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Iron Maiden en Movistar Arena: En la casa de la bestia

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No hay dudas de que el fanatismo de nuestro país por Iron Maiden es algo que no conoce límites. A sus innumerables visitas, con grabación incluida para lo que fue el álbum “En Vivo!”, la doncella ha acumulado una serie de hitos con Chile, y desde el momento en que se anunció que su gira “Legacy Of The Beast” pasaría por la capital, ya se daba a entender de que algo increíble iba a pasar. Y es que luego de agotar completamente los tickets para su show en el Estadio Nacional, se produjo una jugada prácticamente inédita, con la banda concretando su arribo hasta el escenario del Movistar Arena, donde 15 mil fanáticos llegaron a presenciar una especie de avant premiere del gigantesco show que se vivirá en el recinto más importante de nuestro país.

Eso sí, y como es tradición, la banda no vino sola, sino que se acompañó del conjunto The Raven Age, donde milita George Harris (hijo del bajista de Iron Maiden) como guitarrista, y que desplegó un show de casi cincuenta minutos, recibido con entusiasmo por algunos de los presentes, pero que solamente terminó por apaciguar la espera más que ser recordado, como ha pasado con el número de apertura en otras ocasiones, donde han desfilado créditos como Exodus, Slayer o Anthrax.

A medida que se acercaba la hora, las interrogantes eran muchas, principalmente por dudas sobre si el show sería uno completo o una versión más light de lo que se muestra en grandes recintos. Y mientras el reloj avanzaba, también lo hacían los fans en la cancha, ya que todos querían tener un buen lugar para estar lo más cerca posible de sus ídolos. Muy pocas veces se ha visto un fervor tan grande en el Movistar Arena como el que se desató apenas comenzó a sonar la clásica “Doctor Doctor” de U.F.O., lo que para los más fanáticos significa una sola cosa: Iron Maiden está a punto de tomarse el escenario.

Con el puntapié a cargo de “Aces High”, la banda comenzó un recorrido por un repertorio que se mueve con soltura y sin contratiempos en su desarrollo, demostrando que, pese a ser una puesta en escena recontra estudiada, la prestancia que Bruce Dickinson y los suyos tienen sobre la tarima es inigualable. Con toda la producción que la banda acostumbra, distintos puntos de su discografía fueron desfilando en el concierto, desde clásicos como “2 Minutes To Midnight” o “The Trooper”, hasta otras gemas menos interpretadas como “The Clansman” o “Revelations”, dando un poco para todos los gustos.

Existe un componente de emotividad en el show de Maiden, uno que va por un lado completamente distinto a la enorme destreza que el conjunto desata en el escenario. Por encima de los riffs del trío Smith/Murray/Gers o de los aguerridos golpes de Steve Harris y el baterista Nicko McBrain, un componente multigeneracional atraviesa al público y la capacidad de conectarse con distintos puntos de su vida en torno a la música de la Doncella, por lo que es común ver a padres o madres junto a sus hijos, e incluso familias completas reunidas pasando un buen momento.

Parte de eso es el legado que la banda se ha encargado de forjar a lo largo de los años, con un fanbase establecido en cada país que visitan y una relación de estrechos lazos con su fanaticada que no conoce límites. Si en un show gigante se encuentran seguidores acérrimos y curiosos por igual, ese porcentaje de los más apasionados fue la totalidad del Arena durante la noche del lunes. Pocas veces un público salta sin parar, corea cada línea, o responde con fervor en alguna canción. Acá sucedieron todas.

Un cierre dorado con la tripleta conformada por “Fear Of The Dark“, “The Number Of The Beast” y “Iron Maiden” hizo que el espectáculo entrara en su parte final, con la característica aparición de Eddie detrás del escenario mientras la banda toca una de sus primeras composiciones, cuando aún tenían a Paul Di’Anno en la alineación. Con una postal como esa, una nueva visita de la banda comenzaba a quedar plasmada en la historia, en especial gracias a la intimidad que se vivió durante el show, por lo que era evidente que el conjunto seguiría la fiesta con tres canciones más. Fueron “The Evil That Men Do“, “Hallowed Be Thy Name” y “Run To The Hills” las escogidas para dicha tarea, demostrando que, si bien el repaso por su discografía fue más que correcto, es prácticamente imposible que Iron Maiden no deje alguna de sus grandes canciones afuera debido a la enorme cantidad de clásicos con los que cuenta.

