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Hermanos Cavalera: Todo sigue igual

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Fue tan sólo en noviembre de 2018 cuando los hermanos Max e Iggor Cavalera llegaron a nuestro país repasando dos importantes álbumes del metal brasileño, “Beneath The Remains” (1989) y “Arise” (1991), entregando un demoledor show en un Teatro Cariola a toda su capacidad, el que se transformó en un verdadero campo de batalla al son de toda esa cantidad de clásicos para el metal que Sepultura entregó durante sus años de gloria. Tal fue el éxito de esa fecha, que pasó menos de un año para que los hermanos regresaran con una versión extendida de ese mismo show, repasando piezas fundamentales de aquellos trabajos, además de algunos cortes significativos para la carrera del conjunto brasileño. Sin importar el breve intervalo de tiempo entre un concierto y otro, la cita fue un verdadero éxito en términos de convocatoria, ya que un Caupolicán al ochenta por ciento de su capacidad recibió nuevamente a los ex integrantes de una banda que se forjó en lo más profundo del Brasil post dictadura, quienes venían decididos a rememorar todas esas canciones que fueron sinónimo de una rabia reprimida en tiempos en que la hostilidad era una sensación constante en el ambiente.

Primero, la banda nacional Soulinpain arribó con un breve, pero intenso show. Con poco más de veinte minutos en escena entregaron un repaso de lo más destacado de su catálogo, con una propuesta potente y llena de riffs con claras influencias del death metal. Una gran muestra de esto fueron las canciones del álbum “Adversary” de 2018, su última placa de estudio registrada a la fecha.

Posterior a ellos, los brasileños Project46 echaron abajo el Teatro Caupolicán con lo que fue el sonido más estruendoso y demoledor que se haya escuchado en mucho tiempo. Con dedicatoria al fallecido Andre Matos, la banda entregó un repaso por lo mejor de sus discos, específicamente del álbum “Tr3s” (2018), en la que, curiosamente, era su tercera presentación en nuestro país. Canciones como “Violência Gratuita“, “Rédeas” o la destructora “Acorda Pra Vida” dejaron los ánimos caldeados, el entusiasmo en plena ebullición y el ambiente listo para el caos que se viviría posteriormente con los hermanos Cavalera.

La hostilidad se sentía en el aire y una tensión permanente se apoderaba del ambiente, mientras gran parte de los asistentes se preparaban para introducirse en el verdadero vórtice que había en medio de la cancha. Los Cavalera salieron a escena y el primer golpe fue “Beneath The Remains“, que, seguida de los mazazos a la cabeza que fueron “Inner Self“, “Stronger Than Hate” y “Mass Hypnosis“, generaron un mosh permanente, dando paso incluso a algunas peleas en distintos puntos de la cancha. Y es que, claro, la sobreexcitación y el alcohol hacían de lo suyo en un show que se centra precisamente en el sentimiento de rabia, en el deseo de liberar cualquier represión a la hora de enfrentarse a una música que tiene sus principales componentes en base a estos elementos. El metal de Sepultura es algo honesto, que nace desde el corazón y alma de una sociedad marginada y reprimida por la autoridad, tal como en el Brasil que los vio nacer, y Chile encontró esa conexión en aquellos años, ya que, pese a estar a kilómetros de distancia, los contextos sociales y políticos de cada país no eran muy diferentes.

En ese sentido, las canciones interpretadas por los Cavalera cobran una importancia aún mayor cuando han pasado tres décadas y todo sigue igual, con la preocupante avanzada del fascismo en Brasil y la represión policial siendo cada vez más fuerte en distintos contextos. Nuestro país no se queda atrás, por lo que toda esa expresión de odio y desorden que se sintió en canciones como “Desperate Cry” o “Altered State” son sentimientos que provienen del alma, y que no van de la mano con el cliché añejo y ridículo de esta música denominada como satánica por muchos, sino que se enfoca en representar y situar muy bien el escenario donde cada riff, palabra y ritmo fueron compuestos por un grupo de jóvenes que no aguantaba la falta de oportunidades, ni la desalentadora vida que se vivía en las calles de su país. Puede que el repertorio haya sido similar a la vez anterior, salvo por unas adiciones como “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” de AC/DC, pero en el fondo las representantes de los dos álbumes en cuestión nuevamente fueron las mismas canciones.

 

La técnica de los hermanos es una apuesta segura, así como también el repertorio y el ambiente que se genera en un show como este. Pese a todo eso, la noche del domingo cobró un sentido especial precisamente por el constante deterioro del mundo como sociedad, y lo más sorprendente es que eso suceda tan solo siete meses después desde la última vez que pisaron tierra chilena. Nuestra sociedad no es la misma que en 2018, y ciertamente en 2020 tampoco será la misma de hoy; nada de eso debiese ser un problema si se mira de manera amplia, pero lo preocupante es que se esté retrocediendo en vez de avanzar, que sociedades como las brasileñas o chilenas no se conviertan en lo que fueron durante la década del 80. Ciertamente todo eso podrá sonar descabellado, pero al escuchar todas las canciones interpretadas anoche no lo es tanto.

