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Jake Bugg: Clásicos futuros

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Tres años debieron pasar para que Jake Bugg regresara a nuestro país. El joven músico inglés realizó su tercer show en Santiago, luego de su presentación en Lollapalooza Chile 2014, ocasión en la que además tuvo un sideshow. Bugg venía esta vez con la tarea de demostrar la madurez que ha adquirido durante su corta carrera, ya que las expectativas van al alza con la evolución en su sonido que experimentó gracias a “On My One” (2016), su último trabajo de estudio. Cuando aún faltaban varios minutos para el comienzo del show, las primeras filas se alborotaban para conseguir el mejor lugar; todos querían estar lo más cerca posible de su ídolo, y eso se sintió bastante en una audiencia que en su mayoría era de mujeres, sin mencionar el promedio de edad entre los asistentes, que fácilmente oscilaba entre los 18 a 20 años.

Cuando ya eran las 21:00 horas, las luces se apagaron, dándole paso al lúgubre Jake, quien sólo con su guitarra desplegó un pequeño set acústico para calentar motores. Así fue como la autobiográfica “On My One” sonó a modo de preludio para un show que repasaría una corta pero intensa carrera musical, seguida de “The Love We’re Hoping For“, “Country Song” y la mega coreada “Simple As This“, que permitió poder revivir aquellos días donde Bugg era apenas una promesa de la que había que estar pendiente a futuro. Acompañado de Tom Robertson y Jack Atherton, en el bajo y la batería, respectivamente, el set fue variando entre los tres álbumes que componen la discografía del oriundo de Nottingham, con vibras un tanto más rockeras para las canciones del primer LP, “Jake Bugg“, del año 2012. La adición del tecladista Mike Patrick le entrega una nueva vida al catálogo pasado de Bugg, poniéndolo en contexto con las canciones de su presente. Es de esta manera que composiciones tan dispares como “Seen It All” o “Love, Hope And Misery” pueden sonar tan familiares en su sonido, puesto que dicha modificación se considera como un punto a favor para la presentación del joven artista.

Si en algo hay que ser categóricos, es en las constantes críticas que el músico recibió con su último trabajo; un álbum que cierto sector de la crítica reclama no está a la altura de sus placas anteriores. Eso se va por la borda en cierta medida cuando se pueden oír canciones como “Put Out The Fire“, composición que encierra esa simpleza por la cual Bugg logró fama. El hecho de que deje de lado la guitarra acústica para canciones que se basaban en su uso, permite nivelar esa contradicción que se produjo entre “Jake Bugg” (2012) y “Shangri La” (2013), dándole coherencia a un relato que reúne tracks como “Me And You“, “Messed Up Kids” o “Trouble Town“, que se camuflan perfectamente con la constante electricidad que se vivió en “Kingpin“, una de las composiciones más blueseras de Jake Bugg en toda su carrera.

Con uno que otro “gracias” entre las canciones, Jake demostraba su agradecimiento a quienes lo escuchaban y coreaban cada una de las letras. Resulta increíble ver a un público que, siendo igual o más jóvenes que el artista, demuestre tal capacidad de emoción y entrega para el que seguramente fue el show de sus vidas. La música de Bugg no es algo a lo que acostumbraría escuchar un adolescente en estos días, debido a su consistencia de carácter más clásico, y de ahí sus constantes comparaciones con iconos como Bob Dylan o Neil Young, siendo catalogado como un artista que se moviliza mediante los sonidos más vintage, muy en diferencia con el resto de su generación. No obstante, siempre es bueno ver la manera en que Bugg lleva el country al siglo XXI, demostrado en potentes canciones como “There’s A Beast And We All Feed It” o “Taste It“.

Un emotivo momento a cargo de “Broken” hizo llorar a más de alguna fanática entre las primeras filas, siendo esta una de las canciones más profundas y desgarradoras del compositor. Cuando ya era momento de decir adiós, la manifestación de desacuerdo que demostraron los presentes hizo que Jake y los suyos regalaran una fugaz versión de “Rip It Up“, clásico de Little Richard que la banda suele interpretar en algunas presentaciones. Esto no hizo más que encender los ánimos para “Lightning Bolt“, canción que siempre es la encargada de cerrar sus shows, con un solo de guitarra incluido para finalizar un breve pero intenso set de 1 hora y 20 minutos de duración.

