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Slipknot en Knotfest 2022 Slipknot en Knotfest 2022

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Knotfest Chile 2022

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La espera parecía eterna, pero el día finalmente llegó. A más de dos años de su anuncio, este domingo 11 de diciembre se celebró la primera versión de Knotfest Chile. Luego de su paso por Colombia, fue el turno del Estadio Monumental para recibir a uno de los festivales de música pesada más afamados a nivel mundial. Junto a nombres de la talla de Judas Priest, Pantera, Bring Me The Horizon o Mr. Bungle, los anfitriones de Slipknot llevaron a cabo un espectáculo de intensidades, que estuvo marcado por algunas dificultades en su inicio y un calor implacable que no dio tregua a los fanáticos.

La jornada en Macul abrió los fuegos pasadas las 13:30 horas, con un retraso considerable. Debido a errores logísticos durante las pruebas de sonido, el show no comenzó hasta más de una hora después de lo pronosticado, lo que significó sacrificar las presentaciones de Rama y Weichafe. Una situación lamentable, que además genera una profunda deuda a la trayectoria de ambas bandas y a la escena local.

Vended

En un intento por continuar sobre la marcha, Vended fue la encargada de comenzar con el primer número de la tarde. Entre la impaciencia de los presentes y un sol que no daba tregua, la banda liderada por Griffin Taylor se abrió paso entre las adversidades. Si bien, se trata de un sonido que recuerda mucho al proyecto de su padre, Taylor hijo y los demás integrantes aprovecharon estas similitudes para conectar con el público y mostrar su precoz repertorio, abriendo con “Ded To Me”, el primero de los sencillos lanzados este año.

Pese a las dificultades técnicas que presentó uno de los guitarristas, las canciones de su único EP, “What Is It//Kill It” (2021), lograron empatizar con una cancha ansiosa. En más de una ocasión el vocalista agradeció la disposición a escuchar esta propuesta que recién da sus primeros pasos, pero que demuestra muchas ganas. Con media hora de show, la banda se despidió con la promesa de un futuro retorno.

Tenemos Explosivos

Tras el potente show de Vended, al menos un representante local sí pudo salir a escena. Tenemos Explosivos estuvo con su set sobre el Circus Stage casi 10 minutos antes de lo previsto frente al acalorado público que ya repletaba el campo del Estadio Monumental. Así, la banda repasó varias canciones, y particularmente de su último disco, “Cortacalles”, como “San Borja” a modo de himno, y también clásicos de “La Virgen de los Mataderos” (2015) como “Regreso A Casa” y “Opúsculo de Tennessee”, o la demoledora “Agamenon” de su álbum “Victoria” (2017), entre muchos otros.

El calor era penetrante y agobiante para quienes se mantenían en cancha, pero la masa que a esa altura ya era considerable recibió con entusiasmo el set de los chilenos, que en ejecución y sonido no presentó mayores inconvenientes. Si bien, su propuesta no compartía tanto en términos metaleros con el grueso del cartel, Tenemos Explosivos goza de la virtud de la potencia y velocidad. Eso, sumado a su mensaje y canciones que eran golpe tras golpe, fue suficiente para que prendieran la tarde.

Tenemos Explosivos mantiene, sin embargo, una esencia under, que los aleja de los grandes escenarios y los posiciona mejor en un ambiente más íntimo y desordenado. Esa intimidad se transmite desde su cercanía, sus letras y la potencia de su sonido, que golpea de manera diferente a como lo harían las otras bandas el resto de la jornada. Esos detalles de su propuesta no son posibles de observar en un gran festival, como por ejemplo el famoso sample de la charla del profesor Carlos Pérez, entre otros arreglos. Aun así, el conjunto demostró que su propuesta y calidad es favorablemente arriesgada para este tipo de eventos de gran envergadura, recibiendo además el aguante y el respeto del público local.

Sepultura

Retomando la actividad en el Knot Stage, Sepultura fue el segundo acto internacional de la jornada, una que ya comenzaba a acumular una cantidad masiva de asistentes en la cancha del Estadio Monumental. Valiéndose de la brutalidad y fuerza que los caracteriza, los brasileños llevaron a cabo un repertorio equilibrado, donde no faltaron clásicos, pero también dedicaron una porción importante a “Quadra” (2020), álbum que debió esperar dos años para ser interpretado en vivo. Entre aplausos que se fundían con los tambores profundos de “Isolation”, la banda puso en contexto un show que se mantuvo en movimiento a través de su discografía.

