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Incubus: Buenas intenciones

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Hay un riesgo inherente que acarrean las “buenas vibras”. Sí, pueden conllevar estar en equilibrio, bien, sin mayores problemas, pero en el escenario pueden achatar lo bueno y acentuar lo mediocre, y eso se convierte en un lastre inconsciente, que se da por una intención loable de que todo el mundo lo pase bien, y de manera espiritualmente sana. Este es el riesgo que acarrea Incubus en 2017, más allá de la sombra de la memoria o de la amenaza de la nostalgia, porque estas son cosas que los de Calabasas han esquivado con gracia e ingenio suficiente, pero sí siguen teniendo un show en vivo que no explota de acuerdo a lo que las escrituras –en este caso las canciones– sugieren.

Los temas de Incubus hablan de estar ahí pese a las dificultades, a manejarse en medio de un caos, a deseos incumplidos o a rabias no acalladas, sin embargo, estas loables necesidades expresivas quedan cortas en vivo, tal como pudimos ver en la cuarta visita del conjunto a nuestro país, y su sexto concierto, en un Movistar Arena repleto con un público cuya efervescencia no sólo puede ser envidiable para otros artistas, sino que también marca un fenómeno interesante al mezclar generaciones de forma homogénea, que conviven entre clásicos de hace dieciséis años, como “Warning”, y futuros tótems de la banda como la aún fresca “Nimble Bastard” de “8” (2017), el álbum que servía como excusa para esta gira sudamericana.

El cariño del público chileno a la banda encabezada por Brandon Boyd y Mike Einziger es tremendo y está en ebullición constante, más allá de las reacciones por la figura de Boyd y por las canciones. Y algo impactante es la forma en que la gente corea incluso los nuevos tracks, como la arena-rock “State Of The Art” o la rockera “No Fun”, pero en el escenario la banda no conseguía expresar toda la tensión necesaria para que tracks que hablan de decepciones, obstáculos o episodios complejos quedaran más allá de lo anecdótico. Esto probablemente vino desde los evidentes problemas de sonido o, mejor dicho, de equilibrio sonoro que presenta la configuración de la banda en la consola, con el bombo sonando demasiado fuerte desde el comienzo –algo que se corrigió sólo en parte– o un bajo que la mayoría del tiempo estaba ausente, y para qué hablar de la falencia histórica de Incubus que es la irregularidad de la relevancia de las guitarras. Aunque Mike es tremendo, y las figuras y acordes consiguen una mezcla eficiente con ruidos y solos ejecutados de forma tan presta como inteligente, que el nivel del sonido sea bajo para su instrumento y que este sucumba en medio del resto de las pistas minimiza la labor de Einziger.

Lo mejor que tiene Incubus son las canciones, y pese a que la predilección por “8” (hubo siete temas de este disco, un tercio del show) quitaba aires clásicos a lo hecho por la banda, lo que se convertía en algo más memorable era la oportunidad de corear hits como “Pardon Me”, hacer un pogo en “Anna Molly”, o bailar de la forma más “ondera” posible en “Are You In?”, porque cada canción tiene su historia y, aunque la “buena onda” en el escenario quita parte de la agresividad necesaria para que temas como “Sick Sad Little World” o “Nice To Know You” peguen lo suficientemente duro, son los recuerdos que evocan o los instantes generados en vivo los que salvan a cada uno de los 15 mil asistentes al show de perder la brújula y quedar a la deriva de la irrelevancia. Con la energía entregada por la gente, sin duda que la noche conseguía un grado de inolvidabilidad necesaria.

Eso sí, la vibra que expele Incubus puede engañar fácilmente y hacer creer que ese escenario no importa mucho, pero examinar a Einziger durante el show o a Brandon viendo a la gente mientras corean, da cuenta de que, más que una falta de interés, lo que sobra en la banda es una sensación de tranquilidad, esa que entrega –cómodamente– el estar instalados en las memorias y afectos de sus fanáticos. Así, las canciones hacen el trabajo y ellos pueden disfrutar de estar en el escenario con responsabilidades menos pesadas, quizás no sonando como la mejor banda del planeta, pero sí equilibrando la paz interna con la euforia colectiva. Y en Chile esta dicotomía es más evidente que en otras partes.