No se puede dilucidar qué le depara el futuro a Jake Bugg, es evidente que el artista se encuentra en un limbo entre ser un ídolo juvenil o un icono musical. La primera tiene resultados de carácter más inmediato, mientras que la segunda es algo que se construye paso a paso. Bugg tiene terreno ganado en ambas lides, por lo que sólo queda esperar a lo que pueda suceder en la carrera de un músico que tiene talento de sobra, ya que con solo 23 años le queda todavía un largo camino para poder encontrarse consigo mismo. De seguir la senda que vimos en esta presentación, queda clarísimo el hecho de que en el futuro estaremos hablando de sus canciones como clásicos, de esos que no envejecen con el paso del tiempo.

Por Manuel Cabrales

Fotos por Nicolás Aros

Setlist

  1. On My One
  2. The Love We’re Hoping For
  3. Country Song
  4. Simple As This
  5. Two Fingers
  6. Bitter Salt
  7. Seen It All
  8. Love, Hope And Misery
  9. Me And You
  10. Messed Up Kids
  11. Never Wanna Dance
  12. Trouble Town
  13. Put Out The Fire
  14. Kingpin
  15. There’s A Beast And We All Feed It
  16. Taste It
  17. Slumville Sunrise
  18. Simple Pleasures
  19. Gimme The Love
  20. Broken
  21. Rip It Up (original de Little Richard)
  22. Lightning Bolt

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Vero Vera Aguayo

    15-Mar-2017 en 2:14 pm

    “Fiché” a este chiquillo cuando aún no sacaba el primer álbum y después le perdí la pista. Cuando salió Shangri La lo encontré de nuevo y se ganó mi amor incondicional. Amo ese disco y es uno de los que más escucho. Ayer me hizo sentir como mamá orgullosa al ver cuanto ha crecido sobre el escenario.

  2. Vicente Tobar

    15-Mar-2017 en 6:30 pm

    Gracias por valorar de verdad lo que fue el concierto y el gran talento que tiene este hombre. Buena nota, no como la de “La Tercera” que fue una mierda.

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Gustavo Santaolalla: El arte de la trayectoria

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Gustavo Santaolalla

La física define a la “trayectoria” como el recorrido que describe un objeto que se desplaza por el espacio. Este término en el ámbito musical se usa indiscriminadamente para hablar de carreras en múltiples estados; ya sea que exista o no un recorrido presente, se habla de las trayectorias para definir a los más grandes, pero pocos emulan a la física y hacen que este desplazamiento continúe. Una cosa es el movimiento hecho, pero otra el que se sigue haciendo, y por prácticamente 50 años, si hay un artista latinoamericano que no ha detenido sus rumbos –y, por tanto, su camino– ese es Gustavo Santaolalla.

Desde el rock profundamente argentino que profesaba en Arco Iris hasta su actualidad, donde se mezclan soundtracks y producciones para artistas desde Café Tacvba hasta Eric Clapton, Santaolalla ha hecho un andar profuso y lleno de canciones, propias y ajenas. Sin embargo, como dijo antes de su primera visita como Gustavo Santaolalla a nuestro país (antes había estado varias veces con Bajofondo), recién a los 66 años lanzó su carrera como solista, la que tiene discos y canciones a su haber, pero que jamás había configurado para girar o mostrarse, quizás en el último acto de humildad que tiene un tipo que gusta del proceso, del camino, ese que invitó a desandar en un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto en la fresca noche del 12 de septiembre.

Justo antes de iniciar el show, a eso de las 21:20 horas, el teatro comenzó a aplaudir sin que se hubiera levantado aún el telón: la presencia de Jorge González, quien trabajara con Santaolalla en “Corazones” y su álbum homónimo, generaba vítores raros para un país que no reconoce a sus ídolos en vida, y era un pequeño aperitivo de la energía y sensaciones que inundarían el espacio por casi tres horas.