Pese a las inclemencias del clima, el carisma de Derrick Green fue capaz de encaminar a las personas del público, quienes respondían enérgicos frente al setlist escogido, particularmente en canciones como “Kairos”, “Propaganda” o “Cut-Throat”. Esta misma camaradería fue la que mostró el guitarrista Andreas Kisser, agradeciendo a todos los presentes y recordando la extensa y cercana historia que tiene Sepultura con Chile.

En un momento que se alejó de la predominante tónica extrema, “Agony Of Defeat” fue la última canción elegida de “Quadra”, mostrando una arista más pausada, con pasajes donde la voz de Green se acercaba a lo melódico. Luego de aquel respiro, la banda se volcó hacia un cierre altamente celebrado, incluyendo tracks acelerados como “Refuse/Resist” y “Arise”. Como dupla final, “Ratamahatta” y “Roots Bloody Roots” hicieron saltar a una fanaticada sólida que quedó con ganas de más, pese a la alta exigencia física de la presentación.

Trivium

Los de Orlando salían a escena con la expectativa más que arriba de una multitud que esperaba por sus densos y veloces acordes. Con una particular energía y buena onda, Matt Heafy y compañía se plantaban en el Circus Stage para iniciar sin mayor introducción con “In The Court Of The Dragon”. El público explotaba durante los más de nueve minutos de la canción de su último álbum del mismo nombre, y así Trivium conectaba rápidamente con su fanaticada local. No hacía falta mayor adelanto que los primeros acordes para que la gente estallara en canciones como “Down From The Sky” o “The Sin And The Sentence”. Trivium empezaba a asomar como uno de los puntos altos de la tarde gracias a su destreza y carisma, con un Heafy siempre atento y preocupado de una audiencia que se movía entre los diversos mosh pits a lo largo de la cancha. Si hasta una camiseta de la selección chilena lució sobre el escenario para continuar repasando parte de sus éxitos.

Si bien Heafy toma el liderazgo, su destreza vocal se complementa muy bien en vivo con sus compañeros de guitarra y bajo, quienes también apoyan. La banda expone muy bien esa interesante mezcla que deriva del power metal y otros elementos más pesados, ligados al sonido más tradicional. Es esa cercanía y afinidad con canciones veloces y virtuosas lo que hace que Trivium sea un imperdible en este tipo de contextos masivos, donde su presencia es material fértil para convocar o remover prejuicios, y es que su propuesta, lejos de ser tibia, puede provocar resistencia en ciertos admiradores más tradicionales, no obstante, sólo basta con verlos sobre el escenario para despejar dudas de su identidad.

Trivium se presentó como uno de los puntos altos de la tarde de Knotfest Chile, entregando una generosa presentación que repasó lo mejor de su catálogo, y conectando con su ferviente base de fans, mostrándose además participativos en todo momento bajo las órdenes de Heafy. Conquistar un público tan diverso entre gustos y edad, y sobrepasar aquello a punta de riffs y una clase magistral de cómo rediseñar el metal, es una de las virtudes de la presentación de Trivium en Chile. Su show rebasó expectativas y convocó transversalmente al ambiente de Knotfest.

Bring Me The Horizon

Bajo el sol, 34ºC de calor, y en un mar de poleras de Pantera y de Slipknot, la tarea no parecía sencilla para la banda más “pop” del festival. Bring Me The Horizon hizo gala de su atributo más subvalorado para ganarse a la gente y, además, ahondar en su historia en vivo en Chile: la calidad. No sólo hay sentido del espectáculo, con visuales, una construcción teatral del show y un frontman cuyo carisma se despliega como tótem, sino también un entendimiento cabal de que la alquimia de géneros que ha transformado su camino desde el metalcore hacia terrenos híbridos cercanos al dubstep, EDM y pop no puede funcionar si la ejecución es mediocre. Por eso, en vivo Bring Me The Horizon es una maquinaria aceitada.

Ejemplos de lo anterior hay desde “Can You Feel My Heart?”, su video introductorio y su potencia épica, hasta momentos donde el tempo es más rápido y los timbres más chillones, como ocurre en “Kingslayer”, la colaboración con BABYMETAL. En medio, las programaciones, teclados y segundas voces de Jordan Fish son el pegamento que junta las partes con coherencia, también sirviendo como un colchón para apoyar a Oliver Sykes, quien vocalmente ha mejorado mucho en los últimos años al cuidar los momentos donde se esfuerza gracias a que Jordan está ahí.

