró como un punto de encuentro, emocional y físico, con espacio para respirar, también para sentir y cabecear un poco antes del “la la la lá” final, transitando hacia el final del set principal, casi una hora después del inicio, ante un público que no quería irse, y que nuevamente volvía a la lógica movilizada.

Tras un par de minutos, la banda volvió, y Pablo quería hablar, pero antes la gente cantó “Pablito escucha, en Chile se tortura” y “Piñera conchetumare”, tras lo cual el artista dijo que “apoyo a la justicia y que escuchen al pueblo”, dando paso a que el público entonara “el pueblo unido”. Tras intentos de que escucharan a Pablo, él explicó cómo sus padres le legaron mucha música que luego sería parte importante de lo que es como compositor hoy, y he ahí que música como la de la Nueva Ola le pegó, tras lo cual presentó un cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors. Ahí se mostró parte importante del ADN de Pablo como compositor, y otro lado estuvo con otro cover, el más conocido “50 Souls And A Discobowl” de The Lionheart Brothers, justo antes de la catarsis final en este paraíso improbable pero real que formó en la tarde del 16 de noviembre con “Dance, Baby!”.

Más allá del show con sacarse la polera, el maravilloso solo final en keytard de Eric o lo movida de la canción, lo primordial fue notar cómo un proyecto de amigos se volvió una banda sólida, competente, divertida y contagiosamente viva. En 75 minutos, el debut de Boy Pablo fue un verdadero escape a los balines rellenos de plomo que sacan ojos, configurando bajo tierra, donde se supone que debiera estar el infierno, otro espacio celestial, mediante música de esa que mueve las entrañas y las decenas de músculos que se necesitan para sonreír como estúpidos, porque sí, incluso en los tiempos más oscuros se necesitan instantes de felicidad, y qué alegría cuando eso lo traen artistas transparentes y genuinos mediante música pegajosa y llena de intrigas divertidas que se cierran y devuelven a la lucha cuando el propio Pablo cantó el mantra de estas semanas: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Setlist

  1. Yeah (Fantasizing)
  2. wtf
  3. Feeling Lonely
  4. ur phone / Roar (original de Katy Perry)
  5. JD’s Song
  6. Sick Feeling
  7. Ready/Problems
  8. Limitado
  9. Beach House
  10. Never Cared
  11. Everytime
  12. Losing You
  13. tkm
  14. Al Pasar Esa Edad (original de Red Juniors)
  15. 50 Souls And A Discobowl (original de The Lionheart Brothers)
  16. Dance, Baby!

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