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Jens Lekman: Tu corazón va a sanar

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Nada es tan significante como una sonrisa sincera, en especial cuando viene desde la realización de que, al final, la conexión entre los sentires mutuos es más grande que cualquier lío que se tenga. Ver en vivo a Jens Lekman tiene mucho de terapia y de sanación. El propio Jens ha pasado por sus propios procesos de reconfiguración, tanto como persona como compositor, metiéndose en proyectos demandantes por la necesidad de renovarse y reconstruirse. Puede parecer que no hay muchos cambios, pero lo fresco que suena un show de Lekman en 2016 permite advertir que sí hay mucho crecimiento, innegable y necesario para la propuesta que él muestra en los escenarios, tal como el que se armó en el acogedor centro NAVE en la noche del 22 de septiembre ante unas 400 personas.

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La voz de Lekman es un bálsamo dulce y generoso que retumba en las paredes lo suficiente para convertirse en materialidad y realidad, para salir de lo onírico e instalarse como consejero, amigo, como ese “que quiere escuchar tus problemas”, tal como canta en “How We Met (The Long Version)”, y ese que en “Tell Me How…” dice que, como le pidieron no hacer “de esto una canción triste”, pues “entonces me encargaré de que esta no sea una canción triste”, para luego balancearse y bailar con guitarra en mano y sonrisa implacable en el rostro.

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Jens se presenta como un amigo de mucho tiempo, que no teme a compartir sus propias historias o sus inquietudes en el escenario, mientras juega con el pandero o con su “compañero de banda”, Roland, en referencia al sampling pad que lo apoya en varias canciones con percusiones o bases preconfiguradas. Esto permitía generar versiones inéditas o bailables de tracks como la coreada “I Know What Love Isn’t” o la infalible “The Opposite Of Hallelujah”, con una mímica tiernísima de Jens tocando en el aire el xilófono del final de esa canción, con esa aura rosa de su camisa y los colores que dibujaban las luces en los telones blancos puestos como fondo del escenario, con tan buen gusto como simpleza.

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La disposición del escenario era inteligente al dejar una cancha desde la mitad del campo en adelante, y detrás unas gradas con cómodos asientos con el peralte suficiente para que todos vieran bien al escenario. Incluso recordaba a la Ex Oz, y así había gente más eufórica y otra más calma. Cada cual se sanaba a su antojo, porque mirar los rostros del público hacía inevitable pensar en qué estaría sintiendo cada uno. La música de Jens Lekman es bella, y en vivo esta belleza está desnuda, el proceso de armado de una versión de estudio se desmorona en pos de la transparencia, y la observación se hace tan obvia como necesaria.

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Como cantaría Drexler, “tu corazón va a sanar”, y con tipos como el sueco eso es posible, porque sus canciones atacan en letra lo más cotidiano y hace que el oyente no se sienta solo en sinestesias (“What’s That Perfume That You Wear?”) o en recuerdos (“Your Arms Around Me”), permitiendo que la belleza de una guitarra, de un pandero y los samplers, traspase los límites de la sala y llegue al alma de cada uno de los presentes. Porque ante el desgarro de “Black Cab” o la simpleza de “To Know Your Mission” es poco lo que se debe pensar. Algunos actuaban bailando, otros besándose, otros mirando al techo como si ahí estuviera la epifanía que necesitaban desde hace mucho tiempo. Tu corazón va a sanar. La masa se unía en los éxitos más reconocidos, como en el coro de “Sipping On The Sweet Nectar” o en el final del set inicial con “A Postcard To Nina”, antes teniendo el recogimiento abrumante de “I Want A Pair Of Cowboy Boots”.

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Tras no más de un minuto fuera del escenario, Jens volvió para entregar “You Are The Light (By Which I Travel Into This And That)” y luego “Pocketful Of Money”, la que convirtió a NAVE en un coro de monjes con la línea “I’ll come running with a heart on fire”, tornándose en un mantra que se repetía por parte del público con ternura, candidez y un poco de timidez, la que se iría yendo de a poco. Sí, tu corazón va a sanar. En medio, Jens hacía contrapuntos con este improvisado coro, generando un cierre que él mismo reconocería que no podía superar, invitando a que “quien quiera más, podemos tocar aquí abajo del escenario, y me piden una canción y se las toco, o simplemente podemos conversar”, con la sencillez que tiene el acto de escuchar su música. Jens Lekman en 80 minutos generó emociones, sanó otras, y se convirtió en amigo de cientos de personas con la facilidad con la que sonríe. Una sanación que pocas veces tenemos en lo colectivo, pero que cuando llega se siente muy bien.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Black Cab
  2. Your Arms Around Me
  3. Hardwired And The Fairy Sweetie
  4. Tell Me How…
  5. To Know Your Mission
  6. The Opposite Of Hallelujah
  7. A Sweet Summer’s Night On Hammer Hill
  8. I Know What Love Isn’t
  9. How We Met (The Long Version)
  10. What’s That Perfume That You Wear?
  11. Sipping On The Sweet Nectar
  12. Maple Leaves
  13. I Want A Pair Of Cowboy Boots
  14. A Postcard To Nina
  15. You Are The Light (By Which I Travel Into This And That)
  16. Pocketful Of Money