Esto se nota en canciones como “Happy Song”, “Dear Diary” o “Shadow Moses”, con una banda que se nota cómoda en el terreno movedizo donde se instaló. Sin géneros claros, sin cajas donde aferrarse, sino que haciendo lo suyo, sin miramientos, y viendo el cálido y potente recibimiento de un público que estaba metafóricamente derritiéndose en el estadio, sin duda que denota cómo, incluso subvirtiendo lo usual, puede llegarse a crear momentos comunes a pura calidad.

Mr. Bungle

El sol implacablemente seguía pegando sobre las cabezas de los cientos de asistentes en la cancha, cuando era el turno de que Mr. Bungle concretara su tercera presentación de la semana en nuestro país. El conjunto liderado por Mike Patton venía de dos noches completamente agotadas en Teatro Coliseo para seguir entregando golpetazos con las canciones de “The Raging Wrath Of The Easter Bunny Demo” (2020), disco que se lleva todo el set de esta nueva encarnación de la banda, con Dave Lombardo y Scott Ian como adiciones de lujo.

Lo que presentó Mr. Bungle en el Monumental fue precisamente lo que promete: un show lleno de thrash metal, donde las canciones no dan respiro a quienes se aventuren dentro de los moshpits que se formaron en la cancha. Bajo esos parámetros es que pasaron implacables tracks como “Anarchy Up Your Anus”, “Rapping Your Mind” o “Spreading The Thighs Of Death”, ejecutados con un pulso impresionante de toda la sección instrumental, especialmente la inigualable batería de Lombardo y el bajo galopante de Trevor Dunn, quienes fueron el sustento perfecto para que Ian y Trey Spruance arremetieran con los demoledores riffs que le entregan el cuerpo preciso a las retumbantes interpretaciones de “Eracist”, “Bungle Grind” o el tremendo guiño a “Hell Awaits” de Slayer, que encendió los ánimos en la cancha.

Tal como en sus presentaciones anteriores, la banda rindió tributo a Violeta Parra con una breve versión de “Gracias A La Vida” para culminar con una sorpresiva interpretación de “Territory” de Sepultura con el guitarrista Andreas Kisser y el vocalista Derrick Green invitados al escenario, quedando el momento plasmado como una de las postales más inolvidables de la jornada.

Pantera

El anuncio del retorno a las pistas de Pantera con Phil Anselmo y Rex Brown como únicos miembros originales, generó reacciones mixtas. Pero cuando se supo que como músicos de apoyo contarían con el mismísimo Zakk Wylde en la guitarra y Charlie Benante en la batería, las dudas se disiparon. Y así lo confirmaron al arribar al Knot Stage, cuando el calor abrasante del sol comenzaba a amainar y la sombra comenzaba a tocar el otro lado de la cancha del Monumental. Eso sí, a poco andar se notó la ausencia de Brown, la cual fue confirmada por el mismo Anselmo por temas de salud (estuvo con un agudo cuadro febril que derivó en Covid), y en su lugar quedó a cargo de las cuatro cuerdas Derek Engemann.

Un emotivo video con una colección de registros audiovisuales de Dimebag Darrell y Vinnie Paul, la mayoría extraída de tesoros como “Vulgar Video”, junto con la tradicional intro sacada de “Eraserhead” de David Lynch, precedió el estruendoso inicio con “A New Level” y el público simplemente se entregó al éxtasis. Mientras el tremolo maestro de Wylde rendía tributos con bríos propios sin perder la esencia del sonido, la voz de Anselmo sonaba atronadora y versátil por partes iguales, aunque muchas canciones tuvieron que ser rebajadas de tono para poder ajustarse a la tesitura actual de Anselmo, pese a ello, ninguna escatimó en potencia e intensidad.

En consideración con lo breve de la presentación, tuvieron que ingeniárselas para desplegar la mayor cantidad de su robusto catálogo de singles, como “I’m Broken”, “5 Minutes Alone” o “Mouth For War” con otras igualmente conocidas, como “Fucking Hostile”, teniendo que recurrir a canciones con outros de otras, como “Becoming” unida a “Throes Of Rejection” y la mencionada “I’m Broken” unida a “By Demons Be Driven”. Un nuevo homenaje con imágenes de los hermanos Abbott sobrevino en la medianía del show, mientras de fondo sonaba “Cemetery Gates”, con una sentida y profunda versión de “Planet Caravan” de Black Sabbath que vino a continuación. Hacia el final, “Walk” y especialmente “Cowboys From Hell” multiplicaron los circle pits en una cada vez más agolpada cancha, en lo que fue hasta ese momento el show más enérgicamente recibido por el público.