Tras el karaoke colectivo de “Drive” y un receso breve, Incubus volvió para tocar como un epílogo demasiado adecuado “Aqueous Transmission”, esa canción con toques orientales, con una delicadeza implacable, sin ademanes extremos y, al mismo tiempo, conllevando un significado afectivo importante, sin necesariamente hacer demasiado. Así, tras una hora y cincuenta minutos, Incubus no sólo se reencontró con el público que fue convocado en Movistar Arena, sino que también dejó en claro que, pese a tener las canciones y las mejores intenciones, ellos no tienen un afán perfeccionista, lo de ellos es más bien un objetivo ulterior de generar buenas vibraciones, como dirían los Beach Boys, y contra ese loable y benigno deseo ni siquiera las gargantas al viento de decenas de miles de personas pueden hacer mucho.

Por Manuel Toledo-Campos

Fotos por Luis Marchant

Setlist

  1. Love In A Time Of Surveillance
  2. Warning
  3. Nimble Bastard
  4. Anna Molly
  5. Glitterbomb
  6. Megalomaniac
  7. The Warmth
  8. Wish You Were Here / Wish You Were Here (original de Pink Floyd)
  9. State Of The Art
  10. Pardon Me
  11. Undefeated
  12. Pantomime
  13. Echo
  14. Sick Sad Little World
  15. Are You In?
  16. Stellar
  17. No Fun
  18. Make No Sound In The Digital Forest
  19. Nice To Know You
  20. Drive
  21. Aqueous Transmission

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The Offspring, Eterna Inocencia y BBS Paranoicos: Final de fiesta

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The Offspring

Es imposible no pensar en el contexto antes de plantearse cómo hablar de un show realizado en medio del avance del SARS-CoV-2, coronavirus que deriva en la enfermedad COVID-19, hoy una pandemia global. Es difícil no pensar en la ineptitud de las autoridades que, pese a la tardanza del virus en llegar a Chile, aún no toman las decisiones que podrían evitar un contagio a niveles terribles. Así, no es extraño que el show de The Offspring en nuestro país sí pudiera realizarse, aunque en la previa hubo múltiples cuestionamientos. La industria del entretenimiento está sufriendo en todo el mundo y, al final, este fue el último concierto quizás hasta cuánto tiempo más. Y eso está bien, y es lo correcto, por culpa de un virus que no ataca con fuerza a quienes van a eventos así, sino a los adultos mayores.

Sin embargo, este cierre de fiestas, pese a tener tanto en contra y tanto que analizar fuera del escenario, en el lugar donde la gente pone sus oídos, ojos, cuerpos y corazones, lo cierto es que presentó tres bandas que exploraron los lados más brillantes del punk, de todo lo que significa, ya sea el compromiso social –como hizo Eterna Inocencia–, con la rabia del pleno acto de vivir como hace BBS Paranoicos, o desde el lado de disfrutar el sonido como The Offspring. En una extraña burbuja con forma de cúpula como es el Movistar Arena, pudimos ver una comunidad unida, sin temores a una pandemia mundial. Y es que la fiesta fue completa para quienes asistieron, pese a la postal de personas con mascarillas (que se supone no sirven para enfrentar un posible contagio) o también las noticias que llegaban de la suspensión de múltiples eventos y actividades productivas del país, anticipándose a las autoridades, las grandes perdedoras de cualquier jornada en los últimos meses.

BBS Paranoicos abrió con puntualidad los sonidos a las 17:45 hrs., y lo hizo con “Sin Salida”, “Mis Demonios” y “La Rabia”, una triada que en poco más de cinco minutos dejó en claro el espíritu que inundaría la siguiente hora de música, que de forma exacta iba hilvanando canciones de furia, desesperanza o reafirmación del ser, como “Sanatorio”, “Mentira” o el hit “Ruidos”. En medio de eso, la gente saltaba al son de “el que no salta es paco” o de los gritos de “Piñera conchetumare, asesino, igual que Pinochet”. La banda respondía diciendo que era clave ir a votar, mientras lucían sus poleras negras con la leyenda “#APRUEBO” por delante, dejando su tradicional logo por la espalda.

