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Justice: La doctrina del shock

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Pocos grupos configuran su identidad en un disco debut. Menos aún cuando se trata de música electrónica. Pero Justice lo hizo con “†” (2007) y hasta hubo gente que se sintió traicionada cuando el año pasado irrumpieron con “Audio, Video, Disco” (2011), álbum más experimental, rockero y menos inmediato. Es que lo que ha configurado Justice, es una tendencia a dejar en shock a su audiencia, o por lo menos que las acciones que emprenden sean lo más chocantes posibles.

Y mucho de eso se vio la noche del jueves 3 de mayo en el Teatro Caupolicán, lleno en un 85% -cancha completa, dos tercios de las plateas ocupadas-, donde bajo el nombre Electric Circus, se aglutinaron varias propuestas electrónicas, teniendo a Justice como cabezas de cartel.

El show de los franceses no fue una sorpresa. El setlist es prácticamente el mismo con el que están girando alrededor del mundo y extrae los éxitos de sus dos trabajos de estudio, además de incluir ese remix de Simian, “We Are Your Friends”.

El 2009, en pleno apogeo de su debut y tras el reconocimiento global, Justice llegó a hacer un DJ set olvidable en el Movistar Arena, por lo que esta fue su primera vez con su propio repertorio en escena, y si es que había alguna deuda pendiente, esta quedó saldada y con intereses.

Muchos odian “Audio, Video, Disco”, pero lo cierto es que muchos de los sonidos de este LP alimentaron de forma eficiente los hits de “†”, enriqueciéndolos y dando un buen soporte para estos.

Tras una intro breve, sonó “Genesis”, canción que inevitablemente debe abrir cada presentación del dúo, porque parece haber nacido para ello, seguida de la enérgica “Helix” y la potente “Phantom pt. I”.

Algo que se repetiría durante los 85 minutos que duró el show, es que mientras sonaba un tema, otro se deslizaba mediante el sampleo de este, como “Civilization” durante “Genesis” o “Let There Be Light” durante “Phantom pt. I”. Incluso algunos extractos ganarían su propio espacio, como “New Jack”, que vino después de ese single indomable que es “Civilization”.

La parafernalia de luces, las torres de amplificadores Marshall que se iluminan a cada lado de la famosa cruz luminosa, todo eso protege a Gaspard Augé y Xavier de Rosnay. Claro, los protege, porque en una propuesta que elige shockear y extremar recursos a través de la estridencia y la grandilocuencia, exponerse es un riesgo. Ya lo mostraba el documental “A Cross The Universe” de 2008, donde ellos caían en el estilo de “sex, drugs & rock ‘n roll”, pero al mismo tiempo pujaban por tener un poco de tiempo de tranquilidad en medio del vértigo de una gira intensa.

Aunque en la electrónica la mayoría de los artistas efectivamente se escondan, esto se nota aún más en Justice, dado que su doctrina tendiente al choque, hace que los únicos momentos de apertura sean precisamente para momentos análogos, calmos y cercanos, como el inicio de “D.A.N.C.E.” o en gran parte de “On’n’on”, donde cada uno se sentó a tocar el teclado.

“Canon”, “New Lands” o la sorprendentemente bien hecha “Horsepower” son instantes propios que denotan que los samples más cercanos al rock clásico sí pueden ser exitosos, claro que con mayores cantidades e intensidades en los beats que en sus versiones de estudio.

Por el contrario, “D.A.N.C.E.” y “Stress” logran transmitir la misma aura que en el álbum debut, pero multiplicada varias veces. El temor que se siente con las alarmas de “Stress” o la motivación subyacente al coro ingenuo de “D.A.N.C.E.”, son cosas que no sólo se componen, sino que también brotan naturalmente y que generan reacciones en la gente. Por esto hay dos alternativas para que el de Justice en Electric Circus no haya sido un concierto perfecto del estilo. Uno, que el público no participó y no formó parte de la experiencia necesaria para convertir a una presentación en algo memorable. Segunda vía, que las sensaciones que el show de los franceses le transmite a la gente son tales, que el shock es algo inevitable y transforma a un espectáculo en una mera contemplación de los hechos.

Luego de “Stress” vino la épica “Waters Of Nazareth” donde ya comenzaba a sonar el inconfundible “We Are Your Friends”, sin antes pasar someramente por “Helix” (de nuevo) y una pizca de “On’n’on” antes de hacer “Audio, Video, Disco” y llenar de fuerza el Caupolicán.

Gaspard y Xavier hicieron un break mientras por fin la gente entendía que debía corear la frase “We are your friends / You’ll Never Be Alone Again” con fuerza, después de cinco intentos algo fallidos. Y ahí, de inmediato, tuvieron de vuelta al dúo para hacer “On’n’on”, ahora sí en serio, y cerrar la fiesta con “Phantom Pt. II”.

Y así, con “Parade” de fondo, pasaron 85 minutos de un mix vertiginoso, intenso, de choque, pero también con cierta contención y contemplación, que provocaron que muchas veces los propios miembros de Justice debieran hacer ademanes para que la gente los siguiera.

Es que esos son los riesgos de la doctrina que sigue Justice, dado que al ir de frente, es el público el que tiende a retraerse un poco y ser más un observador que un participante, dejando de potenciar una experiencia que en vivo deja en claro por qué, pese a lo discutible de su segundo álbum, son uno de los conjuntos electrónicos más interesantes del planeta, y por qué valía la pena que trajeran su propio show a nuestros escenarios.

Setlist:

  1. Intro
  2. Genesis (con elementos de Civilization)
  3. Helix
  4. Phantom Pt. I (con elementos de Let There Be Light)
  5. Civilization
  6. New Jack (con elementos de Civilization)
  7. Canon
  8. D.A.N.C.E. (version a capella y remix, con elementos de DVNO)
  9. Horsepower
  10. New Lands
  11. Stress (con elementos de We Are Your Friends y Phantom Pt. I)
  12. Waters of Nazareth (con elementos de Helix y On’n’on)
  13. Audio, Video, Disco
  14. On’n’on (con elementos de We Are Your Friends)
  15. Phantom Pt. II
  16. Parade (suena mientras Justice se despide del público)

 

Por Manuel Toledo-Campos (@toledo_campos)

Fotos por Sebastián Rojas (@zeva24)

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Juan Francisco Guzmán

    05-May-2012 en 2:48 pm

    Recuerdo la sensación que me dejó el final del recital. Yo quería seguir moviendome, quería gritar y todo, pero simplemente no podía. jajaja.

    Algo que pocos han dicho, es que Electric Circus fue una fecha tremendamente variada, donde los exponentes representaron escuelas muy diferentes de sonido. fue un “festival” en términos de que el error que siempre se comete es traer a tres o dos personas con el mismo sonido, juntas. Esto causa una especie de fatiga en los asistentes. Es la primera vez que asisto a un evento que me deja con la sensación de haber quedado “nutrido” en lugar de “cansado pero lleno”. Es muy diferente! Se pasaron en realidad.

  2. en general Uno contempla un show sólo cuando está o muy sobrio o muy lúcido, obviamente se va mejor estando de modo opuesto, sobretodo si es Justice 😉

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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