Para muchos habría sido ideal una segunda jornada en el Nacional, pero era necesario generar un contexto como el vivido en el Arena para entender la devoción que la banda desata en el público. Está claro que son una de las agrupaciones que más fanáticos tiene en Chile, por lo que, tras tantas visitas, era necesario generar una instancia inédita como lo fue el íntimo contexto que se vivió en el recinto. Puede que no haya sido el mejor show de la banda en nuestro país, eso es netamente subjetivo –y, aunque le sobren méritos, no es correcto tratar de decidirlo arbitrariamente–, pero si se analiza la comunión y complicidad que se logró entre la banda y los quince mil asistentes, no queda duda que, al menos en emotividad, esta inolvidable jornada se alzará en el futuro como una de las más recordadas de todas las veces que la doncella ha pisado Santiago. Si los estadios para Iron Maiden son un campo de batalla, un recinto como este fue prácticamente como entrar a su casa, conocer un castillo y cenar con la doncella. El plan se trazó y la estrategia también, ahora habrá que ver cómo los troopers locales sortean la gran batalla del Nacional.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign Of The Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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Boy Pablo: El otro lado del paraíso

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El mismo día en que se socializó la información de que Carabineros de Chile está disparando balines con plomo y casi nada de goma a chilenas y chilenos, entregando más datos para creer que se está viviendo un infierno en ciertos espacios del país, se configuró una especie de burbuja o paraíso en el subterráneo que es Club Blondie, como ha sido desde hace unas semanas, esta vez con la excusa del debut de Boy Pablo en el país de sus padres. Una cita muy esperada, con casi todos los tickets agotados con semanas de anticipación, y que demostraría como, a veces, la música y la comunión son un escape paradisíaco en medio de tanta miseria, dolor e injusticia.

La citación fue temprano, con mucha gente ingresando poco a poco desde las 19:30 hrs., repletando el tradicional recinto, con sonrisas y ánimo por doquier, algo demostrado por gritos como “el que no salta es paco”, “Piñera culiao” o “chúpalo Karol Dance” calentando las gargantas y las articulaciones porque, obvio, todo el mundo saltó: nadie quiere ser Carabinero hoy por hoy, menos cuando el ánimo es pasarlo bien. Al son de Vampire Weekend y otras bandas pop e indie dieron las 20:30 y la impaciencia se tomó el ambiente, la gente de adelante quedó aún más apretada, y el espíritu adolescente se esbozó más que nunca cuando 6 minutos más tarde comenzó a salir la agrupación, encabezada por el hype-man Eric Tryland, que además toca teclados, hace voces, mueve el pandero y contagia su sonrisa en cada compás. Pero si la reacción de la gente fue ruidosa con la banda, cuando Nicolas Pablo Muñoz apareció con su camiseta de la selección chilena en Francia ’98 (y con la ‘9’ de Zamorano, nada menos) la Blondie rugió, y desde ese momento, las sonrisas se tomarían el aire, el calor, la vibración y también los sonidos.

La banda jamás es diestra o compleja en su labor, ni tampoco el sonido es prístino, pero lo que lograba con su energía era infectar en el mejor de los sentidos a quienes repletaban la Blondie. “Yeah (Fantasizing)” puso los cuerpos a bailar, en tanto que “wtf” pegada con el hit “Feeling Lonely” y los pasitos a lo banda de cumbia bien coordinados imprimieron urgencia en los ritmos. Usualmente se compara a Boy Pablo con Mac DeMarco, pero las energías son muy diferentes: mientras Mac busca divertirse indulgentemente con sus compañeros, Nicolás Pablo trata de contagiar lo que a su banda de amigos le parece gracioso, y es eso lo que más ayuda a que el show jamás decaiga. Luego del mash-up preciso entre “ur phone” y “Roar” de Katy Perry, la banda muestra una canción completamente nueva, y en vez de lo típico, de bajar las energías por el desconocimiento, entre Eric y Pablo conectaron a la gente a “JD’s Song”, haciendo que luego en el karaoke colectivo de “Sick Feeling” se sintiera como que todo estaba fluyendo perfecto.