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DIIV: Esquemas Juveniles

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DIIV

Aunque estamos en una época con la posibilidad de más estilos que nunca, lo que es más claro de ver son las convergencias, cuando existen cosas muy diferentes que tienen un punto de encuentro. Nadie podría decir que Mac DeMarco, Wild Nothing y DIIV suenan igual, pero estos tres actos, con popularidad en nuestro país, tienen una sensibilidad con las guitarras y los ritmos que los hacen convivir incluso en el mismo sello, Captured Tracks. Pero luego aparecen las diferencias, que tienen más relación con cómo se disponen en un escenario o cómo se disponen ante su propia música, algo que se reafirmó en una nueva visita de DIIV, enterando su tercera vez en Chile.

Antes, todo partió con un potente set de Adelaida. La banda de Valparaíso estuvo muy bien elegida para partir con la jornada, en especial por la energía desplegada, que redundó en una ovación del público al cierre de su show pasadas las 21:45 hrs., donde pasaron por canciones como “1999” y “Eco”, para cerrar con la explosiva “Cienfuegos”, en su mayoría tracks que pertenecen a “Paraíso”, el disco que editaron en 2017. Un sólido espectáculo de una de las bandas más potentes del rock chileno, cuyo repertorio está siendo rápidamente engrosado.

Tras 25 minutos de espera, y teniendo a la mitad de DIIV en los últimos minutos ajustando ellos mismos sus instrumentos, entró a escena la banda de Brooklyn, que de inmediato podía establecer su potencia. A diferencia de Wild Nothing o DeMarco, lo de DIIV es más potente en el proscenio, y ellos no caen en la autoindulgencia, pese a que las formas de Zachary Cole Smith pudieran hacer creer lo contrario. Toda la banda suena cohesionada y eso deriva en el peso escénico que proyectan. Mientras Zachary pareciera al comienzo un vocalista parco que no se interesa en que se le entienda poco, luego se denota que eso es parte de la estética mientras él está enfocado como láser en lo suyo, y también en la guitarra de Andrew Bailey, con quien se complementan perfectamente.

Además, esta energía enfocada y este sonido aplanador no caen en un saco roto, porque el público que llegó a Club Blondie (que, vale decir, cada vez suena mejor para bandas) estaba dispuesto a saltar y sentir este show como algo realmente relevante. Ya en “Human” y “Dopamine” la algarabía era tal, que gente de la audiencia hacía crowdsurfing y otros revoleaban la polera o lo que fuera en el aire, como si se estuviera alentando al equipo en el estadio, con una conexión envidiable.

Aunque se ha visto a DIIV varias veces en vivo, existe algo que hace que se vuelva a ellos. Y tal vez sea esa sensación de que, en medio de todos los esquemas que rodean lo que son y proyectan sus canciones, existe una banda que tiene mucho que entregar, enfrentándose al cliché de los conjuntos que suenan o se ven similar, y que en general tienden a restringir el caudal de energía. En temas como “Past Lives” quedaba en claro que no se trataba meramente de escuchar versiones como las oscuras rendiciones de los discos, sino que algo de mayor alcance explosivo, sin traicionar esas sensaciones.

No es que DIIV sea la banda más brillante del mundo. Tras entregar una canción nueva sin título, tocaron un minuto de algo ininteligible y esos son gestos contradictorios, pero al menos reposa algo de honestidad en ellos que los hace ser de lo mejor de su rebaño, algo que en el iluminado final con “Dust”, “Doused”, y luego el encore con “Wait” (en el cual Andrew salió con un sostén que una persona lanzó al escenario) quedó de manifiesto. Poco más de una hora y cuarto que explicitan a DIIV como parte de los actos en los que no se debe desconfiar, porque pese a seguir modelos que parecieran muy definidos, ellos aún son capaces de entregar algo que los separa de la indulgencia y la simplona sencillez, y es así como probablemente los neoyorquinos consigan el paso a la trascendencia.

Setlist

  1. (Druun Pt. II)
  2. Is The Is Are
  3. (Druun)
  4. Human
  5. Under The Sun
  6. Dopamine
  7. Sometime
  8. Oshin (Subsume)
  9. Incarnate Devil
  10. Bent (Roi’s Song)
  11. Past Lives
  12. Nueva canción
  13. Healthy Moon
  14. Loose Ends
  15. Dust
  16. Doused
  17. Wait

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