La técnica sigue, la rabia sigue, las canciones de Sepultura son un verdadero estandarte no sólo para el metal sudamericano, sino que mundial. El punto está en los sentimientos que motivan a expresar esa rabia mediante la música, y si lo analizamos bien profundidad, nos daremos cuenta de una cosa muy preocupante para la sociedad: todo sigue igual.

Setlist

  1. Beneath The Remains (original de Sepultura)
  2. Inner Self (original de Sepultura)
  3. Stronger Than Hate (original de Sepultura)
  4. Mass Hypnosis (original de Sepultura)
  5. Slaves Of Pain (original de Sepultura)
  6. Primitive Future (original de Sepultura)
  7. Arise (original de Sepultura)
  8. Dead Embryonic Cells (original de Sepultura)
  9. Desperate Cry (original de Sepultura)
  10. Altered State (original de Sepultura)
  11. Infected Voice (original de Sepultura)
  12. Orgasmatron (original de Motörhead)
  13. Dirty Deeds Done Dirt Cheap (original de AC/DC)
  14. Troops Of Doom (original de Sepultura)
  15. Refuse/Resist (original de Sepultura)
  16. Roots Bloody Roots (original de Sepultura)
  17. Polícia (original de Titãs)
  18. Beneath The Remains / Arise / Dead Embryonic Cells (original de Sepultura)

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Iron Maiden en el Estadio Nacional: La magia de los tres tercios

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Iron Maiden

En la fotografía, pintura, diseño y en las artes audiovisuales, la llamada “regla de los tres tercios” es una forma de composición para ordenar objetos dentro de la imagen para que logren tener encuadres armoniosos, y así utilizar de forma eficiente y placentera el espacio disponible, de acuerdo a este criterio de inclusión. La búsqueda de un equilibrio para registrar de forma adecuada lo encuadrado es difícil, pero es algo que, al andar, queda impregnado en la obra y en la práctica. En el arte narrativo también la estructura de tres actos funciona de manera clásica, aunque al ver la perfección en el armado de “Legacy Of The Beast”, gira que traía a Iron Maiden a hacer su noveno y décimo show en Chile, quizás la referencia a la fotografía es la que hace más sentido desde una perspectiva amplia.

El Estadio Nacional había sido agotado meses antes, también el Movistar Arena, que la noche del lunes recibió la primera descarga eléctrica de la doncella de hierro, pero se sabía que la fecha final de este tour que revisitó el legado de Maiden sería aún más mágica. Aunque The Raven Age hubiera hecho sentir que se estaba frente a un acto de rock-metal alternativo de inicios del milenio, con trazos a Disturbed o Staind, pero con una calidad sonora más de estos tiempos que resultaba en un buen presagio para lo que vendría después. Concentrándose en su último disco, “Conspiracy” (2019), la banda sonó muy correcta y se conectó con la audiencia que estaba repletando el sector más próximo al escenario, lamentablemente de la mitad para atrás del recinto no hubo la misma visión, debido a que las pantallas no mostraron el show, dejando especialmente a la galería aislada de este acto inicial.

Las 64 mil personas que se reunieron en el Estadio Nacional llegaban para una cita con la historia, esa que se construye poco a poco, visita tras visita, haciendo de Chile (como dijo ayer Manuel Cabrales) “la casa de la bestia” y el lugar más adecuado para cerrar la gira como repetidas veces indicaría Bruce Dickinson a lo largo de las casi dos horas de show. A las 21:07 comenzaban a mostrarse en las pantallas imágenes casi calcadas al trailer de “Iron Maiden: Legacy Of The Beast”, el juego que la banda lanzara en 2016, a pocos meses de su visita anterior a Chile. De forma eficaz, el recorrido por la discografía de la banda tuvo lugar en medio de la imaginería de Eddie, la mascota más conocida en el mundo del metal, y en menos de dos minutos la introducción resultaba perfecta, empalmando con “Doctor, Doctor” de UFO, un clásico del inicio de los shows de Maiden, canción que calentó los cuerpos, las gargantas y los brazos, sabiendo lo que venía de inmediato con “Aces High”.

Antes, se daba inicio al primer acto, centrado en la guerra y los estragos que dejó en la sociedad en la que se criaron los integrantes de la banda, en la Inglaterra de los 60, donde los veteranos abundaban y la rareza se palpaba en el aire. Luego de un video breve aparecía un avión por sobre el escenario con el aspa girando y “Aces High” explotaba para deleite del público, que se ponía a saltar y cantar sin cesar, mientras Dickinson consolidaba la idea de ser un frontman perfecto, con la voz aún mejor que en 2016, tras su delicada cirugía para tratar un cáncer en la garganta. Además, corría de un lado a otro del escenario, jugando de forma calculada, pero bien dispuesta con el resto de los integrantes, para luego despachar “Where Eagles Dare” y disparar a los corazones con “2 Minutes To Midnight”, que extrañamente no iba a entregar las primeras bengalas de la noche en el público, pero que sí permitía advertir esas chispas que grandes y chicos compartían en cancha y alrededores.