Judas Priest

Tener trayectoria asegura respeto, admiración y un sitial en la historia, pero en el presente esos pergaminos se deben defender, y en el caso de la música aquello se ve en el escenario. Por eso era tan atractiva la chance de presenciar a Judas Priest celebrando su historia de 50 años de carrera en un escenario grande, aunque las dudas se instalaban en el contexto. Un Knotfest usualmente se asocia más a los nombres que están reconfigurando el metal y su extensión, entonces un acto ligado a la tradición del heavy metal era algo riesgoso, y al comienzo del show, que partió a las 20:25 hrs., se acrecentaba la incertidumbre.

Sólo la gente más adelante en el escenario Circus respondía a Rob Halford en “Electric Eye” o en “Riding On The Wind”, pero quizás eso tenía que ver con que el público lo dio todo en Pantera y requería de un respiro. Por ello es que poco a poco podría haber chance de que las cosas cambiaran, y así fue. Mientras la gente recuperaba energías, bríos y onda, en el escenario Halford exudaba talento tullido por la experiencia o Scott Travis entregaba fuerza y sonrisas en cada ocasión que se pudiera, mientras desfilaban clásicos como “Jawbreaker” o “Devil’s Child”. Así, en la medianía del espectáculo hubo la primera instancia de genuina conexión con la audiencia más allá de las primeras filas con “Turbo Lover”. Allí hubo mayor respuesta a las peripecias de Halford y sus intentos de que le siguieran con los coros, tras lo cual vinieron más monumentos de las cinco décadas de historia que son rescatadas en el show.

El final del set inicial fue sobrecogedor con “Screaming For Vengeance” y “Painkiller”, pero tras un par de minutos, Halford volvió a escena arriba de una Harley-Davidson para hacer “Hell Bent For Leather” directo desde la autopista, o desde las calles más peligrosas con “Breaking The Law”, antes de cerrar con “Living After Midnight”. Comparar el inicio con el final del show de Judas Priest en Knotfest Chile es impactante, desde el respeto y la escucha silenciosa a la fiesta completa, y aquello es símbolo de la carrera de una agrupación resistida y vilipendiada en sus inicios, pero que con trabajo duro y grandes canciones se convirtió en un puntal de la historia del metal.

Slipknot

No hay que dar muchas vueltas para ver por dónde partir con Slipknot. La banda llegó por tercera vez a Chile para encabezar un festival que es su propia creación, por lo que evidentemente sería la encargada de poner el broche de oro, a pesar de los cuestionamientos de quienes pedían una agrupación más longeva como cierre. Bastó con ver el mar de gente esperando por Corey Taylor y compañía para notar que los dudosos no podían estar más equivocados, ya que fue desde el primer minuto que el conjunto demostró su estatus como uno de los nombres más importantes en la historia del metal. Con una seguidilla de himnos como “Disasterpiece”, “Wait And Bleed” y la demoledora “All Out Life”, el conjunto inició un show en que sorprendentemente los artilugios escénicos, como los disfraces y el atractivo visual, fueron más que nada un complemento para lo verdaderamente importante: la música.

Con una interpretación pulcra y sin titubeos, la banda diversificó su set pasando por sus siete LPs, dándole el protagonismo a “Slipknot” (1999), “Iowa” (2001) y “All Hope Is Gone” (2008), desplegando un desfile de sus canciones más insignes como “Psychosocial”, “The Heretic Anthem” o “Spit It Out”, coreadas por prácticamente la totalidad del estadio, poniendo en tela de juicio si eran muchos o no los asistentes que sólo estaban ahí por curiosidad. Punto aparte para las intervenciones en español del frontman, que estrecharon la conexión con la audiencia en un show enérgico, que no se detuvo a la hora de mantener los ánimos a tope, pese a lo agotadora que fue la jornada.

Hablar de Slipknot como un clásico es algo inevitable a estas alturas, debido a que la banda se ha establecido como un nombre de peso en la escena del metal, con un desplante y catálogo que los tiene a otro nivel dentro de la memoria colectiva. A simple vista, el grueso del público disfrutó a concho el show de la banda, demostrando su enorme arrastre en nuestro país y dejando claro que están listos para instancias mayores, por lo que no sería de extrañar que su próxima visita a Santiago sea en un estadio de gran capacidad como show principal y no mediante un evento con más invitados en el cartel.

