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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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Cómo Asesinar A Felipes: A toda máquina

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Cómo Asesinar A Felipes

Tuvieron que pasar largos meses para recuperar, en parte, la valiosa experiencia de ver música en vivo. Y es que, pese a que la pandemia aún no se acaba ni se controla y los cuidados deben seguir al pie de la letra, las libertades que permiten la realización de eventos –bien organizados– nos ha devuelto la posibilidad de retomar el curso sobre los escenarios. Buena noticia para el público y también para músicos, técnicos y trabajadores de la industria.

Ese es el caso del ciclo Cultura Re-activa, organizado por Santiago Fusión, que en su última fecha se anotó con el lanzamiento de “MMXX” de Cómo Asesinar A Felipes, quienes, puntuales sobre el escenario del Teatro Nescafé de las Artes, se conectaron entre teclas y cables para interpretar de manera íntegra su último trabajo, no sin antes dar paso a Cinema Tornamesa, el proyecto de DJ Spacio (acompañado de Milton Russell en el contrabajo) que mezcla imágenes de cine clásico, soundtracks, beats y samples, y se encargó de abrir el show.

Cómo Asesinar A Felipes ha sabido sintetizar de buena manera una etapa donde los sintes son clave en su propuesta, y así se preparó a la audiencia, con la fina selección de DJ Spacio y los interludios a cargo de Sebastián Vergara quien, a un costado del escenario y tras cada cierre de telón, dio vida a correctas melodías acompañado de un modular. El show precisó de aquellos interludios, ya que el desafío técnico era mayor.

La banda entró en escena con su nueva configuración cien por ciento electrónica y una buena presentación de “MMXX”, sin embargo, aquel formato –al menos en esta pasada– pareciera no apreciarse bien ni conectar con una audiencia más grande. Así, la idea de intimidad del quinteto, a solas con sus máquinas y artilugios, a ratos se perdía en dinamismo y por las dimensiones del teatro (que estaba a toda capacidad), pero sí se valió de un siempre buen juego de luces y gráficas que fortalecieron la presentación de los siete temas de “MMXX”. El oficio de Koala Contreras en la voz, y la habilidad de todos en este desafío, puede llenar cualquier vacío y sorprender de variadas formas en todos los niveles, especialmente en las irrupciones de “Debes Saberlo” o “Persiste/Cuestiona”, dos de los temas más inquietos del set.

Una vez más, y tras un nuevo cierre del telón, Sebastián Vergara tomó el modular para un nuevo interludio. CAF planteó en escena dos shows totalmente diferentes y completísimos, marcando las dos etapas de la banda, jugando con lo nuevo y lo clásico, e interpretando canciones de casi todos sus discos. El desafío técnico significó desmontar la cuadrada configuración electrónica y montar el formato tradicional, y la sorpresa y entusiasmo del público se hizo notar, quienes –más prendidos que en la primera parte– corearon en su totalidad el repertorio clásico.

Ya instalados para mostrar los hits, Koala dio el vamos con “Pájaros En Contra”, y qué bien se sintieron los primeros compases de la batería de Felipe Salas, que una vez más demostró su increíble destreza y calidad en “La Puerta No Se Abre Sola”, “Nunca Será Lo Mismo” y en todos los cambios de ritmo e intensidad de “Disparan” (Chino Moreno incluido en el sample).

Lamentablemente, la banda no contó en escena con su clásico Rhodes ni Marcos Meza, lo que podría haber sido una interesante sorpresa, sin embargo, las teclas sustituidas hace rato inteligentemente por el saxo de Cristian Gallardo dan claridad y dinámica a los arreglos en vivo, que es donde tiene la libertad de jugar e improvisar, demostrando por qué es un nombre fijo para los vientos. Luego de despedirse tras el grueso del repertorio, el público ansioso por una más coreó hasta el rápido regreso de la banda para terminar con el himno “Nada Más, Nada Menos”, coronando el regreso de CAF a un escenario grande junto a su gente.

Las dos versiones de CAF que se pudieron ver este miércoles en el Teatro Nescafé de las Artes, demuestran la interesante e inquieta evolución de una banda que siempre empujará sus límites, y sobre el escenario son un bloque en extremo cohesionado y que contagia a cualquier audiencia. El desplante mostrado –ahora y siempre– deja en claro que Cómo Asesinar A Felipes es probablemente, y hace rato, uno de los mejores shows para ver en vivo, y lo de anoche probablemente dejó a sus secuaces ansiosos por el próximo crimen.

Setlist

  1. MMXX
  2. Hemos Vuelto del Abismo
  3. Ahora es Cuando
  4. Debes Saberlo
  5. No Hay Cómo Frenarlo
  6. Persiste/Cuestiona
  7. Se Repite
  8. Pájaros en Contra
  9. Operación CAF
  10. La Puerta No Se Abre Sola
  11. Caen
  12. Nunca Será Lo Mismo
  13. III
  14. Disparan (Fill the Skies)
  15. Ha Vuelto a Pasar
  16. Nada Más, Nada Menos

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