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Judge: Convicción que no envejece

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Si bien, siempre se ha asociado al movimiento hardcore punk mundial con la rabia adolescente y el inconformismo propio de aquellos años turbulentos que preceden a la adultez, la verdad es que en la práctica la situación difiere bastante de tal afirmación. En Chile, por ejemplo, cada vez que algún bastión del estilo o un exponente más joven ha visitado el país, no sólo la lozanía conforma la concurrencia de sus conciertos, sino que también lo hace aquella fracción del público nacional que se encantó con esta forma de ver la música (y la vida) desde los años ochenta, aunque mayoritariamente lo hicieron en la década del noventa. Así, cobra mayor fuerza la premisa que ronda el ambiente, ese que dice que nunca se es muy viejo para vivir y disfrutar el hardcore.

Bien lo saben los legendarios Judge, quienes anoche se presentaron por primera vez en este lado del planeta, tras un largo hiato que duró más de veinte años, momento en que sus miembros fundadores, Mike Ferraro y John Porcelly (ambos integrantes de otra banda insigne como lo es Youth Of Today) decidieron retomar las actuaciones, primero en su natal costa este de Estados Unidos y luego en algunos lugares específicos del resto del orbe, dentro de los cuales apareció Sudamérica.

Para la ocasión, se dispuso del acto soporte más adecuado existente en este territorio: Asunto. Con más de dos décadas de batallas en el cuerpo, profesan con pasión y perseverancia su postura straight edge, al igual que los cabeza de cartel, misión que llevan a cabo con una impetuosa mezcla de metal extremo y furia punk. Sin dudas son el referente local de mayor trascendencia, y plasmaron sus pergaminos con sendas interpretaciones de “Una Noble Verdad”, “Vegan” o “Cuando Las Sutilezas Mueren” (canción homónima de su trabajo más sobresaliente del año 2005), a estas alturas, clásicos del hardcore nacional y latinoamericano. También hubo tiempo para que invitaran a Porcell para que cantara en su versión de “Straight Edge Revenge” de los extintos Project X, donde él fue uno de los cofrades que dio vida al grupo. Fue reconfortante verlos una vez más en un escenario grande y con condiciones de primer nivel porque están a la altura, y la evolución de su sonido los ha posicionado como uno de los emblemas de la escena nacional.

Con los ánimos encendidos tras una memorable intervención de Asunto, el plato fuerte de la noche se hizo presente casi a las 22:30 hrs. y, tras una introducción a cargo de la “Marcha Imperial”, abrieron los fuegos con vehemencia a través de “Take Me Away”. Es cierto que la discografía o el repertorio de Judge es escueto; de hecho, es posible escuchar todas sus grabaciones en el compilatorio “What It Meant: The Complete Discography”, publicado el año 2005, que abarca todo lo que alcanzaron a publicar (“New York Crew” de 1988, “Chung King Can Suck It” y “Bringin’ It Down” de 1989 más “There Will Be Quiet…” de 1990), sin embargo, la intensidad, tanto de la música como del mensaje, fue suficiente para inscribirse en la historia hardcore.

Los asistentes que llegaron desafiando al clima que amenazaba con una lluvia implacable, la que se dejó caer mientras ocurría el concierto, participaron con mucha energía y entrega desde la primera canción, y continuaron con su demostración de afecto y lealtad mientras aparecían “Bringin’ It Down”, “Hear Me” o “Like You”. Uno de los puntos más álgidos fue cuando ejecutaron “Fed Up!”, porque la rapidez y la violencia del corte se apoderó de la audiencia que interactuaba frenéticamente con el conjunto. “The Storm”, “Forget This Time” y “Hold Me Back” sonaron pulcras y contundentes, gracias a que el trabajo de la mesa de sonido en esta ocasión fue óptimo, lo que permitió que se rescatara la esencia de aquellos días de antaño en que fueron concebidas estas composiciones.

Antes de finalizar su estreno en suelo chileno, Judge tocó “Where It Went” y “New York Crew”, ambos de sus temas más conocidos y representativos, decisión lógica para el bloque final de sus presentaciones (que apenas llegan a la hora de duración) y cuyo remate –como en tantas otras oportunidades– estuvo a cargo de “Warriors”, original de Blitz, bajando así el telón de un debut que se tomó mucho tiempo en acaecer, pero que por lo mismo tuvo esa mística necesaria para enmarcar la jornada como inolvidable. De esta forma, directa y sin aspavientos, Judge saldó su deuda con los seguidores locales y se sumó a la lista de insignes del hardcore punk mundial que han visitado el país, para agradecer la fidelidad y la amistad de sus compañeros y así fortalecer un vínculo que no tiene edad ni fecha de vencimiento.

Por Hans Oyarzún

Fotos por Gabriel Padilla

Setlist

  1. Take Me Away
  2. Bringin’ It Down
  3. In My Way
  4. Hear Me
  5. Like You
  6. Fed Up!
  7. The Storm
  8. Forget This Time
  9. Hold Me Back
  10. Where It Went
  11. New York Crew
  12. Warriors (original de Blitz)

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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