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Johnny Marr: El hambre está intacta

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La motivación siempre es un ítem a considerar cuando se revisa la obra de un artista, y más aún cuando vemos su performance en vivo. Metas, ideales, principios, o sea, todo aquello que vemos que genere en el artista la intención de lograr algo, un hambre de conseguir cosas. No hay nada peor que ver en el escenario a gente que cree que ya alcanzó su límite y que simplemente disfruta de eso, sin pensar en evolucionar o cambiar. Pero por suerte todavía existen artistas que se empujan a nuevos niveles, y que no se detienen a pensar en lo increíble que pueda haber sido su carrera, sino que se concentran en que cada día sea mejor.

Así ocurre con Johnny Marr, uno de los guitarristas y compositores más importantes de la historia del rock británico, fundador de The Smiths y participante de un montón de proyectos y bandas, a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, Marr no se queda con su historia, no la niega tampoco, pero no se duerme en los laureles y las loas. Tras participar en proyectos colectivos durante décadas, recién en 2013 se aventuró a una carrera como solista, cuando lanzó “The Messenger”, primer álbum firmado con su nombre. De ahí en adelante, Marr ha evolucionado aún más, en una especie de nuevo aire y de gustito por ser el frontman de su banda, quien además ha ido avanzando en sus dotes vocales poco a poco. Todo esto lo pudimos ver en el regreso del de Manchester a Chile, para hacer su tercer show en su segunda visita en un Teatro La Cúpula casi lleno en gente, y repleto de felicidad tras el triunfo de la selección chilena de fútbol por 5-0 frente a su par boliviano.

09 Johnny Marr @ Teatro La Cúpula 2015

Ese ambiente festivo fue el que recibió a Marr, quien cada vez lo pasa mejor cantando, lo que se une al disfrute con su guitarra. Si para Oliver Atom de “Los Supercampeones” el balón era su amigo, esta es la misma relación que tiene Johnny con sus Jaguar, dominadas a voluntad, entregando siempre un sonido prístino y profundo en medio de los acostumbrados arpegios fluidos que entrega el inglés. El show partió con puntualidad extrema, exacto en el momento en que se marcaban las 23:40 horas anunciadas, con un juego de luces que asemejaba al inicio de un show más pirotécnico, aunque aquí los fuegos no eran artificiales, ni tampoco eran fuegos.

Todo partió con “Playland”, canción que nombra al segundo disco solista de Marr, lanzado en octubre pasado, y luego una tremenda versión con solos extendidos de “Panic”, ese clásico de The Smiths que invita a colgar al DJ, quizás visionariamente desde los 80 haciendo mucho sentido en estos tiempos de chantas que con un pendrive creen que hacen las labores de DJ. Luego vinieron varios temas de Marr solista, y es importante destacar cuánto ha avanzado el fiato y la capacidad de la banda para darle peso a esas canciones. “The Right Thing Right” suena mucho más épica, y “New Town Velocity” mucho más solemne. El bajo de Iwan Gronor suena más seguro, la batería de Jack Mitchell es más urgente, y los aportes del productor y multiinstrumentista Doviak son más potentes, y contribuyen mucho más a generar una profundidad en las interpretaciones, a punta de efectos y de capas sonoras que le dan el soporte necesario a Marr para que se luzca a su antojo, con la cara llena de risa, y poses que a estas alturas son muy características, demostrando que Marr lo pasa bien, y eso es lo que transmite desde el escenario.

01 Johnny Marr @ Teatro La Cúpula 2015

Esto le permite despacharse una inesperada versión de “The Headmaster Ritual” de The Smiths, movida, dinámica, ideal, para luego seguir con “Back In The Box” de “Playland”. Especialmente conmovedora fue la versión de “Generate! Generate!”, tal vez una de las mejores canciones de Marr como solista, llena de potencia y de rasgos épicos, siendo además una de las canciones propias que más movió al público, que siempre fue una compañía muy buena y enérgica para el espectáculo. Pero, claro, la explosión venía con las canciones de The Smiths, esas que todos conocen y que para todos significan algo, y “Bigmouth Strikes Again” es parte de esas que la gente esperaba escuchar, en especial porque muchos sólo se quedaron con el pálido show de Marr en Lollapalooza 2014, muy correcto, pero prescindiendo de la fiereza que mostró en el sideshow en Sala Omnium. Lo de La Cúpula no sólo fue fiero, sino que también lleno de carne, como si Marr y su banda por fin estuvieran haciendo el show que querían hacer.