Aunque son jóvenes y adoran reírse, no por ello Boy Pablo desperdicia su capital más importante, que son las buenas canciones. Por ello, en vez de operar con la versión disco que estuvieron rotando en Europa y EE.UU., “Ready/Problems”, una de las composiciones más intensas de la agrupación, llegó en su versión más directa al escenario subterráneo de la Blondie. Aunque es el tema que cierra su primer EP “Roy Pablo” (2017), muestra de lleno las vibras que presenta la propuesta musical de Muñoz y los suyos. En vez de centrarse en ese indie lo-fi tan atractivo y sencillo de encapsular como hacen tantos, Boy Pablo bebe de otras vertientes, que se materializarían de la forma más inesperada ante el joven público en el encore, más ligadas a un pop clásico, setentero, más dramático y simple, que habla más del amor que de los amantes, más del sentimiento y qué se hace al respecto que de historias, y es en “Everytime”, el hit planetario, que este tipo de sonido permea a todo el resto de las ansias. Una versión de esa canción al estilo pop italiano ganaría San Remo, fácilmente.

El avance del show, la buena onda, y cuán fuerte la gente corea cada letra de las canciones, hace que se huelan las sonrisas, se olvide lo pésimo que se pasa a algunas cuadras más allá o el temor que dan en la noche los “pacos”, y lo que queda es bailar. Bailar mucho. Si en “Everytime” o “Sick Feeling” la sensación es de un tipo de pop más europeo, “Losing You” tiene un ritmo más latino, donde se notó también la solidez de Sigmund Vestrheim y de Henrik Åmdal en el bajo, además de la colaboración en timbales de Esteban, hermano de Pablo. La gente cantaba, bailaba, saltaba, y también seguía las instrucciones de Eric para hacer palmas o atinaba a prender las lámparas de los smartphones en canciones de mayor recogimiento como “Limitado”. Aunque a Pablo le encanta decir que le carga escribir letras, esa simpleza de las buenas frases explica en buena parte la efervescencia de la gente.

No se trata de un ambicioso músico, o de un sobredesarrollado producto, y eso genera reacciones genuinas que se acentuaron en “tkm”, quizás la canción más triste elaborada por el proyecto musical, y que también exhibe esa capacidad de ser una oda al pop más clásico, si incluso el coro tiene una melodía que podría estar presente en cualquier composición romántica latina. Pero no sólo es el amor o el desamor, porque en el show esta canción también se configuró como un punto de encuentro, emocional y físico, con espacio para respirar, también para sentir y cabecear un poco antes del “la la la lá” final, transitando hacia el final del set principal, casi una hora después del inicio, ante un público que no quería irse, y que nuevamente volvía a la lógica movilizada.

Tras un par de minutos, la banda volvió, y Pablo quería hablar, pero antes la gente cantó “Pablito escucha, en Chile se tortura” y “Piñera conchetumare”, tras lo cual el artista dijo que “apoyo a la justicia y que escuchen al pueblo”, dando paso a que el público entonara “el pueblo unido”. Tras intentos de que escucharan a Pablo, él explicó cómo sus padres le legaron mucha música que luego sería parte importante de lo que es como compositor hoy, y he ahí que música como la de la Nueva Ola le pegó, tras lo cual presentó un cover de “Al Pasar Esa Edad” de Los Red Juniors. Ahí se mostró parte importante del ADN de Pablo como compositor, y otro lado estuvo con otro cover, el más conocido “50 Souls And A Discobowl” de The Lionheart Brothers, justo antes de la catarsis final en este paraíso improbable pero real que formó en la tarde del 16 de noviembre con “Dance, Baby!”.

Más allá del show con sacarse la polera, el maravilloso solo final en keytard de Eric o lo movida de la canción, lo primordial fue notar cómo un proyecto de amigos se volvió una banda sólida, competente, divertida y contagiosamente viva. En 75 minutos, el debut de Boy Pablo fue un verdadero escape a los balines rellenos de plomo que sacan ojos, configurando bajo tierra, donde se supone que debiera estar el infierno, otro espacio celestial, mediante música de esa que mueve las entrañas y las decenas de músculos que se necesitan para sonreír como estúpidos, porque sí, incluso en los tiempos más oscuros se necesitan instantes de felicidad, y qué alegría cuando eso lo traen artistas transparentes y genuinos mediante música pegajosa y llena de intrigas divertidas que se cierran y devuelven a la lucha cuando el propio Pablo cantó el mantra de estas semanas: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Setlist

  1. Yeah (Fantasizing)
  2. wtf
  3. Feeling Lonely
  4. ur phone / Roar (original de Katy Perry)
  5. JD’s Song
  6. Sick Feeling
  7. Ready/Problems
  8. Limitado
  9. Beach House
  10. Never Cared
  11. Everytime
  12. Losing You
  13. tkm
  14. Al Pasar Esa Edad (original de Red Juniors)
  15. 50 Souls And A Discobowl (original de The Lionheart Brothers)
  16. Dance, Baby!

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