Todo iniciaba con “Inti Raymi”, y la Santabanda –como se hacen llamar los músicos de Santaolalla– mostraba la variedad de timbres que aparecerían en el show. Con la ovación del teatro, Gustavo aparecía para instalarse y comenzar con el primer set, rico en canciones de Arco Iris, esa banda que armó cuando empezaba a relacionarse con la música, con canciones como “Abre Tu Mente” o “Camino”, las que en el formato de esta gira obtienen matices y colores únicos, alejándose de la falsa psicodelia que se le legó a una banda como Arco Iris, que simplemente incluyó el folklore en el rock en tiempos de apretones mentales y revoluciones hippies. Ahora estas composiciones son atemporales y su construcción sólo alcanza tintes clásicos con los arreglos de este espectáculo, donde es la canción la que manda. Quizás eso hace de Santaolalla un compositor cautivante: deja que la canción mande, y él y los suyos sólo son puntos que arman la trayectoria de estos temas.

Así, a diferencia de otros shows en este formato, se coló un par de temas de su trabajo solista en esta primera parte, “Un Poquito De Tu Amor” y “Compañeros del Sendero”, dos sorpresas de varias que vendrían. Luego volvería a Arco Iris con canciones como la conocida “Zamba”, “Quiero Llegar” o la “Canción De Cuna Para El Niño Astronauta”, tras la cual vendría el recuerdo a la gran Mercedes Sosa y al amigo de mil batallas de Gustavo, León Gieco, para cerrar esa primera parte con el “Río De Las Penas” Intensa forma de dejar esperando a una audiencia que ya veía que el concierto iba para largo, y que sería incluso más extenso que las fechas anteriores hechas por Santaolalla y la Santabanda, sólida en todo momento, con Barbarita Palacios, Javier Casalla, Nicolás Rainone, Andrés Beeuwsaert y Pablo González haciendo gala de su carácter de multiinstrumentistas para dominar cada faceta que las canciones ponen en frente.

Al volver –­casi de improviso– Santaolalla irrumpe con “No Existe Fuerza en el Mundo”, que interpretara Gieco, mostrando lo importante de esa alianza para Gustavo. Luego de esto aparecería el trabajo completamente solista, con tracks como “A Solas” o “Todo Vale” para dar paso a otra corriente más atmosférica de la labor de este artista, que son los soundtracks, eligiendo “De Ushuaia A La Quiaca” de “Diarios de Motocicleta”, el main theme de la banda sonora del videojuego “The Last Of Us”, y un medley de “Brokeback Mountain”, mostrando la diversidad de espíritus, donde destaca el uso del charango y su timbre tan característico, entregando solemnidad y recogimiento, tal como el que se sintió en el homenaje hecho a Jorge González. Luego de mencionarlo para dar con una ovación gigante nuevamente, Santaolalla habla de los lazos que lo unen con González y dice que habrá un disco en honor a él, y que contará con una interpretación de “Por Amarte”, del “Corazones” (1991), ese disco que juntó por primera vez a dos de los artistas más importantes del continente. La versión fue sentida, contenida, una preciosa reversión donde Santaolalla ahondó en el sufrimiento del hablante. Si como compositor es clave, como intérprete se subvalora la intensidad que alcanza y que parece trascendental, más allá de lo obvio.

Debe ser, sino la experiencia, la trayectoria, esos caminos que se cruzan para corear “Mañana Campestre” o sentir “Pena En Mi Corazón”. Bajofondo y Arco Iris. Dos caras de un mismo creador, una apelando a las oscuridades y sus brillos, y otra a la belleza de la luz, tanto interna como externa, lo que trasunta en la belleza tierna de “Vecinos” y en la fuerza de “Ando Rodando”, que luego sólo crecería con la interpretación, a pura garganta y caja, en honor a la tradición de la vidala, para terminar con “Sudamérica” de Arco Iris y “Pa’ Bailar” de Bajofondo, ya con todo el mundo de pie, disfrutando de uno de esos artistas que no se cansan de deambular y hacer que su punto en la inmensidad del cosmos nunca deje de andar. Treinta canciones en casi tres horas, incluyendo el intermedio de quince minutos, emociones por montones y un sonido cálido que permitía a la voz de Santaolalla sobresalir. Pocas veces un espectáculo es capaz de capturar todas las facetas de un artista, en especial uno de tan amplio espectro, y ese fue el lujo que entregó Gustavo Santaolalla en el inicio de una gira solista que no es más que la demostración del más fino arte de la trayectoria.

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