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Jirafa Ardiendo: Soy la resurrección

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Aunque el tango diga que veinte años no es nada, incluso cinco en estos tiempos se siente como un espacio gigantesco; la posibilidad de hiperconexión y la chance de compartir en tiempo real lo que se quiera, hace que todo sea más rápido. Entonces, las escenas y los paisajes cambian en todo ámbito, mucho más en la música, que se mueve hoy a una velocidad imparable. He ahí que el retorno de una banda muy querida hace una década sea tema y también genere la duda, de cómo puede “envejecer” el material o sus intérpretes, y si lo que en algún momento funcionó podría seguir haciéndolo. La duda es mayor cuando se trata de una banda que siempre trabajó desde la independencia, como Jirafa Ardiendo, que a estas alturas tiene un estatus de legendaria en el indie nacional y que, luego de nueve años de ausencia de los escenarios, fechó su retorno para tocar en Casa de Salud en Concepción, y a un escenario que les era muy conocido, desde el debut, en Club Blondie.

La jornada partió un poco más tarde de lo previsto, quizás porque la gente se confió en llegar directo a ver a Jirafa Ardiendo, pero aquellos que “madrugaron” un poco pudieron disfrutar de lo bien que suena hoy Protistas, banda que en algún momento tuvo más melodías que canciones, pero que en estos tiempos logró el equilibrio para trascender con un sonido tan único como crudo, con las guitarras en un rol protagónico y dando pincelazos a toda su discografía.

En 45 minutos, Protistas sonó bien y con frescura a través de tracks como “Ojos Favoritos”, “Granada” o “Videocámara”, con notoria carga en “Nefertiti” (2014) y “Microonda” (2017), sus últimos discos, con sorpresas como la aparición de Niña Tormenta para cantar “Gato Mojao” y “De Casa En Casa” junto a Álvaro Solar, quien agradeció varias veces la chance de abrir para Jirafa. Y eso tenía sentido incluso en las modulaciones vocales, las que podían generar toda una coherencia en la música puesta en el escenario de la Blondie. “Hospital Salvador” y “En Mis Genes” cerraron de gran forma un show que no sólo servía para abrir la jornada, sino también para configurar el marco sonoro que tendría todo más adelante.

A las 22:35 horas se subió todo el contingente de Jirafa Ardiendo al escenario, en una formación extendida, con refuerzos, con la misión de recorrer tres discos que cumplen años “cerrados” en 2018: las dos décadas del EP homónimo debut del ’98; “Persona”, que cumple quince años; y los diez de “Pulmonía”, salido en 2008. La energía del público, que llenaba a medias la pista de la Blondie, fue creciendo con el correr del show, el que partió instrumentalmente con “Intro: Terremota” –como aparecía en el setlist– para inmediatamente ir fuerte con “Mentelenta” y directo en los sentimientos con “Oruga”.

Alejandro Pino es un frontman como hay pocos en nuestro país, sin vergüenza de estar en el escenario, de tirar chistes, de parecer beligerante pero también cercano, siempre con una energía muy propia de su parte, algo fundamental para permitir la decodificación de Jirafa Ardiendo, conjunto cuyas letras a veces obtusas entregaban pocas chances de ingresar para los oyentes casuales, pero que Pino dispone con maestría para acercar a la gente en temas como “Nuco Rey” o “Lectura Veloz”.

Los invitados se fueron subiendo al proscenio transformándose en multitud, con el ex miembro de Jirafa, Juan Manuel Méndez, para “Tarde”, Felipe Cadenasso en “Paliza” o Emilio Guillén en “Girasol”, además de Felipe Salinas de Orquesta Sinfónica de Asteroides para hacer la clásica “15.1.27.1.22.23.12.2012”. Aunque las formaciones de Jirafa pudieron rotar, y la banda se apagó por tiempo largo, sus miembros estuvieron haciendo música en este intermedio, y esa capacidad se nota en el escenario, con todo coordinado, con la capacidad intacta de hacer sonar esas canciones que no son fáciles ni directas, que tienen mundos intrincados, incluso en aquellas que tienen más elementos pop, como pasa en la coreadísima “Vidrio”.

