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Herbie Hancock: El rostro por sobre el nicho

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Pocas veces se ha visto que el jazz genere mucho revuelo en Chile. Con suerte, hacen noticias las miles de personas que se congregan en el Festival Internacional de Jazz de Providencia, pero no existe una ligazón directa entre la música popular y un estilo de nicho, a menos que se trate de figuras cuyo mero rostro las haga parte de algo más allá. Y Herbie Hancock, es una figura con esos quilates.

No por nada, el Teatro Caupolicán estaba repleto, casi hasta el último asiento disponible, en un evento histórico para el jazz en nuestro país, aunque más temprano esto le provocaba dolores de cabeza a la gente, dado que el acceso al recinto de San Diego 850 recién se permitió alrededor de las 20:20 horas, lo que formó aglomeraciones en los ingresos, que además se vieron aún más demorados dado que los asientos eran numerados. Todos estaban desesperados porque se advertía que el show iniciaría con puntualidad, cosa que –suerte para muchos- no ocurrió, porque a las 21:16 hrs. irrumpió sobre el escenario la banda que acompañó a Herbie en esta aventura chilena. Lamentablemente, los problemas en los ingresos hicieron que mucha gente se perdiera parte del inicio del show.

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La alineación era de lujo, porque Herbie no era la única estrella. Muchos aplaudieron a rabiar el trabajo del baterista Vinnie Colaiuta, otra institución en su instrumento, que además es lo suficientemente dúctil para poder amoldarse a las canciones de Herbie y a las improvisaciones que rigieron la jornada. El más desconocido del grupo era el bajista James Genus, que no obstante igual se lució, aunque su instrumento fue el que tuvo más problemas de sonido, perdiéndose en la multitud de somas sonoros muchísimas veces. Uno por el que nadie asistió, pero que se ganó merecidos aplausos tras un extenso solo, fue el percusionista Ustad Zakir Hussain, que demostró porqué es el percusionista en la actualidad, que no sólo hizo clases de cómo darle matices a su instrumento en escena, sino que también dotó al show completo de otro carácter mucho más rico, perfecto para aquellos que no eran tan expertos en el jazz más clásico. Es que Herbie Hancock es una institución no sólo del jazz, sino que también de la música en general, siendo precursor de estilos como el funk y, tal como explicó en el escenario, creador del vocoder, que hoy utiliza hasta Daft Punk. Y también es un excelente anfitrión, tomando el micrófono en repetidas ocasiones para contar historias, y generar una cercanía que pareció ser genuinamente humilde. Gran cosa pensando en la relevancia de su figura.

En lo que respecta a lo musical es difícil decir mucho, porque Herbie trastocó todas sus canciones en aras de generar versiones únicas e irrepetibles con esta banda que, vale recordar, por primera vez tocaba junta. Sí fueron reconocibles canciones como “Watermelon Man 17” o “Come Running To Me”, además del inicio con la clásica “Fascinating Rhythm”, además de la funky “Chameleon”, todo estaba cruzando por un halo de improvisación que obligó al público a escuchar con la mayor atención posible.

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Al final, Herbie no hizo un show de Herbie Hancock, sino que hizo un show de jazz, para todos, donde usó sus canciones como la base de un espectáculo más complejo y al borde de la perfección. El único problema, que no fue menor, se presentó con que el bajo o las percusiones de Ustad no se escucharan a ratos y quedaran escondidas en medio del piano o los teclados de Hancock, afectando las capas de sonido en las interpretaciones de estos artistas. Pero un show de siete canciones que se extiende por casi dos horas claramente permite que digamos que las composiciones eran la excusa para dibujar por sobre ellas, y generar nuevos conceptos, donde los quiebres clásicos del jazz se mezclaban con jugueteos y miradas cómplices entre los diferentes integrantes de la banda.

Un punto importante es que Herbie Hancock no hizo gala de su virtuosismo para demostrar cuánto vale. No fue necesario que hiciera gigantescos solos o que fuera el centro de atención en todo momento. Simplemente, se dedicó a ser el maestro de ceremonias y dejarle el espacio a sus músicos para que ellos se lucieran y así, sumando todo, lo del Caupolicán fuera un show redondo. No por nada el público aplaudió de pie en muchos momentos del recital, y no por nada el recibimiento al inicio del show también fue ensordecedor.

Lo de la noche del 14 de agosto fue histórico, y más allá de qué canciones le faltaron o qué problemas pudieron haber existido, lo claro es que cuando cerró con “Canteloupe Island” el público operó con devoción ante uno de los mejores shows del año.

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Coincidentemente, Joe Bonamassa y Herbie Hancock se presentaron en días consecutivos, generando la certeza de que incluso los nichos que no son tan considerados en las agendas de conciertos internacionales masivos, son capaces de generar expectación. Y aún más: son capaces de generar señales de agradecimiento por parte de la audiencia mayores que las de los shows que estamos habituados a ver, y esa calidez del público es algo que se desearía ver más seguido.