Luego de “Candidate” tocaron las que son tal vez las canciones más emotivas de su repertorio en vivo, y que cerraron el main set: “Getting Away With It” de Electronic, y “There Is A Light That Never Goes Out” de The Smiths. Ambas tienen al amor como base de sus letras y a la melancolía épica como parte de lo musical. Marr y su guitarra logran entregar calidez rockera a canciones más pop. Es difícil saber lo que las canciones significan para cada uno, pero cuando las voces se unen de la forma en que lo hicieron en “There Is A Light…” es un momento de comunión donde las sensaciones propias se cruzan con las del resto, y pareciera que todos fueran parte de algo único.

20 Johnny Marr @ Teatro La Cúpula 2015

Tras salir del escenario, Marr y los suyos volvieron, él vistiendo una camiseta vintage de la selección chilena con el número 10 y su apellido en la espalda, generando un delirio inmediato, así como cuando dijo “cinco-cero, cinco-cero, cinco-cero” en un punto del show, demostrando que al parecer vio el partido porque, obvio, los ingleses son secos para ver fútbol, y también para armar canciones irresistibles como “Stop Me If You Think You’ve Heard This One Before” original de The Smiths, y que sonó fresca y nueva. Luego vino “Upstarts” y Marr remató con un trío de composiciones bien reconocidas. Primero despachó su –derechamente- sexual cover de Depeche Mode para “I Feel You”, con peso y cadencia tremendas, para luego tocar la inesperada “I Fought The Law”, original de The Crickets y popularizada por The Clash, y es que este tema ni siquiera estaba en el setlist. Un regalito de aquellos, para finalizar el show con “How Soon Is Now?”, un clásico de las adolescencias de generaciones completas.

Marr se cuelga la guitarra como siempre, pero en el micrófono encontró un nuevo campo sobre el cual construir su carrera y expandirse. El hambre de crecer sigue ahí, intacta, incluso con declaraciones de Marr diciendo que Electronic es muy lento para él actualmente, demostrando que, a diferencia de muchos, él no se plantea ponerse freno, sino que pisar el acelerador, sin olvidar tocar las teclas de la nostalgia, pero nunca quedándose pegado ahí. Lleva dos discos solistas y todo indica que serán muchos más, y si sigue viniendo a presentarlos con un show como el de anoche en La Cúpula –que fácil entra entre los mejores de 2015-, entonces que lo haga y venga todos los años. Aquí le tenemos listo un escenario para convertir en un parque de diversiones y que haga lo que necesite hacer, porque puede y lo hace con maestría.

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Setlist

  1. Playland
  2. Panic (original de The Smiths)
  3. The Right Thing Right
  4. Easy Money
  5. 25 Hours
  6. New Town Velocity
  7. The Headmaster Ritual (original de The Smiths)
  8. Back In The Box
  9. The Messenger
  10. Generate! Generate!
  11. Bigmouth Strikes Again (original de The Smiths)
  12. Candidate
  13. Getting Away With It (original de Electronic)
  14. There Is A Light That Never Goes Out (original de The Smiths)
  15. Stop Me If You Think You’ve Heard This One Before (original de The Smiths)
  16. Upstarts
  17. I Feel You (original de Depeche Mode)
  18. I Fought The Law (original de The Crickets)
  19. How Soon Is Now? (original de The Smiths)

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Pame

    22-Jun-2015 en 4:11 pm

    completamente de acuerdo con todo el comentario, que bueno saber que no fue sólo a mi a quien le dejó esta tremenda satisfacción de ver a un artista tan vigente.

  2. anto

    24-Jun-2015 en 8:47 am

    Genial el review, el show estuvo preciso. Ojalá vuelva pronto.

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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