Aunque el micrófono de Omar Acosta no tenía mucha claridad –algo que hacía que se perdieran parte de las letras–, la interpretación en todo sentido funcionaba perfecto. “Como Una Sombra” o “Calla y Espera” retumbaban mientras ya se pasaba de un millar a varios miles de personas en Movistar Arena. La parte de adelante fue siempre la más entusiasta y, aprovechando el espacio, incluso hubo un circle pit que probablemente contravino cualquier recomendación de distanciamiento social por el coronavirus, pero que a quienes estuvieron ahí no les importó. Igualmente, se hacía rara esa sensación de ver un show con tal nivel de compromiso social y, a la vez, notar que las ganas de formar parte del momento podían ser contraproducentes respecto a la salud pública. De todas formas, una hora después, tras el doblete entre “Irreparable” y “No Lo Veo Como Tú”, se cerró no sólo un show tremendo de BBS Paranoicos, sino también el inicio de esta extraña, pero potente jornada de punk.

La continuación no iba a ser menos fuerte con Eterna Inocencia. La banda argentina, que hace de la consigna social parte de las historias que cuentan, se atrasó cinco minutos de lo que supuestamente debía ser el inicio del show, aunque eso no mermó en la vibra de la gente o de los músicos. Nuevamente sería el micrófono del vocalista principal el que generaría problemas, esta vez dejando en un nivel más bajo del necesario a Guillermo Mármol, cuya labia es importantísima en cada track que se despachó, desde “Viejas Esperanzas” o desde “A Los Que Se Han Apagado…”. Lo más impactante de lo que hace el quinteto es cómo logran el sonido que tienen, que los acerca más a Bad Religion en la pulcritud que a conjuntos más desprolijos que ven en lo instrumental algo secundario. Sí, las letras y las convicciones de Eterna Inocencia son algo que los acerca al público y a una sociedad completa, con “La Risa De Los Necios” –dedicada al “cura obrero”, Mariano Puga– o “El Guardián” como ejemplos de ello. Pero también hay espacios como el instrumental después de “Le Pertenezco A Tus Ojos…” que dejan en claro cómo EI es muchísimo más en vivo que en estudio.

Episodio aparte fue el freno que la banda le dio al show por más de cinco minutos con el fin de que la gente amontonada dejara espacio para que atendieran a un chico que estaba con problemas de salud en la multitud. Cerrando con “Weichafe Catrileo”, canción inequívocamente destinada a la lucha en la que, pese al desvío lamentable que presenta la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, sin duda que continúa, y que tras más de una hora de fuerza escénica también se pudo compartir con las grandes letras e interpretación de una banda de punk que es mucho más que eso a estas alturas para sus fans en nuestro país.

Cuando el reloj marcaba las 21:00 horas en punto, el recinto bajaba sus luces y las trompetas características de “Pretty Fly (Reprise)” –canción que cierra el icónico “Americana” (1998)– daban inicio al número estelar de la jornada. Y es que, luego de la enérgica rendición de los clásicos “Americana”, “All I Want” y “Come Out And Play”, no cabía duda de que los fanáticos de The Offspring ansiaban un baño de nostalgia tras casi cuatro años de espera y del reagendamiento dado por la contingencia en el territorio nacional. El triplete, ovacionado y disfrutado por los presentes hasta con bengala incluida, dejó en evidencia el excelente estado de la banda gracias a una perfecta ecualización que reverberó sin problemas en el globo. Tras dicho inicio, Dexter bromeó que este sería “probablemente el último concierto en el hemisferio occidental” y que, a pesar de todo, no podían cancelar tan especial reencuentro. El vocalista finalizó su humorística intervención no sin antes recomendar evitar el contacto físico para prevenir cualquier contagio relacionado a la pandemia que acecha al mundo por estos días.

Pausando el repertorio típico por algunos momentos, el cuarteto estadounidense presentó “It Won’t Get Better”, una de sus más recientes creaciones, ante una respetuosa audiencia que apoyó con palmas cuando la canción y los músicos lo requirieron. Luego, volvieron al ruedo con “Want You Bad”, “Session”, “Original Prankster” y “Staring At The Sun”, hitazos que encendieron al público y lo llevaron a iniciar diversos –y poco recomendados– mosh pits a lo largo de la sección. La voz de Dexter merece mención aparte, pues, a pesar de los años, llega a los tonos requeridos por la selección y es capaz de interpretar con la fuerza que una agrupación de este estilo demanda. Al finalizar un diálogo que sólo The Offspring puede llevar a cabo a la perfección, haciendo chistes sobre cómo Dexter, aparte de ser el liricista principal de la banda, también tenía un doctorado en virología, llegando a la hora de los covers. Y es que, tal y como lo reconocieron en el escenario, no habría grupo sin Ramones o sin la influencia de los hermanos Young.