Algo que sorprendió a muchos al ver el setlist fue la presencia de canciones de discos donde estuvo Blaze Bayley, como “Virtual XI” (1998), álbum del que se desprende “The Clansman”, canción que Bruce hizo como si fuera suya y que movió a la gente en medio de su grata sorpresa directo a las fauces de Eddie, que apareció para luchar contra el frontman y su espada en “The Trooper”. En ese momento la bengala se elevó por el aire y no había dudas de cómo la capacidad de Maiden sigue ahí. Mientras muchos bajan el tempo o el tono de las canciones, Iron Maiden a veces incluso acelera los compases para corresponder a los torbellinos que arman los fans en cancha. Es admirable cómo el sexteto evita demostrar fatiga, y eso no puede sino ser fruto de mucho ensayo, mucha confianza y mucho trabajo en esas canciones que son parte de las vidas de tantas personas. Esos temas forman parte de esas guerras que la gente lleva en su día a día, y por ello se hacía perfecto ver cómo el primer acto del show se centraba en esas dificultades, para luego pasar a un ámbito más religioso o espiritual, tomando la estética de una iglesia para maravillar desde lejos.

Revelations”, “For The Greater Good Of God” o “The Wicker Man” se sucedían para aumentar los aplausos a la labor de la guitarra ágil de Dave Murray, la precisión de Adrian Smith en la suya o la solvencia de la batería de Nicko McBrain, mientras Janick Gers se encarga de los gestos, los movimientos y las acciones que le compiten a Dickinson por el más carismático del escenario, aunque este último con quien se va a acurrucar y le muestra un cariño descomunal es a Steve Harris, el bajista que no sólo es el miembro fundador que queda, sino también tiene su capacidad intacta. Mención aparte para los encargados de sonido de la banda que, como en pocas bandas de metal, eligen dar espacio para cada instrumento, evitando el predominio tan majadero de las guitarras. Las líneas de bajo de Harris, por ejemplo, merecen ser escuchadas y así ocurrió en el show del Nacional, luciéndose en tracks como “Sign Of The Cross”, mientras Dickinson ataviado de una capucha negra se paseaba con una cruz con luces muy potentes. El acto lo cerraba “Flight Of Icarus”, en el que Bruce apareció con un lanzallamas que le permitía jugar con ambas manos tirando flamas, mientras una figura inflable como la del propio Ícaro se elevaba justo antes de otro karaoke colectivo con “Fear Of The Dark”.

La transición al infierno fue más rápida y también la sección más breve con la explosión en “The Number Of The Beast”, con el “six six six” coreado por las 64 mil personas presentes, y por supuesto que en la más punketa de las facetas de la banda en “Iron Maiden”, esa canción que precipitó la aparición de la bestia infernal enorme en el fondo, mirando lo que ocurría con ojos de luces y cuernos de cabra, mientras el público lo daba todo en moshpits, saltos, cantos y más.

En el encore vinieron “The Evil That Men Do” seguida de “Hallowed By Thy Name”, otro de esos tracks donde lo instrumental se notó como parte de esas fortalezas preciosas que tiene Maiden, que lo hacen tener una belleza fotográfica, de obra de arte mixta puesta en un museo de arte contemporáneo, capaz de interactuar con la gente y de congregar masas, como las que pasadas las 23:00 hrs. estaban cantando “Run To The Hills” en el gran cierre de una jornada realmente histórica, tanto por la capacidad de disponer de la historia grande de Iron Maiden en poco menos de dos horas, como por esa consolidación permanente con este país que es su casa.

Como dijo al rato después del show el periodista y guitarrista Héctor Muñoz: “Una banda que te manda para la casa diciéndote ‘Always Look On The Bright Side Of Life’ en la voz de Eric Idle tiene las cosas claras”, y es que, viendo la foto completa, Iron Maiden tiene todo tan claro y a estas alturas es un proyecto tan transversal, que ya no es patrimonio sólo del metal, sino que de la música en vivo en general, y qué bueno que el encuadre sea así de armonioso y perfecto.

Setlist

  1. Aces High
  2. Where Eagles Dare
  3. 2 Minutes To Midnight
  4. The Clansman
  5. The Trooper
  6. Revelations
  7. For The Greater Good Of God
  8. The Wicker Man
  9. Sign of the Cross
  10. Flight Of Icarus
  11. Fear Of The Dark
  12. The Number Of The Beast
  13. Iron Maiden
  14. The Evil That Men Do
  15. Hallowed Be Thy Name
  16. Run To The Hills

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