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Jamiroquai: Un espectáculo refulgente

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Presenciar un show de la talla de Jamiroquai es enfrentarse a un espectáculo que no se molesta en dosificar talento y grandilocuencia. Enmarcados en la gira que muestra su más reciente placa, “Automaton” (2017), el Movistar Arena fue testigo de dicha muestra durante la noche del sábado, en un nuevo encuentro con el conjunto británico, que hizo bailar y encandilar a su público en la capital. Al ritmo de un sampler de su último trabajo, los músicos hicieron su entrada al escenario y, si bien, fueron recibidos por los aplausos de los presentes, no cabe duda de que quien se roba la atención es su frontman, Jay Kay, el último en ingresar y llevarse la ovación total.

Con un total de once artistas en escena, estaba todo a disposición para dar inicio al espectáculo con “Shake It On”, canción que se acompañó de un soberbio trabajo de luces y pantallas, cautivando a los fanáticos desde los primeros segundos. Como ya es habitual, el estrambótico aspecto de Kay es algo que le otorga mayores elementos visuales a la presentación. En esta ocasión, el líder del conjunto portaba un luminoso sombrero robótico, el cual se movía mecánicamente a lo largo del show sin pasar desapercibido. El primer golpe clásico llegó con “Little L”, el que hizo corear al recinto de Parque O’Higgins, motivando un juego de palmas espontáneas que acompañó a la interpretación del conjunto.

La cercanía del conjunto a sonidos electrónicos se dio con “Automaton”, sacándole el máximo provecho a todo el aparataje tecnológico con el que se acompañó el show. “The Kids” retomó las primeras composiciones de la banda para continuar con otro clásico. La suavidad de “Space Cowboy” marcó un segundo punto alto de la jornada, que, en un equilibrio armonioso, Jamiroquai sacó a relucir su habilidad instrumental y un sonido pulcro. “Alright” mantuvo el ánimo en lo alto, donde además se apreció el carisma aportado por las coristas, elemento que también le aportó mayores matices vocales y notoriedad al show, a pesar de estar posicionadas en un rincón del escenario sin mucha visibilidad.

La banda retomó lo más reciente interpretando “Cloud 9” y “Superfresh”, para luego dar paso a “Cosmic Girl”, ocasión donde la energía y desplante de Jay Kay cautivó a los presentes con sus frenéticos pasos de baile. Luego de los aplausos recibidos al terminar la canción, el conjunto tomó una breve pausa para agradecer el ánimo del público y continuar con “(Don’t) Give Hate A Chance” y “Travelling Without Moving”, haciendo bailar a los fanáticos en una fiesta que se encontraba en su clímax.

Ya despidiéndose de su público, Jamiroquai cerró con “Canned Heat”. La grandilocuente producción a cargo de las animaciones de la pantalla central motivó el baile incesante del recinto, el que no hizo más que intensificarse con “Love Foolosophy” en una constante fiesta de luces que marcaba el fin de su presentación. Fue el griterío incesante de los presentes el que los hizo volver para interpretar una última canción, cerrando con “Deeper Underground” y así satisfacer parte del entusiasmo en un final intenso.

Jamiroquai es una banda que siempre se ha destacado por su talento instrumental y carisma de su frontman. Si bien, esta vez no fue la excepción, cabe destacar que la alta calidad en la puesta en escena e iluminación del show proporcionó un espectáculo visualmente cautivador, proporcionando cerca de setenta y cinco minutos de baile y grandilocuencia, lo que dejó a una fanaticada que se retiraba satisfecha.

Setlist

  1. Shake It On
  2. Little L
  3. Automaton
  4. The Kids
  5. Space Cowboy
  6. Alright
  7. Cloud 9
  8. Superfresh
  9. Cosmic Girl
  10. (Don’t) Give Hate A Chance
  11. Travelling Without Moving
  12. Runaway
  13. Seven Days In Sunny June
  14. Canned Heat
  15. Love Foolosophy
  16. Deeper Underground

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Intro

    17-Dic-2017 en 11:37 pm

    Parece que quien hizo el reportaje, no fué, o lo vió por video.

    El show estaba programado para terminar con Deeper Underground y Virtual Insanity como encore, pero por problemas técnicos que comenzaron a la mitad del concierto, lo más seguro Jay decidió terminar el show con Love Foolosophy, pero por la insistencia del público terminaron interpretando una canción más.

    Durante la mitad del show, cuando comenzó a acoplarse una de las cajas, Jay mientras cantaba fue probando acercándose y posicionándose al lado o debajo de cada una de ellas, para saber cuál era la provocaba problema, siendo la superior izquierda (vista desde el público) la que provocaba los acoples. Se puede revisar en los videos que Jay (todo mientras los músicos continuaban tocando) se acercó a la consola en varias ocasiones para que el sonidista pudiera solucionarlo; y al parecer el problema era con las voces, porque las coristas como Jay tenían problemas con sus retornos.

    El hecho de que la banda como Jay continuaran el show de la mejor manera posible a pesar los problemas mencionados, sólo demuestra el gran nivel de los músicos que estaban al frente. La improvisación, los cambios de ritmo, la ejecución de cada uno de los músicos, y ver a Jay dirigir la banda sólo con gestos de una mano, me hace afirmar que lo que se presentó ayer en la noche fue la ‘crème de la crème’ en lo que se refiere a músicos y música, y verlo en vivo fue realmente emocionante para cualquier músico o persona que aprecie la música.

    PD: El concierto empezó a las 21:15 y terminó aprox. a las 23:30.

  2. Cristian

    18-Dic-2017 en 11:12 am

    Realmente espectacular el concierto escucharlos en vivo nada que decir , lo mejor la voz de jay kay todavia falta mucho para seguir disfrutando exitos de la banda realmente genial

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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