Una vez terminado el homenaje, los norteamericanos versionaron sus tradicionales “Bad Habit”, “Gotta Get Away” y una emotiva “Gone Away” en piano, la que demostró el correcto estado vocal de Holland y constituyó una mezcla perfecta entre aterciopelados tonos de sensibilidad y el estruendo característico de la banda hacia el ocaso del tema. Luego, los éxitos insignes de la banda “Why Don’t You Get A Job?”, que incluyó unas pelotas plásticas de colores para interactuar con los fans, “(Can’t Get My) Head Around You”, “Pretty Fly” y “The Kids Aren’t Alright” sentaron precedente de que la potencia del grupo sigue incólume tras 34 años de carrera. Hacia el epitafio del periplo, y a modo de encore luego de un par de minutos de reposo, retornaron al escenario para finalizar con dos clásicos y un inesperado tributo a Pennywise, quienes tuvieron que restarse del evento a última hora dada la alerta de salud mundial. Cerrando con “You’re Gonna Go Far, Kid”, “Bro Hymn” y “Self Esteem”, The Offspring le puso broche de oro a una icónica noche en Movistar Arena, lugar que marca un hito de masividad en la historia del grupo en cuanto a conciertos en nuestro país.

Tomando las palabras de Holland en los últimos minutos del show, es menester mencionar que este fue, probablemente, el bastión final en un largo tiempo de eventos masivos en la industria de la música en Chile y en occidente. Sin embargo, eso no fue impedimento para el disfrute de miles de asistentes que llegaron y lo dieron todo en un espectáculo que logró llevarse a cabo de manera perfecta, pese a todos los contratiempos y dificultades que surgieron. Ciertamente, resulta muy importante tomar las recomendaciones del vocalista antes de despedirse: “Cuídense, por favor. Hasta la próxima”. Un incierto cierre temporal para el showbiz musical que promete un “hasta luego”, pero que desconoce qué tan pronto se reactivará el flujo normal y necesario de adrenalina y fervor que solamente las melodías pueden proveer a los habitantes de esta tierra.

Setlist BBS Paranoicos

  1. Sin Salida
  2. Mis Demonios
  3. La Rabia
  4. No Siento Culpa
  5. Eterno Retorno
  6. Sanatorio
  7. Mentira
  8. Ruidos
  9. Corazón Al barro
  10. Tanto Insistir
  11. Daño Permanente
  12. Recuerdos
  13. Como Una Sombra
  14. Cristales
  15. Calla y Espera
  16. El Regreso
  17. Ausencia
  18. Irreparable
  19. No Lo Veo Como Tú

Setlist Eterna Inocencia

  1. Viejas Esperanzas
  2. Encuentro Mi Descanso Aquí, En Este Estuario
  3. A Los Que Se Han Apagado…
  4. Trizas De Vos
  5. Abrazo
  6. A Elsa y Juan
  7. La Risa De Los Necios
  8. El Guardián
  9. La Mentira Sin Fin
  10. Cuando Pasan Las Madrugadas…
  11. Hazlo Tú Mismo
  12. Cartago
  13. Sin Quererlo (Mi Alma Se Desangra)
  14. Cassiopeia
  15. Le Pertenezco A Tus Ojos…
  16. Puente De Piedra
  17. Nuestras Fronteras
  18. Weichafe Catrileo

Setlist The Offspring

  1. Americana
  2. All I Want
  3. Come Out and Play
  4. It Won’t Get Better
  5. Want You Bad
  6. Session
  7. Original Prankster
  8. Staring At The Sun
  9. Blitzkrieg Bop (original de The Ramones)
  10. Whole Lotta Rosie (original de AC/DC)
  11. Bad Habit
  12. Gotta Get Away
  13. Gone Away
  14. Why Don’t Get You Get A Job?
  15. (Can’t Get My) Head Around You
  16. Pretty Fly
  17. The Kids Aren’t Alright
  18. You’re Gonna Go Far, Kid
  19. Bro Hymn (original de Pennywise)
  20. Self Esteem

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