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Keane: Donde la gente conozca mi nombre

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En redes sociales hubo una pregunta que se repitió entre la gente que fue parte de la primera de dos noches de retorno de Keane a Chile, ante un Teatro Caupolicán repleto: ¿Por qué Keane no fue más grande? La efervescencia, potencia y conexión de la gente con el cuarteto británico hizo pensar mucho en “qué hubiera pasado si…”. Pero cualquier idea se difuminaba en el aire, cargado de alegría, algo intoxicante pensando en un contexto país como el que tenemos, donde, sí, un escape siempre se hace necesario, pero ese nivel de burbuja era un poco chocante. Al menos, la devoción por la banda y por cada palabra de las letras haría notar que el ambiente estaba marcado por una comunidad diferente, de efecto positivo y derivando en un concierto que rayaría la perfección.

Unas horas antes, el Caupolicán se fue llenando desde temprano con filas extensas, mucho antes de la apertura de puertas. A las 18:54 hrs. las luces se apagaron y We Are The Grand se subió al escenario. La banda nacional no decepcionó desde el punto de vista del sonido, que es algo que desde el comienzo han dominado, logrando tener una estética sonora de nivel internacional como si fuera lo más natural del mundo, con canciones como “Vientos”, “Arráncame” o “Paraíso”. Sin embargo, lo que la banda tiene en sonido y en canciones que logran conectar con la gente, le falta en otros ítems que, con la trayectoria y evidentes parámetros que manejan, es extraño que no estén en ese nivel.

El carisma de Sebastián Gallardo es bueno al nivel que exigen las canciones, teniendo la calidez para conectar con la gente, pero no la intensidad que la excelente parte instrumental de conjunto sugiere. Quizás por ello es que, en canciones como “Luna”, más acústicas y con Gallardo teniendo una guitarra colgada, todo calza mucho mejor, pese a perder esa urgencia de otros temas. También la iluminación plana no fue de mucha ayuda con la banda, que, al tener tonos épicos en su sonido, requiere también de ese tipo de gestos para marcar aún más los momentos del repertorio. A las 19:30 hrs., con los últimos acordes de “Quizás”, We Are The Grand culminó una presentación correcta, que conectó muy bien con el público –que al final es lo más importante–, pero que igualmente pone una pequeña duda sobre uno de los conjuntos de mayor proyección de la escena nacional y, a la vez, de varias certezas poderosas.

Ya a esa altura el teatro estaba prácticamente repleto y, más allá de un par de “el que no salta es paco”, todo se trataba de la excitación por el regreso de Keane, quienes agotaran los tickets en cosa de días para los dos shows agendados en el Caupolicán. Y con la puntualidad inglesa, a las 20:00 hrs. el cuarteto irrumpió en el escenario con una de esas ovaciones que se dan más al final que al comienzo del show, indicando que el terreno que algunos aran para cultivar y cosechar, ellos ya lo tenían listo de antemano. Y es que, claro, se trata de 15 años de conexión entre la gente y las canciones del primer disco, “Hopes And Fears” (2004), y mucho más después de eso, que, pese al hiato en la agrupación que permitió proyectos paralelos, igualmente pudo volar el techo del Teatro Caupolicán en la primera de las dos noches, desde “Disconnected” en adelante, en un viaje familiar, cercano, lleno de energía y de esa naturalidad que entrega la madurez.

Lo primero que destaca, incluso más que el público cantando todo y dando la vida en canciones como “Bend And Break” o “Silenced By The Night”, es cómo los músicos dan la talla para demostrar un crecimiento sobre el escenario. Canciones más blandas como “Phases” o “Everybody’s Changing” tienen una urgencia mayor, pese a la dulzura y el sentimentalismo, y eso tiene mucho que ver con la presencia de Tim Rice-Oxley, tecladista que además es el compositor de la mayoría de las canciones, y quien no sólo domina desde la pulsión de notas lo que es tocado, sino cómo es tocado, poniendo un lenguaje corporal que contagia a Richard Hughes en la batería y a Jesse Quin en el bajo.