Jirafa quizás existió en la época equivocada, esa donde todo era más complicado para trabajar desde la política del “hágalo usted mismo”, donde las tecnologías para grabar eran precarias si no tenías sellos detrás, y eso hace que siempre las versiones en vivo superen a sus antecesoras en estudio. Jirafa arde más fuerte en vivo, sin perder un ápice de lo experimental o de las capas sonoras que caracterizan su discografía, algo notorio en temas como “Paliza” o la imponente “Sopa”, que es parte de esas canciones que se beneficiaron de la introducción de bronces, detalle que hizo que a veces hasta hubiera trazos de ska, como si hiciera falta dinamismo para bailar y cantar.

Resulta extraño pensar lo actuales que suenan todas las canciones, y la explicación no se sabe si está en la interpretación y el sonido, o en las composiciones mismas, que encuentran en el presente su tiempo más adecuado. Una teoría al pasar: si una banda como Jirafa Ardiendo irrumpiera hoy, probablemente sería un fenómeno por la variedad de sonidos y por lo único que es el rompecabezas que plantean en cada composición. En vez de eso, ahora esa propuesta es parte de los recuerdos, intensamente, y eso es lo que deriva en que mucha gente grite las letras de las canciones, como la oscura “Servino” o la clásica “Espín” con su larga intro instrumental. No es tanta la gente, tal vez, pero la intensidad con la que se vive el show repleta el espacio, y se ven los ojos cerrados, las bocas apuntando al techo, las cuerdas vocales en tensión esperando el aire para vibrar en fonemas que, unidos, generan una comunión que traspasa los años. Siempre es hoy, decía un disco de Cerati, y en pocos momentos esto se nota más que en la resurrección de Jirafa Ardiendo, que incluso con canciones como “Deberes De Una Madre” adelantaba discusiones que se están dando hace menos de lo que se debería.

El karaoke estaba encendido hace rato con momentos implacables como “Ver” o “Corre”, pero donde estuvo la postal de resumen fue con el hit “Confío”, una canción que 15 años después de salir sigue siendo tan nueva, que sorprende. Debe ser la mezcla de pop y psicodelia –esa que reflotó hace no tanto con Tame Impala– la que hace que un sonido así sea todavía moda y estilo, en vez de recuerdo y eco. “Confío” es tremenda, y la versión con el coro de la gente impacta, emociona, contempla ese instante donde la reunión de Jirafa Ardiendo queda plenamente justificada, porque es más que un recuerdo en el público: es historia viva, de esa que se escribe en reseñas o en historias de Instagram.

En “I Am The Resurrection”, The Stone Roses habla de cómo en verdad, cuando se es la luz, importan poco los detalles para el retorno, y que las palabras pueden ser desperdicios, y en este caso aplica porque, más allá de cualquier narración, el retorno de Jirafa Ardiendo fue ese renacer, justo desde esas cenizas que se habían enfriado, pero que volvieron a la vida en una noche de sábado en la Blondie, en un show de más de dos horas que, fuera de ciertos acoples, presentó en un sonido perfecto toda la gama de Jirafa, que con “Mastodonte”, “Fácil” y “Bala” culminó una jornada épica para esa escena independiente chilena, aquella que pocas veces tiene hitos tan prístinos que relevar y que, en el marco de esta celebración, sin duda que merece una bola disco para bailar, girar y llorar.

Setlist

  1. Intro: Terremota
  2. Mentelenta
  3. Oruga
  4. Nuco Rey
  5. Tarde
  6. Lectura Veloz
  7. Vidrio
  8. Paliza
  9. Ver
  10. Corre
  11. La Tierra Es Plana
  12. Sopa
  13. Cordero Ufo
  14. Motosierra
  15. Girasol
  16. 15.1.27.1.22.23.12.2012
  17. Espín
  18. Servino
  19. Confío
  20. Deberes de una Madre
  21. Imbateriable
  22. Pulmonía
  23. Mastodonte
  24. Fácil
  25. Bala

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Blaze Bayley: Vivir por mil años

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Blaze Bayley

2019 está recién comenzando y la noche del jueves 17 de enero ya nos entregó un muy buen concierto de heavy metal con el retorno a la capital de Blaze Bayley, músico inglés que saltó a la fama durante su período como vocalista de Iron Maiden en los años noventa, y quien, desde entonces, ha cultivado una prolífica carrera como solista, una que no ha llegado a equipararse en popularidad a lo que logró junto a la doncella, pero que ha triunfado en cuanto a consistencia y calidad musical.

