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Julia Holter: Un viaje a la delicadeza

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Ya resulta un poco redundante decirlo, pero sin duda alguna octubre se transformó en el mes con mayor concentración de shows internacionales de todo el año. Gran parte de los artistas más destacados de 2015 y 2016 han tenido la posibilidad de visitar nuestro país, entregándonos un verdadero regalo gracias a la posibilidad de presenciar sus shows en vivo. Bajo ese contexto, fuimos afortunados de poder escuchar en vivo a la talentosa Julia Holter, autora de “Have You In My Wilderness“, uno de los discos más destacados del año pasado. Un Teatro Nescafé de las Artes al 80 por ciento de su capacidad recibía al sereno público que se aprontaba a vivir una noche llena de composiciones mágicas e intensas.

14 Julia Holter @ Teatro Nescafé de las Artes

A las 21:00 horas, los argentinos Altocamet encendieron al público con un set de aproximadamente 40 minutos, con una mezcla que varía entre el dream pop, el post-rock y el shoegaze. Repasando canciones de distintos puntos de su discografía, con especial énfasis en “Más Allá” (2014), último LP de estudio a la fecha, el cuarteto –a veces quinteto– deleitó a los presentes con una impecable interpretación. El sonido cultivado por los argentinos resultó por algunos minutos muy similar a sus compatriotas Soda Stereo, arraigados en el rock británico de los ochentas, y el sonido de bandas como The Cure y Joy Division, entre otras. Su vocalista, Adrián Canu Valenzuela, agradeció a la audiencia por su atención y se despidió para dar paso a la artista estelar de la velada, lo que puso nervioso al público previo a presenciar uno de los debuts más esperados en nuestro país.

12 Julia Holter @ Teatro Nescafé de las Artes

Luego del show de los trasandinos, Julia hizo ingreso al escenario acompañada del baterista Corey Fogel, el bajista Devin Hoff y la violista Dina Maccabee, para abrir con “In The Green Wild“, corte de su tercer disco, “Loud City Song” (2013), transportando de inmediato al público a otro mundo, uno donde no existe más que la banda y su música. El último LP de la cantante no se hizo esperar mucho, apareciendo con “Lucette Stranded On The Island“, hipnotizando a los presentes con su mística y encantadora voz. Julia tomó el micrófono para agradecer a todos los asistentes y también destacar el apoyo de Altocamet para luego interpretar “How Long?“, con la viola entregando una sensación de pesar y desolación, algo muy apropiado para la inigualable interpretación de Holter en voz y teclados. El aura de oscuridad y misterio adornó toda la noche, y la profunda “Horns Surrounding Me” permitió darle al show ese aire de soundtrack con el que se desarrolló, ya que la precisión y acelerado paso del bajo entregó un aire de suspenso, con un público que miraba embobado lo que Julia y compañía hacían en el escenario.

08 Julia Holter @ Teatro Nescafé de las Artes

Desde ahí, la interprete decidió abocarse netamente a su última placa discográfica, partiendo con “Feel You” y “Sillhouette“, continuando con canciones como “Everyday Boots” y “Betsy On The Roof“, una de las más esperadas por la gente. Dentro de los lujos que se dio Holter, además de mantener la atención completa del público durante todo su concierto, fue la de presentar una canción nueva, la que si bien tenía nombre en el setlist, este era un tanto ilegible (ver lista de canciones más abajo). Finalmente, Julia presentó a su banda, la que sacó aplausos de parte de la audiencia, además del sonidista, uno de los artífices del profundo sonido de Holter. “Vasquez” cerró el show, dejando con gusto a poco a los fanáticos que pedían más. Julia hizo caso a las peticiones y regresó para interpretar “Goddess Eyes” y la emocionante “Sea Calls Me Home“, apoyada de manera impecable en los coros por la violista Dina Maccabee, despidiéndose y agradeciendo a los que estuvieron presentes en su primer show en nuestro país.

10 Julia Holter @ Teatro Nescafé de las Artes

Es probable que el show se haya visto un poco mermado por la nutrida cartelera musical en estas semanas, pero lo cierto es que fuimos absolutamente privilegiados de escuchar en vivo a una de las sensaciones del art pop e indie pop, además con un disco que cosechó sólo buenas críticas. Haber tenido a Julia Holter en nuestro país, considerando el momento en que la artista se encuentra, sólo ratifica lo importante que se ha transformado Sudamérica para la escena musical; antes era impensado escuchar en vivo los discos más destacados con apenas un año de existencia, pero hoy es una realidad. Todos nos desprendimos del suelo aquella noche, viajamos mediante la música y caímos rendidos ante una de las mejores voces femeninas existentes en la actualidad.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. In The Green Wild
  2. Lucette Stranded On The Island
  3. How Long?
  4. Horns Surrounding Me
  5. Feel You
  6. Silhouette
  7. Everytime Boots
  8. So Lillies
  9. Betsy On The Roof
  10. Nueva canción
  11. Vasquez
  12. Goddess Eyes
  13. Sea Calls Me Home

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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