Por Manuel Toledo-Campos
Fotos por Julio Ortúzar

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Willy Blood

    26-Sep-2013 en 12:04 pm

    Más respeto con Hussain basta escuchar Shakti

    • Claudio Tapia

      26-Sep-2013 en 1:33 pm

      “Más respeto con Hussain…” De todas formas, sería bueno saber en qué momento se le falta el respeto.

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Alcest: El territorio de lo imaginario

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Alcest

En un cotidiano tan moldeado por lo concreto, encontrarse con experiencias que dialogan con lo imaginario resulta un acontecimiento casi surreal. Bajo esa óptica, el concepto artístico de los franceses Alcest va en estrecha relación con aquellos episodios inusuales que retoman la fantasía. A cuatro años de su debut, la presentación del disco “Kodama” (2016) fue la coyuntura para esta segunda cita en Club Blondie, una velada etérea, que invitó a viajar a través de mundos que trascienden lo cotidiano.

Como antesala para este segundo encuentro, Bauda tomó la responsabilidad de abrir la jornada. Seleccionados por los mismos anfitriones, los teloneros contaron con una cantidad de público satisfactoriamente alta, quienes incluso participaron activamente en algunas canciones, como el caso de “Tectonic Cells”, mientras sonaban sus primeros arpegios. Las capas sonoras reverberantes proporcionadas por los locales permitieron crear una atmósfera familiarizada al sonido de los franceses, entregando una primera invitación a visitar los estados imaginarios que se profundizaron con los anfitriones.

Ya que el contexto de esta segunda visita se enmarca en la gira de “Kodama”, la presentación de los franceses se dividió en dos partes, dedicando la primera a interpretar íntegramente este trabajo, el cual carga con una importante inspiración de la cultura japonesa y, principalmente, en la obra de Hayao Miyazaki. Siguiendo el mismo orden que su versión de estudio, “Kodama” y “Eclosion” situaron a los presentes en este mundo donde la naturaleza cobra espiritualidad y se enfrenta a la inclemencia de la tecnología. Luego de estas dos canciones, Neige se tomó el tiempo para saludar al público, o más bien recibir los aplausos apabullantes en agradecimiento por una jornada que recién estaba comenzando. Luego de la evidente muestra de afecto, el alma creadora de Alcest se limitó a agradecer y continuar la carga.

La música de Alcest despierta emociones intensas. Los distintos matices por los que atraviesan las canciones entregan un ir y venir de contrapuntos sonoros, haciendo de cada canción un pequeño viaje en sí mismo, donde incluso el silencio es parte de la experiencia. Canciones como “Je Suis D’Ailleurs” pusieron a prueba la euforia del fanático en favor de disfrutar cada elemento de la canción. Por otro lado, “Untouched” y “Oiseaux De Proie” presentaron esta energía vertiginosa y emotiva que también es parte de la identidad del proyecto, la cuál mezcla de un modo sutil y equilibrado sonoridades tan disímiles como el black metal con el shoegaze. Ya presentada la obra en su totalidad, la banda visitó sus primeras composiciones con “Souvenirs D’Un Autre Monde”, trasladando el imaginario con influencia oriental a este otro terreno fantástico. Lamentablemente, parte de este ensueño fue interrumpido por una falla técnica que se extendió por más de lo esperado. Luego que Neige ofreciera las disculpas pertinentes, la banda interpretó “Percées De Lumière” y “Autre Temps”, recogidos de su segunda y tercera placa, respectivamente, generando en esta última un coro espontáneo del público.

Uno de los momentos más potentes de la noche estuvo marcado al cierre con la interpretación de “Sur L’Océam Couleur De Fer”, donde la quietud de la pieza mantuvo absorto a todo el Club Blondie en un instante legítimamente hermoso. Luego de que la banda se retirara tras interpretar “Là Où Naissent Les Couleurs Nouvelles”, el público no se movió en absoluto esperando su retorno. En una tónica netamente reverberante, “Délivrance” marcó un cierre sutil, mientras cada miembro de la banda se retiraba y dejaba a Neige solo, envuelto en estas capas atmosféricas, retornando con el mismo temple que caracteriza tanto a la obra como al autor.

Hacer lo que logra Alcest no es un ejercicio fácil. Si bien los franceses son  influencia del metal contemporáneo que busca explorar horizontes sonoros, no hay duda que son pocas las bandas que logran hacerlo con tanta naturalidad como ellos. El aura que rodea las canciones detrás del genio de Neige funciona como un intermediario entre lo mundano y lo ilusorio, que rara vez se logra traspasar a lo concreto. En tiempos tan privados de sentimientos, presenciar un show como Alcest otorga la escasa oportunidad de visitar estos territorios de fantasía que alguna vez solimos recorrer durante la infancia.

Setlist

  1. Kodama
  2. Eclosion
  3. Je Suis D’Ailleurs
  4. Untouched
  5. Oiseaux De Proie
  6. Onyx
  7. Souvenirs D’Un Autre Monde
  8. Percées De Lumière
  9. Autre Temps
  10. Sur L’Océan Couleur De Fer
  11. Là Où Naissent Les Couleurs Nouvelles
  12. Delivrance

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