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José González: El silencio de la música

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Hace algunos meses se anunciaba a José González como parte del cartel de Primavera  Fauna 2012. Primero actuando en el escenario latino y posteriormente movido al anglosajón. Con esto, muchos comenzamos a pensar que quizás le sería difícil a un tipo como González, dar con la atmósfera necesaria entre tanta hiperventilación provocada en un festival, y sobre todo, teniendo bandas con tanta energía al otro extremo como Pulp, The Walkmen y Dinosaur Jr. Entonces, se hacía casi necesario e imperativo una velada como la que hubo en Amanda. Algo lúgubre, suave, silencioso, sin tanta algarabía como se podría esperar de Primavera Fauna. Algo que sólo conectara a su público más fiel, con esa voz reverberada que resuena por doquier.

Y así, veinte minutos más tarde de lo pactado, aparecería González casi tímido por uno de los rincones del escenario del Amanda, para sentarse silenciosamente en una especie de set de televisión montado como un living de una casa. Con sitiales y alfombras. Así partiría con “Suggestion”, un recuerdo instrumental de su EP “Remain” (2007). De ahí, todo tomaría un in crescendo  leve, con clase, y la prueba fehaciente de cómo un hombre que no ha sido precisamente un prolífico de su era, con un par de discos en solitario, unos cuantos EP’s,  y una que otra colaboración, ha recibido tal reconocimiento.

El paso de la calma de la guitarra acústica de “Storm”, “Hints” y “Fold”, pasarían plácidamente hasta llegar a “Far Away”, y la inclusión de tres músicos que acompañarían a González en programaciones muy leves y justas todo como adorno a la voz de González, que cada vez que anuncia ir lejos, lo hace como si estuviese inserto en un espacio realmente gigante, con nadie en su interior más que él. Pero no es así, somos todo el resto un adorno del lugar, que aguarda en silencio cada cambio, hacia “Time To Send Someone Away”, y ese ápice de tropicalismo que suena a cargo de la percusión; las palmas se hacen necesarias, y la gente que fue a ver el show (más adelante nos referiremos a eso) participan felices de esos vestigios latinos que ruedan por las cuerdas de nylon.

Sin duda, esta es la parte del show donde las revoluciones más se aceleran, guardando las proporciones para alguien como González. Es así como se hace notoria esta aceleración rítmica por parte de “All Your Deliver” y “Lovestain”, en donde el músico sueco-argentino entona de forma menos difusa sus letras, y deja de lado el sonido reverberante que lo envuelve todo el tiempo. Una vez más volvemos a ritmos más hispánicos con “Remain”, donde el rasgueo de la guitarra se tiñe de colores andaluces, junto a los leves timbales, y donde se añade el toque latino a una revelación folk.

“Hand O Your Heart” sería la antesala para una serie de canciones que, sin duda, fueron de las más esperadas de la noche. “Crosses”, uno de los puntales de “Veneer” (2007),  y luego el turno de su mayor éxito, “Heartbeats”, en donde vuelve a la soledad de su guitarra, y logra un sonido conmovedor para (casi) toda la audiencia. En “Cycling Trivialities”, José vuelve a hacerse acompañar por sus amigos músicos, como él mismo lo anuncia. Para dar un último respiro con su propia interpretación a “Teardrop” de Massive Attack. Una canción que ya es habitual hace varios años, y que incluso está incluida en el disco de 2007, “In Our Nature”. Un cover que sin duda logra cambiarle absolutamente la cara en vivo a su original, pero que mantiene el espíritu de su antecesora en versión trip hop.  González agradece y desaparece, para volver en escasos minutos con una última triple entrega. “Down The Line”, junto a las palmas nuevamente y un par de inclusiones inesperadas por parte del público. “Always”, de su banda Junip, con un sonido mucho más multi-timbral y una oferta bastante distinta al resto del show. Y un segundo cover, “Smaltown Boy” de la agrupación synth pop Bronksi Beat. Una sorpresa que no estaba contabilizada en la lista oficial.

Los seguidores de González necesitaban una cita íntima, donde ningún acorde se perdiera entre la multitud y el sol primaveral. Y Amanda cumplió con las expectativas planteadas desde un comienzo. No fue una fiesta, fue una cena, una conversación en el living de González. La desnudez casi completa que logra con su música es casi concreta, y a ratos logra encantar a cada uno de los presentes.

A pesar que la audiencia en su mayoría fue a calmar sus ansias por la suavidad de las composiciones, una vez más sufrimos de ese reducido, pero molesto público que, a un show tan silencioso como el de González, sólo añadieron ruido, llegando al punto de que el resto del público hiciera callar a más de alguno que claramente no fue a oír su música. La noche de José González fue una serie de sensaciones intensas y suaves al mismo tiempo. Queremos nuevo material y vislumbrar la evolución de la cuasi tonada, pero mientras siga regalando noches como esta, seguiremos esperando ansiosos y sin problemas.

Setlist

  1. Suggestions
  2. Storm
  3. Hints
  4. Fold
  5. Far Away
  6. Time To Send Someone Away
  7. All You Deliver
  8. Lovestain
  9. Remain
  10. Hand On Your Heart
  11. Crosses
  12. Heartbeats
  13. Cycling Trivialities
  14. Teardrop
  15. Down The Line
  16. Save Your Day
  17. Always
  18. Smalltown Boy

Por Pamela Cortés

Fotos por Julio Ortúzar

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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