En la vereda estrictamente artística, Knotfest consagró su primera versión chilena como un festival que indudablemente abrirá la puerta a futuras ediciones, incluso con los evitables contratiempos que se vivieron durante la jornada, como problemas en el ingreso o improvisados puntos de hidratación. Comprendiendo que es muy difícil que la totalidad de los asistentes quede conforme con su experiencia, el foco central del evento, que fue la música en vivo, cumplió a cabalidad lo que se esperaba, ofreciendo un recorrido por distintas veredas y épocas en este eterno y constante libro de la música pesada. Desde el pasado con Judas Priest, el presente con Slipknot y el futuro con Vended, la primera edición de Knotfest Chile ejemplificó claramente el saludable y revitalizado estado actual del metal y su comunidad cada vez más diversa.

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En Vivo

Primavera Sound Santiago 2022: Domingo

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Bjork Chile 2022

El dicho popular, reza: “Después de la tormenta, llega la calma”. Y así fue el último día de esta gran cruzada en torno a la música chilena y mundial llamada Primavera Sound Santiago. El buen clima y, por qué no decirlo, el calor agobiante por ratos, se tomaron el Parque Bicentenario Cerrillos y fueron el marco para recibir una jornada que traía nuevamente debuts y consagrados, música para relajarse, para mover los pies y para gritar a todo pulmón.

Familea Miranda

La quintaesencia de la mancomunión catalana-chilena fue la inclusión de Familea Miranda, el trío chileno radicado hace más de una década en Barcelona que prometía ser el puente tácito entre el festival recién llegado y la pujante escena nacional. Y qué mejor que el tándem de fundadores “Katafú Rozas y Milo Gomberoff junto al baterista Alex Farré como un power trio cargado de rock cada vez más intrincado y cavernoso, con este último otorgándole la potencia y sapiencia a la hora de adecuarse a los ritmos enrevesados que la experiencia les ha permitido crear a Rozas y Gomberoff.

Juntos, dieron rienda a un set que recorrió sus más de veinte años de carrera desde los tiempos de “3Nsayo 3Rror” (2006) abriendo con “The Legañon” y “El Bloqueo”, y pasando por “Caballo de Alquiler”, “Lorem” y “Brut Nature” de “Radiopharm” (2015), el disco que significó en su momento el debut de Farré en el trío por este lado del mundo. La entrega fue total para aquellos que en el escenario Primavera desafiaban los primeros y fuertes rayos de sol que tanto escasearon la jornada anterior.

Por supuesto, estuvo “Palomita”, el clásico del folklore latinoamericano reconvertido en rock ruidoso y primal, y el final estridente estuvo a cargo de “Servú (Ronda)” deviniendo en una cuasi jam desbocada de free jazz, añadiendo otra cara que mirar al prisma que es Familea Miranda, una banda que, a la distancia y a su manera, se las arregla para hundir más sus raíces en suelo chileno, viniendo cuando pueden y tocando donde quieren. Aunque digan que ya no son de ninguna parte, se nota que extrañan y qué mejor que plasmarlo en esta, la primera versión del festival Primavera Sound Santiago.

José González

Cuando el sol dominical se abría paso entre las ya escasas nubes del fin de semana, con un breve retraso comenzaba el show de José González. El sueco de ascendencia argentina hizo gala de un español más bien tímido y escueto porque lo suyo no iba de parafernalias, imaginarios o grandes discursos, su declaración de principios es y ha sido siempre la simpleza. “Killing For Love” y “Cycling Trivialties” fueron, entre otras, las elegidas para partir plasmando un delicado set sin prisas ni pausas.

A pesar de no ser un festival el mejor escenario para la propuesta de González por todo el barullo circundante, se las arregló para marcar presencia, incluso con la pulsión electrónica del escenario Bits varios metros más allá haciendo lo suyo y que se colaba cada tanto, a punta de rasgueos abiertos y profundos, preciosas melodías arpegiadas y uno que otro backing track con sutiles beats, como en “Swing”, aunque, si no estaban esos beats, marcando con el pie también se las arreglaba sin mayores problemas. Como respuesta, recibió la respetuosa atención que su música naturalmente exige.

