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King Crimson: El movimiento de lo invisible

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Gracias a una gira que celebra 50 años de historia, es que nuestro país tendría la oportunidad de ver finalmente en vivo a King Crimson, probablemente la banda más importante del rock progresivo y que, con una serie de colosales trabajos de estudio, ha influenciado a una enorme cantidad de músicos en cada una de sus etapas. Tal era el entusiasmo, que en tan solo cuestión de tiempo la fanaticada local agotó la totalidad del Movistar Arena, haciendo que una segunda fecha se habilitara. Todos querían presenciar por lo menos una vez –asumiendo lo único y especial de la ocasión– a esta banda que, a través de 13 álbumes de estudio y otra gran cantidad de lanzamientos, ha sabido cómo adaptarse al paso del tiempo y refinar cada vez más su sonido, bebiendo del pasado, pero también construyendo con una impronta fresca y coherente que los hace ir cada vez más lejos con sus composiciones.

Como antesala a su presentación, una pequeña intervención del conjunto The Santiago Quintet amenizó la espera con una selección de piezas en guitarra acústica, siendo escuchada atentamente por los presentes. Con todo el respeto que la música merece, todos sólo pensaban en lo que se vendría después, ya que para nadie era un misterio el hecho de que este sería un show de antología.

Puntualmente, y precedido de un mensaje donde recalcan el no fotografiar ni grabar durante la función, la banda entró a escena ante un ensordecedor aplauso; una verdadera institución de la música estaba pisando por primera vez un escenario chileno. Con una configuración muy distinta a cualquier banda, con las tres baterías al frente y el resto de los integrantes detrás, King Crimson funciona como una maquinaria en donde cada pieza va realizando su propio proceso sin parar, por lo que el calentamiento que significa “The Hell Hounds Of Krim” no hace más que dejar en evidencia una cosa: esta sería una noche de baterías.

Es precisamente el trío compuesto por Pat Mastelotto, Jeremy Stacey y Gavin Harrison quienes se roban todas las miradas gracias a su impresionante forma de tocar, dándole un protagonismo especial a sus instrumentos sobre la refinada sección instrumental que Tony Levin y Mel Collins van estructurando, acompañados de la voz de Jakko Jakszyk, que se transforma en un instrumento más. Al fondo de toda esa ecuación, sentado en su rincón, la mente maestra de Robert Fripp dirige de manera severa, solemne y siempre pendiente de que cada movimiento del conjunto tenga la coherencia que merece un catálogo como el de King Crimson.

Con tantas vueltas y cambios de alineación, el guitarrista es el único integrante de la formación original que ha permanecido de manera activa, lo que se traduce en la concepción de KC como un proyecto suyo, uno que debe abarcar una gran cantidad de eras para que todo sea lo más redondo posible. Dicha tarea –titánica para muchos– aquí se deprende con una soltura innata, teniendo muestras del King Crimson de prácticamente todas las épocas distintas, desde su vereda progresiva, pasando por su etapa free jazz y proto-metal de los setenta, hasta la más “minimalista” de los ochenta, donde la influencia de Levin es fundamental para estructurar el catálogo del conjunto.

Actualmente, con siete músicos en escena, la música de la banda adopta una corporalidad que trasciende cualquier regla preconcebida musicalmente hablando, por lo que escuchar canciones en vivo como “The Court Of The Crimson King”, “Red” o “Moonchild” son experiencias que golpean de una manera sobrecogedora, todo esto apoyado por la tolerancia cero con los teléfonos celulares, lo que permitió una audiencia mucho más conectada con lo que estaba pasando en el escenario.

La despampanante batalla de baterías en “Indiscipline” se encargó de finiquitar la primera parte del set, sucedida de un interludio que preparó a los presentes para una segunda mitad que fue creciendo hasta llegar a su clímax. De manera casi cinematográfica, el conjunto exploró pasajes como “Cirkus”, “Easy Money” o “Level Five”, recibidas con enorme entusiasmo por el público, quienes se limitaron sólo a mirar atónitos la magistral clase que estaba sobre el escenario. Entre los puntos más altos de la noche estuvo la interpretación de “Epitaph”, donde Jakszyk pudo lucir su gran calidad vocal en una de las composiciones más emotivas de la banda, donde se hace gala de su faceta más progresiva y sinfónica dentro de su discografía. Sería evidente que “In The Court Of The Crimson King” (1969) junto a “In The Wake Of Poseidon” (1970) serían los álbumes con mayor representación en el setlist, pero eso no evitó que la tremenda “Starless”, sacada del implacable “Red” de 1974, fuera la que cerrara el set ante el clamor de una audiencia que no podía creer lo que veía y, por ende, no quería que esto terminara.

La joya de la corona era lo que faltaba para finalizar una tarde única, y llegó con la misma fuerza y maestría que la caracteriza. Esto, porque los padres del rock progresivo debían despedirse con “21st Century Schizoid Man”, una de las canciones más importantes de la historia y que, mediante una interpretación magistral, prácticamente duplicó su duración gracias a los extensos pasajes instrumentales que la banda incluyó entre medio, dando pie incluso para un solo de batería que se encargó de preparar el terreno y anticipar el clímax definitivo de dicho track.

En una de las demostraciones más implacables de free jazz que se han visto en la historia de los conciertos en nuestro país, Fripp y los suyos ponían fin a un sueño por el cual el público local esperó décadas y que, en casi tres horas de música, vio a la banda pasar por todos los 50 años de historia que están celebrando en esta gira, y así toda naturaleza invisible de los sonidos tomaba un movimiento que le daba vida, forma y una esencia que requirió de una agrupación sincronizada a la perfección.

Ver a King Crimson en vivo es algo que puede que muchos jamás pensaron que se viviría en nuestro país, pero con una agenda tan activa y que no sabe de imposibles, tal parece que sólo era cosa de tiempo. Muchas veces existen conciertos que vienen precedidos de todo un imaginario que los transforma en un show magistral, pero muy pocas veces ese hype autoconstruido se torna una realidad. En el caso de Fripp y sus secuaces, toda idea preconcebida sobre su espectáculo queda por el suelo a la hora de verlos en vivo, sobre todo porque la experiencia es algo mucho más grande de lo que se piensa.

Cuando la música adopta un carácter que trasciende por sus protagonistas, la audiencia también es capaz de trascender junto a ella, generando procesos que requieren de un compromiso total con las formas y sonidos que emergen desde el escenario. Probablemente, luego de la segunda fecha del domingo esto no se repita, pero podemos agradecer de que entramos, aunque sea por dos noches, en la solemne corte del rey carmesí.

Setlist

  1. The Hell Hounds Of Krim
  2. Neurotica
  3. Suitable Grounds For The Blues
  4. Pictures Of A City
  5. The Court Of tTe Crimson King
  6. Cat Food
  7. Red
  8. Moonchild
  9. Islands
  10. Indiscipline
  11. Drumzilla
  12. Cirkus
  13. Easy Money
  14. Lizard (Dawn Song)
  15. The ConstruKction Of Light
  16. Epitaph
  17. Radical Action II
  18. Level Five
  19. Starless
  20. 21st Century Schizoid Man

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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