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Jacob Collier: Deconstrucción sin manual

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La música parece sencilla cuando se le lee. Un grupo de progresiones de sonido, divididas en compases, tiempos, silencios, notas, y muchos elementos que, por separado, no consiguen mucho, pero que juntos arman espacios únicos en la memoria, en los oídos y en las historias. La música es sencilla, pero no se lee, y cuando se lee se pierde en el espacio. El tema es que, como se escucha, puede ser volátil y pasar rápido, pero es ahí donde la genialidad o la capacidad de trascender juega un rol fundamental. Las buenas canciones no surgen de la suma de las partes, sino que desde una vocación unívoca, talento, disciplina y, por cierto, una conexión con la audiencia.

Esto es a lo que juega Jacob Collier, un verdadero “niño prodigio” de la música, quien ya fue firmado por Quincy Jones en su compañía, ha girado con Snarky Puppy y ha lanzado un álbum a los 23 años. El multiinstrumentista, que lanzó “In My Room” en 2016, vino a Chile como otra fecha del siempre excelente ciclo Santiago Fusión, y aunque tenga sólo un disco y un par de colaboraciones, además de videos virales, lo cierto es que Collier tiene un envidiable sentido de la deconstrucción de la música para armar cosas completamente nuevas, experimentando sin dejar de fluir.

En un Teatro Nescafé de las Artes casi repleto, y cuatro minutos después del inicio pactado a las 21:00 hrs., Jacob dejó en claro que lo suyo no es simple coincidencia o fruto de las amistades, sino que de una visión desprejuiciada y con mucho vigor. Collier es un muchacho lleno de energía y contagia eso a la gente, desde las primeras teclas pulsadas de su versión única de “Don’t You Worry ‘Bout A Thing” de Stevie Wonder, hasta la explosiva y rara forma en la que reconfigura un clásico como es “(They Long To Be) Close To You” de Burt Bacharach. Jacob toca con loops mezclados en vivo el piano, un bajo, un contrabajo, diferentes percusiones y baterías, teclados y más, pero con su voz –también modificada en efectos similares al vocoder– da la impresión que desde el jazz se puede pasar directamente a la psicodelia indie, más parecida a Animal Collective, o en específico al trabajo de Avey Tare, porque Collier logra que en sus momentos más locos esta deconstrucción opere con toques tribales y experimentales muy potentes de ver.

Así como el artista juega con la locura, también puede generar texturas únicas en detalles más simples, como ocurre en “Hideaway”, uno de los cinco tracks de su disco debut que dispondría en este debut en Chile. El repertorio de Collier es abrumante en su vastedad porque no sólo se trata de manejar muchos elementos, sino que de tener control sobre ellos, donde se notan las horas y días enteros jugando en su cuarto, espacio donde grabó su disco, y cuya sensación acogedora logra traspasarse al escenario, donde también existe un juego con las imágenes y con la multiplicidad de sonidos que el músico puede alcanzar gracias a la labor de Aaron Smith, encargado de video del show, quien con el trabajo sobre las imágenes de las cámaras de X-Box que están en el proscenio, deriva en cuatro, cinco o seis Jacobs que no hacen más que darle visión a los loops que consigue el artista en tracks como “In My Room”, original de The Beach Boys.

Otro punto clave es la cercanía evidente entre Collier y el público, lo que se manifiesta en el diálogo largo y divertido, además de humilde, que el intérprete y arreglista pone entre las extensas versiones de las canciones elegidas (en promedio, cada track duró más de once minutos). Anécdotas del tour, la explicación meticulosa de la labor de sus colaboradores, su nexo con Snarky Puppy y más quedaba claro cuando las palabras eran compartidas.

Hablando de compartir, más cerca del final del show, Jacob ya tenía al público en el bolsillo, no sólo maravillado por un espectáculo así de impactante y natural, sino que también porque existe la chance de leer lo que hace Collier, leerlo claramente, verlo, escucharlo, y también de participar, tal como el londinense propició en uno de los momentos más divertidos de la noche, cuando dividió al teatro en dos para, con letra en pantalla, dirigir a la audiencia cual coro góspel en un karaoke premeditado en “Saviour”, o luego en el bis, cuando cerró con “Blackbird” de The Beatles con una versión que se terminó extendiendo con ejercicios vocales que todos siguieron, desde lo tierno a lo estridente, haciendo que este multiinstrumentista terminara dominando ni siquiera un instrumento propio, sino que las gargantas de centenares de personas sin tocar una sola tecla, cuerda o percusión. He ahí la magia que logró en su tremendo debut Jacob Collier, en una hora y cincuenta minutos, y diez canciones. Una noche que fue una clase magistral, sin papel ni lápiz, de cómo la música se lee, escribe, mira, escucha y siente.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Pedro Mora

Setlist

  1. Don’t You Worry ‘Bout A Thing (original de Stevie Wonder)
  2. (They Long to Be) Close To You (original de Burt Bacharach)
  3. Hideaway
  4. Don’t You Know
  5. In My Room (original de The Beach Boys)
  6. Down The Line
  7. Saviour
  8. In The Real Early Morning
  9. Fascinating Rhythm (original de George Gershwin)
  10. Blackbird (original de The Beatles)

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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