Con destreza, se paseó por su relativamente breve catálogo, dándole espacio a fracciones de su más reciente “Local Valley” como también a sus viejos y queridos clásicos: su propia versión de “Teardrop” de Massive Attack y el famoso cover de “Heartbeats” de The Knife, dotándolo de nuevas intenciones subiéndolo algunos semitonos hasta casi llegar al original. La sesión de los menos de cuarenta minutos originalmente planeados fue acogida por la audiencia como si fuera ese amigo que viene de viaje y quiere contar todo lo que afuera vio. Cantó, gustó y encantó con poco, porque sin duda algunas veces menos es más.

Jessie Ware

Aunque el tiempo que le dieron en Chile fue menor a lo de los otros Primavera Sound en Latinoamérica, Jessie Ware convierte cada segundo de su show en un deleite disco, hecho para bailar, llorar, seducir y transformar un sonido que acompañó la pandemia en una realidad escénica que supera expectativas. Desde “Spotlight” ya se notaba que las canciones tendrían mixes y énfasis diferentes a sus versiones de estudio, más simples, con los beats y el lucimiento de la voz de Jessie como ejes de lo que se escucha, mientras sus coristas y bailarines configuraban imágenes de acción, pasión y complicidad como la que la artista británica también demandaba y obtenía de su público. Aunque mucha gente que esperaba a Björk se quedó impávida, igualmente en ciertos momentos se sumaban a la fiesta, que en 48 minutos conseguiría entregar lo esperado y más.

El show giró alrededor de “What’s Your Pleasure?” (2020), ese álbum que para mucha gente se convirtió en la luz al final del túnel en tiempos de pandemia, ese disco que había que ir a bailar y que permitía viajar a universos paralelos que, bajo el inclemente sol que no había aparecido todo el fin de semana, se hizo real. “Ooh La La”, “Soul Control” o “Hot N Heavy” fueron muy coreadas con todo el mundo bailando, mientras Ware dominaba con carisma y sensualidad la escena, sin excesos, con la elegancia de quien conoce su material y cómo hacerlo brillar. Por ello es llamativo cómo la exhibición vocal es incluso mayor que en el estudio, con más gimnasia tonal y más recursos, enriqueciendo con esas complejidades los mixes más directos.

Lo anterior brilló con especial fuerza en la sobrecogedora versión de “Remember Where You Are”, con emociones y belleza a raudales. También ocurrió con el himno en que se ha transformado el reciente single, “Free Yourself”, y con el icónico momento que es “What’s Your Pleasure?” en vivo, con Jessie tomando un micrófono con un stand en forma de látigo, agitándolo con dominación, en todos los sentidos. Del material anterior a 2020 sólo sonó la versión remix de “Running” como la rearmó Disclosure. El cierre con “Save A Kiss” terminó con una fiesta en el amplio sentido, desde las alegrías instantáneas a los recuerdos perennes, en un debut en Chile para recordar y seguir bailando en su honor.

Björk

Siempre es una apuesta arriesgada cuando un festival decide poner algún show temático dentro de su cartel, más aún cuando dicha presentación está a cargo de alguien tan masivamente popular como Björk, que trajo su espectáculo “björk orkestral”, consistente en una serie de canciones interpretadas en un formato acústico para ser parte de la jornada de domingo en Primavera Sound Santiago. Junto a la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI), compuesta por músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil y de la Orquesta Sinfónica Estudiantil Metropolitana, la islandesa se paseó por distintos tracks de su discografía para el deleite de los presentes, quienes, seguramente por la devoción que le tienen a la artista, no tuvieron problemas en conectar con un show que, debido a su configuración y ubicación en el horario a las 19:00 hrs, no lograba enganchar con el grueso del público. El inicio con “Stonemilker”, “Aurora” y “Come To Me” comenzaron poco a poco a generar un ambiente que terminó por apoderarse del lugar, donde se congregaron miles de personas, entre seguidores y asistentes, que comprendían muy bien que a una artista con este nivel de influencia había que verla sí o sí por lo menos una vez en la vida.

Concentrando principalmente sus esfuerzos en canciones de “Vulnicura” (2015), “Homogenic” (1997) y “Post” (1995), Björk presentó épicas y estruendosas reinterpretaciones de tracks como “You’ve Been Flirting Again”, “Isobel”, “Jóga” o “Quicksand”, con los jóvenes de la orquesta dando la talla en cada nota bajo la atenta dirección de Bjarni Frímann, quien se ha encargado de conducir las orquestas que se presentan junto a la islandesa durante esta gira. Ya para el cierre, y con el público en el bolsillo, la artista desplegó una intensa versión de “Hyperballad” para finiquitar su presentación, regresando posteriormente ante el aplauso de los presentes y despedirse definitivamente con “Overture” y “Pluto”.