También, por cierto, las canciones ayudaron mucho a visibilizar lo anterior, como en “Is It Any Wonder?” o en “Spiralling”, donde la distorsión puesta en los teclados hace que nadie extrañe una guitarra (que sí aparece en un par de temas, pero jamás de forma protagónica). Igualmente, si se habla de presencia y crecimiento, a quien más se le nota es al vocalista Tom Chaplin. De ser un muchacho tímido de voz dulce, pero con poco carisma, ahora no sólo su nombre es sinónimo de Keane, sino también de una presencia escénica bien desarrollada. No sería sorprendente que, en un futuro a mediano plazo, Tom se convierta en un crooner a la usanza de Tony Hadley, por dar uno de tantos ejemplos.

Aunque el nuevo disco “Cause And Effect” (2019) era la excusa para la gira que trajo de vuelta a Keane, el recuerdo de las placas anteriores dominó la noche, algo que tampoco se notó mucho, dado que la energía del público jamás bajó, tal vez sólo en el inicio del encore con “Chase The Night Away”. Pero incluso lo más nuevo era parte de lo que ponían en las gargantas los fanáticos y fanáticas, entregándose a los juegos de Tom, quien explicaba que amaneció muy enfermo en la mañana y que no sabía si podría estar haciendo el show, algo que pudo lograr “gracias a una inyección en el trasero”, y que no podría haberse perdido esa energía. Es que el asombro de la gente ante canciones reconocidas como “Nothing In My Way” o “This Is The Last Time” es como si se abriera un mundo nuevo, y es esa mezcla entre reconocimiento y maravillamiento la que funciona tan bien para ir aumentando la buena vibra a cada momento, permitiendo que también se disfruten canciones no tan masivas como “A Bad Dream” o “Love Too Much”.

Sorprendente es la recepción al primer single del disco nuevo, “The Way I Feel”, en que incluso la gente sacó unos globos de colores en el esquema cromático que acompaña al arte de ese álbum. Pero nada comparado a la explosión de “Somewhere Only We Know”, ese hit que incluso los muchachos que acompañaron a varias asistentes al show se sabían, esa canción que puso a Keane en el mapa y que hizo que se conocieran luego de luchar por más de siete años en bares y lugares pequeños. Quizás por ello la fascinación con el escenario continúa para el conjunto, y por lo mismo es que hicieron ese encore dándolo todo, en especial en “Crystal Ball” y en “Sovereign Light Café”, ese tema que hace tiempo usan para cerrar los shows y que dice “Iré donde la gente conozca mi nombre” como culminación de un transitar por lugares familiares, con gente familiar, donde el cariño permita superponerse a los momentos difíciles.

En una hora y cincuenta minutos eso es lo que consiguió Keane en el Teatro Caupolicán, generando en el público ese sentido de pertenencia comparable al barrio, a las amistades duraderas (como decía un cartel en la platea) y mucho más vivido con su música. Más allá de pensar en qué hubiera pasado si Keane fuera más exitoso, queda pensar en un presente con un retorno soñado, con músicos más capacitados y la madurez de parte de este cuarteto que realmente llevó a las más de cuatro mil personas en el teatro a un lugar donde la gente conoce los nombres, y mucho más.

Setlist

  1. Disconnected
  2. Bend And Break
  3. Silenced By The Night
  4. Phases
  5. Everybody’s Changing
  6. Is It Any Wonder?
  7. Strange Room
  8. Spiralling
  9. Perfect Symmetry
  10. She Has No Time
  11. Nothing In My Way
  12. You Are Young
  13. A Bad Dream
  14. Love Too Much
  15. This Is The Last Time
  16. Bedshaped
  17. The Way I Feel
  18. Somewhere Only We Know
  19. Chase The Night Away
  20. Crystal Ball
  21. Sovereign Light Café

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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