Promocionando su más reciente álbum de estudio, “The Redemption Of William Black – Infinite Entanglement Part III” (2018), Bayley se presentó en Club Subterráneo junto a su banda de apoyo, mismos músicos que participaron en la grabación de su trilogía musical de ciencia ficción y que hoy son parte de la formación oficial de la banda. Recordemos que, en el anterior concierto del británico en nuestro país, este se hizo acompañar de una banda chilena tributo a Iron Maiden, por lo que el protagonismo estaba puesto exclusivamente en su figura, mientras que el resto sólo “cumplía con la pega”. En esta ocasión las cosas cambiaron rotundamente y el fiato entre los músicos fue uno de los factores más destacables del espectáculo.

Teloneados por la banda chilena Drake, quienes dieron un potente show que sacó los aplausos del respetable, Blaze Bayley y sus colegas salieron al escenario con potencia y velocidad. “Redeemer”, “Are You Here” y el primer tema de Iron Maiden que fue interpretado durante la velada, “Futureal”, marcaron un inicio impecable, de la mano de un buen sonido y la energía de la gente que secundó al vocalista en cada corte.

Lógicamente, el mayor entusiasmo lo despertaron las canciones que marcaron su época como parte de la legendaria banda inglesa, pero también composiciones de su completa autoría, tales como “Silicon Messiah”, “Samurai” y “Dark Energy 256”, las que fueron coreadas por la audiencia como si se trataran de verdaderos himnos del metal, transformándose en una respuesta idónea para un trabajo que ha sido duro y ha tomado años para ser valorado de la manera en que lo está haciendo ahora, sobre todo por parte de una fanaticada a la que le costó superar sus resquemores contra los discos “The X Factor” (1995) y “Virtual XI” (1998), y las bajas performances en vivo de clásicos de la doncella por parte de Bayley. Los años han pasado y han permitido que el inglés resurja desde las sombras y pueda brillar con luz propia demostrando todas sus virtudes.

Y si hablamos de virtudes, el recital de anoche hizo gala del gran momento de Blaze Bayley, incluso cuando revisitó un sencillo tan vilipendiado del catálogo de Iron Maiden como lo es “The Angel And The Gambler”, en una versión mucho más blusera, donde brillaron los solos de sus músicos. El inglés se las arregló para salir airoso y transformar una canción que muchos quieren olvidar en una celebración de rock y guitarras. La tremenda interpretación de “The Clansman”, el rescate de otra canción objeto de controversias, como lo es “Virus”, y ese hitazo llamado “Man On The Edge”, se enmarcaron como hitos de la jornada en una actuación que puso la cuota suficiente de Iron Maiden para que esto no se tratara de un show tributo, una jugada arriesgada pero exitosa por parte del músico, y que contrasta con lo que nos mostró en vivo hace tres años.

Siguiendo la tónica, la fiesta finalizó con “A Thousand Years”, sencillo perteneciente a la primera parte de su trilogía “Infinite Entanglement”, que quemó los últimos cartuchos en una hora y media clavada de puro heavy metal. Hoy, Blaze Bayley corre por una senda más pequeña en comparación a la gran banda que lo llevó a la fama, pero este camino le ha traído independencia y propiedad absoluta sobre su trabajo. En un bar, frente a no más de un par de centenas de personas, el hombre triunfó frente a una audiencia que se ha ganado a puro pulso. Y tal como versa el coro de la última canción que interpretó anoche, “I will live for a thousand years”, la música de Blaze Bayley está destinada a vivir por milenios.

Setlist

  1. Redeemer
  2. Are You Here
  3. Futureal (original de Iron Maiden)
  4. The First True Sign
  5. Silicon Messiah
  6. Prayers Of Light
  7. Virus (original de Iron Maiden)
  8. Independence
  9. Samurai
  10. Calling You Home
  11. The Clansman (original de Iron Maiden)
  12. The Angel And The Gambler (original de Iron Maiden)
  13. Man On The Edge (original de Iron Maiden)
  14. Dark Energy 256
  15. Como Estais amigos (original de Iron Maiden)
  16. A Thousand Years

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