A 10 años de su última presentación en nuestro país, la islandesa trajo sus composiciones en una configuración distinta, lo que se agradece un montón, pese a lo emocionante que sea escuchar sus clásicos en vivo bajo una interpretación más cercana a las originales. Siempre es bueno ver a Björk en vivo, y mucho mejor cuando se le agrega una novedad como la posibilidad de escuchar composiciones tan importantes para lo que fue su apogeo artístico desde la segunda mitad de los 90 hacia delante, mostrando no sólo su presente más maduro y robusto como artista, sino que además lo adaptables que son sus composiciones a distintas configuraciones. Pese al contexto más íntimo que evoca la presentación, su solemnidad logró que se transformara en algo especial, único y muy distinto de cualquier cosa que se pudiera presenciar durante el fin de semana. En simples palabras: un show de Björk como debe ser.

Mitski

Luego de que Björk invocara el atardecer sobre Cerrillos, era el turno de Mitski, que ya con la oscuridad de cómplice se preparaba para enfrentarse al sorpresivamente amplio público que la esperaba. Con la teatralidad que la caracteriza, y una presencia imponente y cálida, la artista recurrió a su último trabajo, “Laurel Hell”, desde donde escogió “Working For The Knife” como punto de partida. Sólo bastaron los primeros acordes para dar rienda suelta a la catarsis que significa escuchar, sentir y ver a Mitski sobre un escenario. Y es que la artista transmite intensidad y pasión en cada estrofa, como entregando un poco de sí misma a cada persona hasta ya no dar más.

Las nuevas tecnologías y los nuevos contextos digitales han ampliado el margen de los fenómenos virales, y así han logrado que una nueva y joven generación de fanáticas se acerque a su música. He ahí gran parte de la creciente popularidad –que ya iba en ascenso– de la cantante no sólo en Chile, sino también en el mundo. Con los hits “Washing Machine Heart” o “Nobody”, que han sonado fuerte en redes sociales, Mitski diseña un set que, pese a no mantener una línea definida, se pasea por todas las emociones y de esa manera también sorprender.

Mitski debutó en nuestro país en un momento clave para su carrera y popularidad, sintiéndose abrumada y agradecida por el calor del público local que no dejó de acompañarla y seguir cada movimiento que comunicaba con sus manos o su corporalidad. Tomándose el escenario, cumplió con las expectativas y se ganó a un país que pareciera meterse en sus más profundos sentimientos.

Father John Misty

En el último rincón del parque, el escenario Primavera vio llegar el show de Father John Misty pasadas las 21:00 hrs., con el músico presentándose frente a un público mucho menor al de cualquier show en los escenarios principales, pero que se destacó por una cosa en particular: la mayoría estaba familiarizada con su catálogo. Desde el comienzo con “I Love You, Honeybear”, los presentes acompañaron al músico y su banda en un desfile de composiciones de todas sus obras de estudio, pasando por tracks como “Total Entertainment Forever”, “Mr. Tillman” o “Nancy From Now On”, con una solidez instrumental impecable por parte de la banda compuesta por nueve músicos entre batería, guitarras, teclados e incluso una sección de vientos, que le aportaron una exquisitez sonora muy elegante.

Lamentablemente, problemas de sonido aparecieron sin previo aviso en “Goodbye Mr. Blue”, canción que fue interrumpida por un corte total del sonido en el escenario, con Tillman y compañía siguiendo su interpretación por un par de segundos antes de notar que el sistema de sonido del escenario no estaba funcionando. Probablemente esa mala pasada, y la reinterpretación del track, hizo que el músico debiera estrechar su set, aunque de todas maneras el público y artista se mostraron de muy buen ánimo continuando con tracks como “Please Don’t Die”, así como otros momentos de catarsis como “Pure Comedy” o el histriónico cierre con “The Ideal Husband”, canción que suele cerrar las presentaciones más catárticas del artista, quien en su segunda vez en Chile pudo consagrarse no sólo como el poseedor de un gran desplante escénico, sino que también como un músico que ha crecido mucho artísticamente con cada álbum de su corta carrera como solista.

Charli XCX

La presentación de Charli XCX parecía estar en duda. Tras enfermarse de la garganta en Argentina, la cantante inglesa debió permanecer en reposo y en silencio para cumplir con sus shows, incluyendo el de nuestro país. Ya casi recuperada, saltó a escena completamente sola, sin más apoyo que su actitud y desplante. Si bien, en ciertos pasajes de la introducción con “Lightning” o “Gone” la cantante forzaba su voz, esto no fue impedimento para que despachara un show lleno de color, carisma y sensualidad.

Charli XCX maneja las claves del pop en otra frecuencia, las tuerce, y en otras se las apropia. Sin bailarines, músicos en escena y con una modesta escenografía, la artista se adueñó del parque por unos minutos y comandó la fiesta de todos y con dedicatoria especial en “Boys” para acelerar hacia el final con la explosiva “Vroom Vroom” y “Good Ones”. Charli XCX, otro debut en suelo nacional, demostró por qué es la diva alternativa del pop, transversal y agresiva.

Caroline Polachek

El último show del festival estuvo al borde de la perfección, porque Caroline Polachek entregó un nivel de pop que, moviéndose entre la elegancia, la experimentación y la destreza técnica, consiguió la dificultosa hazaña de cerrar con broche de oro un evento con múltiples puntos altos. Es que la norteamericana es capaz de generar ganchos pop con mezclas futuristas en el estudio, y eso juntarlo con su voz que, en vivo, suena aún más potente que en lo grabado. Además, su carisma y simpatía le hacía congeniar con el público que, pese a no ser copioso en el alejado escenario Primavera, sí fue muy participativo, coreando con fuerza y dejando sorprendida a la artista a ratos.

Iniciando con “Pang”, track homónimo de su álbum debut de 2019, la perfección en los movimientos de Polachek, coreografiados con prestancia, se comenzó a notar. Mientras ella logra que su voz proyecte exactitud, los gestos, cada paso, cada giro de su cabeza tiene apariencia de ser parte de un continuum, y es que no es sólo un afán de moverse, sino que una coreografía cuidadosamente trabajada con C Prinz. Al mismo tiempo, cada canción es una cuidada producción, incluso en vivo, porque las versiones cuidan los elementos, a veces eligiendo que la batería se luzca, como en “Hey Big Eyes”, o en “Sunset” con la guitarra al estilo español siendo lo que brilla.

Pero lo más sorprendente es lo espontáneo que logra sonar todo, en un espectáculo que sorprendía incluso a quienes conocen cada recoveco del trabajo de Polachek, ya sea la dulzura de “Billions” y su coro hecho para multitudes, o el cover de “Breathless”, original de The Corrs, que consigue un halo de oscuridad inédito en sus manos. Más allá de la altura de deidad que aparenta la cantautora, hay mucho de humano en el trabajo necesario para equilibrar talentos de manera perfecta en escena, y ello es lo que, en poco menos de una hora, cerró los shows del fin de semana.

​Es indispensable pensar que este fue el debut no sólo de un festival, sino también de su productora, y el análisis debe ser justo con ese tipo de detalles. De hecho, hay múltiples paralelos con el debut del otro festival que se hace en este mismo parque en marzo, iniciando con ripios en la venta de entradas, teniendo que disponer de descuentos meses después de poner abonos en venta, y que le costó comunicar al público de un nuevo paradigma de evento. La amplitud de los espacios físicos para el público, tanto en servicios como en calles para transitar (sólo con la salida del segundo día como un punto preocupante) es algo destacable. Además, la curatoría del cartel entregó el mejor line up en muchos años en suelo nacional, más por el estrellato de los artistas que por sus momentos artísticos y creativos, con mucha gente habiendo lanzado su mejor trabajo y con shows de categoría tal, que cuesta mucho decir cuál no estuvo en un alto nivel. Otro punto a destacar fue cómo las mujeres artistas entregaron la mayoría de lo más comentado y lo más esperado, con multitudes sorpresivas en shows como Japanese Breakfast o Mitski, y otras anticipadas, pero no por ello menos notables, como Björk y Lorde. Un evento posible de mejorar, pero cuya primera impresión proyectó futuros en el presente y entregó esperanzas para posibles siguientes ediciones.

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Dry Cleaning – “Stumpwork”

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OFF! – “Free LSD”

Luego de ocho años de pausa discográfica, OFF! vuelve a las pistas con un álbum que, de primera impresión, traza...

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La Ciencia Simple – “Ritmos En Cruz”

Desde “Hacia El Mar” (2014), La Ciencia Simple ha propuesto una reconfiguración de su sonido, pasando por el post rock...

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